A pesar de que Cecilia, Alejandro y Hernán vienen de realidades muy distintas, los unen dos cosas: haber sufrido la pérdida de su fuente laboral y coincidir en que el Gobierno no ha sabido manejar el conflicto indígena.
Publicado el 07.01.2015
Comparte:

Cecilia Jara Llancavil celebraba la llegada del año nuevo en Temuco el pasado 1 de enero. Dejó su localidad mapuche donde vive para viajar a la capital de la región de La Araucanía para compartir con su familia, pero jamás pasó por su cabeza que a esa misma hora su parcela comenzaba a ser incendiada.

Sólo 20 minutos después las llamas ardían en el predio de Alejandro Vielma, atentado que terminó con uno de los responsables herido de bala tras el disparo que percutó el cuidador del lugar. Eran los dos primeros ataques incendiarios de este 2015 y la noche del lunes Hernán Baier se convirtió en la tercera víctima. A diferencia de los otros dos episodios, él hace 10 años que recibía amenazas por parte de las comunidades e incluso en una oportunidad se tomaron su campo por 15 días.

Estas son las historias de las tres primeras víctimas de atentados en menos de una semana. “El Líbero” conversó con ellas y todas coinciden en que al Gobierno “se le fue de las manos esta situación” e incluso piden que la Presidenta Bachelet visite la zona para conocer las condiciones que enfrentan día a día.

Cecilia Jara Llancavil: “Ojalá la Presidenta se acuerde que en Chile hay una región que se llama La Araucanía”

Hace 15 años que Cecilia se dedica a manejar maquinaria para la extracción de áridos. Es conocida en la zona por ser una mujer emprendedora de origen mapuche y vive hace cinco años en una parcela de casi cuatro hectáreas ubicada en la comunidad indígena Ignacio Huina. “Me llamó la atención que me ocurriera esto. Tenía toda la confianza del mundo y veía muy lejano este tipo de cosas“, comenta.

A sus 47 años, esta mujer casada y quien se define como “el pilar de su familia”, perdió su única fuente laboral el pasado 1 de enero a las 00.00 hrs. Debido al colapso de las líneas telefónicas, se enteró que parte de su campo ardía 10 minutos después que comenzaran las llamas. Rápidamente se subió a su auto aún con la esperanza de que no fuese verdad, pero cuando llegó una de sus máquinas ya estaba fundida, mientras que la otra aún se quemaba. “Esa era la de más valor, le echaba tierra con mis manos e incluso fui a mojar frazadas al río para apagar el fuego, pero nada funcionó. Estaba desesperada.”, explica.

Pese a que Cecilia también vive en el lugar, su hogar no sufrió ningún daño. “No sé qué hubiese hecho si me quemaban la casa, habría salido a defender lo nuestro. Ahí nos hubieran quemado igual que unos ratones“, indica.

Lo que más le duele a la emprendedora es que perdió su trabajo, por lo mismo dice que “aunque tenga temor yo siempre voy a estar ahí y nunca voy a esconderme. Estoy arriesgando mi vida y voy a agotar todos mis medios, porque para mí esto fue problema del Estado. Ellos no han sabido resolver el tema y la culpa la pagamos nosotros los emprendedores”.

A diferencia de los otros casos, Cecilia es de origen indígena y eso le ha producido muchas dudas. “Yo soy mapuche y ahora con esto quedo más confundida. No me atrevo a culpar a alguien específicamente, porque no sé quiénes son”.

Además, comenta que no es parte de ningún lado en el denominado conflicto indígena, que jamás ha recibido apoyo de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y que todo lo ha comprado con su esfuerzo, por lo que exige al Estado que le devuelvan sus máquinas.

Otra cosa que inquieta a Cecilia es que Michelle Bachelet nunca ha visitado la zona después de las pasadas elecciones presidenciales. “Ojalá la Presidenta me pueda escuchar, recibir y solucionar el problema. Ojalá se acuerde que en Chile hay una región que se llama La Araucanía y viniera a la capital, Temuco, y viera en las condiciones que estamos. A lo mejor ella cree que somos administrativos, nunca se va a imaginar que una mujer mapuche anda operando máquinas”, sentencia.

Alejandro Vielma: “Al Gobierno se le fue de las manos… nadie se atreve a decir que es terrorismo” 

Creo que el Gobierno no ha querido entender que se le fue de las manos esta situación“, dice el pequeño empresario Alejandro Vielma, quien la madrugada del 1 de enero sufrió la pérdida de sus máquinas tras un ataque incendiario que incluso terminó con un herido.

Si bien él no estaba en su parcela de siete hectáreas ubicada en el kilómetro 18 entre Freire y Barros Arana, el cuidador del lugar fue protagonista de los hechos. “Según su relato, él salió de la carpa donde dormía y sacó su escopeta la cual jamás la tuvimos para repeler a la gente, sino que para corretear a las avecillas que le hacían daño al cultivo”, explica.

En ese momento el cuidador disparó al aire pensando que podían ser ladrones, pero tras ver las llamas y percatarse que había un camión ardiendo y un grupo de personas, disparó de nuevo porque “entendió que era un acto incendiario y terrorista“. Luego tuvo que abandonar el lugar, dado que no le quedaban cartuchos y se escondió en la casa de unos vecinos, ahí avisaron a Carabineros.

“Hubo una persona herida producto del disparo, es materia de investigación. Pero hubo muchos disparos, cerca de 12 y se ha constatado que no sólo del arma que tenía él, pues se pilló en un poste una bala de revolver y otro impacto en el galpón, toda esta gente andaba armada”, indica Alejandro, quien cuenta que en total las pérdidas ascienden a cerca de $350 millones.

A juicio de la víctima, él es la persona equivocada. “Teníamos buena relación con algunos vecinos comuneros y no siento que hubiese sido por un hostigamiento. Me llamó la atención lo que pasó. Entiendo que hace años hay un conflicto mapuche, pero gente como yo que tiene una superficie de siete hectáreas no caigo en un dueño de fundo”, señala.

Tras el ataque, Alejandro se encuentra de brazos cruzados, depende un 90% del patrimonio que perdió para ejercer sus actividades y cuatro familias quedaron sin ingresos pues sus trabajadores ya no tienen empleo. “Trato de ser fuerte y salir adelante, pero me llegó un cansancio que no había sentido nunca. Toda mi familia está desconcertada. Tengo entendido que al hablar de terrorismo es una persona que infunde miedo, aquí nadie se atreve a decir que es terrorismo“, agrega.

Hernán Baier: “Nunca ha venido nadie, ni la gobernadora, ni la Conadi. No hallo a quién acudir”

Para Hernán Baier de 70 años lo que vivió el lunes pasado durante la noche no lo impresionó. Casi tres hectáreas de su plantación de trigo fueron quemadas y aunque nunca habían llegado a realizar un ataque incendiario en su campo de 42 hectáreas y media, ya muchas veces se lo habían tomado. “Yo he sufrido hostigamiento hace mucho tiempo. Me han cortado los cercos y el 14 de septiembre se tomaron mi campo, saqué una orden de desalojo y Carabineros no la cumplió. Pasaron todas las Fiestas Patrias aquí“, explica.

Ya durante el primer mandato de Michelle Bachelet, una comunidad vecina se había tomado su predio. “Esto viene hace 10 años y he viajado a todas partes, a Conadi, he llamado a la gobernadora, al intendente y nadie se acerca a ninguna parte a arreglar nadie. Nos tienen abandonados, a la mano de Dios, ‘defiéndanse solos no más’“, cuenta el pequeño empresario que vive en Ercilla junto a su familia y quien recalca que muchas veces también le han disparado, “yo le diría que el 28 de septiembre fueron sobre 500 tiros y con todo tipo de armas y el 1 de enero pasado por lo menos 30“.

Además, Baier fue víctima de abigeato, le han robado 40 animales en total. Sin embargo, se niega a dejar el lugar que lo ha acogido durante toda su vida. “Una vez conversé con ellos cuando recién entraron y querían que me fuera, que les diera mi campo por vendido. Cómo se le ocurre que voy a hacer esas cosas, por qué tendría que irme”, dice.

Por último, Hernán señala que no sabe qué más puede hacer, “sólo esperar la muerte sentado, pues veo que el Gobierno no hace nada por arreglar, nunca ha venido nadie, ni la gobernador, ni la Conadi, no hallo a quién acudir. Yo no sé hasta cuándo me van a quemar esto, si nunca lo habían hecho, pero no me voy a arrancar, voy a morir con las botas puestas”.

FOTO: JULIÁN TAPIA/AGENCIAUNO