El abanderado de Chile Vamos (54,57%) logró una holgada victoria frente a Alejandro Guillier (45,43%).
Publicado el 17.12.2017
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1- El candidato presidencial con más votos desde 1993

Apenas pasadas las 18 horas, cuando los canales de televisión comenzaban a transmitir los conteos de las primeras mesas que habían ido cerrando, las caras en el comando de Sebastián Piñera eran de tensa calma. Pero algunos minutos después, cuando el Servel dio a conocer un resultado parcial con el 25,96% de las mesas escrutadas, se desató la alegría total. Y es que el candidato de Chile Vamos estaba obteniendo hasta ese momento el 54,03% de los votos, frente a un 45,97% de Alejandro Guillier, muy alejado de los pronósticos que hacían presagiar que esta sería una elección en que el triunfador ganaría por un muy pequeño margen.

Ya a las 21 horas, después de que el candidato de la Nueva Mayoría había reconocido el “impecable y macizo triunfo” de Piñera -incluso fue junto a su señora al comando del hotel Crowne Plaza para felicitarlo-, el Servel dio a conocer el resultado consolidado de la elección con el 99,9% de las mesas escrutadas, en el que el abanderado de Chile Vamos obtenía el 54,57% con 3.792.747 votos, la adhesión más alta que haya recibido un Presidente en Chile en 24 años, cuando en 1993 Eduardo Frei se impuso a Arturo Alessandri con 4.040.497 votos.

La alta votación obtenida por Piñera supera a la alcanzada por Ricardo Lagos en la segunda vuelta del año 2000 (3.683.158), y a la de Michelle Bachelet en sus dos aventuras presidenciales. En 2006, la actual Mandataria había obtenido 3.723.019 votos y en 2013, cuando logró un holgado triunfo frente a Evelyn Matthei, 3.470.055. En tanto, en la segunda vuelta realizada el año 2010, el actual presidente electo llegó a La Moneda con 3.591.182 sufragios.

2- El insospechado aumento de la participación electoral

Pese a que los analistas estimaban que si votaba más gente que en la primera vuelta saldría airoso Alejandro Guillier o se generaría un escenario de incertidumbre, el triunfo de Sebastián Piñera fue rotundo. “Es un récord que hay que explicar. El mayor desde el voto voluntario; probablemente más de 50% del padrón (corregido)”, dice Roberto Méndez.

Este domingo llegaron a las urnas -con un 99,96% de las mesas escrutadas-, 7.031.169 personas, muy por sobre los 6.700.746 del 19 de noviembre.

Al comparar el resultado con el año 2013 -también con voto voluntario-, hay un diferencia contundente. En la segunda vuelta, donde compitieron la Presidenta Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, participaron un total de 5.697.751 personas -más de un millón de sufragios menos que en esta elección-, y la Mandataria llegó a La Moneda con 3.470.055 votos, o sea más de 300 mil sufragios menos que Piñera.

Pero si se mira más atrás, cuando las elecciones eran con voto obligatorio, en 2009 participaron en segunda vuelta 7.023.371 personas, saliendo electo Piñera, y en 2005, cuando ganó Michelle Bachelet, concurrieron a las urnas para el balotaje 7.162.345 personas.

En tanto, en 1999, cuando el ex Presidente Ricardo Lagos llegó a La Moneda, fueron a votar un total de 7.326.753 personas, y cuando lo hizo en 1993 Eduardo Frei Ruiz Tagle, llegaron a las urnas en primera vuelta 7.376.691. Por último, en 1989 participaron 7.158.727 personas, resultando electo Patricio Aylwin.

3- Un triunfo transversal en regiones y en localidades emblemáticas

Al aplicar la “lupa” territorial al contundente triunfo de Sebastián Piñera, queda en evidencia que ganó en todas las regiones del país, a excepción de las de Aysén y Magallanes.

En regiones históricamente de izquierda, como Atacama, en que no había ganado un candidato de centro-derecha desde 1999, Piñera se impuso con el 55,55% de los votos, superando, incluso, el 46,69% que tuvo en 2009 cuando llegó por primera vez a La Moneda.

Otro dato relevante es que derrotó a Guillier en la Región de Antofagasta, donde el candidato de la Nueva Mayoría es actualmente senador, con el 53,82% de los votos, triunfo que se repitió en la comuna capital con el 54%.

En la Región de Valparaíso, la “cuna” del Frente Amplio, también obtuvo un rotundo triunfo con el 52%, aunque en la comuna porteña que dirige Jorge Sharp perdió con el 44%.

En la Araucanía, la región de menores ingresos del país y que se ha visto afectada por fuertes actos de violencia, obtuvo su mayor porcentaje de votos, con 62%. Además, recibió 65 mil votos más que en la primera vuelta, donde contó con el respaldo del senador electo Felipe Kast, quien se incorporó al comando en la segunda vuelta.

En Puente Alto, Piñera tuvo más de 35 mil votos adicionales en relación con la primera vuelta, comuna en que recibió el respaldo del senador Manuel José Ossandón. En municipios de clase media, como Ñuñoa y Providencia, ganó con el 52% y 63%, respectivamente, pero en algunas más populares como Maipú, perdió con 47%.

4- Guillier, el candidato erróneo

Lo señaló el candidato de la Nueva Mayoría el 17 de noviembre en La Tercera: “Pase lo que pase, en cuatro años dejaré la política”. Ese era el pensamiento de Alejandro Guillier, el mismo día que enfrentaba la primera vuelta presidencial. Un candidato que además agregaba en esa nota que luego de los próximos cuatro años, iba a volver a la academia, dejando de lado su carrera como periodista y conductor de noticiarios y acabando repentinamente su corto paso como político: “Si yo hago mi balance de vida, entre mi etapa de profesor universitario, mi etapa de periodista y mi etapa como político, me quedo con la de profesor”.

Alejandro Guillier fue un candidato presidencial que se fue forjando sólo gracias a las encuestas: todo partió en el sondeo del Centro de Estudios Públicos (CEP) de junio-agosto de 2016, al liderar la evaluación positiva de los personajes políticos. El periodista obtuvo un 44% de reconocimiento y un 25% de evaluación negativa. Ese dato le abrió el apetito a la Nueva Mayoría para considerarlo como uno de sus presidenciables.

El candidato de las encuestas rápidamente fue desplazando a sus contrincantes y se transformó en el abanderado del oficialismo. Pero los números de los distintos sondeos que lo situaban como la única carta que podía derrotar a Piñera, finalmente no alcanzaron para lograr el objetivo final.

Guillier no fue capaz de transformar su inicial popularidad en un proyecto político claro y contundente. En la primera vuelta sólo sumó un 22% del electorado y para la segunda vuelta, tomó las banderas del Frente Amplio y ni siquiera con ese apoyo, más el de Goic y ME-O, logró competir palmo a palmo con Sebastián Piñera. Además, el senador por Antofagasta en la recta final de la campaña apostó todo su capital a la izquierda, dejando de lado el centro político, que probablemente fue capturado por Piñera.

5- También fue una derrota para el Frente Amplio

Todos los analistas políticos señalaban que el gran ganador de la primera vuelta presidencial había sido Beatriz Sánchez y el Frente Amplio, que estuvo a poco más de dos puntos de alcanzar el balotaje y derrotar a la Nueva Mayoría. La gran interrogante era saber si esos 20 puntos del FA se traspasarían completamente a Alejandro Guillier y por lo visto en el resultado, al parecer eso no sucedió. Esa fue la conclusión de Roberto Méndez, una vez conocido el desenlace de la elección: “El resultado sólo puede explicarse por una proporción del voto de FA que se fue a Piñera. Eso deja en interrogante qué es el Frente Amplio finalmente”.

En el conglomerado de izquierda de inmediato surgieron los mea culpa, aunque compartidos con la Nueva Mayoría. Así lo expresó el diputado Gabriel Boric en su cuenta de Twitter una vez conocida la derrota: “Queda claro que no bastaba el “anti-Piñera” para convocar a una mayoría. Guillier no se comprometió con transformaciones profundas y este es el resultado. La principal responsabilidad de su derrota es de quienes lideraron la campaña”. Boric, que a última hora llamó a votar por Guillier, ahora se distancia nuevamente de la Nueva Mayoría: “Van a haber varios nuevomayoristas que tratarán de encontrar en el Frente Amplio una excusa a su fracaso. Nosotros nos dedicaremos a ser oposición firme, responsable, con proyecto propio y junto a movimientos sociales”.

Los líderes del Frente Amplio, partiendo por la ex candidata presidencial Beatriz Sánchez, finalmente anunciaron que iban a votar por Alejandro Guillier, intentando entusiasmar a sus electores para que tomaran la misma decisión. Y quienes pensaron que los seguidores del FA iban a votar a pie firme por lo que señalaran sus líderes, se equivocaron. En Valparaíso, por ejemplo, bastión del Frente Amplio con la alcaldía de Jorge Sharp y donde Beatriz Sánchez había incluso superado a Sebastián Piñera, en segunda vuelta por Guillier votaron 10 mil personas menos que la votación de todos los candidatos de la centro izquierda en la elección de noviembre.

6- El amargo legado de Bachelet

Roberto Méndez, ex presidente Adimark, fue directo y lapidario en su análisis electoral: “Otro gran perdedor es la Presidenta. Es un desastre para su legado”.

El holgado triunfo de Bachelet en 2013 con más del 62% de los votos y amplia mayoría en la Cámara de Diputados y el Senado generó una ola de dimensiones políticas enormes, que impulsó reformas estructurales en educación, economía, mercado laboral y electoral, y que fueron resumidas con la metáfora de la “retroexcavadora”, porque se hicieron usando la mayoría parlamentaria y sin buscar consensos con la oposición.

El legado político de Bachelet es amargo, porque su coalición, la Nueva Mayoría, perdió las tres elecciones que enfrentó: las municipales de 2016, las parlamentarias de noviembre pasado y ahora la presidencial, en que le pasa por segunda vez el mando a Piñera, y tuvo un rol importante de apoyo a Guillier, con quien realizó cinco actividades públicas.

Por extensión, su derrota personal es también la del Gobierno, que fue acusado insistentemente de intervencionista en la elección por los continuos ataques de la vocera Paula Narváez en contra de Piñera.

Sin embargo, algunos plantean que parte de su legado político se mantendrá vigente, luego de que Piñera prometiera continuar con la gratuidad en la educación superior, entre otros temas.

Su coalición queda también afectada, ya que la DC eligió el camino propio en las elecciones presidenciales y no fueron capaces de ponerse de acuerdo para tener primarias, a diferencia de Chile Vamos.

7- La travesía por el desierto de la Nueva Mayoría

Cuando faltaban pocos minutos para las 20 horas de ayer, Alejandro Guillier subió al escenario de su comando para reconocer su derrota y felicitar a Sebastián Piñera. Pero en sus palabras hubo más que eso, ya que el ahora ex abanderado de la Nueva Mayoría hizo una autocrítica y un llamado a “aprender la lección” a su coalición y a “estudiar los resultados del voto ciudadano y reconstruir una opción democrática y solidaria” para Chile.

“Creo que podemos sentirnos orgullosos de nuestras propuestas, pero hemos sufrido una derrota dura, y en las derrotas duras es donde más se aprende”, aseguró el periodista, agregando que “es una derrota electoral, pero no va a ser una derrota política si somos capaces de levantar”. A eso añadió que se trata de “momentos para reflexionar sobre lo que hemos hecho y buscar nuevos caminos”.

Sus palabras prendieron las alarmas sobre el futuro de la Nueva Mayoría. “El legado político es un desastre: una coalición desarmada, en que el maximalismo pasó a ser la lógica, trabajando para hacer crecer a su opositor, el Frente Amplio. Triste final para una coalición que le dio estabilidad a Chile por tantos años”, dice el coordinador político de Ciudadanos, Sebastián Sichel. A eso se suma Roberto Méndez quien cree que “la Nueva Mayoría, o como se llame hoy, deberá hacer un gran esfuerzo para recomponerse. Toda esta elección fue un gran desacierto para ellos”. El punto lo comparte Carlos Correa Bau, quien sostiene que “la Nueva Mayoría es el gran perdedor” de esta elección.

El llamado de Guillier incluso hizo que algunos expertos especularan con que podría volver a reunirse la Concertación. Sin embargo, Roberto Munita sostiene que “es difícil que vuelva”, eso sí, advierte que “si Piñera hace las cosas bien, es más probable que la ex Concertación termine sintiéndose más cerca del futuro gobierno de Sebastián Piñera que del Frente Amplio”.

El sentimiento de incertidumbre se instaló en la coalición oficialista. De hecho a pocos minutos de que Guillier reconociera la derrota, el ex ministro Sergio Bitar se preguntaba en el comando: “¿Qué pasó con nuestras fuerzas progresistas? ¿Qué interpretamos mal? ¿Por qué la gente se ha cansado tal vez de ver las mismas caras?”.

8- Los primeros trazos de su nuevo “relato”: ser el “Presidente de la Unidad”

“¡Chile se salvó, Chile se salvó!”, fue lo primero que comenzó a gritar a coro la multitud que se congregó fuera del hotel Crown Plaza para escuchar el discurso de triunfo de Sebastián Piñera.

El mensaje sonaba a desahogo, pero también a reproche hacia el proyecto político que propusieron Alejandro Guillier, la Nueva Mayoría, el Gobierno y en parte también el Frente Amplio.

Pero el Presidente electo siguió adelante con su discurso, como si no hubiese escuchado el insistente “¡Chile se salvó!”. Sebastián Piñera tenía otra cosa en mente: reafirmar su promesa más sentida, su “relato” personal para lo que será su segundo mandato. Él quiere ser el “Presidente de la Unidad”, y la noche de este domingo intentó demostrarlo de distintas maneras.

Primero le pidió ayuda y consejo a la Presidenta Michelle Bachelet cuando ella lo llamó tempranamente para felicitarlo por su triunfo. Luego, cuando le tocó el turno a Guillier de visitarlo, aseguró que incorporaría en su gobierno elementos del programa del candidato de la Nueva Mayoría. Y más tarde, en su discurso en la Alameda, envió varios mensajes más para dejar en claro de que habla en serio con aquello de la “unidad”.

“Quiero ratificar el compromiso de la campaña con la unidad de todos los chilenos, con el diálogo y los acuerdos”, dijo a poco andar. Enseguida invitó a los ex Presidentes (todos de centroizquierda) a que le entreguen sus consejos y experiencias. También propuso “a todas las fuerzas políticas llegar a grandes acuerdos para resolver los problemas de los chilenos”.

“Viva la diferencia, viva el pluralismo de ideas; pero ellos no deben convertirnos en enemigos”, agregó.

“Voy a ser el Presidente de todos los chilenos y para todos los chilenos”, repitió Piñera en tres oportunidades. Y lo aterrizó en la promesa de que “no vamos a dejar atrás a ninguno de nuestros compatriotas”.

En el mismo sentido, pero ahora mirando hacia las filas de su sector, agradeció a los partidos políticos de Chile Vamos, a los dirigentes y voluntarios y dedicó un saludo especial para sus ex contendores en la carrera presidencial: Manuel José Ossandón, Felipe Kast y José Antonio Kast. En ese orden.

Quizás intuyendo que la unidad de la centroderecha pasa de algún modo por la convivencia que se logre con esos tres liderazgos.