El escritor plantea que al nuevo Presidente de EE.UU hay que analizarlo con calma, ya que actuará en el ámbito de las sólidas instituciones de ese país. “Fue un error de los medios de prensa y los políticos pensar que la simplificación en su mensaje se debía a una simplicidad en su forma de entender el mundo”, asegura.
Publicado el 14.11.2016
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El triunfo de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos el pasado martes no sólo sacudió el mundo sino también la imagen que los medios y los especialistas “construyeron” sobre quien será el 45 Mandatario del país más poderoso del mundo.

Para profundizar en el personaje y sus desafíos, “El Líbero” conversó con Roberto Ampuero, el destacado y reconocido escritor chileno (quien describió magistralmente la política y la sociedad en Cuba y tras el muro de Berlín) y amplio conocedor de la sociedad y cultura norteamericana donde ejerció la docencia durante años.

-¿Cómo analiza Ud. el fenómeno Trump?

-Hay varias lecturas, unas tienen que ver con Estados Unidos y otras para los políticos en general. Mi primera conclusión del resultado de las elecciones para Chile, y específicamente para la clase política chilena, con todo lo desprestigiada que está, es que los políticos responsables, sean de izquierda, centro o derecha, no populistas, deben estar muy alertas a lo que son sentimientos, temores e  incertidumbres subterráneas que empiezan a existir y a palpitar en forma soterrada dentro de la población, y que muchas veces al ser considerados temas que son políticamente incorrectos, se les elude y evita y se prefiere tocar aquellos temas en que políticos de distinto color pueden lucir de mejor forma. Lo políticamente correcto en política merece una nueva lectura para los políticos que son responsables.

-¿Qué quiere decir con eso?

-No hay ninguna duda que el fenómeno Trump pudo leer muy bien bajo la superficie de los fenómenos sociales y políticos, pudo ver los temores, las incertidumbres y el agobio que le causa a mucha gente en EE.UU. fenómenos como la inmigración ilegal, la globalización y el terrorismo. Si bien uno puede o no compartir las soluciones que da, lo que es evidente es que él detectó temas que están allí y que los políticos más responsables deben estar en condiciones de detectar, dar soluciones y encausar en favor de la democracia, de los sentimientos de la república y la libertad para que se expresen de alguna forma y no se salgan de  una línea que sea aceptable dentro de una democracia pluralista y liberal.

-¿Cómo se imagina al Presidente Trump? ¿Diferente al candidato?

-Una cosa es la retórica de un candidato y otra cosa es el ejercicio del poder una vez que llegas a la oficina Oval. No todo lo que has dicho como candidato y lo has planteado como algo que se debe hacer en forma urgente lo puedes hacer, o te conviene hacerlo cuando estás en el poder, porque hay circunstancias nacionales e internacionales que te lo impiden o por otros intereses que son absolutamente legítimos que pueden aparecer después dentro del Partido Republicano, donde habrá frenos e intentos por moderar. Los alemanes tienen un dicho: no todo se cocina tan caliente como se dice. Creo que no hay que tener este pánico que estalló en sectores demócratas y liberales norteamericanos, que es distinto al liberalismo clásico. Creo que hay que mirar con más calma, darle espacio a que el Presidente electo sopese mejor las cosas y los efectos que pueden tener sus medidas. Hay un anuncio interesante cuando dice que quiere ser el Presidente de todos los americanos, y trata de pasar de un lado a otro en el espectro político y ojalá se proponga la unidad nacional, porque el país está bien dividido.

-No sólo triunfó Trump sino que los republicanos se quedaron con el Senado y la Cámara de Representantes, lo que no ocurría desde 2008. ¿Por qué se produjo ese giro?

-La impresión que tengo es que en el país los políticos, fundamentalmente, que estaban por cambiar las visiones culturales y políticas de la sociedad, hacia una visión tipo Sanders, perdieron la conexión con los sentimientos mayoritarios de la sociedad norteamericana. Se divorciaron de ella, que es un peligro que afecta a todos los políticos en el mundo. Es una pérdida del contacto con lo que la gente está dispuesta a cambiar. Hay un elemento que tiene que ver con los ritmos. Muchas veces los ritmos de cambio en una sociedad son muy distintos entre el ritmo deseado por un político, que quiere ir en una determinada dirección, y el ritmo y velocidad de cambio que también quiere la gente, pero que es distinto. Hay una suerte de decir más freno, más lentitud y más cuidado. Hay un tema generacional. Los norteamericanos sin alta especialidad, sin nivel educativo elevado, que tiene más de 45 o 50 años, se sienten muy desprotegidos frente a los desplazamientos de trabajos a México, China y Vietnam. Para mucha gente de más de 50 años es muy tarde o muy difícil adaptarse a toda la generación del conocimiento y se sienten amenazados, y ese temor frente a la globalización y la pérdida de puestos de trabajo y la incapacidad de adaptarse a la nueva condición genera mucho agobio. Trump lo pudo leer con mucha claridad, y se dio cuenta que hay mucha gente, que si bien sabe que el futuro está en la innovación, ellos no pueden pasar de un trabajo mecánico a una empresa que le pide conocimiento y dominio de las nuevas tecnologías. Es un asunto de transición en que tiene que ver el desarrollo social y educativo de las personas, pero que tiene que ver con el desarrollo vertiginoso y apresuradísimo que está teniendo lugar, principalmente impulsado por EE.UU. Eso genera mucho agobio, incertidumbre y ansiedad en mucha gente.

-Lo que llega a occidente es la construcción de una imagen de Trump, que es la que conocemos todos. ¿Cuál es su imagen de Trump?

-Estoy convencido que durante mucho tiempo y hasta la misma noche del triunfo, muchos medios liberales norteamericanos caricaturizaron a Trump para sus propias audiencias y para lograr un impacto político dentro de las elecciones, y creo que cayeron en su propia trampa porque fueron incapaces de darse cuenta de cuál era la estrategia de Trump. Esto se puede ver en relación con Hillary, de alguien que está muy preparada, que conoce todos los detalles, que estudió mucho todos los temas, desde el comercio, el medio ambiente hasta la seguridad internacional, pero tenía dificultad para comunicar eso, mantener despierta a la gente y estimularla e inspirarla en torno a esos objetivos, por estar tan recargados de detalles enfriaban el ánimo. Trump tuvo una estrategia mucho más eficiente, al decir que tenía cinco ideas y las voy a machacar y machacar y todo el mundo las va a entender. Eso fue un error de los medios de prensa y los políticos de pensar que esta simplificación en su mensaje se debía a una simplicidad en la forma de entender el mundo de Trump, y no se dieron cuenta que era una forma de comunicarse con la gente, asegurar el voto y ser convincente y generar esta desconfianza y seguir alimentándose de ella en la clase política. Cuando uno caricaturiza a Trump primero uno tiene que entender que para llegar a ser candidato presidencial a primarias no se puede ser un tonto. La caricaturización que lo presentaba como un tipo simplón, vulgar, incapaz de entender los fenómenos políticos y sociales de EE.UU. y el mundo, creo que fue un error. Tengo la impresión que tiene su visión de mundo, cree que tocando algunos temas que van a requerir mayor complejidad cuando ejerza el poder y que los plantea de forma simple, lograba convencer gente, conquistar votos y sensibilidades de gente que desconfiaba de la política y avanzar en su dirección. Creo que caricaturizar a Trump fue la peor trampa en que cayeron los demócratas y los medios que se identificaban con Clinton. Pienso que Trump va a tener que pasar rápidamente del candidato al Presidente, y allí las realidades se imponen y un Presidente norteamericano no solo está determinado por sus pretensiones, objetivos y sueños sino que también por las circunstancias de la política nacional e internacional, los intereses nacionales, la innovación tecnológica y la competencia con los países y las potencias. Son muchas cosas que inciden en los bloques económicos y comerciales. Una cosa es pintar este programa de cinco puntos y otra cosa es ejercer el poder.

-Una de las caricaturas más recurrentes era comparar a Trump con populistas latinoamericanos, como Chávez. ¿Cómo ve esa comparación?

-Creo que eso es simplificar demasiado las cosas. Creo que su mensaje es populista en el sentido de que presentó en la campaña las soluciones al alcance de la mano. Pero creo que al ejercer el poder va a aparecer un Presidente que opera en Estados Unidos en un marco institucional sólido y poderoso, donde tiene el apoyo del Congreso y podrá nombrar los próximos jueces de la Corte Suprema. Es un país con una institucionalidad muy fuerte, y creo que no se puede comparar a un presidente de EE.UU. con uno de Venezuela, donde la institucionalidad fue desmontada rápidamente por el chavismo. Creo que es muy distinto. No hay que confundirse con la simplicidad del mensaje de Trump. Esa es una cosa para su campaña.

-Trump planteó cosas muy controversiales, como construir un muro en México, renegociar TLC y la relación con la OTAN.

– Creo que él estará obligado a operar para conseguir ciertos objetivos. Respecto del muro con México él tendrá que adaptarse a las realidades y probablemente no lo podrá construir porque es muy costoso, y que lo pague México es imposible. Él sabe que hay límites para un Presidente. Esto se va a diluir un poco más en agua. Creo que lanzará algunas señales poderosas en algunos acuerdos comerciales, no necesariamente porque los desconocerá sino que exigirá revisiones. Tampoco hará un cambio radical, imagino que hará una llamada de alerta a quienes integran la OTAN, no porque vaya a salirse pero sí dirá que se necesita que  participen más porque EE.UU. no puede financiar todo y es hora de que otros países se incorporen más a la defensa y al envío de tropas. Creo que ese tipo de señales las puede ir marcando con más fuerza y con apoyo dentro del país.