Economistas chilenos destacan como positiva la fuerte reducción de impuestos a las empresas, la creación de empleo y el crecimiento económico prometido por el Presidente republicano, pero rechazan el alza de aranceles a China y México y la eliminación de los TLC. El lado “feo” sería que cumpliera con la masiva deportación de 11 millones de indocumentados.
Publicado el 10.11.2016
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La sorpresiva victoria del empresario Donald Trump como Presidente de Estados Unidos no sólo sorprendió a gran parte de la opinión pública,  a los encuestadores y medios de comunicación de ese país y del mundo, sino que también al mercado, que se movió como una montaña rusa entre la noche del martes y ayer.

Las predicciones económicas eran aterradoras: de ganar el magnate inmobiliario, algunos medios y especialistas anunciaban casi un apocalipsis bursátil, ya que su plan de campaña tenía polémicas promesas, como cobrar aranceles a todos los productos de China (45%) y México (35%), terminar o renegociar todos los tratados de libre comercio –el de Chile incluido-, y deportar 11 millones de indocumentados, muchos de los cuales sostienen la economía de EE.UU. como mano de obra en servicios que los nacionales no realizan.

La “ola” de temores llegó a nuestro país, pero el presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, la disipó de inmediato asegurando que la “economía chilena está bien preparada para este tipo de eventos e incluso mayores”; idea que fue secundada por el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, quien afirmó que nuestra economía está “muy bien preparada para enfrentar las turbulencias”.

Tras el shock electoral, las bolsas europeas y de EE.UU. subieron, pero cayeron las latinoamericanas y las asiáticas. Pero más allá de los vaivenes del mercado bursátil, el programa económico del futuro Presidente 45 de EE.UU.  para los próximos cuatro años tiene una serie de rasgos “buenos, malos y feos” que analizan en detalle los economistas José Ramón Valente, socio director de Econsult; Felipe Morandé, doctor en economía, académico y ex ministro; Cecilia Cifuentes, investigadora asociada del Centro de Estudios Financieros ESE Business School de la Universidad de Los Andes; y José Ignacio Llodra, economista UC e investigador Clapes-UC.

Lo bueno: Bajar impuestos, desregulación, crecimiento económico y repatriación de capitales

A diferencia del programa presidencial de Michelle Bachelet en que subió los impuestos a las empresas de 20% a 27%, Trump prometió reducir los impuestos corporativos desde el 35% -uno de los más altos de los países OCDE- a solo 15%, uno de los cinco países con menor tasa.

Este anuncio tiene un lado bueno y otro complejo. El bueno es que podría dinamizar la economía y la creación de empleos27 de Noviembre de 2012/SANTIAGO El economista José Ramón Valente, fue presentado como parte del equipo de la campaña presidencial de Laurence Golborne, en rueda de prensa realizada esta mañana en la plaza El Golf de Las Condes. FOTO: SEBASTIAN RODRIGUEZ/AGENCIAUNO. Lo complejo es que dejaría un forado de proporciones en caso de que caigan los ingresos y se mantengan los gastos, ya que la deuda pública de Estados Unidos supera el 103% del PIB.

El programa tiene algunas cosas que son típicas de candidatos republicanos, de centro derecha, como desregular y eliminar la carga regulatoria de las empresas para recuperar el emprendimiento y dinamismo de la inversión en Estados Unidos. Uno esperaría que algo potente salga de aquí. Quiere bajar la tasa impositiva pero eliminar excepciones y aumentar la base impositiva. Si logras bajar la tasa pero hacer que todos paguen podría lograr un efecto positivo o neutro en la recaudación”, explica el creador de Econsult.

Cecilia Cifuentes, LyDLa investigadora del ESSE Business School, Cecilia Cifuentes, explica que el punto de partida de este nuevo gobierno enfrenta una situación fiscal compleja, ya que durante los ocho años de la administración Obama la deuda pública aumentó en 44 puntos del PIB, superando el 100% actualmente.

“En un contexto en que las tasas de interés suban levemente y la carga previsional se acentúe, la fuerte reducción de impuestos planteada por Trump tendría efectos muy complejos, a no ser que se acompañara con una reducción de gastos, lo que parece políticamente difícil. Además, el nuevo presidente ha planteado un significativo impulso al gasto fiscal en infraestructura”.

El eventual plan de infraestructura es el que llevó ayer el cobre a niveles récord de alzas de 5,77%, el  más alto desde 2009, pero su realización demoraría entre tres y cuatro años y tendría la complejidad de su financiamiento en un contexto de alta deuda y reducción de impuestos, coinciden los analistas.

El economista de Clapes plantea que dicha reforma tributaria es la más ambiciosa desde la que hizo Ronald Reagan en la década de los 80’, y que podría “tener efectos pronunciados sobre el crecimiento, sin embargo, de no compensar la menor recaudación con recortes de gasto podría generarse una precaria situación fiscal. La suma de estas cosas provoca discrepancias en las estimaciones de los analistas sobre el crecimiento futuro de Estados Unidos y la evolución del déficit fiscal”.

jose-ignacio-llodraSegún las estimaciones del equipo de Donald Trump, las medidas económicas propuestas debería aumentar el crecimiento a un 3,5% por año, con una tasa de crecimiento potencial en torno al 4%, lo que derivaría en la creación de 18 millones de puestos de trabajo extra en los próximos 10 años. Sumados a los actualmente proyectados, el equipo Trump espera que bajo su presidencia se creen 25 millones de trabajos hacia el 2026, sostiene José Ignacio Llodra.

Pero Valente aclara que crecer al 4% anual -el doble del 2,1% de los ocho años de Obama- es difícil de cumplir, debido a razones demográficas y a la alta renta per cápita de Estados Unidos, lo que lo forzaría a “correr la frontera del conocimiento para crecer. Crecer al 4% no lo veo factible, pero a lo  mejor logra oscilar entre 2,5% y 3,5%. Sería una ganancia  muy importante. Estas son las cosas buenas de las que nadie ha hablado mucho y estaban bastante escondidas porque las cosas que llegaron a la prensa son las malas de su programa”.

Pensamiento similar tiene el ex ministro Morandé, quien sostiene que crecer sobre el potencial de 2,5% no le parece “ni prudente ni factible de obtener por mucho tiempo. Y si se quiere obtener por la vía de la demanda con política fiscal hay problema con el financiamiento y riesgo de incrementar la inflación”.

Otra buena noticia del programa de Trump, a juicio de Valente, es la propuesta de repatriar capitales de norteamericanos invertidos en otros países reduciendo la tasa a 10% en vez de 35%, lo que podría incentivar la economía doméstica con nuevas inversiones y proyectos de emprendimientos.

“Sería bastante atractivo para empresas como Apple, Google y todas las multinacionales, repatriar plata que tienen en caja en países extranjeros y llevarlo a EE.UU. para inversiones o desarrollo de industrias. Ahí hay otro punto bastante pro crecimiento”, agrega José Ramón Valente.

Lo malo: El proteccionismo y la revisión de los TLC

Todos los analistas coinciden en que las promesas proteccionistas de Trump en que quiere regular el flujo de capitales, productos y bienes serían, de aplicarse, tremendamente nocivas y generarían grandes perjuicios para la economía estadounidense y mundial, incluida la chilena.

“Revisar los tratados de libre comercio y poner aranceles a las importaciones chinas y mexicanas, de concretarse, sería muy malo y depresivo para la economía. EE.UU. importa una gran cantidad de productos terminados desde China y México, y poner fuertes aranceles a las economías de esos países sería un desastre para la economía norteamericana, y uno esperaría que esa propuesta en vez de concretarse de esa forma, se concrete de una forma diferente, como  renegociar la condiciones comerciales entre los socios comerciales. Uno supondría que la racionalidad debería imperar y que no va a llegarse al extremo de subir esos aranceles”, señala Valente.

felipe-morandeFelipe Morandé califica el proteccionismo de política “poco reversiva, en el sentido que propende más a la protección de la industria nacional frente a la competencia externa y a una cierta cerrazón a los flujos de capitales, de entrada y salida. Eso tendría, si se cumpliera, consecuencias bastante graves sobre la globalización y el comercio internacional porque EE.UU. es un actor primerísimo en cuanto a la fluidez de mercados de capitales. Chile es una economía que depende muchísimo de lo que pasa con sus socios comerciales y financieros y también sería muy perjudicado”.

Por ello, el economista ve poco probable que se pueda aprobar en el Congreso con mayoría republicana, ya que éstos han sido tradicionalmente pro libre comercio. “Esperemos que en el Congreso predomine la sensatez y no pasen estas propuestas o no se presenten”, sostiene.

Para Cecilia Cifuentes, la palabra que mejor define la situación económica tras las elecciones es incertidumbre, ya que “el cumplimiento de las promesas de campaña sería catastrófico para ese país y también para el mundo. La combinación de revertir el proceso de globalización, y todo lo que éste implica, junto con un fuerte aumento del déficit fiscal proveniente de menores impuestos y mayor gasto es muy negativa. Para qué hablar del tema geopolítico, que escapa a lo que pueda proyectarse”.

Lo feo: La deportación de 11 millones de inmigrantes y políticas de discriminación migratoria

Trump ha dicho que quiere deportar a 11 millones de personas indocumentadas, principalmente mexicanos, lo que es visto no sólo como algo improbable por las complejidades humanitarias, operativas y jurídicas, sino también por su alto impacto económico.

“Más negativas parecen aún las ideas respecto a volver a cerrar la economía, no sólo desde el punto de vista comercial, sino también inmigratorio. Pareciera que sólo si mira la sociedad desde el punto de vista de los trabajadores americanos, olvidándose que esos trabajadores son al mismo tiempo consumidores, que han podido mejorar significativamente su calidad de vida gracias a los beneficios del libre comercio. Se olvida también el lado positivo de la inmigración, que no sólo genera mano de obra competitiva, sino que atenúa el problema demográfico. Es tan significativo el costo de frenar y revertir la globalización, que lo más razonable es esperar que ‘otra cosa sea con guitarra’”, señala la economista Cecilia Cifuentes.

En esa línea, José Ramón Valente califica de “mala política” la eventual expulsión, ya que muchos de los inmigrantes contribuyen a la economía de servicios y realizan trabajos de baja calificación que el país necesita para generar los servicios que usan los norteamericanos. “Pensar en que se pueden realizar masivas deportaciones es totalmente irreal. Uno esperaría que logre pasar algunas leyes o ser más duro en  inmigración pero que no llegue al extremo de las promesas de campaña”, concluye.