Fernando Atria, Guillermo Larraín, José Miguel Benavente, Javier Couso y Alfredo Joignant, autores del libro “El otro modelo”, y Pedro Guell fueron algunos de los ideólogos del programa y el gobierno de Bachelet que planteaba una profunda ruptura social. Por su parte, Alberto Mayol decretó "el fin del modelo".
Publicado el 24.12.2017
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Las esquirlas políticas que ha dejado el triunfo de Sebastián Piñera no sólo han sacudido a la Presidenta Michelle Bachelet, al gobierno y a la Nueva Mayoría, sino que también han llegado hasta los intelectuales de izquierda que construyeron el relato rupturista de esta administración que concluirá el 11 de marzo de 2018.

Así lo planteó el rector y columnista de El Mercurio, Carlos Peña, quien, con su fina ironía, pidió a los intelectuales de izquierda “abandonar el aire religioso que los ha llevado a abrazar ideales puramente normativos y principien a mirar de una vez por todas la realidad, que es la casa -y la prisión- de la política”.

“Quiebre social”, “nuevo ciclo histórico”, “nuevo ciclo político, económico y social”, “mayorías excluidas, discriminadas  o abusadas” son algunas de las frases que utilizó la Mandataria para aplicar su programa de reformas, inspirado en dichos intelectuales.

Detrás de esas ideas están asesores informales o ex asesores directos de la Mandataria, como Pedro Guell y Fernando Atria, y otros que respaldaron fervientemente el diagnóstico como Guillermo Larraín, José Miguel Benavente, Javier Couso y Alfredo Joignant, y que fueron autores del libro “El otro modelo” que presentó la propia Bachelet en julio de 2013.

A ellos se suma Alberto Mayol, quien aventuró la jugada hipótesis del “derrumbe del modelo”.

El libro “El otro modelo” que inspiró el gobierno de Bachelet

El libro de cabecera e inspirador de este gobierno ha sido “El otro modelo”, publicado en julio de 2013 por  Atria, Larraín, Benavente, Couso y Joignant que “pretende rescatar lo público. En lo político, mediante una nueva Constitución, libre de trampas. En lo social, introduciendo la noción de derechos sociales. En lo económico, reconociéndole al Estado un rol relevante en la asignación de recursos”, según Fernando Atria, uno de sus autores.

Atria pregonaba con fuerza en septiembre de 2016 que todos esos postulados “siguen vigentes. Hoy es más claro que la institucionalidad política requiere un momento relegitimatorio (de hecho, hoy puede decirse algo no dicho en El Otro Modelo: que es difícil que se logre un momento relegitimatorio sin asamblea constituyente).

El académico de la Universidad de Chile afirmaba que la baja aprobación del gobierno no es un rechazo al contenido de las reformas, porque si lo fuera “quienes se han opuesto a las reformas serían premiados por esa oposición. Más bien ocurre lo contrario, porque lo que hay es rechazo a la república binominal y su “elite”, no a las reformas. ¿Alguien puede realmente creer que quienes marchan pidiendo el fin de las AFP lo hacen en defensa del proceso de modernización capitalista?”.

El diagnóstico del gobierno de Bachelet ha estado basado también en  los escritos de Pedro Guell, quien laboró en el PNUD de las Naciones Unidas y es hasta hoy uno de los asesores clave de la Mandataria.

En varios textos ha dado cuenta del “difuso malestar que recorre Chile. Sería arriesgado ocultarlo. Hay que hacerse cargo de él, pues la sociedad chilena construirá su modernidad sólo en la medida en que reflexione sobre sí misma”.

En 2010 planteaba que “Chile está transitando un cambio de escala en sus problemas de coordinación social y en sus problemas de integración cultural. Nuestro ordenamiento institucional, tanto público como privado, no está preparado para este cambio de escala. Este desajuste con las energías y desafíos de la sociedad será un problema. Ya hoy es nuestro problema”.

El sociólogo aseguraba que la comunidad cívica requiere ampliar sus límites. “Ha llegado, por tanto, el momento de ejercitar la transparencia instituyente. Es el momento de mostrarnos sin temor las diferencias y tensiones que de hecho nos constituyen. Se trata de dar espacio a las demandas de reconocimiento de las diferencias, y darles un procesamiento reflexivo para crear una dignidad común, un nuevo consenso, precario como siempre, pero más inclusivo”.

El “derrumbe del modelo” de Mayol

Más rupturista aún que el texto “El otro modelo” es el libro “El derrumbe del modelo” del sociólogo Alberto Mayol, que ha sido utilizado también en la Nueva Mayoría para embarcarse en su proyecto político.

La tesis fundamental de este libro es que la crisis de legitimidad del modelo económico chileno se debe a una gran acumulación de malestar que lo ha acompañado durante todo su despliegue y que está asociada no solo con los rasgos económicos (desigualdad, endeudamiento, desprotección), sino también con los políticos y culturales.

Mayol sostiene que las movilizaciones del 2011 vincularon a la ciudadanía con algo más que el problema de la educación, a saber, una crítica radical de todo el modelo, cristalizada en las consignas «No al lucro» y «No más lucro». En efecto, según el autor, es la noción de lucro la que transforma la percepción de la dimensión económica en un terreno donde impera el abuso, que es el punto de partida para que el modelo económico de libremercado y exportación de materias primas; el Estado subsidiario; la lógica política de la transición, y la construcción de un espacio público apolítico comiencen su proceso de desplome.

En 2014, su autor planteaba que “la forma del derrumbe puede modificarse, pero no el hecho en sí. La Nueva Mayoría apostó por el gatopardismo y en ese juego terminó por elegir una decadencia lenta y penosa para el modelo.

Dos años antes, en junio de 2012, Mayol profetizó que “el modelo chileno se acabó”, al analizar las protestas estudiantiles de “no al lucro” con los problemas que tuvo La Polar.