El director de empresas dice que es un error plantear el proyecto desde la lucha de clases que había en 1900. “El carisma y la popularidad sirven para ganar las elecciones pero no son suficientes para gobernar. El tema que refleja la reforma tiene que ver con eso”, sostiene.
Publicado el 17.03.2016
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La reforma laboral del Gobierno de Michelle Bachelet pasó a tercer trámite constitucional y a comisión mixta por los profundos desacuerdos que genera al interior de la Nueva Mayoría.

La negociación obligada entre los sindicatos de diferentes empresas, que fue impuesta por la CUT y no está en el programa presidencial, es la principal piedra de tope en el Congreso.

El primero que levantó la voz dentro de la Nueva Mayoría en contra de la reforma laboral fue Óscar Guillermo Garretón, quien  en octubre de 2014 envió una carta a la dirigencia del Partido Socialista, advirtiendo los “peligros” de dicho proyecto.

El ex subsecretario de Economía de Salvador Allende, quien dirigía la expropiación de empresas durante la Unidad Popular pero que luego del retorno de la democracia  fue  gerente y director de empresas, analiza con “El Líbero” el momento que vive la reforma, los cimientos errados –a su juicio- sobre los que está anclada y el negativo impacto que podría generar en el país.

-¿Cuál es su mirada sobre la polémica en que está la reforma laboral?

-Tengo la impresión de que el debate de la reforma laboral es un ejemplo bien destacado de que no había un proyecto de futuro claro en la Nueva Mayoría.  Desde un comienzo, la discusión de la reforma laboral ha sido un tironeo permanente, por lo que va a salir difícilmente será algo coherente. En ningún caso se le podría llamar proyecto compartido, porque si hay algo que caracteriza la discusión es que todos están descontentos con lo que va a salir. Está descontenta la CUT, los empresarios, la DC, el PC, una parte del PPD. Creo que es un ejemplo muy destacado de la ausencia de un proyecto compartido sobre los trabajadores y sobre las empresas.

-¿Cómo se pudo haber logrado un proyecto compartido en la reforma laboral?

-Hay algo compartido cuando una coalición se arma en un proyecto de futuro, que parte se arma en cuatro años pero parte después. Pero un programa para cuatro años no es un proyecto de futuro, y menos si es un programa donde no participaron todos los partidos, sino que fue hecho por un equipo muy reducido, y hoy se están viendo las consecuencias. El carisma y la popularidad sirven para ganar las elecciones pero no es suficiente para gobernar. El tema que refleja la reforma tiene que ver con eso.

Garretón: “El mensaje del proyecto está traspasado por la lógica de que la empresa es una zona de conflicto, que hay un tironeo, un balancín que está desparejado con el otro, con la lógica de que lo que gana el trabajador lo pierde la empresa y viceversa.  Respecto de su empresa, más del 70% de los trabajadores tiene buena opinión de ella. Por lo tanto, entienden que les va bien en la medida que a la empresa le va bien y que es un proceso de suma positiva”.

-¿Qué aspectos de la reforma le parecen lo más polémicos?

-Desde que vi el mensaje del proyecto de ley me dejó la sensación de que había una  incomprensión del mundo de las empresas que resulta abrumador. La visión colectiva que empapa la reforma laboral es una visión de una empresa de los tiempos de la película Tiempos Modernos de Charles Chaplin. En el sentido de que la negociación colectiva es el momento de la gran batalla entre la empresa y el trabajador, y ahí se juega la vida de un año o dos; de que todos los trabajadores hacen más o menos  lo mismo, y que para el dirigente sindical es fácil hacer el pliegue de peticiones. Pero ahora en las empresas domina la diversidad. Lo que disputan el técnico, el eléctrico, el mecánico, los de mantención, programación o de operación es diferente. Lo he conversado con dirigentes sindicales y es muy difícil para ellos hacer un pliegue de peticiones, que contenga las más diversas peticiones de diferentes grupos de trabajadores. La negociación colectiva es sólo un momento del trabajo, en que normalmente se consagran a lo poco que es común, algún porcentaje de reajuste más el bono de fin de conflicto. Pero eso no significa que ahí termina la negociación, es un momento más de una negociación que dura 365 días, en que un día se discute el tema de los mecánicos, otro el de las becas para los hijos, la fiesta de navidad, el aniversario de empresa. Todos los días hay temas de discusión y los sindicatos y las empresas modernas trabajan así. Hoy no tienen un capataz como en tiempos de Chaplin, sino que tienen gerencias de recursos humanos con ejecutivos que ganan sus bonos por el buen clima laboral de la empresa y que los trabajadores estén contentos.

Garretón: “Más que discutir sobre contenidos A o B de la reforma, es esta lógica general la que me abruma. De alguna manera estamos construyendo un futuro que es sólo pasado, que no es de la empresa de hoy, que hay temas clave que no están tocados”.

-¿Esa diversidad no la recoge la reforma?

-El mensaje del proyecto está traspasado por la lógica de que la empresa es una zona de conflicto, que hay un tironeo, un balancín que está desparejado con el otro, con la lógica de que lo que gana el trabajador lo pierde la empresa y viceversa.  Respecto de su empresa, más del 70% de los trabajadores tiene buena opinión de ella. Por lo tanto, entienden que les va bien en la medida que a la empresa le va bien y que es un proceso de suma positiva. Toda esa lógica muy primitiva, antigua, ha primado mucho en la discusión. Más que discutir sobre contenidos A o B de la reforma, es esta lógica general la que me abruma. De alguna manera estamos construyendo un futuro que es sólo pasado, que no es de la empresa de hoy, que hay temas clave que no están tocados. Hoy con el desarrollo de internet, la educación y el trabajo pueden ser a distancia. Supone dar oportunidades para el trabajo de las mujeres, que no tienen oportunidades. Se necesita flexibilidad laboral. Están contra la realidad del mundo. En la Universidad de Harvard hay 100 mil personas que estudian maestría en la universidad sin haberla visitado nunca. Como no se entiende que los problemas del mercado laboral chileno son adaptarlos a la realidad del mundo actual. Todo eso no está considerado. En el fondo, tiene algo de un retorno al año 1900 o antes de la visión de la empresa y creo que ese es el problema más lamentable, con el agravante de que cambiar una ley tributaria es fácil pero cambiar una ley laboral es extremadamente difícil. Creo que se está sembrando con esto una situación que le va a pesar a Chile por largos años.

-¿Hay países que han implementado reformas similares?

-Después de mayo de  1968 en Francia, el gobierno hizo una serie de reformas, y en ese tiempo el trabajo en relación con el capital tenía un 68% de participación en el ingreso nacional. Después el capital empezó a invertir más en tecnología para bajar los costos laborales y paulatinamente comenzó a reducirse la participación del trabajo. Y en 1995 en vez del 68% estaba en el 60%. Hoy, 50 años después, el presidente socialista Hollande está tratando de volver atrás con esas reformas negativas para los trabajadores, lo que es extremadamente difícil. Cuando digo que se puede generar un daño que puede tener una larga duración, no es porque se me ocurre sino porque ha sido así en la historia.

Garretón: “Tengo la impresión de que la voz de los trabadores del sector privado no está adecuadamente representados en la discusión. En todos ellos detecto ganas de tener mayores derechos, influencia pero también muchas ganas de que a las empresas les vaya bien y no tienen una visión de lucha de clases”.

-¿Quién metió esas ideas  de conflicto entre la empresas y el trabajador en la reforma laboral? La CUT ha incluido varias cosas que no estaban en el programa de Bachelet.

-No sé quién ha sido, pero claramente en la reforma no han estado los dirigentes sindicales del sector privado porque ellos sí conocen a sus empresas. Hubo un tiempo en que en la CUT estaban los dirigentes de las empresas de punta de ese momento, como Manuel Bustos, que era presidente del sindicato de la mayor compañía textil del país, perteneciente al sector industrial, que era el más importante. Hoy los dirigentes sindicales de las grandes empresas más importantes del  mundo, telecomunicaciones, electricidad, no están ahí. Tengo la impresión de que la voz de los trabajadores del sector privado no está adecuadamente representados en la discusión. En todos ellos detecto ganas de tener mayores derechos, influencia pero también muchas ganas de que a las empresas les vaya bien y no tienen una visión de lucha de clases. Por eso, tengo la impresión de que una de las cosas más trágicas de esta discusión es la incomunicación entre el mundo de la empresa y la política, y es responsabilidad de ambos superarla. Si algo nos ha enseñado el siglo XX es que sin políticos electos, con todos su defectos, lo que se generan son regímenes monstruosos, y sin economías de mercado se crean hambrunas y miserias. Cuando esas dos conclusiones básicas no están presentes ni se entienden podemos sacar las leyes más raras. Estoy convencido de que el mundo los va a derrotar, pero como el derrotado será Chile es grave.

-¿Qué impactos ve en esta ley implementada?

-Tengo la impresión de que debería producirse un aumento en intensidad de capital como mecanismo defensivo a un cambio de remuneraciones generado por la ley, como ocurrió en Francia. No sé si aumentará la conflictividad, pero tengo claro que las grandes empresas que tienen estructuras más sofisticadas y  organizadas se adaptarán mejor y no creo que sufran tanto. Las que van a sufrir son las pequeñas y medianas empresas, donde no hay gerencia de recursos humanos, sino que el dueño hace todos los roles. En esas empresas los problemas que muchos están viendo van a ser más significativos.

-La ministra del Trabajo, Ximena Rincón, dijo que la reforma laboral busca reducir la desigualdad y mejorar la distribución de ingresos. ¿Qué opinión le merece?

-Deberían escuchar y mirar que en un país que respaldaba abrumadoramente las reformas es también mayoritario el rechazo a las reformas del mundo de la política. Entonces, creo que ratifica algo que se ha dicho pero se ha olvidado, que tenemos un pueblo empoderado, que tiene capacidad y conocimiento para distinguir entre sus sueños y las interpretaciones a sus sueños que hacen los que no los entienden. Creo que ese es un problema muy profundo que está ocurriendo ahora.