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Publicado el 08 de enero, 2018

La dura columna de Yoani Sánchez en la que pide a Bachelet ser “consecuente con su pedigrí demócrata” y dar una señal a la oposición cubana

Autor:

Renato Gaggero

“Con su historial personal, que incluye la muerte de su padre en prisión, la clandestinidad y el exilio, es difícil entender por qué la presidenta chilena no planta cara a su contraparte cubana y le exige cambios democráticos”, sostiene la periodista.
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Renato Gaggero

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A raíz de la visita oficial de la Presidenta Michelle Bachelet a La Habana, la premiada periodista y bloguera cubana, Yoani Sánchez, escribió ayer una columna en su diario electrónico 14ymedio.com emplazando a la Mandataria a dar alguna señal de apoyo hacia la oposición al régimen dictatorial de Raúl Castro.

“Este domingo se inició la última oportunidad que tiene Bachelet para enmendar esa indiferencia y ser consecuente con su pedigrí libertario y demócrata. Basta una frase, unas palabras, un encuentro con activistas, un tuit de compromiso con el pueblo cubano, y no con el Gobierno, para que repare su anterior complicidad. Solo con un gesto de esta naturaleza, la visita de la presidenta chilena habrá valido para algo más que para sellar un memorándum de intención, cerrar algún que otro acuerdo comercial y servirle a Raúl Castro para enmascarar la creciente soledad que lo rodea en América Latina”, señala.

En el texto, Sánchez hace una fuerte crítica a la relación que ha cultivado Bachelet con el gobierno de Cuba, país que ha visitado en sus dos administraciones.

“La líder chilena ha llegado este domingo a Cuba para cerrar un ciclo de fidelidad que tiene más de apego emocional que de pragmatismo político. Su cercanía a La Habana está marcada por una nostalgia ideológica que le nubla la vista para reconocer la falta de derechos que marca la vida de los cubanos.

Bachelet es una cómoda compañera de ruta para las autoridades de la Isla, porque nunca les ha hecho críticas públicas ni reclamos democráticos. Uno de los pocos exabruptos ocurridos entre ambos Gobiernos lo ocasionó Fidel Castro, cuando tras la visita de la presidenta en 2009 abogó por una salida al mar de Bolivia y la chilena manifestó su molestia por aquellas declaraciones.

En cada uno de sus dos mandatos Bachelet evitó mostrar simpatías por la causa de los disidentes cubanos y declinó cualquier contacto con los innumerables activistas isleños que visitaron su país en los últimos años. De su boca jamás brotó una condena contra la represión política que ejecuta sistemáticamente Raúl Castro, ni siquiera cuando las víctimas han sido mujeres”, sostiene.

A renglón seguido, agrega: “Con su historial personal, que incluye la muerte de su padre en prisión, la clandestinidad y el exilio, es difícil entender por qué la presidenta chilena no planta cara a su contraparte cubana y le exige cambios democráticos, mucho más ahora que va de salida. Esa contradicción entre su biografía y su pasividad ante la dictadura cubana solo puede entenderse a partir de la lealtad. Bachelet tiene un viejo compromiso sentimental con el castrismo, aunque en su fuero interno sabe que de aquellos barbudos verde olivo que una vez la ilusionaron solo queda una gerontocracia inmovilista. Emplazarlos públicamente a que respeten los derechos de sus ciudadanos sería como despedazar aquella utopía que la hizo suspirar en su juventud”.

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