José R. Valente, José J. Brunner y Patricio Navia abordan los desafíos del gasto fiscal del próximo año –que sube 4,4%- en las actuales condiciones económicas del país, la gratuidad para la educación superior y la promesa del “realismo sin renuncia” de la Mandataria.
Publicado el 01.10.2015
Comparte:

La compleja realidad económica que afecta al país llevó a la Presidenta Michelle Bachelet a anunciar un aumento del presupuesto fiscal de 4,4% para 2016 “de acuerdo a nuestras posibilidades reales”, cifra que es menos de la mitad del 9,8%  de este año.

El mundo está atravesando un momento económico complejo. El crecimiento de los países emergentes, al igual que Chile, se ha desacelerado. El precio del cobre, tan importante para nuestros ingresos, ha caído de manera importante. Esto impacta en los recursos que tiene el Gobierno”, dijo la Mandataria al justificar el menor incremento en el gasto fiscal, que igual está por encima de las proyecciones del crecimiento de la economía para el próximo año,  en torno al 2%-3%.

Los énfasis  que destacó en su discurso de anoche en cadena nacional fueron la reconstrucción del país en las regiones afectadas por terremotos, inundaciones, aluviones, erupciones volcánicas e incendios; la educación sin costo directo  para 200 mil estudiantes de educación superior pero siempre y cuando estudien en instituciones “que no tengan lucro y que cumplan criterios de acreditación y participación”; inversiones en salud para especializar más médicos e iniciar 106 proyectos de atención primaria; e intentar mejorar la seguridad ciudadana con el aumento de  6 mil carabineros y mil 200 policías.

Sin embargo, el proyecto de ley que ingresó anoche al Congreso deja, al menos, tres nudos que dicen relación con las condiciones macroeconómicas del país, con una caída en el crecimiento económico, un abultado déficit fiscal –similar al de la crisis subprime de 2009-,  una importante deuda pública y alta inflación; el debate sobre el mecanismo para entregar educación gratuita en educación superior, en que la Presidenta optó por prescindir de las becas e innovar con algo que no detalló en su discurso; y si efectivamente plasmó en el presupuesto su promesa de “realismo sin renuncia”.

Para analizar dichos nudos,  escriben para “El Líbero” los especialistas en dichos temas, José Ramón Valente, José Joaquín Brunner y Patricio Navia.

A propósito de la gratuidad en educación, Brunner comenta que “más que un anuncio, la Presidenta ha hecho un escueto no-anuncio. Si antes de su mensaje reinaba la confusión en esta materia, la situación se mantiene igual. Habrá pues que esperar hasta conocer las cifras del presupuesto y las explicaciones de las autoridades de Hacienda”.

Agrega que “de todos modos, se confirma lo ya sabido: solo una proporción. Menos de la mitad de los jóvenes pertenecientes a los cinco deciles de menores ingresos, se verán beneficiados. La mayoría de ellos goza desde ya de gratuidad total o parcial a través de becas y otras ayudas. Por lo mismo, el gasto destinado a la gratuidad parcial será acotado, como impone la situación económica del país y la proyección del crecimiento para el próximo año. En cambio, nada preciso dijo la Presidenta sobre cómo se financiará la gratuidad parcial, cuál será el gasto por alumno beneficiado, qué criterios se usarán para discriminar entre estudiantes con las mismas necesidades socioeconómicas y, tampoco, si se mantiene o no la promesa de su gobierno de que ninguna universidad o institución tendrá un menor ingreso que el presente año”.

El académico concluye que “en suma, las incertidumbres siguen ahí y la confusión aún no se aclara. Lo único claro es que el gobierno insistirá en llevar adelante  una política improvisada que no ha madurado, se halla cuestionada  y que forzará a discutir -en torno a una glosa presupuestaria- una cuestión compleja, de fondo, que merecería un trato más riguroso”, puntualiza.

Durante la semana rondó la inquietud de si el anuncio presupuestario respondería más a un “realismo” o a un “sin renuncia”. En cuanto a esto, Patricio Navia comenta que éste “es un presupuesto de renuncia y negación. La responsabilidad fiscal es loable. Pero cuando la responsabilidad viene precedida de promesas excesivas, el resultado es una comprensible decepción. No se puede ser irresponsable en las promesas y responsable en el presupuesto”.

José Ramón Valente, por su parte, comenta que “el presupuesto 2016 demuestra lo que tantos hemos dicho tantas veces. El crecimiento económico es la única fuente permanente de recursos para el Estado. A pesar de la reforma tributaria y aún con un crecimiento de tan solo 4,4%,  el crecimiento del gasto público del 2016 generará un déficit fiscal superior al 3% del PIB. Más aún, el 4,4 que a primera vista aparece relativamente bajo como cifra absoluta, es prácticamente el doble de lo que crecerá el PIB 2016 y en ese sentido sigue siendo extremadamente expansivo”, comenta.