Con Eyzaguirre en la Segpres y la llegada de Delpiano a Educación, la Presidenta empoderó a una generación de la vieja Concertación que fue postergada por el surgimiento de figuras de la Nueva Mayoría. Esto supone contrapesos al subsecretario de Interior, quien hasta ahora era “el hombre fuerte” de Palacio.
Publicado el 01.07.2015
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Cuando el 11 de mayo la Presidenta Michelle Bachelet sacó del gabinete a Rodrigo Peñailillo, Alberto Arenas, Álvaro Elizalde y Fernanda Villegas, parte importante de lo que hasta ese momento se conocía como el “bacheletismo”, se desplomó.

Juan Carvajal, ex director de la Secom en su primer gobierno, lo graficó de esta manera en una entrevista con T13: “Esto marca el fin de un sector de colaboración muy estrecho que la Presidenta tenía desde su primera campaña presidencial y claramente se comienza una nueva etapa”.

Todos esos ex ministros, más un puñado de asesores y figuras políticas que defendieron la opción presidencial de Bachelet en 2005 y que luego pasaron a ser parte de su círculo de hierro, como Andrés Velasco, María Angélica “Jupi” Álvarez, Camilo Escalona, Marta Hansen y el mismo Carvajal, por diversas razones hoy están distanciados de la Mandataria.

Sin embargo, el cambio de gabinete del sábado en el que la Presidenta puso a Nicolás Eyzaguirre en la Segpres y a Adriana Delpiano en Educación, es leído desde el oficialismo como una reconfiguración de poderes dentro de Palacio donde la jefa de Estado dejó plasmado un mensaje implícito: vuelve el “bacheletismo” primitivo, que hasta el viernes tenía como único sobreviviente en La Moneda al subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy.

gabinConocida es la cercana amistad que existe entre la Mandataria y Delpiano. Ambas coincidieron en el gabinete del Presidente Ricardo Lagos y luego, en su primer gobierno, Bachelet la ubicó como “primera dama” en la dirección sociocultural de la Presidencia, mismo cargo que hasta febrero de este año desempeñó Sebastián Dávalos. En esa primera administración, Bachelet también la nombró Intendenta de Santiago.

Con Eyzaguirre también la une una amistad de varias décadas. Al igual que con Delpiano compartieron roles en el gabinete de Lagos y en 2005, cuando Bachelet era precandidata, el entonces ministro de Hacienda le brindó públicamente su apoyo en la primaria –que nunca se realizó- con Soledad Alvear, confesó en una entrevista que tenía una fuerte “química” con ella e incluso la trató de “mi gordi”, teniendo que pedir disculpas posteriormente.

Desde el oficialismo señalan que esta suerte de revival del “bacheletismo” también es una señal clara de empoderamiento de una generación de la Concertación que estaba sumida en el olvido, que fue confinada a ministerios de menor peso político en el diseño original del gabinete y que había sido postergada por el surgimiento de nuevas caras de la Nueva Mayoría, como Peñailillo, Arenas y Elizalde.

En ese sentido, con la llegada de Eyzaguirre al comité político se estaría creando, según sostienen fuentes de la Nueva Mayoría, un nuevo “triunvirato” de poder en La Moneda, compuesto además por los ministros Rodrigo Valdés (Hacienda) y Jorge Burgos (Interior). Y si bien hay quienes han sugerido que este último perdería poder con el aterrizaje del economista en la Segpres, el mismo ministro del Interior salió ayer a bajarle el perfil al tema: “Los rumores sobre si pierdo o no pierdo poder, créanme que me dan exactamente lo mismo”, dijo.

Y es que es un secreto a voces dentro del oficialismo que el propio Burgos fue el que hizo gestiones ante la Presidenta para que Eyzaguirre entrara al ministerio que debió abandonar Jorge Insunza a principios de junio. Además, es reconocida la amistad que existe entre ambos desde hace años. Otras fuentes de la Nueva Mayoría señalan que en vez de perjudicar, la llegada del ex ministro de Educación a La Moneda facilitará el trabajo de Burgos sobre todo en su relación con la Presidenta. Además, sostienen que el titular de Interior nunca ha ambicionado “tomar unipersonalmente las riendas del gobierno”, por una cuestión de personalidad y porque no le acomoda sentirse obligado a impulsar políticas a las que se ha opuesto, como instalar una eventual asamblea constituyente.

En esa línea, dentro del oficialismo varios sugieren que el más damnificado con este rebaraje de poder podría ser Mahmud Aleuy, quien era el único miembro del “bacheletismo” que había sobrevivido a los problemas que debió enfrentar el Ejecutivo en sus primeros 15 meses y que se había transformado en “el hombre fuerte” de La Moneda.

El “comodín” Aleuy

El subsecretario del Interior no sólo ha sobrevivido a todas las crisis que ha debido enfrentar este gobierno, sino que en varias de ellas ha sido empoderado por Bachelet para hacerse cargo de conflictos que otros personeros del Ejecutivo no han podido resolver.

La primera vez fue en febrero de 2014, un mes antes de que la Presidenta volviera a La Moneda. Habían pasado pocas semanas desde el anuncio de los nombres que compondrían el primer gabinete y en la prensa comenzaron a salir antecedentes negativos que involucraban a algunos subsecretarios recién nombrados. En el oficialismo la culpa se le achacó a Rodrigo Peñailillo y a su equipo de asesores, quienes fueron los encargados de chequear los antecedentes de las nuevas autoridades.

La bomba estalló con el futuro ministro del Interior de vacaciones, por lo que se le encomendó a Aleuy hacerse cargo de la crisis y realizar un rechequeo de los nombres para evitar nuevos errores no forzados en las nominaciones que vendrían. Asimismo, el ingeniero comercial elaboró un informe que contemplaba todos los eventuales conflictos nacionales y sectoriales que el gobierno podía enfrentar en su primer año. Con esa muestra de eficiencia que fue valorada por la Presidenta, Aleuy ganó bonos, pero en el Ejecutivo algunos señalan que el episodio trizó la buena relación que tenía con Peñailillo, sobre todo tras la publicación de una nota en La Tercera que relataba sus labores mientras todos estaban descansando fuera de Santiago.

Otros episodios que ha debido enfrentar han sido las catástrofes naturales –en Palacio hay una muy buena evaluación de su trabajo- y las catástrofes políticas de Caval y SQM, que acabaron con la figura de Peñailillo, pero que a él lo dejaron de pie.

El vínculo de Aleuy con la Presidenta

“Pancho” -como lo llama la Presidenta en honor a su chapa política que utilizó en los 80- y Bachelet son cercanos desde hace décadas y varios dicen que el experto electoral fue un hombre clave en sus campañas de 2005 y 2013. De hecho algunos aseguran que mientras Bachelet estaba en Nueva York como directora de ONU Mujeres, Aleuy –y otros tantos- estaba en Chile creando y preservando las condiciones políticas para el regreso de la Mandataria. En agosto de 2012, por ejemplo, cuando se supone que la actual Presidenta aún no había decidido repostular a La Moneda, Aleuy opinaba con propiedad sobre su futuro en una entrevista con La Segunda: “Ella no va a ser la misma del 2005 porque han pasado los años y la sociedad cambió”. Sobre si era conveniente una izquierdización de Bachelet cuando volviera, señalaba que eso era “un debate artificial”.

Otro aspecto que los une desde hace años es que ambos pertenecen a la Nueva Izquierda, la corriente del PS liderada por Camilo Escalona. Si bien el subsecretario de Interior siempre ha sido la mano derecha de éste, el quiebre en la relación entre la jefa de Estado y el ex senador, que en el pasado fue su “factótum”, no ha dañado la confianza y complicidad que Aleuy tiene con ella.

Históricamente ocupando roles en el backstage de la política, principalmente como experto electoral y negociador del PS, en el oficialismo a Aleuy se le conoce por ser un hombre disciplinado y sin agenda propia –virtudes que valora la Mandataria-, que siempre ha estado dispuesto a asumir las tareas que le han encomendado.

Por ejemplo, en el primer gobierno de Bachelet estuvo como presidente del directorio de La Nación –comenzó en ese cargo en el gobierno de Eduardo Frei- y luego en julio de 2007 ella lo propuso como miembro del directorio de TVN. El Senado, con votos de la Alianza y algunos díscolos de la Concertación, rechazó su nominación con el fin de “salvar la dignidad de TVN, la objetividad y el pluralismo”, pues muchos veían en él a un operador político que iba a utilizar el canal nacional como órgano comunicacional del gobierno.

Pero a fines de 2008 tendría una revancha. La Presidenta lo nombró Subsecretario de Desarrollo Regional (Subdere) restando poco más de un año para que finalizara su primera administración. “La Presidenta de la República me planteó asumir este cargo y yo soy militante disciplinado de un partido. Si ella dice que se debe hacer algo, hay que hacerlo, independientemente del tiempo que reste para asumirlo”, dijo en una entrevista con La Nación, en la que también mandó un mensaje a la Alianza: “A lo mejor en la oposición hoy se arrepienten de no haber permitido que estuviera en TVN, porque así hoy no estaría en la Subdere”. Y así fue. En la Alianza cuestionaron su nombramiento por el uso político que podría darle a la subsecretaría, miedos que se confirmaron cuando Contraloría cuestionó la inclusión de preguntas de carácter “político electoral” en encuestas que desarrolló el organismo en el primer semestre de 2009. “La inclusión de preguntas políticamente contingentes en el estudio realizado por parte de la Subdere resulta improcedente, en la medida que no corresponde que el Estado evalúe o determine su actuación de acuerdo con las visiones políticas de los ciudadanos”, señaló el informe del órgano contralor.

Las encuestas de Ekhos

En el oficialismo dicen que para Bachelet, Aleuy siempre ha resultado ser una pieza clave para pensar sus próximos movimientos. Por sus conocimientos del padrón y la lectura que hace de distintas encuestas, el subsecretario del Interior es un hombre que le ha brindado la “certeza electoral” cuando ella lo ha necesitado. De hecho, en 2012, cuando Bachelet seguía en Nueva York, la encuestadora Ekhos –empresa vinculada a la esposa de Aleuy, Alejandra Jorquera Beas, y a un estrecho colaborador del subsecretario, Gonzalo Tapia Horment- realizó una serie de sondeos quincenales donde se medían las opciones de la hoy Presidenta. Según una investigación de “El Líbero” (ver primera entrega y segunda entrega), estos insumos eran enviados a Nueva York, transformándose en parte de lo que se ha llamado el trabajo de “precampaña”. ¿Quién financió estos estudios? Aún no hay claridad, pues la empresa no ha contestado las consultas de este medio. Pero lo que sí se sabe es que, durante la campaña formal, Ekhos realizó ocho encuestas para el comando de Bachelet por un monto de $49 millones, que están rendidos como gasto ante el Servel.

Asimismo, entre 2014 y 2015, la empresa se adjudicó vía asignación directa tres contratos por más de 100 millones de pesos con entidades estatales que están vinculadas, de una u otra manera, a Aleuy: el Ministerio de Energía, el Comité de Inversiones Extranjeras (CIE) y el Ministerio de Vivienda. En los dos primeros el nexo es a través de Paula Pacheco, su jefa de gabinete. Ella es hija del ministro Máximo Pacheco y esposa de quien en ese entonces era el vicepresidente ejecutivo del CIE, Jorge Pizarro Cristi. Además trabajó en la Subdere directamente con Alejandra Jorquera, cuando la subsecretaria era Claudia Serrano. En el tercer caso, el vínculo es político, pues el subsecretario de Vivienda, Jaime Romero, es un reconocido militante de la Nueva Izquierda.

Los ataques de Marcelo Díaz

Hoy se ven a diario por los pasillos de La Moneda y en el entorno de Aleuy dicen que tienen una relación “normal” y que no hay “fricciones” notorias, pero hace pocos años, en abril de 2012, el actual ministro de la Segegob, Marcelo Díaz, renunció a la vicepresidencia del PS tirando el mantel y lanzando los dardos directamente al actual subsecretario.

El ex diputado por la región de Coquimbo se quejó de que la Nueva Izquierda acaparaba todas las cuotas de poder en el partido aún sin tener la representación total en la directiva. En ese sentido señaló en una carta pública que “el PS es hoy un partido sin democracia ni Estado de Derecho interno, donde desde la propia conducción del partido se violan permanentemente las normas internas, se gobierna desde las fracciones y no desde los órganos regulares del PS y cuyo caso más paradigmático lo encontramos en el compañero Francisco Aleuy, que recorre el país hablando a nombre del PS anunciando la buena nueva y representando al partido ante todos y en todos los asuntos”.

FOTO: AGENCIA UNO