“El Líbero” conversó con distintas empresas que realizan sondeos en el país. Si bien coinciden en que el voto voluntario es un nuevo desafío, también creen que el futuro está en hacer sondeos por internet.
Publicado el 20.09.2017
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Si bien son esperadas de manera entusiasta por todos los actores políticos, en el último tiempo las encuestas han sido brutalmente cuestionadas por algunos desaciertos a nivel mundial. Ocurrió en Estados Unidos, cuando los sondeos daban por ganadora a la candidata demócrata, Hillary Clinton, y se impuso el republicano Donald Trump. También en Inglaterra, cuando apostaban por el rechazo al Brexit pero los británicos optaron por salir de la Unión Europea. Pese a esto, en Chile siguen siendo un termómetro valorable en tiempos electorales.

A menos de tres meses de la elección presidencial -que este año tiene a ocho competidores-, las encuestadoras chilenas trabajan activamente. Así como el mundo ha ido cambiando, las técnicas de medición también lo han hecho y eso ha obligado a que algunas de ellas hayan comenzado a innovar.

En ese sentido, varias han implementado nuevas metodologías para medir el “voto probable”, es decir, detectar quiénes, en un contexto de voto voluntario, tienen más inclinación a concurrir a las urnas el 19 de noviembre. “Tengo una opinión positiva de lo que se está haciendo en Chile, creo que las encuestas más cubiertas por los medios están dando resultados muy convergentes, similares unos a otros”, dice Roberto Méndez, ex director de Adimark, quien advierte que “estoy viendo con mucha atención la innovación que está existiendo en nuevas metodologías, como incorporar celulares, internet y paneles”.

Para el gerente de Asuntos Públicos y Comunicaciones de Cadem, Roberto Izikson, Chile, al igual que el mundo entero, está viviendo “un proceso de transformación y de cambios bien significativos, por varias cosas. Lo primero es que hacer encuestas es más complejo, porque la gente es más compleja, porque la cantidad de información que consume una persona es más alta y las personas cambian de opinión mucho más rápido”, entonces “tenemos que ir ajustándonos a eso y aprendiendo a hacer encuestas en un contexto de voto voluntario y crisis política, de desconfianza en la política”.

Ricardo González, del Centro de Estudios Públicos, dice que “la realidad de las encuestas de Chile es bien diversa. A mi juicio la calidad de una encuesta se juzga de acuerdo a la rigurosidad de su metodología, la confiabilidad de su método de entrevistas y la transparencia con que se manejan sus resultados y procedimientos”.

El cara a cara, telefonía fija y celulares

Lo primero es que hay que diferenciar dos familias de encuestas. La primera es la probabilística -como la del CEP-, donde todos los individuos tienen la misma probabilidad de ser escogidos en la muestra. La única forma de hacerla es a través de hogares, por lo que es más lenta y de mayores costos. “Es más lento, pero más preciso. Por algo las mejores encuestas a nivel nacional (como CASEN) y a nivel internacional (como la General Social Survey en Estados Unidos) siguen utilizando este método de entrevistas”, sostiene González.

Y la segunda es la de cuotas -como Cadem-, que se basa en los Censos y en los trabajos que hace el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para saber con exactitud cuánta gente vive por región, por comuna, edad, sexo y estrato social; y desde ahí se construye el marco muestral. “Si queremos hacer una encuesta representativa de Chile, cuántas encuestas hay que hacer en Santiago versus regiones. En Santiago sé cómo tiene que ser la distribución por comunas, y dentro de cada comuna cómo tiene que ser esa distribución por género, edad, ingreso económico”, comenta Izikson. Estas se hacen a través de teléfonos fijos, celulares y en algunos casos, a través de internet.

Cadem está realizando sus sondeos a través de telefonía fija y encuestas en puntos de afluencia. “Vamos a incluir teléfonos celulares, no sabemos si al punto de reemplazar todos los fijos, o si será algo gradual, estamos trabajando en aquello”, cuenta Izikson. Plaza Pública Cadem se hace semanalmente, lo que ha permitido que las “fotos” que expone cada lunes “se han transformado en una película. Una encuesta semanal tiene la capacidad de mostrar cuándo se produce un cambio exacto, por qué razón, qué hay detrás. Un ejemplo es que hace un año Alejandro Guillier marcaba cero y así terminó pasando a Ricardo Lagos, empatando con Sebastián Piñera y está por pasar a segunda vuelta”.

La llegada de internet y los paneles online

Adimark, en tanto, realizaba sus encuestas a través de telefonía fija y con llamados a celulares. Los que han dado un paso más allá son Criteria Research, quienes están utilizando paneles online para hacer los sondeos. Un panel es un conjunto de personas que de manera voluntaria muestran disposición a participar de encuestas online. Cuando se registran, deben entregar sus principales rasgos, de modo que los encuestadores puedan catalogarlos e invitarlos posteriormente a participar de distintas encuestas.

En el caso de Criteria Research, perfilan previamente a los participantes de acuerdo a ciertas variables, y se les invita a participar de un panel global. “En un panel o en ese grupo de personas, seleccionas una muestra aleatoriamente, igual como seleccionas una muestra cuando tienes todos los números de teléfono, por lo tanto, le envías invitación a responder a esa muestra, y no a cualquiera”, dice a “El Líbero” el socio y fundador de Criteria, Cristián Valdivieso.

En las encuestas por internet cambia el incentivo, ya que en las cara a cara o telefónicas a un encuestador se le paga. En cambio, en estas los encuestados “acumulan puntos, reciben premios u otro tipo de cosas”, cuenta Valdivieso, advirtiendo que este tipo de mediciones tienen la ventaja de que como son por internet, “no hay un sesgo de un entrevistador ni tampoco de lo que es políticamente correcto decir en un determinado momento”.

Pese a eso, Izikson piensa que si bien Chile “está preparado para tener encuestas online pues tiene 11 millones de cuentas de Facebook, un 80% de smarthphones, computadores en las oficinas, 70% de acceso a internet, o sea el electorado está preparado, los que no estamos preparados somos las empresas, porque no hemos logrado crear marcos muestrales suficientemente grandes, tener un base de datos de seis millones de conectados”.

De todas maneras, Valdivieso asegura que “en Francia, en Europa, el 90% de las encuestas son online, por rapidez, por tiempo. La gracia es que tienen esa ventaja, que no la tienen las que se hacen de forma telefónica”, y agrega que “nosotros usamos paneles online cuando estos permiten representar bien a la ciudadanía. Yo tengo un panel que está bien distribuido desde Arica a Punta Arenas, es representativo, pero sólo para la población general. Si me dicen que haga una encuesta en Atacama por internet, no podría, porque no tengo la muestra necesaria”.

El voto voluntario, el nuevo desafío

Una vez que en Chile comenzó a funcionar el voto voluntario, las encuestadoras tuvieron que hacerse las siguientes preguntas: ¿Cómo se identifica al votante probable? y ¿cómo se hacen encuestas que tengan la suficiente muestra para cumplir con los resultados?

Izikson cuenta que en Cadem se inspiraron en modelos de Estados Unidos y de Europa que “llevan años” y los adaptaron a la realidad chilena. Entonces hacen cuatro preguntas que tienen que ver con la disposición futura de ir a votar. “Lo que ocurre ahí es que la gente sobreestima su disposición, por ejemplo un 60% te dice que definitivamente va a ir a votar, entonces eso se corrige preguntando sobre la participación pasada. Entonces, le preguntas si ha votado en elecciones pasadas con voto voluntario, y la gente también sobredeclara haber participado en casi 20 puntos”, dice Izikson, y agrega que “en la última elección municipal votó un 36% y un 56% declara haber participado, en la presidencial votó un 44% y un 64% dice haberlo hecho, entonces hay sobreestimación futura y sobre declaración pasada”. Como ocurre eso, explica, se hace una tercera pregunta sobre cuál es el interés presente en la elección presidencial y con eso “hacemos un índice donde combinamos los resultados. Si una persona dice haber votado en elecciones con voto voluntario, está muy dispuesta a ir a votar y además tiene interés, es una persona con altas posibilidades de ir a votar” y añade que “ese índice dice que si la elección fuera este domingo votaría un 46%, eso es menos de lo que votó en 2013 en primera vuelta donde lo hizo un 49%, y más de lo que votaron en segunda vuelta, que fue un 44%”.

En tanto, Cristián Valdivieso comenta que en la encuesta que ellos realizan siguen parámetros similares. “El interés, la conducta anterior y la disposición a votar, en conjunto, arman una votación que permite estimar el voto probable”, sostiene.