Más que la capacidad del líder español para formar gobierno por sí o en alianza con otras fuerzas políticas, lo que se debe hacer es conocer los intereses y lenguaje político de Iglesias; para así entender qué ha ocurrido en la política española en el último tiempo.
Publicado el 04.02.2016
Comparte:

Existe la necesidad de tomarse en serio a Podemos, con inteligencia y sentido histórico, sin caer en la tentación fácil y peligrosa de la descalificación, que tiene un efecto inmediato, pero carece de proyección política. En definitiva, esa actitud tan repetida de dar un golpe de efecto, pero sin análisis de fondo; una agresión a la envoltura sin la capacidad de comprender lo que hay en el fondo. Y Podemos, lo quieran o no sus adversarios, tiene recursos intelectuales y políticos que merecen ser considerados. Lo mismo sucede con su líder Pablo Iglesias.

Aquí no está en juego la capacidad o incapacidad de Iglesias para formar gobierno por sí o en alianza con otras fuerzas políticas, como tampoco es relevante la oportunidad o sentido de su programa. Se trata de otra cosa: tener el interés de conocer al líder de Podemos, de leer sus textos, de comprender su lenguaje político. Sólo de esa manera será posible entender lo que ha ocurrido en la política española estos dos últimos años, así como también lo que está pasando desde el 20 de diciembre pasado.

Sabemos que en la primera reunión con el Rey Felipe, Iglesias mostró sus cartas y se definió rápidamente como el futuro vicepresidente del gobierno, en un acuerdo en el cual debía acompañar a Pedro Sánchez, el líder del PSOE, como Presidente. Con ello se lograban dos efectos inmediatos: sacar al Partido Popular del poder -sueño compartido entre Podemos y los socialistas- y participar de la nueva coalición de gobierno, tema en el que no hay acuerdo. En su segunda visita al Rey este lunes, la propuesta ha sido exactamente la misma: “un gobierno progresista de cambio” -otra forma de llamar al “gobierno progresista de izquierdas”- liderado por Sánchez, agregando que en modo alguno apoyará “un gobierno con el PP en la presidencia”.

En esto hay un hecho fundamental, que el propio Iglesias describió en su artículo “Understanding Podemos” publicado en New Left Review, N° 93, 2015 (reproducido en Una nueva transición, Madrid, AKAL) como un elemento imprescindible de la “hipótesis Podemos”, cual es “la posibilidad de un liderazgo de una figura mediática que disfrutaba de un altísimo nivel de notoriedad en España”, que era precisamente él. Esto fue lo que permitió, a través de los debates de televisión y la presencia sistemática en los medios, la socialización de la propuesta de Podemos y el conocimiento público de su principal líder.

Sin embargo, el trasfondo es mucho más complejo que la aparición pública: se trata de una apuesta de cambio político radical en la sociedad española, que en días de propuestas y negociaciones conviene tener en cuenta. Como señala Iglesias en el mismo artículo, hay que enfrentar la “crisis orgánica” de España con una propuesta de cambio, en el que no cabe el gobierno exclusivo de los dos partidos de “la casta”, como han denominado a los grandes conglomerados de gobierno en las últimas tres décadas. Lo del Partido Popular resulta obvio, por estar en las antípodas ideológicas, pero lo de los socialistas resulta crucial, porque disputan con Podemos el mismo nicho electoral.

Por lo mismo, en la propuesta 2015 de Iglesias resultaba imperativo superar al PSOE, como condición para hacer posible el cambio en España, ante la desconfianza patente hacia los socialistas por parte de la nueva fuerza política. “Sólo un PSOE superado por Podemos cederá ante nuestro liderazgo, o se suicidará políticamente entregándose al liderazgo del PP”, fue una de las conclusiones esbozadas por el líder de Podemos antes de las elecciones, que hoy se han convertido en un verdadero conjunto vacío: no logró superar a los socialistas, éstos no se quieren subordinar al PP, tampoco muestran mucho interés por integrar a Podemos en una fórmula de gobierno. En otras palabras, una situación impensada y que después de un mes sigue sin un final claro.

Los detractores del partido de Iglesias le reconocen un cierto valor de haber denunciado la crisis existente en España, pero no le dan la misma importancia a la hora de organizar o administrar el cambio. En la lógica de Gramsci, que varios conocen dentro de Podemos mientras es ignorado en otras formaciones, se estaría en una guerra de trincheras, donde hay una lucha por la hegemonía, según trata Pablo Iglesias en otro artículo reproducido en su libro Una nueva transición, una obra fundamental. Ahí concluye que “no ganaremos pareciéndonos al adversario, sino siendo nosotros mismos”, con lo cual tomar la delantera, poner los temas y los términos de la discusión resulta fundamental, y es exactamente lo que ha estado haciendo estas semanas.

En un esquema así, el Partido Popular se parece más al Partido Socialista de lo que éste se identifica con Podemos. Los dos primeros tendrían una matriz “liberal” (concepto usado laxamente). Un PSOE sin marxismo, sino con una adhesión al “suicidio de la Tercera Vía”, como le llama Iglesias en otro artículo donde se autodefine como el partido de “las clases populares”, en un lenguaje neomarxista que los socialistas apenas mantienen en su nombre. Pero sabe que en la lógica política tradicional, donde Podemos aparecería como una “izquierda radical”, Iglesias queda identificado con las posiciones más extremas y menos aceptables de la política contemporánea. Por eso conviene tener en cuenta otro aspecto de su personalidad pública: no le gusta que lo definan, sino definir, tanto a sí mismo como a sus adversarios y la realidad de España hoy. Por eso sus temas son “desahucios, corrupción y desigualdad”, y no otros que quieran poner sus adversarios.

No sabemos cómo terminará esta historia, si habrá nueva transición, gobierno de izquierdas, nueva administración popular o un llamado a nuevas elecciones. Seguramente Iglesias sabe que Sánchez no quiere su fórmula, y la propuesta -inteligente, agresiva, imprevista por muchos- que le presentó al Rey, más parece un acto de rebeldía y coraje que una propuesta de pacto político. Después de todo, como dijo en entrevista a Fernando Vallespín en octubre pasado, al ser consultado sobre si entraría en pactos con el PSOE si quedaba como tercera fuerza política, Iglesias respondió algo que hoy conviene mirar con la inteligencia abierta y comprender en su significado profundo: “Un Podemos con fuerza suficiente como para exigirle al PSOE dos ministerios importantes y entrar en el Gobierno podría ser algo que nos diera experiencia de gobierno, pero nos destruiría electoralmente. Igual que para el PSOE, entrar en un gobierno con nosotros sería terrible… Yo creo que sería malo para nosotros ser una tercera fuerza muleta en minoría con los socialistas”. Otro laberinto en el camino.

Hoy se han dado precisamente esas circunstancias, y el primero en tomar nota fue el propio Pablo Iglesias, aunque con seguridad también lo han hecho el Rey y Pedro Sánchez, Mariano Rajoy y aquellos que siguen observando con interés la impredecible situación electoral de España.

*El autor es historiador de la Universidad Católica de Chile y ex agregado cultural en España

Artículo publicado en El Imparcial.

 

FOTO: FANPAGE PABLO IGLESIAS