En conversación con “El Líbero”, Emilio Palacio sostiene que "el resultado del domingo de alguna manera termina de cerrarle la puerta al ex Presidente, dejando claro que el país no quiere que sea candidato".
Publicado el 07.02.2018
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El domingo pasado fue un día clave en Ecuador. Más de 13 millones de personas estaban llamadas a votar en la consulta que resolvería diversos temas, entre ellos la reelección presidencial indefinida. Un 64% de los electores votaron por suprimirla, cerrando el paso a una eventual repostulación del ex Presidente Rafael Correa.

Lo paradójico, es que quien promovía la consulta -que además sometía otros seis puntos en votación-, era el actual presidente Lenín Moreno, ex aliado de Correa.

En conversación con “El Líbero”, el periodista ecuatoriano Emilio Palacio, quien vive en el exilio en Estados Unidos hace seis años -tras recibir una querella por parte de Correa luego de haber publicado una columna donde se refirió a una balacera entre militares y policías-, analiza el resultado del plebiscito y se refiere al futuro político del ex Mandatario.

– Mayoritariamente, el pueblo ecuatoriano se manifestó en contra de la reelección indefinida de los presidentes, cerrándole la puerta a un eventual regreso de Rafael Correa. ¿Cómo se vivió esto?

– El resultado del domingo de alguna manera termina de cerrarle la puerta a Rafael Correa, dejando claro que el país no quiere que sea candidato. Pero en lo fundamental no es sólo eso, sino que el principio de que no puede haber un gobierno, cuando se trata de un régimen presidencial, en que la cabeza del Ejecutivo permanece indefinidamente. Es un contrasentido y Correa no quiso entenderlo. Él hace un tiempo impuso una reforma a la Constitución para hacerse reelegir, pero en ese momento -previo a la elección presidencial-, las encuestas demostraban que perdía por todas partes y entonces no se animó a ser candidato y puso a Lenín Moreno pensando que sería una especie de títere de lo que quería hacer. Moreno fue derrotado en las elecciones del año pasado, nosotros sostuvimos que había existido un fraude, y se puso en duda nuestra denuncia. Pero el secretario de la presidencia, Eduardo Mangas, hizo una revelación que fue grabada en secreto -sin que él supiera-, y se difundió. Ahí él reconoce que perdieron en la primera vuelta y también en la segunda. Pero además, que el que ganó fue Guillermo Lasso, el candidato de la oposición. Entonces ya hubo un rechazo a Correa, y a su candidato, y ahora se ha vuelto a hacer lo mismo. La diferencia es que en este tiempo, Moreno se peleó con Correa, se han dado golpes entre los dos, y eso nos ha permitido a nosotros conseguir que se haga la consulta que estábamos pidiendo hace mucho tiempo sobre este tema, y el pueblo contestó lo que contestó.

– Correa ha dicho que hay un rompimiento constitucional…

– Él dice que la convocatoria de la consulta fue un rompimiento constitucional. No pone en duda los resultados de ésta, sino la convocatoria, ya que sostiene que es ilegal porque tenía que haber una autorización de la Corte Constitucional para realizarla. Eso es tema de polémica. La norma dice que la Corte tiene un plazo para pronunciarse y que pasado ese plazo se debe dar como un hecho la aprobación de la iniciativa. La Corte no cumplió el plazo, entiendo que lo hizo a propósito, ya que quería que entre por mecanismos automáticos de la ley. Correa dice que había que esperar, lo que es un absurdo, porque no puedes estar esperando toda la vida.

– En el referéndum también se desecharon otras cosas que había dejado como herencia Correa. ¿Hay una suerte de “descorreización” del Estado?

– Depende de lo que se entienda por eso. Si lo entendemos como que Correa efectivamente deja de ser el Estado -como lo planteaba él-, sí. Y eso se empieza a notar con su propia gente, eso es lo más interesante de todo. ¿Por qué lo desmonta su propia gente? Correa quería que Lenín Moreno fuera su títere y Lenín Moreno por ser Presidente parece que le dijo que sí, pero ya cuando salió elegido, le dijo que no. Entonces, uno puede ver a Lenín Moreno despidiendo a Correa cuando se fue a Bélgica de manera enérgica, diciendo “Adiós Rafael, te vamos a extrañar”, y a los cuatro meses empieza a hablar mal de él, ya que se rebela y dice ‘yo soy el que manda’. El partido -que ha demostrado que sólo quiere tener poder-, se ha quedado con Lenín Moreno. Los que están con Correa son figuras de segunda línea. Si eso lo entendemos como “descorreizar”, sí, el país se está descorreizando. Yo sostengo que esto no es de ayer, tampoco desde que asumió Moreno, sino que desde mucho antes, cuando la gente se hartó de Correa y se lo empezó a decir en la calle el 2015 con las grandes movilizaciones. Si bien eso se detuvo porque vino el Papa, cuando llegaron las elecciones perdió el candidato de Correa. Pero, una cosa es descorreizar, y otra es que se acabe el socialismo del Siglo XXI, que en algunos de sus rasgos todavía se mantiene, sobre todo en su política económica.

– ¿Esto es el fin de la carrera política de Rafael Correa?

– En política, los muertos resucitan, eso es una regla. Pienso que Correa es un cadáver político en este momento, donde quiera que iba en este último tiempo lo recibían con huevos. Sus guardaespaldas andaban con escudos y un paraguas, para que no le cayeran los huevos. Esa es la imagen que ha quedado de esta campaña, ese es Correa, un cadáver político. Pero, si Lenín Moreno hace un mal gobierno -como probablemente creo que va a ocurrir, porque la política económica no ha cambiado-, y le garantiza la impunidad a Correa, podría ocurrir que más adelante el muerto resucite. La única manera en política de vetar a un cadáver, es cuando le haces pagar o lo sancionan por sus crímenes, sobre todo los que tienen relación con la corrupción. Si la justicia reconociera lo que todo el país sabe, sobre Correa y sus vínculos con Odebrecht, el muerto no resucitaría más.

– ¿Cuál es el desafío para Lenín Moreno tras el plebiscito?

– Él no quiere desmontar el socialismo del Siglo XXI. Ahora, como hubo esta explosión ”anti Correa” donde la gente lo identificó como autoritario y prepotente, Lenín Moreno muy hábilmente abandonó ese aspecto del socialismo del Siglo XXI. Ya no insulta y no amenaza los sábados por televisión. Él siempre está con una sonrisa y dice que quiere dialogar, hay un cambio que es indiscutible. En Ecuador se respira un ambiente diferente. Ahora, lo que no ha acabado, es la política económica, ya que estamos viviendo de la deuda pública. En el año de gobierno de Moreno llevamos un promedio de entre 1000 y 1500 millones de dólares de nueva deuda por mes. O sea, al Ecuador entran todos los meses entre 1000 y 1500 millones de dólares, pero no salen de la producción o de las fábricas, sino que de un banquero o de un banco chino que nos manda esa plata, que nos cobra intereses altísimos y que en algún rato eso nos va a destruir. En este momento no nos damos cuenta porque la plata entra, y se reparte, entonces hay una falsa imagen de que las cosas ya no están tan mal. Si bien la gente sigue sintiendo que la economía no está bien, y que las cosas no son como quisieran, al menos ya no hay un ambiente de desesperación como antes. La segunda cosa que no ha cambiado y que incluso se ha agravado es el vínculo con el Alba. Correa lo había abandonado hasta cierto punto, no formalmente, pero ya no iba a las reuniones. Se dio cuenta que el socialismo del Siglo XXI se estaba hundiendo en el mundo entero, en América Latina y ya no le servía, dejó de ir y de mandar delegados incluso. En cambio Moreno a todas las reuniones manda un funcionario.

– ¿Pero, cuál es su desafío más inmediato?

– Lo inmediato es que Moreno tiene que tomar una decisión. Una de las preguntas es la de destituir al Consejo de Participación Ciudadana, que es un organismo que está en descrédito porque hablan de participación ciudadana, pero consiste en que ellos ponen a un grupo de gente a que decida las cosas más importantes del Estado, pero son funcionarios del Estado, tienen sueldo y tienen poder, sin embargo les llaman ciudadanos. Moreno dice esta gente hay que sacarla y todos dijimos, fabuloso, ahí está el nudo del problema, pero él después señaló que cuando los saque va a nombrar un Consejo de Participación Ciudadana provisional. Entonces, lo que estamos esperando es cuál es la terna que mandará Moreno a la Asamblea. Ahora, ya que tomó esa decisión,  lo que debería hacer es mandar una terna donde estén incluidas todas las corrientes, todos los puntos de vista políticos del país, para que este organismo de unidad nacional, pluralista, logre un mecanismo de control creíble. ¿O va a mandar una terna solo con su gente y la de algunos partidos de oposición que se están prestando para hacerle el huevo al gobierno de Moreno? Ahí está la madre del cordero.

– ¿Cómo ve a los ecuatorianos tras el plebiscito?

– Yo veo que el pueblo está despertando muy rápidamente, ya hay mucho malestar con Lenín Moreno. Ese voto no le pertenece a Correa totalmente, pero la gran mayoría de la gente que dijo “Correa no me gusta”, también dijo “Moreno tampoco”, entonces votaron “No”. Es decir, hay mucho descontento con Correa y mucho malestar con Lenín Moreno, sólo que el último al menos le está dando a Correa, entonces veremos qué pasa. Moreno como tiene la plata que está entrando al país, reparte los bonos, las casas, las sillas de ruedas, sigue con la misma política populista y eso a algunos sectores populares les llega. Entonces veremos qué tal lo hace.