Un estudiante de 22 años y un dirigente político de 28 que esperaba ser candidato a alcalde de su ciudad viven en Chile lejos de la política; les ha tocado trabajar en distintas ocupaciones para sustentarse, pero hacen lo posible por divulgar la situación de los Derechos Humanos en su país.
Publicado el 29.05.2017
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En 2014 se registraron las primeras protestas, que se extendieron durante cuatro meses, en contra del Gobierno de Nicolás Maduro. Ese año, el venezolano Juan Carlos Gómez (22) ex dirigente estudiantil de la Universidad Fermín Toro (estado de Lara, ubicado en la región centroccidental)  fue detenido por 237 días. Al ser liberado, después de varias amenazadas de muerte y maltratos constantes, decidió aterrizar en Chile el 30 de diciembre de 2015. Desde entonces, le ha tocado trabajar de vendedor y garzón, y aún no puede apostillar su título como licenciado en educación física por razones que aún desconoce. “Supuestamente el Ministerio de Educación tiene una orden para no sellarlo, y las razones aún no me las dijeron. Lo mandé después con un gestor y me dijo que está prohibido que me sellen el título”, cuenta.

Para que lo liberaran tuvo que asumir ocho delitos entre los que se encuentra hurto agravado, daño de edificaciones públicas, posesión de artefactos explosivos y uniformes militares e instigación al odio. Además, no logró inscribirse para terminar el último año de Derecho que cursaba en la Fermín Toro y se perdió su ceremonia de graduación por su título en preparación física. “Lo peor, es que todo es mentira, me metieron preso por protestar, como a miles de venezolanos”, cuenta Gómez ahora en Santiago, donde se ha convertido en una de las caras visibles para dar a conocer la violación de los Derechos Humanos en Venezuela. Por ejemplo, el pasado 24 de mayo estuvo en una charla en la Universidad Adolfo Ibañez en una actividad llamada “Semana de Venezuela”, organizada por algunos estudiantes venezolanos de dicha casa de estudios. Ahí, con la voz quebrada, recitó con la mirada fija al piso algunas de las cifras que golpean en su país.

Se sabe de memoria que hay una escasez de medicinas del 80% según la Federación Farmacéutica de Venezuela; el informe de la organización civil mexicana Seguridad, Justicia y Paz asegura que tres ciudades venezolanas están en el top cinco de las más violentas del mundo. En promedio, 25.000 personas han sido asesinadas en los últimos dos años, según la organización Observatorio Venezolano de Violencia y hasta la fecha, en las estimaciones del Foro Monetario Internacional la inflación supera el 700%.  Otros detalles que no olvida y cuenta con todas las precisiones, son las penurias por las que pasó a partir del 12 de septiembre de 2014, fecha en que fue detenido.

“Nuestro objetivo ese día era cerrar una avenida en el estado Lara y realizar un pancartazo, sería algo así como los trancazos que están haciendo ahora. Tenía que ser desde las 6:00 de mañana hasta las 6:00 del día siguiente y a las 6:30 AM nos mandaron a la Guardia Nacional y llegaron directamente a reprimirnos. A las 8:00 estábamos subiendo un edificio, éramos 47 personas. Como al mediodía nos llaman y nos dicen que hay una orden de captura para todas las personas que estaban dentro de ese edificio debido a que nos estaban acusando de que habíamos entrado a un Saime (Servicio Administrativo de Identificación Migración y Extranjería)  y lo habíamos destruido. Cabe destacar que esos videos eran de las 9:00 de la mañana y nosotros ya a las 8:00 estábamos encerrados en un edificio por la represión”, recuerda.

En ese edificio, donde Gómez junto a sus compañeros buscaba resguardarse de la Guardia Nacional, empezó un incendio provocado por las bombas lacrimógenas que lanzaban a menos de un metro de distancia del lugar. “A eso de las 3:00 de las tarde hubo un chispazo con un bidón de gasolina por las bombas, lo que genera el fuego, que llega al compresor de aire acondicionado y alcanza a la azotea. Se incendia toda la azotea, el jefe de la Guardia Nacional que ahora está en Estados Unidos y que ahora asumió que es un violador de los derechos humanos, se llama Rafael Quero Silva. Él nos dice que nosotros nos habíamos buscado eso y que no iban a dejar pasar a los bomberos, que si nos tocaba morir, nos moríamos allá arriba. Cuando el incendio baja entran los efectivos de la Guardia entran con pistolas 9mm en la mano. Nos mandan a arrodillarnos, nos tiran al piso y con los extintores del edificio intentaron ahogarnos. Nos esposan y nos bajan por el edificio y nos llevan a las áreas verdes, donde nos amenazan. Lo que querían era que entregáramos los nombres de quiénes estaban detrás de unas cuentas de Twitter que estaban sacando información contra el Gobierno. No sabíamos quiénes eran”, cuenta.

Gómez recuerda que durante esos días, fueron privados de libertad en espacios chicos, que estaban acondicionados para tener un preso no más de 24 horas. Algunas veces no los alimentaban y hasta les dijeron que los iban a matar en algún traslado que les hiciera, pero contaron con la solidaridad de los presos. “De hecho ellos nos dijeron que para que nos trasladaran, los iban a tener que matar a ellos, que no lo iban a permitir y una vez que intentaron hacernos un traslado la misma policía no permitió que la Guardia Nacional nos buscara”, recuerda.

Una vez libre, para las elecciones de la Asamblea Nacional de diciembre de 2016 continuó la penuria. “Nos empezaron a acusar en los diarios de un plan desestabilizador para las elecciones. Nos nombran a todos en el diario ‘El Regional’, un diario de Portuguesa que es de un dirigente del PSUV. Ahí se publican las direcciones de todos, con cédula de identidad, todo. Y ahí nos empezaron a perseguir y el mismo abogado nos dijo que si nos volvían a meter presos, no salíamos porque ya habíamos asumido los hechos y lo que quedaba era desaparecernos del mapa”, dice.

Sus compañeros se repartieron entre Colombia, Ecuador, Europa y Estados Unidos. Gómez optó por Chile debido a que tiene varias amistades en estas tierras. Recuerda que llegó el 30 de diciembre de 2015, después de realizar varios reservas aéreas que nunca lograba concretar, “porque siempre me las tumbaban por motivos extraños”. El boleto era para salir sólo por cuatro días, para que su partida no fuera sospechosa. “De hecho, en el aeropuerto me vieron el pasaporte y el funcionario ve la pantalla y me dice ‘yo sé a lo que vas, pero bueno, vamos a dejarte el chance de que te vayas'”, recuerda.

El escape en un camión de ganado

La huida de José Gregorio Cumare (a la izquierda de la foto), de 28 años de edad, fue de película. Le tocó acercarse hasta la frontera de Venezuela con Colombia en un camión de ganado después de 35 días de clandestinidad. Para ese entonces era el coordinador político de Voluntad Popular -partido político de Leopoldo López- en Puerto Cabello y preparaba su postulación como alcalde en esa ciudad. Pero en enero fue acusado por el vicepresidente Tareck El Aissami y Diosdado Cabello de ser aliado del diputado opositor Gilber Caro, que fue detenido y trasladado a prisión por supuesto porte de armas de fuego y explosivos, con el plan desestabilizar al Gobierno de Maduro. Al venezolano Cumare se le consideró cómplice porque Caro venía de cruzar la frontera con Colombia y visitó al político en Puerto Cabello al ser informado de que era perseguido por el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), antes de llegar a Caracas, donde “le sembraron toda la evidencia falsa”, según declaraciones de Cumare.

“Todo el tema por el que yo huyo, es cuando Tarek El Aissami me nombra en cadena nacional. Junto a mi equipo, decidimos que tenía que ir a la clandestinidad porque no sé sabía de qué me iban a imputar. Pasan 30 días para saber qué iba a pasar me llega información de gente del Sebin, gente aliada, gente de la oposición me dicen que estaban esperando conseguirme para sembrarme más armamento y que yo era útil vivo o muerto, porque lo que iban a hacer conmigo era incriminar a Gilber. Cuando pasan los 30 días en clandestinidad, todas las noches me mudaba de un sitio a otro y después no enteramos que había un informante interno en mi equipo, hasta que lo detectamos y con este informante nosotros empezamos a enviar datos falsos y los confundimos.  Al salir mantuve el celular con una aplicación que hacía aparecer el Whatsapp como si yo estuviera presenta en Venezuela y eso hizo pensar a los del Sebin que yo seguía en el país”, explica.

Llegó a Santiago el 18 de febrero del año en curso, apenas un mes y medio antes de que empezarán las protestas en contra de Maduro que ya suman más de 50 días y más de 60 muertos por las represiones por parte de la Guardia Nacional. Debido a su repentina llegada a Chile que hizo por tierra y que lo llevó a parar 20 días en Perú para juntar dinero con diversos trabajos, no pudo finalizar su carrera en Derecho, que debía culminar este año. Aquí ha trabajado como garzón, vendedor y hasta ha realizado varias labores como entrenador canino, el que era uno de sus pasatiempos en Venezuela.

“Este proceso no es fácil. Es dejar a la familia y a tu equipo de la nada. Y la comunicación tiene que ser más o menos limitada, hay que tener cuidado. Pero mi mamá me dice que me prefiere inocente y libre en otro país que preso e inocente en Venezuela”, explica Cumare.

“Mi decisión fue una orden de Gilber, porque él sabía que si me quedaba iban a profundizar su caso y hasta ahora, no le han hecho juicio (…) Decidí parar en Chille porque estando en Perú me llagó la información de que la Cámara de Diputados sacó una resolución para solidarizar con el caso de Gilber Caro (el pasado 27 de enero), de hecho es la única Cámara de Diputados a nivel mundial que saca algo sobre el caso y entonces yo dije que como era parte de esa historia, tenía que venir. Aquí hemos estado realizando varias acciones para ayudar a los venezolanos, hace dos semanas estuvimos en el Congreso para plantearle a la Comisión Política todos los casos de violaciones y tenemos proyectado una reunión con Cancillería a ver si logramos un salvoconducto, porque hay muchos venezolanos que se les están venciendo el pasaporte y la embajada no se los quiere renovar y estamos en ese proceso de lograr ese acuerdo”, cuenta.

 

Otro de sus proyectos es preparar una plataforma para ayudar a todos los venezolanos en Chile a conseguir trabajo. Para hacerlo se ha reunido con varios amigos programadores y asegura que en las próximas semanas espera realizar el lanzamiento. “Mientras no sepa en qué momento pueda regresar, mi intención es seguir trabajando por los compatriotas, en cualquier parte del mundo”, finaliza.