Si decide solicitar asilo político en nuestro país, deberá esperar un salvoconducto por parte del gobierno de Nicolás Maduro para poder salir de Venezuela. El problema es que según el derecho internacional, el presidente venezolano no está obligado a otorgar dicho documento.
Publicado el 07.04.2017
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El caso reciente similar más emblemático es el del australiano Julian Assange, creador de Wikileaks, que ya lleva casi cinco años refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, a la espera del salvoconducto del gobierno inglés para que pueda viajar a Quito.  La historia del líder opositor venezolano Roberto Enríquez en calidad de “huésped” en la sede diplomática chilena en Caracas está recién comenzando, pero al igual que el caso de Julian Assange, tiene un final incierto.

El canciller Heraldo Muñoz señaló ayer que el presidente del Partido Social Cristiano (Copei) permanece en calidad de “huésped” en la embajada chilena en Caracas y que no ha solicitado el asilo político. El ministro manifestó que si Enríquez solicita asilo político “se lo otorgaremos, porque Chile no califica inocencia o culpabilidad, no califica incluso las condiciones políticas sino que el acto de concesión de asilo es una acción humanitaria. Pero hasta ahora el señor Enríquez sólo ha pedido la protección”.

Si finalmente el vicepresidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) decide solicitar asilo político al gobierno chileno, una vez concedido,  lo que debe suceder a continuación es que el país del territorio donde se encuentra el ciudadano –en este caso Venezuela- le debe conceder un salvoconducto. Sin embargo, en el derecho internacional no existe una norma que obligue al país del territorio a dar este salvoconducto. Según fuentes del mundo diplomático, si ocurre esta situación se puede generar un impasse que puede durar años.

La situación inversa es que el gobierno de Nicolás Maduro prefiera evitarse este problema diplomático con Chile y decida conceder el salvoconducto. Así, Enríquez no tendría inconvenientes y con toda seguridad podría salir de la embajada, subirse a un avión y volar hacia Chile. Es esto lo que debe estar evaluando ya que si decide viajar a Santiago, se transformaría inmediatamente en un refugiado político, sin posibilidades de volver a Venezuela en lo inmediato. Por lo tanto quedaría fuera de toda la contingencia de la política de su país.

“Su principal motivación era resguardar su seguridad personal, arrancar de una detención inaceptable”, afirma a “El Líbero” Juan Carlos Latorre, presidente de la ODCA y gestor del arribo de Roberto Henríquez a sede diplomática de Chile en Caracas. “No creo que su decisión haya sido calcular que iba a ser huésped de la embajada de Chile. Él lo que pensó fue que su vida estaba en peligro y necesitaba contar con una cierta seguridad personal, que pensó se la podía ofrecer nuestra embajada y tomó contacto conmigo para intentar que así fuera”.

La justicia venezolana había dictado una orden de detención en contra de Enríquez, sin embargo, el líder opositor al gobierno de Maduro nunca supo con certeza cuáles eran los cargos en su contra. “La decisión de si va o no a pedir asilo va a depender de la evaluación que él haga de una petición que está haciendo a los tribunales para que aclare cuáles son los fundamentos para la orden de detención en su contra”, señala Latorre.

Según fuentes del mundo diplomático, si Enríquez cree que Maduro va a durar mucho tiempo en el poder, lo más coherente es que solicite el asilo político y se venga a Chile.  Pero si piensa que al gobernante le queda poco tiempo, lo más lógico es que permanezca en la embajada de Chile, para resguardo de su seguridad e integridad.

Quienes conocen a Roberto Enríquez creen que su intención no será pedir asilo político. Así lo señaló el diputado de la Democracia Cristiana Matías Walker en una entrevista en CNN Chile: “Él quiere dar la pelea al gobierno venezolano desde adentro. Quiere quedarse en la embajada por un período transitorio, hasta que se aclare la denuncia que le están haciendo”.

Mientras tanto, el gobierno chileno está a la espera de la decisión que adopte el líder opositor venezolano. Una determinación que podría eternizarse si es que Enríquez considera que no tiene las garantías para poder transitar tranquila y libremente en su país.

Dos años de hostigamiento 

Roberto Enríquez (48), caraqueño y abogado de la Universidad Santa María siempre estuvo interesado en la política. Al menos eso confirma Heberto Díaz, uno de sus amigos de la infancia. Estudiaron juntos en el colegio Los Arcos y en compañía de José Alberto Zambrano —hijo del canciller entre 1979 y 1984, en el gobierno de Luis Herrera Campins— se empezaron a adentrar en el mundo de las campañas electorales. Los tres llegaron a ser parte de la trastienda de la campaña de unas elecciones gubernamentales en Zulia y también estuvieron presentes en el trabajo presidencial de Rafael Caldera para su segundo mandato en 1994.

Una trayectoria que llevó a Enríquez a estar relacionado desde los 16 años con el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei), conocido como uno de los partidos más longevos —con 71 años de existencia— del país, que se identifica con la ideología demócrata cristiana y que ha representado a los presidentes Herrera Campins y Caldera. En esa contienda Enríquez escaló varios peldaños, llegando a la vicepresidencia en 2006 y a la presidencia en 2010. Y desde entonces, se ha convertido en una de las caras visibles de la oposición venezolana, lo que lo tiene ahora resguardado en la embajada de Chile en Venezuela desde el pasado miércoles debido a una serie de amenazas que ha recibido.

Todo empezó cuando el lunes se dio a conocer que el abogado tiene orden de captura emitida por el Tribunal Militar Primero de Control, por la supuesta existencia de unos videos y grabaciones telefónicas en que el abogado junto al dirigente de Copei, Eduardo Vetancourt, el Coronel Ricardo Somascal y el Capitán Angelo Heredia organizaban un “plan desestabilizador”. La información fue divulgada ayer por un programa de televisión de Diosdado Cabello, ex presidente de la Asamblea Nacional (Congreso), ex ministro chavista y actual vicepresidente del Partido Unido Socialista de Venezuela (Psuv).

“Estas historias y estas amenazas han sido una constante desde que Copei firmó la carta de transición hace dos años. Sabemos que le han intervenido el teléfono a Roberto desde entonces y la existencia de supuesto material que lo incrimina en labores golpistas, ha sido otra constante.  Y esto, los supuestos videos, fue lo más reciente. El fin de semana logré hablar con Roberto y estaba esto rodando. Esto no es más que una muestra más del hostigamiento de los chavistas (…) Lo más reciente que sé de Roberto es que es mentira que estuvo preso en Ramo Verde y que gracias a sus contactos como vicepresidente de la ODCA (Organización Demócrata Cristiana de América) resultó esta ayuda de Chile”, explica Díaz, quien es secretario nacional de organización de Copei.

La carta de transición a que se refiere Díaz, es una que fue presentada por los dirigentes María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma el 11 de febrero de 2015. Ahí presentaban tres puntos para convocar un gobierno de transición. Maduro en su momento llamó la misiva como un “claro intento de golpe fascista”.

Con sangre cubana 

Los padres de Enríquez no están relacionados con la política. Su padre es profesor universitario y su madre ama de casa. Pero su abuelo paterno es cubano, y según algunos cercanos al copeyano, fue un férreo líder opositor al gobierno de Fidel Castro. “Es un tema del que se sabe poco, porque Roberto no habla mucho de eso”, dice Díaz. En tanto, su abuelo materno, Juan Carratú, figura como uno de los fundadores —en 1917— del equipo de béisbol Navegantes del Magallanes, uno de los más importantes del país.

En paralelo con su vida política, Enríquez ha llevado una vida laboral relacionada con distintos negocios familiares y la venta y compra de inmuebles. “Pero siempre ha estado muy centrado en Copei, es una persona muy católica desde su niñez y muy estricto con su pensamiento de demócrata cristiano. Copei ha sido lo principal en su vida casi siempre (…) Quizás por esa dedicación tan fuerte es que no se ha casado, porque es muy difícil hacer una vida a este ritmo y con el miedo constante de una amenaza, de que te escuchan, te revisan tus movimientos”, indica Díaz.

Tan comprometido con Copei está Enríquez, que a pesar de que hace dos años su directiva fue destituida por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) —dejándolo inhabilitado para las elecciones parlamentarias de 2015— y que el pasado mes de marzo el partido no logró validarse, él se hace llamar el “verdadero presidente” de la contienda. Esa designación, porque el tres veces gobernador del estado Miranda, Enrique Mendoza, ha reclamado ser el “presidente electo” de la organización. Una situación que varios medios venezolanos han decidido llamar “la novela” de uno de los partidos de mayor tradición y que tiene a Copei ahora conformado “por dos alas”.

Por su compromiso, varios cercanos al copeyano aseguran que su estadía en la embajada de Chile en Venezuela no será más que una medida de seguridad y que no tiene planes de pedir asilo político. Su verdadera intención es permanecer en el país para continuar haciéndole frente al mandato de Nicolás Maduro, que desde la semana pasada enfrenta fuertes protestas en distintos puntos del país, debido a su intento de anular los poderes de la Asamblea Nacional (Congreso), que actualmente está conformada por mayoría opositora.

En tanto, Robert García, quien es Secretario General Nacional del partido, aseguró en un punto de prensa tras las movilizaciones realizadas ayer en Caracas que “Roberto está decidiendo con un grupo de abogados cuáles van a ser las acciones a seguir ante unos delitos que sabemos son falsos”.