El escritor y ex ministro, quien vivió el exilio en la RDA, analiza la elección que mantuvo a Merkel en el poder pero significó la peor derrota a la socialdemocracia alemana desde 1949 y el ascenso del populismo nacionalista. Al aterrizar el fenómeno en nuestro país, plantea que “la defenestración de Ricardo Lagos es la expresión más gráfica de cómo la izquierda radical le dio un golpe duro a la socialdemocracia”.
Publicado el 26.09.2017
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La elección en Alemania del pasado domingo ha colmado los titulares con tres hechos relevantes: la reelección de la canciller Angela Merkel con ocho puntos menos que la vez anterior, la asunción al Congreso del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), y la peor derrota desde 1949 de la socialdemocracia, que representa el partido SPD.

Esos tres hechos son analizados en extenso por el escritor y ex ministro Roberto Ampuero, quien vivió 14 años en Alemania y mantiene vínculos permanentes con dicha nación.

– ¿Cuál es su mirada de esta elección?

– Se habla de una elección histórica en Alemania porque hay varios elementos inéditos. Primero, la caída que ha sufrido, pese a su triunfo, Angela Merkel, pero se mantiene como la figura más fuerte de Alemania y una de las más fuertes del mundo. En segundo lugar, algo que ha llamado mucho la atención y ha sonado las alarmas en todo el mundo, es el partido Alternativa para Alemania, el tercero más votado, que tiene un significado especial por la historia de Alemania. Creo que hay que analizarlo bien. Es un partido nacionalista-populista, con muchos rasgos de xenofobia, otros dicen que es neonazi, no estoy seguro de que sea realmente un partido neo nacional-socialista, pero tiene rasgos nacionalistas y xenófobos, pero es más complejo que eso.

Ampuero: “Es un partido nacionalista-populista, con muchos rasgos de xenofobia, otros dicen que es neonazi, no estoy seguro de que sea realmente un partido neo nacional-socialista, pero tiene rasgos nacionalistas y xenófobos, pero es más complejo que eso”

– Llama la atención que ese partido de extrema derecha tenga su mayor fuerza en la ex RDA…

– Así es. Tiene una influencia tremenda en el este, donde fue la RDA, lo que a uno le hace reflexionar sobre el impacto que tiene en la construcción de un espíritu haber vivido en un sistema totalitario. El otro elemento interesantísimo es la caída electoral y la crisis de la socialdemocracia, el SPD, que tuvo su peor resultado desde 1949. Todos estos elementos dan mucho que hablar.

– ¿Por qué la socialdemocracia cayó a su más bajo apoyo desde 1949?

– Si uno analiza la prensa alemana de estos días, curiosamente todos los medios y políticos hablan de errores puntuales del SPD que explicarían esta caída. En las últimas cuatro elecciones ha tenido derrotas, pero esos análisis se van a lo técnico-político, de si no se perfiló con claridad, si no usaron a la figura ideal, analizan lo puntual todavía, dicen que Merkel se ha llevado los aplausos para las cosas buenas, y el partido SPD ha quedado desdibujado y se ha ido diluyendo. Está bien, me parece que es un análisis bueno, de primera hora, pero apunta a lo puntual.

– ¿Cuál sería la razón de fondo en la crisis de la socialdemocracia?

– Yo iría a algo más profundo, que no es excluyente con lo primero, y tiene relación que desde 1989, con la caída del socialismo, la socialdemocracia entró en una etapa compleja, porque tenía un funcionamiento y sentido muy claro en la época de la Guerra Fría entre dos alternativas muy marcadas. La socialdemocracia se instalaba en el centro, servía de diálogo y puente entre las tensiones de este y oeste, y en ese sentido también elaboró un proyecto que incorporaba elementos con la seguridad social de Europa del Este, pero lo vinculaba con la democracia liberal, la libertad económica, con un acento hacia un Estado musculoso. Mientras existió la Guerra Fría funcionó relativamente bien, después empezó a perder identidad y su funcionalidad original. Lo interesante es que el SPD empezó a sufrir desgaste por lado y lado. Los que eran más de centro-derecha se dieron cuenta que la CDU, que es de centro-derecha, representaba mejor sus intereses. Pero por la izquierda del partido le ocurrió un proceso similar, ya que se les fueron militantes hacia los partidos ecologistas. Es decir, perdió fuerza por lado y lado.

– ¿Ve alguna relación de ese fenómeno con Chile?

– Algo muy parecido le ha pasado a la socialdemocracia en muchos países, y en Chile lo vemos con mucha claridad. Esta no es una crisis de la socialdemocracia alemana, es una crisis de la socialdemocracia internacional. En los países escandinavos los socialdemócratas se alejaron de la visión tradicional mucho más estatista, apegada a ciertos dogmas y se abrió hacia la economía de mercado y a darse cuenta que algunas cosas que valoraban no funcionaban. Las ideas del SPD fueron una corriente transversal que cruzó a sectores del PS y del PPD. Quizás la defenestración de Ricardo Lagos es la expresión más gráfica de cómo la izquierda jacobina o radical en Chile le dio un golpe duro a la socialdemocracia, la arrinconó y la hizo perder poder. Eso es delicado para Chile, a mi juicio.

Ampuero: “Las ideas del PSD fueron una corriente transversal que cruzó a sectores del PS y del PPD. Quizás la defenestración de Ricardo Lagos es la expresión más gráfica de cómo la izquierda jacobina o radical en Chile le dio un golpe duro a la socialdemocracia”

– ¿Por qué?

– Porque una sociedad democrática necesita estos dos polos diferentes, que están dispuestos al diálogo, que reconocen y defienden la economía de mercado, la democracia liberal, el derecho de propiedad, los derechos humanos y que tienen una visión pragmática de la vida. Si desaparece uno, le falta el socio con el cual dialogar y que acepte el mismo terreno. Es un tema complejo para Chile. El debilitamiento de la socialdemocracia -aunque no coincido con ese pensamiento- es una mala noticia para Chile. No es una noticia como para que sus adversarios, del centro, centro-derecha, se alegren, sino que es para estar preocupados.

Ampuero: “El debilitamiento de la socialdemocracia -que no coincido con ese pensamiento- es una mala noticia para Chile. No es una noticia como para que sus adversarios, del centro, centro-derecha, se alegren, sino que es para estar preocupados”

– La crisis de la socialdemocracia también se ha visto en Francia, España, antes en la caída de la llamada Tercera Vía de Tony Blair. ¿Ve una relación con lo que pasó en Alemania?

– Sí, claro. Esto es un capítulo más de la gran crisis por la que atraviesa la socialdemocracia internacional, y que comenzó levemente en 1989 y se fue agudizando cuando comenzaron a aparecer sectores que criticaron fuertemente las políticas de acuerdo, porque consideran que esas políticas debilitan el relato épico de lucha, bandera y de himno de la izquierda y son una renuncia a los ideales originales de la socialdemocracia.

– El lema de campaña de SPD fue la “justicia social”, el mismo que usan acá el gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría. ¿Por qué fracasó en Alemania?

– Es muy interesante. Si analizas la prensa alemana, lo que uno percibe es que es un concepto muy general en un país donde hay, en comparación con otros países, bastante justicia social, apoyo y subvención a la igualdad de oportunidades. La CDU también es un partido que apuesta por eso, y ha tenido un ala muy fuerte en el sindicalismo alemán, que no es monopolio del SPD. Son partidos transversales que van desde empresarios hasta trabajadores, obreros, entonces. La justicia social no es una marca registrada de la socialdemocracia alemana.

– ¿Qué similitudes y diferencias observa entre Merkel y Bachelet?

– Muchas. Bachelet, en términos políticos e ideológicos, es cercana y nostálgica respecto de experiencias socialistas fracasadas. Es indudable su relación con la RDA, su admiración por Fidel Castro, la simpatía con que miró los países del Socialismo del Siglo XXI, que últimamente en la medida que ha crecido la repulsa internacional, el gobierno chileno cambió su actitud. Merkel vivió en la RDA, sufrió lo que es propio de una sociedad socialista, siendo, además, algo complejo en esos regímenes, una mujer creyente, evangélica. Ella conoció vivir en una sociedad cerrada, con derechos sociales pero sin pluralismo, con un partido único, y eso la marcó profundamente. Al mismo tiempo hizo una adecuación exitosa, de mucha estabilidad, realismo, pragmatismo y fue capaz de darse cuenta de las ventajas de la sociedad alemana occidental que no había vivido, mantenerla y profundizarla, con talento de líder. Ella no tiene un ápice de populista.

Ampuero: “Bachelet, en términos políticos e ideológicos, es cercana y nostálgica respecto de experiencias socialistas fracasadas. Es indudable su relación con la RDA, su admiración por Fidel Castro, la simpatía con que miró los países del Socialismo del Siglo XXI”