En conversación con “El Líbero” el analista político explica cómo la reforma que comenzó Jorge Alessandri, continuó Eduardo Frei Montalva y profundizó Salvador Allende, si bien tuvo consecuencias “positivas”, también produjo una fuerte separación entre los chilenos.
Publicado el 14.07.2017
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Este 2017 se cumplen 50 años desde que el gobierno de Eduardo Frei Montalva pusiera en marcha la reforma agraria -continuando lo iniciado por Jorge Alessandri-, uno de los procesos más significativos vividos en Chile y que hasta hoy sigue generando divisiones y opiniones diametralmente opuestas.

Recién hace una semana la Casa Museo Eduardo Frei Montalva organizó un conversatorio para hablar sobre ella y entre los expositores estaba Rafael Moreno, uno de los impulsores de la reforma. En el público se encontraban -además del ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle-, algunos agricultores expropiados producto de la repartición de tierras de la época, quienes no perdieron oportunidad para rebatir lo expuesto por los panelistas, apelando a que en algunos casos no fue justo lo realizado por el gobierno de Frei, y que campesinos que fueron beneficiados finalmente lo perdieron todo, provocando -a veces- una incómoda tensión en la sala.

Este año el tema está en el aire. El ministerio de Agricultura organizó una iniciativa llamada “Conociendo la Reforma Agraria en la Biblioteca de Santiago” que invita a participar a niños y niñas de talleres para conocer más sobre el proceso, y que cuenta con la colaboración del Ministerio de Educación y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). La actividad no ha estado exenta de  polémicas. Eso lo demuestra una carta publicada ayer en La Segunda firmada por Andrés Montero, que dice que “resulta escandaloso que este gobierno, con fondos públicos, celebre y dé a conocer de manera torcida la peor reforma llevada a cabo por el Estado en el siglo pasado” y agrega que “no sólo la reforma agraria destruyó la agricultura y sembró el odio, sino también fue la causante de gran parte de las razones por las cuales la sociedad chilena está dividida”.

Para el analista político Max Colodro, quien trabaja en un libro que publicará pronto sobre el tema, el proceso “fue y ha sido la transformación más profunda que ha vivido la sociedad chilena” y más aún, sostiene que esa gran división continúa hasta el día de hoy.

El académico de la Universidad Adolfo Ibáñez cuenta que se ha ido interiorizando en la materia con el fin de “comprender las raíces de la división en la sociedad chilena y de ese nivel de odiosidad que existe en muchos aspectos”. Colodro explica que el 11 de septiembre sólo es la “expresión consumada” del grado de violencia que se arrastraba desde la reforma agraria. 

En conversación con “El Líbero”, el ex militante comunista comenta cómo la reforma agraria que comenzó Jorge Alessandri, continuó Eduardo Frei Montalva y profundizó Salvador Allende, si bien tuvo consecuencias “positivas”, también produjo una fuerte separación entre los chilenos.

– ¿Qué significa la reforma agraria para Chile?

– La reforma agraria fue y ha sido la transformación más profunda que ha vivido la sociedad chilena prácticamente desde su origen, ya que la estructura de la propiedad de la tierra se construyó desde el momento de la Conquista. Esa estructura le dio continuidad a un orden social, político, económico y a una cultura nacional; y finalmente, a pesar de todos los cambios que hubo en la sociedad chilena -sobre todo a partir del proceso de la Independencia de España-, se mantuvo como elemento de orden y de continuidad en el tiempo, hasta la reforma agraria. Y la reforma marca el quiebre de lo que se ha llamado el orden tradicional. Alfredo Jocelyn-Holt lo denomina el antiguo régimen, haciendo un paralelo con lo que fue el orden previo a la Revolución Francesa, y yo estoy convencido de que los conflictos que se generan en la reforma agraria y luego a partir de ella, son de larga duración y que todavía tienen efectos en algunas dimensiones.

– ¿Entonces, la reforma agraria produce un quiebre en la sociedad chilena?

– La idea de una sociedad fracturada, donde hay un sector muy importante del país que mira con resistencia los cambios, con desconfianza; y por otra parte un sector que aboga por ellos y considera que Chile requiere de transformaciones sociales y económicas importantes, eso se instala con mucha fuerza a partir de la reforma agraria y por lo tanto yo veo en la reforma un factor de quiebre de la sociedad chilena. No sólo desde el punto de vista político, económico, sino que sobre todo cultural. Pienso que muchas de las divisiones que se han mantenido en el tiempo hasta el día de hoy son resabios o expresiones de ese quiebre, pero además la dificultad que ha tenido la sociedad chilena para poder reencontrar un orden común, bases comunes y consensos mínimos hasta el día de hoy.

– La reforma agraria es el punto de inicio…

– Creo que la sociedad chilena se divide a partir de la reforma agraria y es el quiebre más profundo que ha vivido. Lo cual no quiere decir que la reforma agraria no haya sido necesaria desde el punto de vista histórico, ni que haya tenido efectos positivos. A mi modo de ver era no sólo necesaria, sino que a la larga inevitable, y de alguna manera apuntó a destruir las bases del latifundio, de lo que había sido antiguamente la hacienda tradicional. Creo que la propia modernización de las economías latinoamericanas, el desarrollo político y cultural de las mismas sociedades, inevitablemente llevaba a un proceso de redistribución del poder económico que se basaba fundamentalmente en la redistribución de las tierras. Pienso que la reforma agraria tuvo una expresión muy violenta, que tuvo consecuencias políticas muy complejas, pero que tuvo también efectos sociales, económicos y culturales muy positivos.

– Pero, hay quienes dicen que el gran quiebre de la sociedad chilena fue en el régimen militar…

– Veo eso como una consecuencia y no como una causa del quiebre de la sociedad chilena. Para mí el quiebre se origina -en la época de la modernidad, al menos-, con la reforma agraria precisamente porque lo que se instala a partir de ésta son proyectos de sociedad antagónicos y excluyentes entre sí. La mirada que se da de estos procesos de transformación suponen que hay un sector de la sociedad que debe quedar excluido. A partir de la reforma agraria, Chile no es capaz de mirarse en función de un proyecto unitario e integrador. Siempre hay un sector que debe quedar excluido y eso ocurrió a partir del primer gran proyecto que operaba bajo esa lógica, que es el de “La revolución en Libertad” de Eduardo Frei, donde lo que se buscaba era la liquidación del latifundio y por lo tanto, la eliminación de una clase social, que es la de los latifundistas, con todo lo que implicaba desde el punto de vista económico y cultural. A partir de ahí la sociedad ha estado mirándose en función de proyectos excluyentes, como el de la DC, el de la vía chilena al socialismo, el de la vía chilena al neoliberalismo del régimen militar. Después, pensamos que la transición de alguna manera suponía el término de esa lógica, en la medida que obligó a ciertos acuerdos y consensos en materia política institucional y también del modelo económico.

– Pero según lo que me dice seguimos divididos hasta hoy…

– Lo que hemos visto a partir del año 2010 es el resurgir de que la sociedad chilena está dividida en torno a proyectos excluyentes entre sí. Los que quieren mantener el modelo que se instauró durante el régimen militar y que tuvo una cierta continuidad durante los gobiernos de la Concertación; y los que a partir del 2010, consideran que ese modelo -tanto el que representó el régimen militar, como la continuidad concertacionista-, debe ser reformado. La sociedad chilena sigue dividida y con un desacuerdo profundo a mi juicio, respecto de la naturaleza y la legitimidad del orden.

¿Cómo se puede representar o materializar los efectos que tuvo la reforma agraria en las costumbres de la sociedad chilena hoy?

– La reforma agraria no sólo significó un quiebre político ideológico, sino que también uno cultural. Una de las originalidades que tuvo la izquierda chilena en la década del 50 y del 60 es haber sido capaz de construir un ethos que era completamente antagónico al tradicional, al del campo tradicional chileno. De alguna manera lo que hizo la izquierda fue ir a buscar raíces en el mundo de la cultura andina y de las precolombinas para construir un ethos distinto y contrastarse con el ethos hegemónico hasta ese momento. Eso derivó en que hay un sector de la sociedad chilena hasta hoy que se siente más identificado con la cultura precolombina y particularmente con la música andina, y otro sector que cuando piensa en la chilenidad se identifica con los Huasos Quincheros. Es decir, con la cultura del campo tradicional, del rodeo, de las chinas, de los peones, de los huasos, en el fondo de la cultura huasa. Lo anterior, a pesar de que es una dicotomía un poco forzada -una caricatura-, algo refleja de cómo la sociedad chilena se dividió y de cuál fue el grado de profundidad de la división a partir de la década del 60.

– La reforma agraria sigue sacando ronchas hasta el día de hoy. Hay gente que siente que fue un proceso que los perjudicó mucho…

– Creo que lo que se instala en Chile, a partir de un proceso tan profundo y tan sustantivo como fue la reforma agraria, son miradas muy distintas respecto de la naturaleza del orden social y del orden político. Yo creo que esa es una de las singularidades que tiene la reforma agraria y por eso sus efectos siguen siendo tan duraderos hasta el día de hoy, porque se instaló una manera de mirar a la sociedad completamente diferente. Es cierto que la reforma agraria cuando se inicia lo hace en el contexto de la guerra fría, donde el mundo estaba dividido en modelos de sociedad opuestos y excluyentes entre sí, pero mucha de esa cultura basada en antagonismos irreconciliables se mantuvo después incluso con posterioridad, al menos en Chile.

La reforma agraria, sus impulsores y logros

– Jorge Alessandri fue el primero en impulsar una reforma agraria, la del “macetero”. ¿Abrió el camino para la reforma de Frei?

La reforma agraria de Alessandri responde a una lógica propiamente geopolítica que es la que impone el contexto de la guerra fría, que se deriva de los efectos de la revolución cubana, de la reacción de Estados Unidos y de un sector de las élite latinoamericanas frente al temor de lo que significaba la revolución cubana en América Latina. Estados Unidos a través de la “Alianza para el Progreso”, fomenta e impulsa en el contexto de América Latina procesos de reforma agraria, acotados, que se dan en el marco de un modelo capitalista dependiente. Pero, esas reformas agrarias aunque tímidas y acotadas, lo que finalmente hacen es abrir y destapar una olla de presión histórica muy fuerte, y por lo tanto, generar un proceso que a la larga se vuelve incontenible.

– Y ese proceso lo toma Frei y lo profundiza Salvador Allende ¿Cómo lo ve?

– La reforma agraria de Frei es una reforma que intenta hacerse desde el Estado, desde la lógica de las políticas públicas. Para mí, el punto de quiebre de esa reforma agraria es el surgimiento del MIR en 1965, donde nace una expresión política que plantea la legitimidad del uso de las armas, un proyecto que busca emular lo que fue el ideario de la revolución cubana en Chile y que también plantea un cuestionamiento muy profundo a la legitimidad de la institucionalidad política de la democracia. En tanto, Allende intenta de alguna manera mantener la reforma agraria dentro de ciertos cauces institucionales pero con un sector campesino y con un sector de la izquierda que ya fomentaba el desborde de la institucionalidad; y una reforma agraria con un sentido mucho más político de transformación del modelo capitalista imperante.

– Uno de los objetivos de la reforma agraria de Frei fue terminar con el latifundio. ¿Se logró definitivamente?

– Sin duda. Creo que el latifundio es algo que termina por ser abolido en el proceso de reforma agraria. En el proceso general, desde 1962 hasta 1973, se expropiaron alrededor de 10 millones de hectáreas, y de esas, no más de un tercio fueron devueltas a sus antiguos dueños por el régimen militar. Creo que el latifundio como estructura, como sistema de dominación económica, cultural y social, llega a su fin con la reforma agraria en ese período. Lo que viene después, es una cierta concentración de propiedad agraria que se da en un marco completamente diferente, que es la revolución capitalista iniciada por el régimen militar y eso al final tiene una lógica completamente distinta. Nunca la propiedad vuelve a tener la extensión y el espacio de dominación social y económica que tuvo durante el latifundio. Probablemente una de las grandes paradojas de nuestra historia es que la reforma agraria terminó siendo sobre la propiedad de la tierra, una de las bases de sustentación de la modernización capitalista del agro chileno durante el propio régimen militar. O sea, buena parte de la modernización del campo que ocurre en Chile a partir de la década de los 80 con la industria frutícola, y principalmente con la vitivinícola, no habría sido posible sin la disminución de la propiedad y sin el fin del latifundio. Es una de las grandes paradojas.

– ¿Es la única?

– Otra de las grandes paradojas que tuvo la reforma agraria en Chile, es que los que iniciaron la expropiación de los fundos más importantes del valle central, fueron ni más ni menos que los hijos y los nietos de los propios propietarios, de los Conservadores, que estaban insertos en la DC. Esa es una de las razones que explica hasta el día de hoy por qué hay una distancia y una odiosidad tan profunda entre la derecha y la DC, incluso en algunos casos más que con la propia izquierda. De alguna manera, son ellos los que iniciaron ese proceso echando abajo el orden tradicional que estaba sustentado en la propiedad de la tierra. Lo anterior, en buena medida también explica por qué la DC prefiere estar en una alianza con la izquierda que con la derecha. Esto responde a por qué en Chile se da esta anomalía de una DC que se siente más cercana a la izquierda que a la derecha, cuando en el mundo representa a los sectores de centroderecha. Su origen está en la reforma agraria.