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Publicado el 10 de diciembre, 2017

Niall Ferguson: “La izquierda liberal disfruta los beneficios de la desigualdad, e hipócritamente insiste en que hay algo malo en las consecuencias del capitalismo”

Autor:

Magdalena Olea

El reconocido historiador británico, de visita en Chile por el quinto aniversario de la Fundación para el Progreso, en una entrevista que realizó Axel Kaiser habló de multiculturalismo y migración, reconoció los errores de los liberales clásicos y se refirió a la hipocresía de las élites políticas.
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Magdalena Olea

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Durante el mes de noviembre, en marco del quinto aniversario de la Fundación Para el Progreso, estuvo en Chile uno de los más destacados académicos e historiadores contemporáneos y uno de los intelectuales más influyentes del momento, Niall Ferguson, quien, con 14 libros publicados, es conocido por sus teorías, en las que expone las causas que hicieron de Occidente una civilización exitosa. En una entrevista realizada por el abogado y doctor en filosofía Axel Kaiser, uno de los principales exponente del liberalismo en Chile, Ferguson se refirió a la “hipocresía de las élites de izquierda”.

“La élite de la derecha no es hipócrita, ya que ellos aceptan las consecuencias del capitalismo. Saben que habrá desigualdad y que a los ganadores les irá bien. La izquierda liberal, en cambio, disfruta los beneficios de la desigualdad aún más que la derecha. Y sin embargo, hipócritamente insisten en que hay algo terriblemente malo en las consecuencias del capitalismo. Ellos compran el libro de Thomas Piketty y se comprometen a una especie de diálogo sub-marxista mientras beben vino chardonnay en sus propiedades en Martha’s Vineyard o en sus casas en Aspen”, señaló este defensor del libre mercado, y agregó que lo que se debe hacer al respecto es exponerlos y “martillar la hipocresía del corazón de esta variación particular de la socialdemocracia”.

Sobre la realidad actual y el futuro de los liberales clásicos, Ferguson realizó una auto crítica, afirmando que “cayeron en una trampa” al haber apoyado a la globalización de manera “acrítica”. “Primero, olvidamos una lección importante del siglo XIX que es que el liberalismo necesita de la nación estado (…)  el nacionalismo quedó pasado de moda en la era de la globalización y empezó a ser visto como algo de mala fama”. También aseguró que no se dieron cuenta que la globalización podía ser utilizada por oligarquías o regímenes de partido único, y nombró a China cuando se unió  a la organización mundial del comercio: “Las reglas fueron estiradas hasta el punto de romperse, y entró en operaciones con un sistema que es fundamentalmente incompatible con los principios del liberalismo clásico”, afirmó el historiador.

Migración y libertad

“¿Como puedes tener una nación-estado cuando tienes extremadamente diversas realidades sociales, con grupos que ni siquiera se mezclan ni interactúan con otros?, ¿Estamos generando o creando bases para una crisis en el futuro?”, le preguntó Kaiser en la entrevista, a lo que Ferguson aclaró: “Yo mismo soy un inmigrante, y estoy casado con una somalí asilada que se transformó en ciudadana holandesa y que ahora es ciudadana estadounidense. (…)  La inmigración ha sido una fuente de creatividad, de dinamismo, ha hecho países como Estados Unidos y Chile lo que son, y tenemos que ser muy cuidadoso en no decir cosas que pueden implicar que la inmigración en sí misma es un problema. El problema no es la inmigración, el problema es la no asimilación, el fracaso en integrar a los recién llegados a la sociedad que los recibe”.

Además, el historiador dijo que  los mercados de trabajo, especialmente en el norte de Europa, lo han hecho mal con casi todos los extranjeros trabajadores, ya que aseguró que la tasa de desempleo de estos es significativamente más alta que la de los trabajadores nativos. Agregó que permitir que la gente siguiera utilizando sus propios lenguajes, y tener sus propias escuelas y barrios fue un gran error político, y, en el caso de los inmigrantes musulmanes, se refirió a la mezquita como una institución que va en contra de la asimilación del trabajo y se resiste a la integración.

Por último, Kaiser le preguntó qué significa para él la libertad y de dónde nace el compromiso personal como intelectual y académico a promoverla. “Porque nací libre, y he tratado de empatizar con todos los que no lo son”, le respondió, y contó que al inicio de una investigación encontró una carta de un judío que nació en un gueto en Frankfurt, quien le escribió a sus hermanos cuando por primera vez se le permitió comprar un jardín. “Cuando leí esta carta, pensé en la alegría de respirar aire libre y lloré. En ese momento de mi vida por primera vez aprecié plenamente lo que es ser libre, imaginando ese jardín. Y cuando conocí a mi señora, conocí a alguien que había hecho un viaje similar (…) ella me ha ayudado también a entender lo que significa la libertad”, enfatizó Ferguson.

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