El empresario socialista dice a "El Líbero" que "muchas de las opiniones políticas que defendió Mariana Aylwin no son tan distintas a las que yo hice, y a mí nadie me ha tratado de echar del PS". Respecto de la derrota del oficialismo en las elecciones pasadas, advierte que "se creó una brecha muy profunda entre la sociedad y la izquierda".
Publicado el 13.01.2018
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Para Óscar Guillermo Garretón la izquierda, su sector político, tiene un “desafío social más grande (que la derecha) porque se creó una brecha muy profunda” con la sociedad. El socialista, ex subsecretario de Economía de Salvador Allende, fundador del MAPU e histórico concertacionista advierte que “tener como principal discurso la defensa del legado de Michelle Bachelet no es la mejor manera de cerrar la brecha, ya que esta se produce justamente por la diferencia de las mayorías con el gobierno”. 

En su oficina en el barrio El Golf el empresario recibe a “El Líbero” para analizar el resultado de la elección presidencial del pasado 17 de diciembre donde la centroizquierda sufrió una dura derrota. Garretón es crítico de lo que ocurrió, pero no es primera vez que lo hace, ya que fue uno de los primeros en 2014 en advertir que las reformas de la Presidenta Michelle Bachelet iban por mal camino y que estaban dañando la economía. “Pertenezco a una manada política que la quiero, pero si creo que va hacia el acantilado, no siento obligación de correr con ella sino de advertirla del peligro”, dijo en ese entonces.

– ¿Qué sintió tras la elección? 

– Una mezcla de pena y alivio. De pena, de haber tenido la razón desde el 2014 sobre que esto no iba a terminar bien, y de alivio porque si hubiera ganado Guillier tendría que haber pedido perdón por todo lo que venía diciendo en los últimos cuatro años, porque yo había dicho que esto no iba a funcionar, y no sólo por los problemas técnicos, sino por la distancia que se estaba tomando de la mayoría de la población. Pienso que la elección reflejó básicamente eso, el grueso de la ciudadanía votó por la discontinuidad de lo que existía, por la derecha y por la izquierda. En la segunda vuelta, al margen de cómo votaron en la primera, volvió a ganar la discontinuidad y ese es el dato de la elección. Además, la derecha no ganó por poco; cuando uno gana por poco se le puede echar la culpa a cosas chicas o a un montón de cosas circunstanciales, pero cuando es por diez puntos -cuando además no es habitual que la derecha gane por diez puntos, sino que pierda por ese número-, es algo que obedece a un análisis un poco más profundo.

– El ex Presidente Ricardo Lagos dijo que esta era una derrota política, y por otra parte José Joaquín Brunner la catalogó como una derrota ideológica. ¿Cómo lo ve usted?

– Tengo la impresión de que es una mezcla de derrotas en varios planos. Tiene elementos ideológicos, porque uno de los desafíos del mundo de izquierda es cómo hacer una identidad acorde con el siglo XXI, o sea, al cabo de tres siglos de disputas entre socialistas y capitalismo, la sociedad ya ha hecho un balance sobre en qué acertaron y en qué se equivocó cada uno. Pero una cosa es clara, creo que el mundo capitalista le achuntó en una cosa en que nosotros nos equivocamos, que fue que la economía de mercado era mejor que la economía de planificación central basada en medios estatales de producción. Eso es una lección del siglo pasado, porque a la Unión Soviética no es que la botaron, se desplomó. Hoy la economía de mercado pasó a ser un consenso de humanidad y por lo tanto definirlo como capitalista no tiene sentido. Sin embargo, también hay cosas que tienen ancestros socialistas y que hoy día también son consenso de humanidad, y en que el socialismo acertó.

– ¿Y, fue política?

– La derrota también fue política. Podría decir muchas cosas, pero voy a hablar de una: La centroizquierda no es una suma de partidos, sino que es una fuerza social y política que tiene una lógica compartida para enfrentar cada una de las tareas diversas que tiene el frente político, de tipo cultural, salud, relaciones exteriores, entre otras. Para que eso exista, primero entre los partidos tiene que haber voluntad de compartir un proyecto y de hacer que todos los actores políticos se sientan cómodos y parte de ese proyecto. Acá ese proyecto no existía -lo dicen ellos, no lo digo yo-, ya que nadie leyó el programa cuando se los presentaron y ni siquiera participaron, sino que sólo lo firmaron, y basta ver lo que ocurrió para darse cuenta que todos se sentían incómodos de alguna manera. El segundo rasgo de tener un bloque social y político es que yo avanzo con la mayoría que conformé, que es condición de tener fuerza para ir hacia adelante. Eso significa que yo avanzo con la mayoría estando muy preocupado de dos cosas, lo primero es consultar y escuchar las mayorías, para que siga siendo parte de mi proyecto, y segundo, hacer bien las cosas, para que esa mayoría no se decepcione con lo que hago. Me debo preocupar de hacer las cosas muy bien para que el efecto que provoque sea exactamente el que quiero que provoque y no otro. Lo que se ha hecho el último tiempo es exactamente lo contrario y la prueba más patente es tener que corregir la reforma tributaria a menos de un año de su aprobación, o que vamos en el décimo proyecto de educación superior que no termina de verse. Entonces, hay una derrota política.

– ¿Es un fracaso del gobierno de Michelle Bachelet?

– No es que ella no tenga una responsabilidad, creo que la tiene, por supuesto, pero eso ya no me interesa, porque al final este gobierno está terminando. Sin embargo, los partidos siguen, entonces una forma muy cómoda de eludir la discusión que tienen que hacer es echarle la culpa a Michelle Bachelet o decir que ellos de acá en adelante van a ser una especie de conservatorio de la obra de Michelle Bachelet. Los partidos tienen que responder a la sociedad de una manera que sea más eficaz, porque perdieron. Creo que efectivamente una de las mayores expresiones de falla es perder políticamente. La Concertación duró 20 años y eso fue un éxito, pero se fue desgastando hasta que en un momento determinado la gente dejó de confiar en ella. Tengo la impresión que el primer gobierno de Piñera fue más bien un paréntesis que un cambio más general. Creo que ahora el cambio es más peligroso para el mundo de izquierda y de centro, porque el misil ha sido más grande.

– Usted dice que el primer gobierno de Piñera fue un paréntesis, sin embargo fue electo nuevamente. Da la impresión que fue Bachelet el paréntesis…

– Yo siento que no es lo mismo, por varias razones. Primero, la Nueva Mayoría no es la continuadora de la Concertación, es su contradictora, o su detractora, y en segundo lugar, porque la Nueva Mayoría no es una fuerza de centroizquierda; es una alianza de partidos de centro más partidos de izquierda y eso no es una alianza de centroizquierda, acá lo que hubo fue un pacto para ir al gobierno, pero que no alcanzan a ser una centroizquierda, eso en mi opinión.

– ¿Qué análisis debe hacer la Nueva Mayoría?

– Partiría por decir que la Nueva Mayoría ya no existe, ya que parte del nuevo cuadro es que al final la coalición murió, hay daños muy grandes. Tengo la impresión que cada uno tiene que pensar un poco por sí mismo qué es lo que quiere hacer y para dónde va. Además, por los daños que se han producido, es muy probable que cada partido tenga que hacer algo de identidad propia. Por ahí escuché otra reflexión que puede tener sustento, que decía ‘bueno, si la verdad es que el grueso de la votación DC se fue con Piñera, vamos a buscarlo allá, no sigamos hablando todos contra Piñera, porque estamos diciendo todos contra la base DC’. No son mis temas a definir lo que es la DC ni lo que debe hacer, pero se debe hacer una reflexión muy profunda y más que la DC, hay un problema que es de todos. El centrismo social existe, un ejemplo de ello, es que después de todo el discurso del miedo en la elección sobre que llegara Piñera a deshacer las reformas, el centro social al votar mostró que tenía más miedo a que ganara Guillier que Piñera. Entonces acá hay un centro social sin representación política, porque no creo que se hayan convertido de derecha.

– ¿Cree que quizás se corrieron los márgenes? ¿Que la izquierda se izquierdizó y el paso natural del centro fue acercarse a la centroderecha?

– Pienso que Guillier terminó siendo una candidatura de izquierda, básicamente por tener el apoyo de la izquierda de la Nueva Mayoría, y en segunda vuelta su preocupación básica fue conseguir el apoyo del Frente Amplio, dejando vacío todo el centro político donde había una DC irrelevante, mientras otras fuerzas que podríamos llamar de centro-liberal o de centro-derecha se cargaron al lado de Piñera, como Ciudadanos o Evópoli.

– ¿Pero se corrieron los márgenes? Mariana Aylwin dijo que se sentía más cerca de Chile Vamos que de la Nueva Mayoría…

– No sé si se corrieron los márgenes. La que sí se corrió a la izquierda fue la que alguna vez fue la centroizquierda, y dejó todo un centro vacío. En la medida que eso es así, hoy le dan la oportunidad histórica a la derecha de poder avanzar a representar ese centro. ¿Qué tiene que hacer para lograrlo? Primero no preocuparse mucho de la derecha dura, que no tiene muchas alternativas. Pienso que ahí se va a jugar mucho de lo que ocurra con el gobierno, y esa es una tensión que hay dentro de ese sector que ya está aflorando y lo seguirá haciendo inevitablemente.

– ¿Y en el mundo de izquierda?

– En el mundo de izquierda hay una diferencia con la derecha, porque a la derecha le fue bien con la gente, a la izquierda mal, pasó a ser minoría, incluso sumado con el Frente Amplio. Entonces, la pregunta básica no es qué hacen los partidos políticos para recuperar el centro, sino que qué hacen para volver a conectarse con las mayorías del país. Tienen un desafío social más grande, porque se creó una brecha muy profunda entre la sociedad y la izquierda. Ahora, tener como principal discurso la defensa del legado de Michelle Bachelet no es la mejor manera de cerrar la brecha, ya que esta se produce justamente por la diferencia de las mayorías con el gobierno.

– Usted habla de que Piñera tiene una oportunidad histórica para conquistar al centro. ¿Se abre una oportunidad para que Chile Vamos esté más de un período en La Moneda?

Si a Piñera le va bien y logra avanzar sobre el centro va haber más de un gobierno de derecha. Eso lo puedo dar firmado, porque la crisis del otro lado es bastante grande. Percibo por una serie de gestos que Piñera Presidente está muy consciente de la importancia del centro. Lo veo muy preocupado de lo que es dar empleo y crecimiento, ya que es una preocupación muy central de la gente. Además, si a alguien le ha hecho guiños ha sido más a Evópoli que a la UDI. También la idea de darle una importancia política -que hasta ahora nunca ha tenido-, al ministerio de Desarrollo Social, incorporándose al comité político, agregando los temas de familia y trasladar todo lo que es Sename no judicial para allá, dice algo. Pienso que todo eso refleja un dejar atrás un economicismo clásico de la derecha y tener una preocupación mayor por ese sector. Y si la izquierda sigue preocupada de hacer coaliciones entre ellos y no de recuperar su diálogo con la sociedad la verdad es que puede sufrir harto en el próximo tiempo.

La Concertación

– Algunos han sostenido que al Presidente Piñera lo ayudó tomar banderas de la Concertación. ¿Está de acuerdo?

– Piñera hizo todo lo posible para tomar la herencia de la Concertación; yo no le vi ninguna exposición política donde no comparara el gobierno de Michelle Bachelet con los veinte años previos de la Concertación. Él se apropió de lo bueno que había sido ese período comparándolo con lo que ahora había y eso es una manera súper concreta de tomar toda esa herencia. Ahora, decir ‘soy concertacionista’, no es algo que emocione mucho a la gente, creo que lo que entró a disputar Piñera fue una cierta compresión de lo que la gente quería y se los ofreció. La gente quería empleos más sólidos que los que tenía y eso significaba decir crecimiento, y eso nunca lo entendió el mundo de la izquierda y de la Nueva Mayoría. Piñera entendió que la gente quería más gradualidad que cambios tremendos. Muchos podrían decir que eso es concertacionista, pero no sé si eso lo hizo rescatando la Concertación o porque entendió y se percató del fenómeno que había. Insisto, cuando se decía todos contra Piñera porque va a destruir las reformas, nadie creyó eso, nadie tuvo miedo a eso, pero sí hubo miedo a Guillier en ese centro político, sobre todo en esos discursos desafortunados sobre “meter la mano al bolsillo…”.

– ¿Qué pasa con el mundo de la Concertación que no se siente representado por la Nueva Mayoría? ¿Dónde se sitúan José Joaquín Brunner o Mariana Aylwin, cuando hay partidos de la centroizquierda que hoy están abiertos a negociar con el Frente Amplio?

– En las crisis se producen diferencias y debates. Crecientemente irán apareciendo, porque una de las formas habituales es que al comienzo los dirigentes busquen a quién echarle la culpa o enterrar la cabeza como avestruz; yo creo que nosotros lo vivimos después del golpe, porque pasaron dos años para que dijéramos ‘en qué nos equivocamos’, y fue poco para la magnitud de esa derrota. Tengo la impresión que viene un período de debate y de discusión política y emocional.

– Sí, pero hay un grupo de personeros, encabezados por Mariana Aylwin, que fueron parte de la Concertación y que renunciaron a la DC…

– Efectivamente, fue un golpe, por algo hay un tremendo remezón. Ahora, si es verdad algunas de las cosas que han aparecido en la prensa, es comprensible que hayan renunciado. Muchas de las opiniones políticas que defendió Mariana Aylwin no son tan distintas a las que yo hice y a mí nadie me ha tratado de echar del PS. Nadie me ha pasado a un tribunal de disciplina. En ese sentido, creo que la DC ha sido un partido más leninista que el PS desde el punto de vista de su interna, y hoy está pagando las consecuencias de eso.

– ¿Dónde está hoy ubicado el mundo de la Concertación?

– El mundo concertacionista… bueno, está a la espera de lo que pasa. Yo me describiría más bien en una lógica de centroizquierda, como un izquierdismo moderado, y eso hoy no tiene residencia política clara, y eso pasa con el PS, con el PPD. Veremos si es que hay reagrupaciones. Yo no soy parlamentario, tampoco aspiro a ser dirigente de ninguna cosa, entonces puedo esperar más tranquilamente lo que ocurre, seguramente algunas cosas me van alegrar y otras me van a parecer pésimo, pero no lo digo con tanta angustia.