El empresario socialista explica en conversación con "El Líbero" que esto se debe a que el candidato "dice ser el continuador de la Nueva Mayoría, o sea el continuador de una obra fallida que contradijo todo lo que hizo la Concertación, de la cual Lagos es una figura emblemática". Aún así piensa que el ex Mandatario "no puede ser neutral" en la eventualidad de que se mida con Sebastián Piñera.
Publicado el 13.11.2017
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Óscar Guillermo Garretón, el ex subsecretario de Economía de Salvador Allende, fundador del MAPU y director de empresas, no está inserto en el día a día de la política, pero está constantemente pendiente de lo que ocurre en su partido, el PS, y en su sector, la centroizquierda.

Así, ha sido uno de los críticos de cómo ha hecho las cosas la administración de Michelle Bachelet y principalmente la Nueva Mayoría. En 2014 advirtió a través de una carta a su partido que las reformas de la Presidenta iban por mal camino y estaban dañando la economía. “Pertenezco a una manada política que la quiero, pero si creo que va hacia el acantilado, no siento obligación de correr con ella sino de advertirla del peligro”, dijo.

En ese mismo estilo directo y por momentos crudo, tres años después y a meses de que Bachelet deje La Moneda dio por cumplido su presagio en un discurso en el Centro de Estudios Públicos (CEP) diciendo que la manada “se desbarrancó”.

Desde su oficina en el barrio El Golf, invadida por fotos de los presidentes de la Concertación, conversa con “El Líbero” y explica las razones de su análisis.

– ¿Por qué siente que se “desbarrancó la manada”?

– Básicamente por una razón, y es que el año 2014 si seguía por la senda por donde iba, terminaría mal, y creo que siguió por el camino y terminó muy mal. Al final, cuando te das cuenta que -según el CEP- de un 25% de personas que en 2013 se definían de izquierda pasamos a un 16% en 2017 o cuando miras la popularidad de una Presidenta que llegó a un altísimo nivel y se desplomó, y que la Nueva Mayoría obtuvo una bancada parlamentaria de una magnitud que nunca antes había habido desde la vuelta a la democracia, sin embargo hoy se está discutiendo si gana Piñera en la primera o segunda vuelta… todo eso te habla del deterioro político. Pienso que, más allá de todas las discusiones, hay un fracaso político obvio. Tengo la impresión de que en las razones pueden haber discrepancias, pero en lo que no pueden haber, es que esto termina mal. A eso es lo que yo llamo que se desbarrancó. Por una razón muy concreta, y es que estamos viviendo el final de un periodo muy largo de gobernabilidad de centroizquierda en Chile. Piñera fue una especie de paréntesis, más que una excepción, y ese tiempo tuvo momentos muy brillantes, todos los indicadores que se pueden mencionar en casi todos los ámbitos, son impresionantes. La pobreza disminuyó de 40% a 10%, y fue tan potente que incluso una nueva clase social nació y pasó a ser el centro del escenario político del país.

– ¿Cómo ocurre esto?

– Lo trágico es que el fracaso con que ahora termina se incubó dentro nuestro. Nadie nos derrotó. Lo hicimos nosotros como centroizquierda ya que no fuimos capaces de tolerar nuestros éxitos, porque las razones por las cuales los obtuvimos tienen que ver con una discusión muy potente y muy desgarradora sobre qué habíamos hecho mal antes. Tiene que ver con cosas que son nuestra conciencia, y en este período se transformaron en el objetivo fundamental de la retroexcavadora, que fue demoler lo que eran las bases de la lógica política de la Concertación. A saber que entre más grandes los cambios que uno quiera, más amplios tienen que ser las mayorías en las que uno se basa y que eso supone ir mucho más allá de la izquierda, y tener un bloque sólido de alianza entre centro e izquierda, en que todos se sientan cómodos. Además, tener una economía abierta al mundo, de mercado, con una alianza público privada, con dos objetivos: que haya crecimiento e inclusión social. Son las dos porque no hay crecimiento posible sin inclusión, y no hay inclusión posible, sin crecimiento, y los intentos de separar esos dos siempre terminan en fracaso. En tercer lugar, porque dijimos que teníamos una condena táctica, a lo que de principio habíamos aprendido como el rechazo a la lucha armada y la condena a absolutamente todas las dictaduras del signo que ellas fueran. Cuarto, que había mucha crítica por lo mal que habíamos gobernado, y por lo tanto buscamos ser impecables como gobernantes en lo que era la definición y luego la gestión de las políticas públicas. Eso por citar algunas. La retroexcavadora, más que demoler otras cosas, buscó demoler esas lógicas, que fueron las que traspasaron toda la actividad de la Concertación. Creo que se perdió. Tengo una convicción, que no es necesariamente compartida por demasiados: yo no creo que la Nueva Mayoría por estas razones sea la continuadora de la Concertación, la Nueva Mayoría fue la gran contradictora. Yo por eso me siento -y me alegro de haber hecho la carta en 2014-, muy orgulloso de lo que hicimos como Concertación y muy ajeno de lo que se hizo como Nueva Mayoría.

– Usted dice que Sebastián Piñera fue el paréntesis, sin embargo el ex ministro de la Segpres, Cristián Larroulet, dice que “Bachelet II será el paréntesis”….

– Tiene todo el derecho del mundo a pensar así, pero tengo la impresión siguiente, que si todo fuera como ha sido, Piñera I y Bachelet II, seguiríamos en alternancias fracasadas interminables. Además, que lo que lo hace distinto, es que está terminando un periodo de gobernabilidad de centroizquierda en Chile y se abre otro todavía indeterminado. Va a depender cómo sea. A diferencia de Piñera I, ahora la centroizquierda saldría con una sensación de crisis de sí misma, que antes no tuvo. En 2010 fue un accidente, los votos se dividieron entre Frei y ME-O. Ahora, da la sensación de crisis por un fracaso, porque la Concertación pudo haber perdido la elección en 2010, pero hoy también pasamos a ser los peores de la Alianza del Pacífico, dejamos de ser un líder de América Latina, o sea, pasamos de ser la punta del pelotón a estar bien de la mitad para abajo. Esa es la verdad. Antes teníamos que dar cuenta de debilidades políticas, ahora la centroizquierda tiene que dar cuenta de fracasos.

– ¿Se acaba el predominio de la centroizquierda?

– De alguna manera pone en cuestión lo que ha sido el predominio por décadas de una cultura de centroizquierda en la sociedad chilena. Fundamentalmente por la incomprensión de quienes tenían el liderazgo de marcar ese sello, de la incomprensión del país.

– ¿Se equivocaron en el diagnóstico?

– Creo que un gran acierto de diagnóstico fue entender la demanda de desigualdad y la demanda por derechos sociales que habían nacido en la sociedad chilena. Ese fue un buen diagnóstico. Pero ese es propio de los que salen de la pobreza, no de los que están en la pobreza, aquellos que están no ven las desigualdades, no son visibles. O sea, los abusos de las tarjetas de crédito no le interesan a los que no tienen, los costos de los aranceles universitarios no les interesan a quienes ni en sueños piensan que sus hijos irán a la universidad; sólo cuando ellos salen de la pobreza, y la vida les presenta horizontes nuevos, descubren las desigualdades. Al mismo tiempo descubren todas sus inseguridades respecto del mayor temor que tienen, que es el de volver atrás. Eso tiene que ver con la clase media emergente que es una obra de los años de Concertación. Pero el error más demoledor de diagnóstico es que se motivó fundamentalmente a atisbos de pensamientos políticos propios de otras épocas, que oyeron en estas demandas que al fin el pueblo entendía a la izquierda y entonces pedía un cambio de modelo, y la verdad es que la gente quería -está demostrado- abrirse más espacio en el mismo modelo en el cual habían salido de la pobreza. Esa incomprensión creó una brecha cada vez más fuerte entre el reformismo ciudadano -que es real y que sigue existiendo-, y el reformismo de la cúpula política de la Nueva Mayoría.

– ¿Cómo se refleja eso?

– La expresión clara de eso es que desde el primer momento hubo un rechazo a las reformas educacional, tributaria y laboral. Ese fue el dato de realidad que entregó la sociedad y esto fue mucho antes de Caval, Penta y SQM. Mucho antes de que las deficiencias de la administración del aparato público pasaran a ser una especie de lugar común. La reformas pasaron a ser mayoritariamente rechazadas en septiembre del 2014, y eso es lo que motivó mi carta de ese año. La incomunicación entre las demandas ciudadanas y la oferta de la centroizquierda, es el mayor error que hoy explica gran parte de lo que estamos viviendo.

Democracia de los Acuerdos 

– Usted habla en su discurso ante el CEP sobre los acuerdos, y quien ha insistido en ese tema es el ex Presidente Sebastián Piñera. Ha hablado de la segunda transición y ha sido criticado por utilizar la imagen del ex Presidente Patricio Aylwin en su franja… ¿Qué le parece?

– Si Piñera entiende su triunfo como uno de la centroderecha contra la centroizquierda, hago una apuesta de que va a fracasar. La única posibilidad de hacer algo que tenga sentido, es convocar a un país mejor y hacer un cruce futuro-pasado, y no izquierda-derecha. No sé si la dirección de los partidos lo entienden. Esto a mí se me hizo más claro viendo una columna del presidente de Renovación Nacional, Cristián Monckeberg, diciendo que la principal gran lección del triunfo de Mauricio Macri en Argentina era que la centroderecha unida le podía ganar a una izquierda fragmentada. Aparte de lo matemático, yo que venía llegando ese día de Buenos Aires me di cuenta que él no había entendido nada de lo que había pasado en Argentina. Allá no es que la centroderecha le ganó a la izquierda representada por Cristina Fernández -en la visión del presidente de RN-, fue un eje futuro-pasado, donde el cambio es un acuerdo nacional sobre tener un país distinto. Esto es llamado por Macri, pero la oposición le dice que sí va a concurrir a ese llamado y a ese acuerdo, y no para acordar qué nombre le van a poner a una calle en un pueblo, sino que para discutir reforma tributaria, laboral y todos van a concurrir, incluidas las organizaciones sociales. No sé lo que va a pasar, pero yo creo que en Chile se va a jugar mucho si la política es capaz de entender  que la sociedad no le está pidiendo más derecha o más izquierda, sino que un futuro mejor. Pienso que esto no lo puede lograr sola ni la centroderecha ni la centroizquierda hoy. Más conceptualmente, la democracia de los acuerdos.

– A qué se refiere específicamente…

– La democracia es de los acuerdos desde el momento que nació entre los griegos pasando por todas las vueltas de la vida que ha tenido, o sea, la democracia es un sistema en el cual gente diversa que vive en un espacio común ve cómo se pone de acuerdo al menos en las cosas que son de interés común y tiene efectos en todos. Es la desnaturalización de la democracia estigmatizar los acuerdos, la democracia es acuerdo, y si no es acuerdo, no es exitosa. En una política en crisis se requiere más aún, recuperar eso que fue una clave fundamental del éxito concertacionista y no un gobierno de derecha.

– Pero eso es lo que intenta comunicar el ex Presidente Piñera…

– No sé si sus partidos lo entienden. Se habla mucho de la crisis que va a vivir  la centroizquierda, pero tengo la impresión de que la derecha también tiene una crisis incubando, probablemente, menos manifiesta, porque cuando los partidos tienen momentos de éxito, nunca revisan sus problemas. Pero también tiene una crisis de relación con la sociedad, uno es el valórico, pero tiene otro que es mayor, que es que la derecha expresa muy fuertemente que no se siente ni quiere sentirse pueblo. Si uno habla con la gente de derecha, les gusta sentirse elite, no pueblo, y el pueblo se da cuenta. Yo no desconozco que puedo ser parte de una elite, pero cuando me subo al metro, converso con mucha gente y el que me ubica y me conoce, me siente parte de él. Puedo tener opiniones distintas, pero soy parte. Ese es un problema muy importante que la derecha tiene que superar.

– De acuerdo a lo que usted ha señalado, el  Partido Comunista “ha sido el más crítico y resentido enemigo de una transición cuyo éxito era el más vivo testimonio de su fracaso”. ¿Fue un error incluirlos en la coalición gobernante?

– Yo diría que fue un descuido. Con los éxitos de la Concertación, el invitarlos fue una razón muy práctica, y es que el PC fue el más crítico y resentido con ese proceso. Esto porque la Concertación fue el más vivo testimonio del fracaso de las políticas del Partido Comunista. Si hay algo que no podía aceptar el PC es que la Concertación había sido un éxito, porque las prácticas que se utilizaron, como hacer una oposición al camino democrático, participar de elecciones libres o tener una economía de pacto público-privado, era la negación de las que eran sus opciones políticas. Cuando la Concertación tomó éxito, era demasiado evidente que lo que estaba hablando allí era su fracaso. Entonces, era obvio que si su presencia tenía algún peso, si tuviera simplemente un vagón de cola más, tenía que tenazmente buscar que hubiera una coalición que de alguna manera renegara de esa obra.

– La DC ha cuestionado la influencia que ha tenido el PC en este gobierno…

– Yo sé que lo han dicho y es su tarea hacer esa discusión, la mía es más analítica. Yo creo que fue un gran descuido porque era obvio lo que iba a pasar con el PC, y por lo tanto es un descuido de ellos, no uno mío. Y, no por un tema ideológico, sino que creo que es un poco extravagante en este siglo ser del Partido Comunista, es una opinión personal. Pero lo que sí era claro, es que inevitablemente no se podía esperar que un enemigo de toda la obra de la Concertación de un día para otro por inspiraciones divinas o porque le bajó el espíritu santo, decidiera transformarse en un socio de algo que fuera continuador de esa obra, tenía que ser de algo que lo contradijera.

– ¿Un error?

– Para mí, un descuido, y uno que van a tener que analizar. Tengo la impresión que la vida es un poco larga y hace que cuatro años no merezcan cortarse las venas en esto. Un descuido. Si se analiza, hay que ver a qué conclusiones llegan.

DC, Guillier y Lagos 

-Volviendo a su discurso, usted dice “influirá mucho lo que ocurra en la primera vuelta. Si gana allí Piñera, DC, Frente Amplio y Lagos se ahorran los sismos de decidir apoyar a Guillier”. ¿Es más fácil para estos actores que gane Piñera en primera vuelta, para evitar tener que decidir?

– A ver, yo creo que lo más probable es que haya segunda vuelta. Pero si hay una alta abstención, y están más alentados lo de la candidatura de Piñera que los otros, podría ser que ganara. Lo que yo constato, es que si hay segunda vuelta se crean líos para todos los actores que menciono. A la DC porque hay parlamentarios que quieren el día 19 en la noche darle el apoyo a Guillier, hay otros que dicen que hay que discutir el programa -que no es un tema menor-, y por otra parte, los que no quieren saber nada y que probablemente no votarán o incluso, si yo me atengo a lo que dicen algunos DC, votarán por Piñera. Entonces, para la DC es muy incómodo. Lo mismo para el Frente Amplio, yo tengo claro que hay una parte que puede estar de acuerdo con apoyar al candidato de la centroizquierda, pero otra parte no lo va a hacer. Además se han agudizado las críticas y las diferenciaciones mutuas. Yo menciono a Lagos, pero en una opinión muy personal, porque él ha buscado ser prescindente, pero puede serlo entre Carolina Goic y Alejandro Guillier, pero no podría entre Sebastián Piñera y alguien del mundo de la Nueva Mayoría. Sin embargo, no veo ninguna razón de que si lo hace sea con fervor y entusiasmo.

– ¿Pero usted cree que finalmente Lagos apoye a Guillier, si es quien pasa a la segunda vuelta?

– Pienso que es más interesante ver cómo lo dice que qué es lo que dice. Entiendo que él no puede ser neutral entre Piñera y un candidato de la centroizquierda. Para mí Lagos es la imagen más emblemática del mundo de la izquierda concertacionista, no de la izquierda de la Nueva Mayoría.

– Guillier se denomina el continuador de la Nueva Mayoría…

– Si mi apreciación fuera compartida, no tengo ninguna razón para pensarlo, puede quizás Lagos aparecer apoyándolo, pero no veo que sea una cosa entusiasta, porque lo que se está apoyando es la antítesis de lo que uno dice.

– La antítesis de la Concertación…

– Pienso que no puede ser neutral, pero no veo ninguna razón para que le entusiasme tener que hacerlo. No porque esté con Piñera, porque no va a estar nunca, sino por estar con un candidato que dice ser el continuador de la Nueva Mayoría, o sea el continuador de una obra fallida que contradijo todo lo que hizo la Concertación, de la cual Lagos es una figura emblemática.

– Dado esto, no sería más fácil entonces que Piñera ganara en primera vuelta y evitar todos estos terremotos…

– Es lo que yo digo, que si ganara en primera vuelta todas estas incomodidades que yo percibo -que quizás son subjetividades mías-, no existirían. Ahora, se pueden ahorrar este problema, pero surgen otros. La verdad es que si gana en primera vuelta uno tendría que hacer el análisis histórico así: las mismas fuerzas que obtuvieron un 64% en las elecciones del 2013 hoy día ni siquiera fueron capaces de pasar a segunda vuelta y además llegaron dividas en tres grupos, dos de izquierda y uno de centro, pero incluso sumados todos ellos no fueron capaces de ir al balotaje. O sea, es un fracaso mayor. Por lo tanto, creo que se pueden ahorrar una molestia, pero la magnitud del fracaso es mucho más profundo.

– Ahora, qué pasa con el “laguismo” no todos se han visto entusiastas en apoyar al candidato del PS-PPD

– Más que hablar del “laguismo”, tengo la impresión de que se crean las condiciones para que termine una inexplicable esquizofrenia. Veo esperanza, alertando querer ser optimista, de que ese espíritu concertacionista que está presente en mucha gente, no solamente en el laguismo, va a tener espacio para volver a volar. Para mi es muy clave para construir hacia delante una centroizquierda moderna que ajuste cuentas no solamente con los que mal lo han hecho, sino que con el siglo XXI, porque la verdad es que parte de los errores han tenido que ver con anacronismos en la manera de ver las cosas. Tenemos un progresismo, que es muy anticuado, y creo que parte de las incomprensiones de los cambios de la sociedad chilena fue llevar una política equivocada.

– ¿Cómo se puede ver eso?

– Hay dos conceptos de humanidad hoy, uno de origen socialista y otro capitalista, que ya no son ni socialista, ni capitalista, sino que consensos. Uno de ellos, es que en la sociedad del conocimiento lo que crea valor es el ser humano, digamos el que produce la plusvalía, que antes era un pensamiento muy de izquierda, y hoy día todos hablan de eso. Los seres humanos portadores de conocimiento, o sea el trabajador con sus conocimientos es el que crea valor. Y el otro, es la economía de mercado, que ya no es una exclusividad de los capitalistas, sino que también es una opción de los más capitalistas, de los más socialdemócratas, e incluso de los socialismos más modernos, ni siquiera democráticos, como puede ser por ejemplo China y Vietnam. Ese consenso tiene un rasgo muy particular, y es que hoy es más probable que desaparezca la raza humana, antes que la economía de mercado, porque por una pataleta de Trump o de King Jong-Un podemos terminar en un conflicto nuclear, o por un descuido del calentamiento global todos envenenados; eso es más probable a que desaparezca la economía de mercado, entonces pretender negarla, es pretender negar el mundo.

– Pero hay un mundo de la Concertación al que Guillier no los entusiasma…

– Si, me consta que no son pocos, yo soy uno de ellos.

– Usted en una entrevista con este medio dijo que una vez que se bajó Lagos de la carrera presidencial se quedó sin candidato. ¿Qué va hacer en primera vuelta?

– Así es. También dije que la candidatura de Guillier me ponía en una situación muy difícil entre la indisciplina y la irresponsabilidad. Si es por simpatía y por creer que representa mejor lo que fue la centroizquierda concertacionista y los buenos tiempos y programas, sería Carolina Goic.

– ¿Va a votar por ella?

– Eso lo diré en la urna.

– ¿Y en segunda vuelta? En el caso de que pase Guillier…

– Me coloca en una alternativa muy complicada. El otro día conversaba con una de mis hijas que me decía que en segunda vuelta votaría en blanco, yo tengo que pensarlo.