En su libro más reciente "La Escuela Tomada. Historia/Memoria 2009-2011”, el historiador no sólo cuenta detalles de la toma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, sino también analiza cómo las ideas reformistas y revolucionarias pueden descomponer a las instituciones, incluso hasta llegar a la Presidencia de la República.
Publicado el 08.11.2015
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Aún no cumple un mes en las librerías y ya va por su segunda edición. “La Escuela Tomada. Historia/Memoria 2009-2011” (Taurus), el último libro de Alfredo Jocelyn-Holt, ha causado bastante revuelo en la opinión pública.  El autor de “El Chile Perplejo”, “El Peso de la noche” y de “La Historia General de Chile”, entre otros textos, considera que en los tiempos actuales la gente tiene una necesidad de disponer de más información, “que además vaya aparejada con opinión, yo creo que eso en sí es novedoso”.

– ¿Por qué cree que se produce este revuelo particular con “La Escuela Tomada”?

– La gente que trabaja en los medios de comunicación me ha señalado que la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile tiene una resonancia extraordinaria. La reciente elección de decano tuvo más impacto mediático que la llegada de Ennio Vivaldi a la rectoría. Por ser tan política, por ser un lugar de reclutamiento, de abogados muy influyentes y de potenciales líderes de opinión, siempre genera atención. Además la “toma” del 2009 fue extremadamente mediática, porque ese fue el objetivo de quienes la provocaron: los estudiantes y también los profesores. Y no fue cualquier toma. Guardando las proporciones, fue similar a la de la Casa Central de la Universidad Católica de 1967, que originó fuerzas políticas muy importantes, por un lado el Mapu y por otro, el gremialismo. Con liderazgos que perduran desde ese entonces.

Usted en el libro relaciona la toma con las manifestaciones del 2011 y finalmente con la llegada de Davor Harasic al decanato.

– Hay ciertas personas que fueron muy influyentes en las marchas estudiantiles de 2011 que surgen durante la toma 2009. Yo he insistido mucho en esta conexión. Figuras como Gabriel Boric, Sebastián Aylwin, Fernando Atria y Francisco Martínez -la persona que el rector Víctor Pérez manda a negociar con la toma- que hoy es jefe de división de educación superior del Mineduc, un cargo muy importante en el Gobierno.

Seminario sobre Delincuencia Organizada Transnacional en América LatinaEs una confluencia de muchos grupos. Hay alumnos -Boric y Aylwin los dos cabecillas-, están los profesores, donde Fernando Atria y Davor Harasic (en la foto) son los más importantes. Y ahora en 2015, Harasic finalmente se queda con el cargo. Por lo tanto, yo cierro el libro hablando de la llegada de Harasic al decanato, como una nueva toma donde se redondea el círculo. Él es un viejo profesor de la escuela, pero que ha tenido una trayectoria muy zigzagueante. Es un profesional litigante pero no es un académico, esa no es su validez.

Yo tuve una comida en el Hotel Carrera con Fernando Montes y con Davor Harasic. Y ambos en esa oportunidad desahuciaron a la Universidad de Chile. Entonces es raro que salte del desahucio a ser decano de la Facultad de Derecho.

Comision de acusación constitucional en contra de Héctor CarreñoPor otro lado, Fernando Atria, otra de las figuras de la “toma” es un hombre muy inteligente, pero de una contradicción permanente. Toda la gente del mundo jurídico lo conoce. Ha estado en posturas A y posturas Z. Todo esto tiene que ver con lógicas de Gramsci de posicionaiento. La idea es posicionarse, no son tan importantes los contenidos, como el lugar que uno ocupa frente al otro.

– También en el libro alude a otros intereses, que van más allá de la Escuela de Derecho.

– Claro, me refiero a los intereses de la rectoría de Víctor Pérez y también de La Moneda. Esto ocurrió en 2009, bajo el gobierno de Bachelet. Y hoy estamos en otro gobierno de Bachelet. Nosotros tenemos una tendencia a empantanarnos en los procesos y este es un ejemplo de empantanamiento.

De acuerdo a esa lógica al Gobierno ¿le conviene tener a Harasic como decano de la Escuela de Derecho? 

– Absolutamente. Hasta que se dé vuelta la chaqueta.

– ¿Por qué les molestaba tanto a ese grupo, y también al Gobierno de la época, la figura del entonces decano Roberto Nahum?

– Es una confluencia de intereses muy disímiles. Los estudiantes se aprovechan de este asunto que surge durante la toma, que es la acusación de plagio en contra de Nahum por supuestamente haber plagiado un libro de un ayudante donde se recopilaban sus propias clases. Al final el dictamen de la Corte de Apelaciones resolvió a su favor, donde se determinó que no se podía plagiar a sí mismo. Por lo tanto, ese tema no quedó en nada.

ROBERTO NAHUMPero también había interés de la Casa Central de tomarse los recursos de la Facultad de Derecho. Esta facultad es relativamente rica, junto con Ingeniería y Economía, frente a otras facultades. Había un interés de centralización por parte de la Casa Central. Se habla que las universidades públicas y concretamente la Universidad de Chile no tienen tantos recursos. Yo digo que eso es totalmente falso. Hay mucha plata en la Universidad de Chile. Yo nunca he visto tanta plata en mi vida.  Y las facultades de Derecho, Ingeniería y Economía, generan muchos estudios, mucha plata que fluye de afuera y que entra a la universidad.

Nahum es un gran gestor, ese es su gran plus. Por lo tanto, trataba a la Facultad de Derecho como una especie de feudo, lo cual responde a tradiciones muy antiguas. Construyó varios edificios y antes de dejar el cargo, dejó a la facultad con varios cheques. Creo fueron siete mil millones de pesos los que dejó luego de entregar el cargo.

– De acuerdo con su tesis, ¿lo que ocurrió en la Universidad de Chile es lo que está sucediendo en el país con las instituciones?

– Así es. A ellos lo que les interesa es hacer una reforma, pero quieren ir un paso más allá, quieren partir desde cero. Y eso responde a una lógica revolucionaria y no reformista. En Chile, el reformismo de los años ´60 -el Mapu-, dio inicio a una plataforma mucho más revolucionaria. La idea de reforma es un Caballo de Troya para llevar a una radicalización, a un ultrismo, a mover el cerco.

– Como historiador, ¿cree que podríamos llegar a la crisis de 1973, si seguimos en esta dinámica?

– Volvemos a las analogías. Buena parte de la radicalización ocurrió en el Pedagógico, en los años 69 y 70 y eso condujo a un extremismo, a una polarización, lo que desembocó en la Unidad Popular y luego en la dictadura militar. Vivimos en América Latina, entonces descartar salidas de fuerza, no es disparatado.

Los historiadores hacemos prognosis, es decir, sobre la base que conocemos podemos tirar líneas para adelante. No somos Zulma, no somos adivinos. En Chile se podría dar que la radicalización fuera tan de izquierda, que podríamos tener un gobierno militar, pero de signo de izquierda, porque serían los únicos que podrían disciplinar a los sectores ultristas de izquierdas. Ese escenario se podría anticipar, pero en el análisis.