Tres años después, y a sólo meses de que Bachelet deje La Moneda, el economista y fundador del MAPU se hizo cargo de lo que advirtió al inicio del gobierno de la Nueva Mayoría.
Publicado el 11.11.2017
Comparte:

“En octubre de 2014 envié una carta al PS diciendo que veía a mi manada corriendo hacia el acantilado y eso no me movía a correr con ella sino a advertirle el peligro. Pues bien, creo que se desbarrancó”. Así comienza el discurso que dio el pasado jueves el economista y fundador del MAPU, Óscar Guillermo Garretón, en el seminario del Centro de Estudios Públicos (CEP) “El Momento Económico y Horizonte Político Noviembre 2017”.

El texto, al que tuvo acceso a “El Líbero” (ver completo al final de la nota), da por cumplido el presagio que publicó este mismo medio (ver aquí) en el primer año de la administración de Michelle Bachelet, donde el empresario advertía de la desfavorable situación económica y del ímpetu reformista del gobierno.“Pertenezco a una manada política que la quiero, pero si creo que va hacia el acantilado, no siento obligación de correr con ella sino de advertirla del peligro. Los obnubilados con la masividad de su carrera dirán ‘mira, éste abandonó la manada’. Qué le voy a hacer. Si están en la senda correcta, bienvenido mi error, que todo el mérito sea para quienes acertaron”, dijo en la carta que dirigió al en ese entonces jefe de la bancada de diputados socialistas, Marcelo Schilling, y a Álvaro Díaz, jefe de la Comisión Económica del PS. 

Tres años después, y a sólo meses de que Bachelet deje La Moneda, fue el mismo Garretón quien se hizo cargo de sus palabras. “Vivimos el final de un período iniciado el 90. No el fin de la transición, sino de una gobernabilidad con sellos de centroizquierda. Piñera 1 fue solo un paréntesis. Tuvo tiempos brillantes. La pobreza se redujo de 40% a 10% de la población y así, surgió una nueva realidad social con la clase media y no los pobres en su centro (…) Fuimos capaces de construir un país de consensos, con todos y para todos, que reemplazó, sin violencia, a un país de algunos, para algunos, del cual demasiados estaban excluidos”, dice explicando los éxitos que tuvo la Concertación, y agrega que “sin embargo, las fuerzas políticas gobernantes fueron incapaces de entender su éxito. La derrota se incubó dentro nuestro”.

Así, continúa diciendo que “la obra que iniciamos el 90 fue fruto de años de desgarros íntimos, de identificar en qué nos habíamos equivocado, qué culpas teníamos en la derrota del 73. Digámoslo con franqueza y claridad. Si algún sentido político tuvo la retroexcavadora, fue demoler la lógica y obra política concertacionista caracterizada por: la construcción de bloques amplios por los cambios, mucho más amplios que la izquierda; optar por la economía de mercado en una alianza público-privada que propiciara el crecimiento y la inclusión social; una democracia de los acuerdos para hacer sólidos y perdurables los cambios; un rechazo de principios, no táctico, a la lucha armada y a toda dictadura del signo que ella fuera; una obsesión rigurosa por hacer bien las cosas en políticas públicas y gestión del estado. La Nueva Mayoría no es la continuadora de la Concertación. Es su contradictora”.

A lo que agrega que “esto se vino fraguando desde antes del actual gobierno. La división entre Frei y ME-O el 2009 dio cuenta del desgaste y las diferencias. La lógica PC-auflagelante triunfó el 2014 con la Nueva Mayoría. Incluir al PC en la coalición no es principalmente un asunto ideológico: ha sido el más crítico y resentido enemigo de una transición, cuyo éxito era el más vivo testimonio de su fracaso”.

Además dice que “cuestionaron los éxitos de la Concertación y creyeron viable un diseño estatista, hostil a la empresa, apropiador del financiamiento privado a las inversiones, irresponsablemente convencidos que crecimiento y empleo eran un dato cierto y no algo a cuidar, y sustentados en un Estado inepto y capturado partidocráticamente. Nunca supieron dar respuestas aceptables al nuevo país creado. Y para peor, la que dieron la concibieron y administraron mal”.

El economista explica que el más “demoledor error de diagnóstico de este período, fue no entender a esa clase media nacida a partir de los 90. Trastornados por las movilizaciones estudiantiles y demostrando que sus propios éxitos no habían renovado en nada su arsenal de respuestas, la coalición de centroizquierda post Concertación, no entendió que el anhelo de ella era ensanchar espacio en el modelo que los había hecho salir de la pobreza. Vivieron el sueño atávico de que pedían ‘cambiar el modelo’”. En ese sentido, sostiene que “la consecuencia inmediata es que hoy sea muy probable lo que en el 2014 era inconcebible: el triunfo de Piñera”.

Garretón sostiene que “influirá mucho lo que ocurra en la primera vuelta parlamentaria. Si gana allí Piñera, DC, Frente Amplio y Lagos se ahorran los sismos de decidir apoyar a Guillier. Si la brecha entre Piñera y Guillier hace imposible remontar, eventuales acuerdos para segunda vuelta se dificultarán, la crisis de la izquierda será más profunda”. Sin embargo, piensa que “si Goic supera las encuestas, su liderazgo se fortalecerá. Según cuántos y quiénes sean los elegidos por la DC, distinta será su disposición a ser bisagra en el próximo parlamento. Según qué ocurra en la elección senatorial con PPD y PS, todo puede ser distinto. El Frente Amplio deberá probar su peso real y luego su cohesión. Según como sea la perfomance de los partidos de derecha, será la fuerza y libertad de Piñera para proyectar una derecha más o menos moderna”.

Por último, el empresario dice que “tener una democracia de acuerdos es clave de gobernabilidad. Hay un enorme desafío de pragmatismo y de reconstruir puentes, consensos y confianzas en nuestro país”.

VER CARTA COMPLETA AQUÍ