El dirigente del PS, director de empresas y ex subsecretario de Allende cree que es "deprimente" y "preocupante" que los forjadores de ideas de la Nueva Mayoría se entusiasmen con la candidatura del senador por Antofagasta. Asimismo, analiza el momento político que vive su partido -que aún no define a su candidato presidencial- y se refiere a las chances de la coalición en la próxima elección: "Tiene que ofrecer un gobierno de discontinuidad".
Publicado el 27.02.2017
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Ricardo Lagos, Alejandro Guillier y Carolina Goic son los nombres de los candidatos presidenciales de la Nueva Mayoría que ya tendrían un ticket para competir en la primaria del 2 de julio. Si bien el PPD y el PR ya proclamaron a sus figuras en enero, la DC hará lo propio con la senadora el próximo 11 de marzo en su Junta Nacional. Hasta ahora, el PS es el único que no ha definido su opción presidencial, pese a que fue una de las colectividades que contó con más nombres desde un comienzo.

Hasta ahora la definición se tomará en una consulta ciudadana el próximo 23 de abril donde participarían José Miguel Insulza y Fernando Atria, dado que el ex Presidente Lagos declinó hacerlo. La decisión ha sido motivo de criticas en algunos sectores considerando que es muy cercano a la votación y porque los competidores ya llevarán mucho tiempo trabajando en sus campañas a esas alturas.

El economista, director de empresas y ex subsecretario de Economía del gobierno de Salvador Allende, Óscar Guillermo Garretón, en conversación con “El Líbero” analiza el actual momento político que vive el PS, la falta de definición presidencial y cómo ve a la Nueva Mayoría y su continuidad. También entrega su mirada sobre la llegada al poder de Donald Trump en EEUU y analiza sus primeras semanas en la Casa Blanca.

– ¿Cómo ve la situación del PS? La DC, el PR y el PPD ya tienen candidato presidencial…

– El PS está en un momento electoral, porque está en plena campaña de renovación de directiva, en donde hay un fenómeno nuevo: muchas de las tendencias que antes competían, ahora van unidas en una misma lista y apareció una tendencia nueva, ligada a la candidatura de Fernando Atria, que sería la alternativa. Yo creo que la lista de consenso debería ganar de manera muy sólida. El triunfo de eso, no sería ninguna sorpresa, donde habría que hacer un seguimiento es cómo quedan después de la elección las distintas tendencias que concurrieron a la mayoría con Elizalde, ese es un tema. Lo segundo, es que creo que el PS ha quedado metido en una situación muy compleja, por no haber definido su candidatura presidencial. Si llega a definirlo en abril no va a quedar nadie. Pienso que José Miguel Insulza tiene razón en querer adelantar, mucha gente ya está por Lagos, Guiller, Insulza o Atria, independiente de lo que ocurra en ese momento. Creo que muchas de las cosas ya están definidas. En realidad se debería haber elegido candidato presidencial antes. Acá se da la paradoja que el partido que tenía más candidatos y que pintaban mejor -Lagos, Insulza e Isabel Allende- ya no los tiene. De repente hay una (Isabel Allende) que ya no está, y los otros dos han tenido que repechar a lo que parece más tentador. Tentador, pero no deja de ser deprimente.

– ¿Lo dice por los apoyos del PS al senador Alejandro Guillier?

– Claro.

– ¿Qué le parece Alejandro Guillier?

– Creo que puede ser una súper buena persona, pero al final es bien sintomático que el único candidato que no se ha definido sobre nada, incluso sobre las libertades en Cuba -o sea ya no es sólo de los temas de Chile, sino que también del mundo-, genere tanto entusiasmo. Pienso que es bien deprimente para la coalición, no que la gente en un momento determinado pueda entusiasmarse con la novedad de él, sino que las directivas, dirigentes, parlamentarios, personas que se supone que son parte de los forjadores de ideas, se entusiasmen, eso me resulta deprimente. Tengo la impresión además, y eso es algo bastante fugaz hoy, que de todos los candidatos que hay, independiente si alguno me gusta más o menos, el único que no tiene opinión es el que parece que comienza a aglutinar el pragmátismo resignado de muchos dirigentes, pero sin mucho contenido. Lagos, Insulza, Goic y Atria tienen contenido, entonces hay un síntoma malo en la dirigencia de la Nueva Mayoría, como para que al final no importe lo que diga el candidato, pero sí la encuesta -que sabemos lo fugaces que son- en un momento determinado. Tengo la impresión de que si al final Guillier es el candidato, a pesar de que parezca ser lo más competitivo, depara dos cosas. La primera es una posible derrota si es que la candidatura de Piñera se lanza ahora. Creo que eso puede generar un desgrane para otras alternativas, una de ellas es una izquierda con la que yo no comparto para nada, y que creo que es bastante antigua pese a la edad de sus dirigentes (Boric y Jackson). Tengo la impresión de que un candidato sin ideas es muy peligroso, y más peligroso si se da la hipótesis improbable, pero hipótesis al fin, de que pudiera ganar.

– ¿Qué pasa si gana?

– Si pierde va a haber una crisis, un balance y una pasada de cuenta sobre de quién es la responsabilidad. Y si gana, tengo la impresión -teniendo una visión critica de esta administración- de que las condiciones del actual gobierno son bastante mejores que las que podría tener él. Pienso que la figura de Michelle Bachelet tiene una cancha política, una trayectoria, una militancia de larga data, y uno puede hacer crítica del gobierno, pero la reconozco como figura política de peso, como pueden ser Lagos o Insulza. Pero ese no es el caso de Guillier, por muy buena persona que sea. Además creo que la coalición está más deteriorada. Es distinto el conglomerado del 2014 al que hay hoy, tanto en entusiasmo como en unidad. Echarle la culpa a Mariana Aylwin y su frustrada visita a Cuba de los problemas de la Nueva Mayoría, me parece que es una forma de política de avestruz. Probablemente si en 2014 hubiera ocurrido esto, todos habrían buscado una manera de apaciguar los ánimos, pero se da en un contexto de dificultad de la coalición. Hay que considerar también que la economía está más deteriorada que en 2014, deterioro que tiene que ver en parte con algunas de las políticas económicas adoptadas.

– ¿Cree que tuvo un impacto que Isabel Allende haya bajado su candidatura, en la indefinición en la que hoy se encuentra el PS?

– En términos de definición política, yo no le echaría la culpa a Isabel de eso, ella podría ser candidata o podría no serlo, pero en el mundo socialista hay figuras como Lagos, Insulza, Atria o Isabel, y podría pensar en otros, todos tienen contenido político. Hay que pensar cómo se construye el país del futuro, uno no puede definirse por la nada y la vaguedad, hay que hacerlo por algo concreto y ya tenemos la experiencia, lo han dicho las mismas direcciones partidarias haciendo una autocrítica, de que la opción de 2014 fue más pragmática que programática, por las consecuencias que ha tenido. Al final los consensos no eran tales, los programas tampoco, entonces a partir de esa lección presente, que vuelva a ser una opción simplemente ganar (con Guillier), es bien preocupante. Una cosa es lo que la gente opina de la política, pero otra es qué hacen los políticos con la misma política para ser juzgados por la gente.

– Hay algunos, como el diputado Andrade y el candidato Insulza, que han propuesto la idea de decidir el candidato presidencial en marzo, en paralelo a las elecciones internas del partido. ¿Le parece razonable?

– Estoy lo suficientemente lejos como para entrar en la mecánica del detalle. Lo que sí creo, es que todos, y no solamente los candidatos, plantearon la necesidad de definir esto hace rato y tenían toda la razón, ya que entre más se demore el PS, más irrelevante va a ser su decisión; y eso creo, es una falta de consideración a las personas que han decidido postular por el mundo socialista.

– Ricardo Lagos ya fue proclamado por el PPD, y dijo que no iba a participar en unas primarias del PS ¿Qué le parece?

– A mí me gusta Lagos, pero también me podría sentir súper representado con alguien como José Miguel Insulza. Lo que no entiendo es que haya socialistas que apoyen a un candidato que no sabemos qué es lo que quiere hacer sobre nada, ni siquiera sobre Cuba.

– Algunos “laguistas” sostuvieron que la decisión del comité central fue para favorecer a Alejandro Guillier…

– No creo que eso esté en la mente de los candidatos, pero efectivamente pudo haber gente que piense así. Tengo la impresión que en la reunión del Comité Central, fue precisamente el ‘guillerismo’ dentro del PS el que bloqueó el paso a esa alternativa que había tenido el PS con un candidato en carrera. El PS sigue precalentando mientras el resto está corriendo hace rato. Entonces, más que el candidato, me preocupa esta ausencia, ya que puedes proclamarte como un factor de unidad dentro de la coalición, pero para hacerlo uno tiene que hacer política, en los tiempos que la política tiene.

– Álvaro Elizalde podría ser el próximo presidente del PS ¿Qué opinión tiene de él?

– Si las alternativas son Elizalde y Gonzalo Durán, al último no lo conozco, así que creo que votaría por la lista de unidad del PS, votaría por Elizalde. Sólo agregaría una cosa, que no basta sumar tendencias para ser una dirección de unidad, hay que sumar también ideas y líneas de acciones comunes que espero las tengan. Esto tiene que ver no sólo con el PS sino que en general con el mundo de izquierda, pero con la política en general. Si uno se fija en la Nueva Mayoría, en general el mundo intelectual que nunca es previo, sino que es simultáneo a la vida política, se ha ido marginando de la Nueva Mayoría. Si hay una fuerza de unidad me parece positivo, pero siempre que sea real y no simplemente una pragmática unión para ganar, porque normalmente se gana en una vuelta, pero no se sabe qué pasa después.

– ¿Qué le parece la Nueva Mayoría? ¿Está de acuerdo con su continuidad tal cual es hoy o tiene que haber cambios como dijo Carolina Goic?

– Yo creo desde el año 2014 que lo que se estaba haciendo no estaba bien, y por lo tanto en términos de contenido creo que lo único que tiene sentido es ofrecer un gobierno de discontinuidad, o sea necesitamos un gobierno reformista, no uno de continuidad; necesitamos un gobierno que haga reformas que le hagan sentido a la gente, no que la frustre. Entonces decir en abstracto que continúen las reformas, creo que es un mensaje aterrador para la gente, que las rechaza en un 80%. Si nosotros queremos presentarnos, tiene que ser un mensaje de discontinuidad, cuando uno dice discontinuidad no quiere decir un gobierno status quo, al revés, no puede continuar el status quo que hoy día representa la Nueva Mayoría, tiene que cambiar, ya que si no se hace, lo más probable es que se pierda en la elección y que se constituyan fuerzas distintas en el cuadro político del país, por el flanco de centro y de izquierda de la Nueva Mayoría.

– Carolina Goic planteó que es “partidaria de primarias” pero “no, como uno diría, con la misma coalición, con el mismo comportamiento sin hacer una autocrítica profunda y una restructuración“. ¿Qué le parece?

– Lo que plantea Carolina Goic es súper potente, porque al final las coaliciones necesitan dos cosas, una es amplitud y la otra es consistencia. Tengo la impresión de que la Nueva Mayoría ganó aparentemente en amplitud política, en número de partidos, pero perdió desde el punto de vista de convocatoria social a muy poco andar. Políticamente, creo que poner de acuerdo a un arco de estas características en una misma lógica es muy difícil y la verdad es que me importan más las lógicas que las medidas programáticas porque al final los programas son cosas pasajeras, las lógicas políticas son las que importan. Yo no creo que nadie en la DC quiera un camino propio, aislado, no lo pienso, es un fantasma de más de cincuenta años, que hoy no existe. Creo que la DC aprendió lecciones del golpe militar y entiende que tiene que gobernar en una alianza de centro izquierda; pero una alianza de centro izquierda quiere decir hasta donde llega el centro y hasta donde llega la izquierda porque al final no puedes abarcar todo el arco. Hoy la diversidad es mucho mayor y cada día va a ser más, o sea, hablar de ‘el pueblo’ ya no te dice nada, por lo tanto hablar de unir al pueblo, creo que es una buena manera de esquivar el bulto en una definición sobre de qué se quiere representar y dónde se quiere ir.

– ¿A qué se refiere?

– En la diversidad de hoy hay un problema que es muy complicado y que es un desafío en la dirección política, y que está presente en todo este debate. Puede incluso sonar medio abstracto, pero es que el populismo no es un puro discurso desatado, tiene un contenido y una lógica, es decir que ‘el pueblo’ tiene siempre la razón, que lo que quiere es lo razonable y que hay que satisfacer todas sus intenciones. Una dirección populista, es una dirección a la deriva de algo que va cambiando y que no puedes satisfacer simultáneamente: no puedes dar gratuidad para todos y no preocuparte de los problemas de salud. Pero cuando es tan diverso lo que quieren, quienes quieren gobernar con los sondeos de opinión, donde obtienen la iluminación divina de que es lo que el pueblo quiere, se van a encontrar con algo que es inmanejable. La política tiene sentido en las sociedades y parte de eso es ofrecer una cantidad de prioridades en donde se combina el escuchar a la gente con tener respuestas consistentes, claras, solidas y viables. Hacer política diciendo ‘voy a escuchar a la gente’, es la anti política, es un corcho a la deriva.

– A propósito de que habla de populismo, en algunos sectores han catalogado a Alejandro Guillier como populista, incluso lo han comparado con Donald Trump…

– Yo no sé si tiene un programa maravilloso del que no nos ha contado todavía, pareciera que el único que lo conoce es el PC que dijo tener coincidencias programáticas tras un reunión que sostuvieron con él. Creo que es el único partido que ha conocido algo, el resto no. A mí me encantaría conocerlo. Tengo la impresión de que una campaña sin contenido es una campaña que tiene un sello populista, porque es un sello muy descomprometido, en que al final nadie sabe, ni el pueblo, ni los partidos qué va a hacer. Uno elige presidentes para que gobiernen, no para que escuchen. 

– A propósito del fallido viaje de Mariana Aylwin a Cuba han existido “roces” entre el PC y la DC ¿Qué piensa sobre eso? 

– Me parece que es indefendible no condenar lo que ocurrió con Mariana Aylwin. Voy a invocar una figura socialista para hacerlo, que es Hortencia Bussi de Allende. En el año 1996 hubo una conferencia iberoamericana en Chile bajo el gobierno de la Concertación, vinieron muchos jefes de estado, entre ellos Fidel Castro. El PS hizo un acto para él, habían muchos socialistas agradecidos de lo que la Revolución Cubana hizo solidariamente con nosotros cuando el país se nos hizo muy inhóspito, ellos fueron muy hospitalarios; pero eso no quita las convicciones. Lo digo porque en un acto en el Canelo de Nos, ella (Hortensia) hizo un discurso en que mirándole a la cara a Fidel Castro pidió libertad y elecciones libres en Cuba. No fue una arrancada de tarros de ella. Después la directiva del PS, encabezada en ese tiempo por Camilo Escalona y el secretario general era Luis Maira, dijeron que habían conocido el discurso de ella y le habían dado su pleno respaldo. Fue un tiempo de mucha convicción y valentía en el PS para defender posiciones. Eso me gusta más que las ambigüedades de hoy. Digo esto, porque pareciera que hay una discusión entre dos partidos (PC-DC), y no es así, es una visión de la sociedad que uno quiere.

-El diputado PC, Daniel Nuñez, dijo que existía una “voluntad de provocación” de Mariana Aylwin…

– El discurso de la ‘provocación’, ‘enemigos de la revolución y de las reformas’, ‘vendidos al imperialismo’, ‘agentes del imperialismo’, son lenguajes que me resultan tan gastados y tan conocidos, y las consecuencias de ellos no es lo que uno quisiera en la política.

Elecciones en Estados Unidos

¿Cómo ve la gestión de Donald Trump hasta ahora? Lleva recién un mes en el cargo…

– Creo que todo el mundo está preocupado, los europeos, los chinos, en América Latina, todos están pendientes de lo que está ocurriendo. No sé qué espacios tenga para hacer todo lo que se propone, ni tengo claro que en un momento determinado la forma disruptiva como ha aparecido reaccionar no pueda precipitar en el mundo una crisis muy grande. Pero si hablamos del fondo, hay una realidad mundial en declinación y yo veo esta como una reacción a lo que están haciendo. Antes había sólo una gran potencia ordenadora en el mundo, que era Estados Unidos fundamentalmente y yo diría que progresivamente por las mismas necesidades de ellos, de su crecimiento, economía y política, se fue generando un proceso de globalización que es imparable, por lo menos para todo aquel que sea de izquierda, porque escuchar a alguien de izquierda que esté en contra de la globalización y de los tratados de libre comercio, a mí me parece una curiosidad, porque uno de los rasgos de la izquierda desde hace mucho tiempo es creer en el internacionalismo y que el capital es internacional y que muchas de las luchas son internacionales también. Yo creo que puede hacer mucho daño la política proteccionista de Trump, creo que la migración también es imparable en un mundo que está interconectado. Hay que jugársela, no podemos ser observadores de esto o que eliminen tratados de libre comercio.

– ¿Cómo ve el futuro del gobierno de Trump?

– No lo sé, le diría que hay que esperar un poco para saberlo. Ahora creo que es mayoritario el rechazo que tiene en la población, pero tiene cuatro años por delante, y hay que ver cómo reacciona. Además hay un mundo político distinto, tanto demócratas como republicanos. Tengo la impresión de que el mundo, los progresistas americanos tienen que hacerse cargo de esta pobreza de la nueva situación con alguna respuesta que sea más razonable y viable que la que está intentado Trump.

– ¿Cómo ve la relación de Estados Unidos con México?

– No sé lo que va a pasar porque en las noticias decían que enviaron a altos diplomáticos de Estados Unidos a México para tratar de calmar las cosas. Todo eso demuestra hasta qué punto no es viable hacer lo que querían hacer, pueden seguir intentándolo y tener variantes, pero no es muy viable. La sociedad americana a diferencia de la nuestra, que es muy presidencialista, tiene los poderes muy distribuidos entre el parlamento, la corte suprema, los gobernadores de los estados, entonces no es tan simple. Trump puede decretar, por ejemplo, el tema de los baños para los transgéneros, pero la forma es dejando en libertad a los gobernadores sobre qué hacen o deciden, no lo puede imponer. Tengo la impresión de que estamos viendo como un ‘gallito’ entre un mundo que viene, y uno que termina, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, cuyos resultados todavía no lo conocemos, pero cuando estas cosas ocurren, es porque estamos pasando por momentos peligrosos.