La ex ministra de Educación de Lagos asegura que "este criterio de dejar hecha la obra gruesa y después dejar las terminaciones para los gobiernos que vienen significa correr el cerco y que no se pueda volver atrás, pero sacrificando la calidad del diseño y la implementación de las reformas".
Publicado el 03.04.2016
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Pese a que la Presidenta Michelle Bachelet y el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Nicolás Eyzaguirre, anunciaron que la “obra gruesa” de las reformas del Gobierno está lista y que sólo quedan las “terminaciones”, hay una reforma pendiente que deberá construirse desde los cimientos.

Es la reforma a la educación superior, que busca cambiar prácticamente todo el actual sistema que cobija a más de 60 instituciones educativas y en el que estudia 1,1 millones de alumnos; pretende, en lo medular, crear una nueva legislación que pone el foco en las instituciones estatales, la fiscalización del lucro, la creación de una Superintendencia “supervigilante” y cambios en los sistemas de acreditación, según se observa en las minutas del Ministerio de Educación que publicó en exclusiva este medio el martes pasado.

Este viernes, el rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, calificó el proyecto de “extremadamente estatista” y advirtió el “acto de ceguera que el proyecto de ley no respalde y promocione proyectos que le han hecho tan bien al país”, como las instituciones públicas no estatales,  como la UC, donde estudia la mitad de los alumnos de educación superior.

Para profundizar en esta estructural reforma del Gobierno, “El Líbero” conversa con la ex ministra de Educación del Gobierno de Ricardo Lagos, Mariana Aylwin.

-Se han filtrado las minutas de la reforma universitaria. ¿Ud. ha sido consultada o ha recibido alguna información?

-Nunca he recibido ninguna información formal de ningún tipo. Es una lástima que dichos documentos no sean promovidos como aportes o insumos para una discusión más amplia. No sé si los partidos políticos los han recibido pero parece que no. Espero que sobre estos temas se haga una discusión amplia. No entiendo por qué queremos hacer una discusión tan amplia y tan ciudadana sobre la nueva Constitución, y no sobre un proyecto de ley que va a modificar el sistema de educación superior radicalmente. Además, son tantos los temas que aborda el proyecto, aunque no está la gratuidad, que esto debiera ser presentado en distintas leyes. Hay temas que son de más fácil despacho y otros más complejos. Partiría por los de más fácil despacho, como las reformas a la Comisión Nacional de Acreditación, o la creación de la Superintendencia, que están en la agenda hace mucho tiempo. Creo que es un error mandar un solo gran proyecto de ley y no dividirlo en varios.

Aylwin: “Me llama la atención que la reforma se funde en una visión que a mi juicio está sobrepasada por la realidad”

-¿Qué opina sobre las propuestas del Mineduc en su reforma a la educación superior?

-Me llama la atención que  la reforma se funda en una visión que a mi juicio está sobrepasada por la realidad, no sólo chilena sino del mundo. Responde a una visión academicista y centralista, con mucho foco en la educación superior universitaria, y poca referencia a la educación superior técnica y profesional. Se le otorga un peso muy importante a las universidades estatales y a la red, asociaciones y comités que se crean de universidades estatales; y al rol del Estado en las universidades privadas con vocación pública. No sé cuál será la diferencia, porque tendrán recursos públicos y una legislación regulatoria que le otorga al Estado un rol excesivo.

-¿Por qué habla de regulación excesiva?

-Soy partidaria de crear una superintendencia cuando hay un sistema de educación privada muy extendida, pero las atribuciones que se le entregan a la superintendencia y al Estado son excesivas. No se habla de las autonomías de las universidades ni de las instituciones de educación superior. Tampoco se recoge ni hay referencia a la diversidad del sistema que corresponde a una sociedad muy diversa a la que existía hace 50 años. Siento que hay una mirada un poco nostálgica de lo que eran las universidades tradicionales en los años 60’ o antes, universidades públicas de élite, académicas, de altísimo nivel, pero la gran diferencia es que eran para un sector  muy reducido de la sociedad, y hoy la masificación de la educación superior  requiere ofertas diferenciadas, tipos de instituciones distintas, flexibilidad, trayectoria de formación, educación continua. De nada de eso se está hablando. Me da un poco de pena porque estamos haciendo un debate que no responde a dar un salto en educación, incorporando las discusiones que se hacen en otros países.

-¿Qué impacto ve en el sistema educativo con esta reforma?

-No hay ninguna discusión de qué es un reordenamiento, de qué es una refundación del sistema, y no sé si los criterios que se establecen sean los correctos o los adecuados para lograr mejorar la calidad de la educación y reducir las brechas. En la práctica habrá un grupo de universidades pagadas, muy de elite, muy caras, y no sé cómo vamos a resguardar bien que con un sistema financiado íntegramente por el Estado, salvo este grupo selectivo de universidades, con recursos públicos que no están garantizados, se pueda garantizar las inversiones adecuadas y las modernizaciones y la calidad que la educación superior debiera tener para el desarrollo futuro del país.

Aylwin: “Al final le otorga al Estado un poder enorme sobre la educación superior y, si bien creo que la educación superior requiere mayores regulaciones, también requiere garantizarse un principio básico, que es la autonomía y diversidad de ofertas”.

-La reforma plantea que todas las carreras de pregrado en las instituciones estatales sean gratis. ¿Qué opina?

-Eso gratis es financiado por el Estado, hay que ver cuánto cuesta y si es viable, en qué plazo, pero también tiene otras complejidades que no se hace referencia porque cuando es gratis hay fijación de aranceles por parte del Estado, y eso es un cambio mayor y con qué criterio y quiénes fijarán esos aranceles. Al final le otorga al Estado un poder enorme sobre la educación superior y si bien creo que la educación superior requiere mayores regulaciones, también requiere garantizarse un principio básico, que es la autonomía y diversidad de ofertas.

-¿Esta reforma debe aprobarse este año, pensando en el financiamiento para el próximo año, o debería continuarse con la glosa presupuestaria?

-La discusión sobre la creación de una agencia de calidad y el financiamiento estudiantil fueron proyectos de ley que estuvieron tres años en el Congreso, y así y todo salieron con muchos defectos. Hoy estamos reformulando o creando un sistema completamente nuevo y pretender hacerlo en corto tiempo es muy arriesgado. Este criterio de dejar hecha la obra gruesa y después dejar las terminaciones para los gobiernos que vienen significa correr el cerco y que no se pueda volver atrás, pero sacrificando la calidad del diseño y la implementación de las reformas.

-¿Entonces Ud. cree que la reforma de la educación superior debe tomar más allá de este gobierno?

-Este gobierno debe priorizar algunos temas y sacar los que sean más urgente o sobre los cuales hayan más consenso, abrir el debate sobre el resto y no querer hacerlo todo improvisadamente, sin los estudios necesarios, sin los datos, como estamos viendo con la gratuidad y su implementación.