Once meses después de que el presidente Nicolás Maduro ordenó el cierre indefinido y unilateral de la frontera entre Venezuela y Colombia, el domingo se abrió por 12 horas y fue traspasada por más de 35 mil venezolanos en busca de comida y medicamentos. "El Líbero" habló con Marlyn Bautista, una de las personas que cruzó el puente internacional Simón Bolívar.
Publicado el 12.07.2016
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Marlyn Bautista, 39 años, comerciante y oriunda de San Cristóbal, fue una de las 35 mil personas que el pasado domingo cruzó la frontera entre Venezuela y Colombia, que se mantuvo abierta por 12 horas. El paso había estado cerrado desde agosto de 2015 para evitar, según el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la fuga a Colombia de productos subsidiados de consumo básico. Ahora el cruce de miles de venezolanos era, principalmente, para comprar alimentos.

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Bautista llegó a las 6:30 AM al centro de Cúcuta -al noroeste de Colombia-, recorrió varios supermercados y farmacias y a las 11:00 AM ya estaba en el bus para regresar a su casa ubicada en el casco central de San Cristóbal. En una bolsa cargó con cuatro rollos de papel higiénico, dos kilos azúcar, un litro de aceite, una mayonesa pequeña, un paquete de galletas, toallas sanitarias y jabones de baño.

Pero su viaje no fue motivado para comprar productos de primera necesidad. “Fui porque mi hija tiene desde enero un problema hormonal. Ella tiene 7 años, pero tiene las condiciones físicas de una niña de 9 a 10 años. Tengo que darle una inyección que se llama Leuprolide, que debería darme el seguro social, pero hice todos los trámites y me dicen que no hay. En Colombia sí hay, pero al cambio es demasiado costosa. Así que fui por una medicina para mi hija, pero regresé apenas con papel higiénico y otras cosas”, cuenta Bautista.

—¿Cuál es el costo de la medicina para su hija?

En bolívares son 60.000 cada inyección, en pesos colombianos son unos 175.000 (US$ 60) una sola y el paquete de tres 560.000 pesos (US$ 190). Eso es algo que se le debería poner cada tres meses al menos, pero menos mal que lo de ella no es realmente grave.

¿Cómo hizo para conseguir pesos colombianos en un país con control de cambio?

—En mi caso yo tenía una reserva de 60.000 pesos colombianos (US$ 20) antes de pasar a la frontera, porque mi esposo es vendedor de herramientas agrícolas y a veces hacía negocios allá. Antes podías cambiar pesos sin problema, se hacía la conversión de manera normal.

¿Pero en Cúcuta estaban cambiando bolívares?

-Sí, eso era horrible allá, habían muchas colas, pero sabes que los venezolanos ya hacemos chistes con eso. Allá escuchabas cosas como: “Aquí estamos los venezolanos exportando la moda de las colas”. Allá estaban dando 100.000 pesos colombianos por Bs. 40.000.

“Los guardias nacionales nos pusieron mala cara”

Bautista cuenta que para hacer el cruce se fue en bus desde San Cristóbal hasta San Antonio, ciudad cercana a Cúcuta. Que sólo llevó un celular con el cual pudiera mandar mensajes o hacer llamadas. “Porque el otro me lo pueden robar, la inseguridad está muy fuerte acá”, dice. Y como muchos venezolanos que cruzaron, vistió una polera blanca. “No tuvo mayor significado, pero leí en las redes que iban a ir muchos de blanco para demostrar que el cruce era pacífico”, explica.

¿Cuál fue la experiencia del cruce desde Venezuela?

—Desde que empezamos la travesía, que fue cruzando a pie el puente internacional, en la aduana venezolana los guardias nacionales nos pusieron mala cara y nos decían que teníamos que llegar antes de las 2:00 de la tarde. Nos decían cosas como que eso era por la hora colombiana, siempre con mala cara. La autorización era hasta las 6:00 de la tarde la verdad, pero creo que cerraron más tarde, porque fue mucha gente. Cuando yo pasé tempranito no tuve ningún tipo de percance y no había tanta gente, el cruce lo hice como en 10 minutos. Sólo pedían la cédula y nos dijeron que debíamos llevar máximo tres artículos por persona, pero creo que por la cantidad de gente no revisaron nada al regresar. Y en Colombia, nada que decir, nos trataron excelente.

—¿Y era primera vez que cruzaba la frontera?

—Para tener que comprar cosas tan básicas como medicamentos y comida, sí.

¿Cómo se enteró de que se abría la frontera por 12 horas?

–Lo vi por redes sociales el día anterior, en la tarde. Decidí ir sola, no importaba, porque me imaginé que iba a ir mucha gente, como pasó.

¿Qué tal el ambiente en Cúcuta?

–La gente estaba contenta, porque consiguió cosas que desde hace tiempo que no se ven acá. Era increíble ver todas esas marcas, modelos, tamaños. Había de todo, para todo el mundo. Todo, todo era increíble. Acá tengo que hacer una cola de unas cuatro horas por dos paquetes de harina. Y sabes que como ahora sólo se pueden comprar productos regulados por número de cédula, es más complicado. A mí me toca todos los miércoles, pero a veces no hay nada. Lo más triste es el tema de las medicinas, por suerte lo de mi hija no es algo grave, pero desde enero estoy buscando la medicina y el seguro social lo único que me dice es: “No hay”.

Si el fin de semana vuelven a abrir la frontera, cómo se está comentando, ¿volvería?

–Sí, volvería para comprar más comida. Hay muchas cosas que no me traje por el peso, era mucho para mi solita. De verdad, desde hace como tres meses que aquí no se consigue nada. En verdad hay sentimientos encontrados al tener que cruzar la frontera por comida, porque por un lado le agradeces a Dios que uno tiene la oportunidad para hacer eso, pero también se siente como una impotencia, tristeza. Porque uno ve como estamos y ni sabemos hasta cuándo estaremos así.