Apenas el 26,1% del 10% más pobre del país tiene una ocupación, y del que tiene empleo dependen económicamente 5,5 personas.
Publicado el 18.06.2017
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Combatir la desigualdad socioeconómica de Chile ha sido el tema al que el gobierno le dedica los mayores esfuerzos, y los diferentes actores políticos lo izan como bandera, incluidas estas elecciones presidenciales y parlamentarias.

El último informe sobre el tema del PNUD, denominado “Desiguales: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile”, muestra que el 33% del ingreso de la economía lo capta el 1% más rico del país,  el 90% de los trabajadores de clase media alta asegura que su salario le alcanza bien para vivir, pero el 47% de los encuestados de sectores bajos afirma que apenas logra sobrevivir.

“Para una enorme cantidad de trabajadores chilenos, el salario simplemente no es un soporte eficiente para salir adelante”, concluye el PNUD, que también muestra que la desigualdad de ingresos en Chile cayó de 54.9 a 47.6 por ciento en los últimos 15 años, de acuerdo al índice Gini.

Además, destaca los importantes avances en la reducción de la pobreza, el mayor acceso a la educación superior y la consolidación democrática. “Esto ha permitido que la sociedad chilena sea vista con otros ojos, donde su creciente bienestar material es explicado por las personas a partir de historias de esfuerzo personal han permitido dejar atrás un Chile más precario” sostiene el informe.

La cara oculta de la desigualdad: Las personas más vulnerables están fuera del mercado laboral

Sin embargo, hay un dato muy revelador que explica la precaria situación de las personas de menores ingresos, las que están en el decil I. Y es que según la encuesta Casen 2015, apenas el 26,1% tiene una ocupación, lo que significa que casi el 74% está fuera del mercado laboral.

En cambio, las personas del decil más rico, (el X), están ocupadas en el 75%, el más alto indicador. Los chilenos de clase media, ubicados entre los deciles V y IX, con ingresos entre $467 mil y $1.078 millón, tienen una participación en el mercado laboral de entre el 58% y el 68%.

El 10% más pobre del país (los que están en el decil I) tienen ingresos autónomos por hogar de $105 mil, mientras el 10% más rico registra ingresos familiares sobre $2,4 millones. Los del decil IX tiene ingresos sobre $1,2 millones y los del VIII sobre $776 mil.

La situación por sexo es todavía más compleja para las personas del decil I, ya que si el 33,5% de los hombres desarrolla alguna actividad remunerada, esa cifra llega apenas al 19,1% de las mujeres.

La desocupación -personas que quieren trabajar y no encuentran empleo- en dicho sector es de 25,8%, más de 22 puntos que el 2,7% de desempleo en el decil de mayores ingresos, o del 3,3% de los que están ubicados en el decil IX.

Además, la tasa de dependencia en los hogares de menores recursos es de 5,52 personas por cada integrante que tiene un empleo, mientras la misma tasa en el 10% más rico del país es de apenas 1,53%.

Junto al empleo, la otra gran diferencia entre los sectores de mayores y menores ingresos es la educación, en que la mayoría del decil X tiene estudios superiores, mientras los del decil I apenas terminan la enseñanza media. Por ejemplo, solo el 6,6% de las personas más pobres se capacita, mientras la cifra sube al 33% en los de mayores ingresos.

Economista: “La principal desigualdad que hay en Chile es la que existe en el acceso al mercado laboral formal”

Cecilia Cifuentes, investigadora del ESE Business School de la Universidad de los Andes, asegura que la “principal desigualdad que hay en Chile es la que existe en el acceso al mercado laboral formal. Eso no se corrige rigidizando el mercado laboral, menos con la gratuidad en la educación universitaria ni tampoco con la condena al lucro”.

A su juicio, los tres aspectos más importantes para resolver el problema son crecimiento económico, capacitación laboral a grupos vulnerables y mayor flexibilidad laboral. Además, el cuidado de niños y adultos mayores es un aspecto importante en el caso de las mujeres.