Luego de que el Gobierno desplegara este año una serie de bien montadas actividades en distintos ministerios y reparticiones para conmemorar los 50 años de la Reforma Agraria, un consejero de la SNA junto a otros agricultores han organizado seminarios a lo largo de Chile para contar su versión sobre lo que ocurrió en la época. "La verdad completa", los bautizaron.
Publicado el 08.10.2017
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“Lo que conmemoramos no es sólo una fecha; estamos conmemorando el inicio del proceso de transformación social más importante vivido por el país durante el siglo XX, aquel que terminó con un sistema de relaciones sociales injusto y arcaico, el inquilinaje, que condenaba en forma directa a casi 500 mil personas a vivir en la dependencia y sin derechos ciudadanos básicos”, dijo la Presidenta Michelle Bachelet el pasado 28 de julio en La Moneda refiriéndose a la Reforma Agraria.

Esto, porque en 2017 se cumplieron 50 años de la implementación de esta reforma, que comenzó bajo el mandato del Presidente Eduardo Frei Montalva y acrecentada en la Unidad Popular, y que desde sus inicios hasta hoy ha generado divisiones entre los chilenos. De hecho, el analista político Max Colodro en una entrevista con “El Líbero” la calificó como “el quiebre más profundo que la sociedad chilena ha sufrido” (Ver acá).

Pero durante el mes de julio el Ministerio de Agricultura organizó una iniciativa llamada “Conociendo la Reforma Agraria en la Biblioteca de Santiago” que invitaba a participar a niños y niñas de talleres para conocer más sobre el proceso, y que contaba con la colaboración del Ministerio de Educación y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam). En tanto, INDAP agendó cerca de nueve eventos públicos relativos a la reforma agraria, entre ellos una exposición itinerante de fotografías, lanzamientos de libros y una gala artística y cultural que se realizó en el  Museo de Bellas Artes. 

La Presidenta Michelle Bachelet hizo una ceremonia en La Moneda, y el Congreso lanzó un libro llamado “Reforma Agraria Chile, 50 años. Historias y reflexiones”, donde el presidente del Senado, Andrés Zaldívar, escribe el prólogo. Pero además, tanto el SAG e INDAP instalaron logos conmemorativos de la reforma en todos sus documentos públicos.

Por esos días, el agricultor y consejero de la SNA, Andrés Montero, dijo a este medio que “el gobierno ha utilizado recursos del Estado para hacer una campaña ideológica para dejar la impresión en la opinión pública que la Reforma Agraria fue un buen proceso. Y la verdad es que todos los estudios económicos han demostrado que estuvo muy mal hecha, y que los asentamientos y las granjas colectivas fueron económicamente un desastre”; además de enviar una carta a El Mercurio y a otros diarios regionales donde denunció que la Universidad de Talca organizó un seminario para debatir sobre la Reforma Agraria, pero sin sus detractores: “Todos los expositores representaban una sola corriente, que defendía la Reforma Agraria. No hubo ninguna versión de algún experto que estuviera en contra de este proceso. Nosotros como SNA intentamos ser partícipes de ese encuentro, pero el rector Álvaro Rojas se negó. Además intentamos hacer un seminario en la sede de Linares de la misma Universidad de Talca, y también lo vetaron las autoridades. Ellos pretenden instalar en la ciudadanía, y sobre todo a las nuevas generaciones, que los patrones lapidaban a los trabajadores”, escribió.

Así las cosas, Montero y un grupo de agricultores han organizado una serie de seminarios a lo largo de Chile para contar la historia “no oficial” de la reforma.

Hasta ahora se han realizado dos encuentros, el primero fue en Puerto Montt, en la Universidad San Sebastián, el pasado 21 de agosto, donde expusieron Eduardo Schwerter, presidente de Agrollanquihue; Ángel Soto, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Los Andes; Alberto Valdés, ingeniero agrónomo de la Universidad Católica; Joaquín García-Huidobro Errázuriz, agricultor de la región del Maule; Andrés Montero Jaramillo y Federico Oelckers, quien fue presidente de Agrollanquihue en el período de 1969 y 1973; y en Curicó, el 27 de septiembre, donde se sumó Diego Castro, abogado experto en Aguas y Consejero Nacional de la SNA.

Montero explica a “El Líbero” que quieren hacer un “tributo a nuestros padres, que sufrieron de la reforma agraria. Este es un reconocimiento a las víctimas, porque así como el Gobierno se ha encargado hace 40 años de defender a las víctimas de los derechos humanos, acá también hubo miles en todo Chile”. Es por eso que también estarán el próximo 18 de octubre en San Fernando y el 24 del mismo mes en Talca; el 2 de noviembre en Chillán y el 8 en Temuco, con el patrocinio de la SOFO. El 23 de noviembre habrá seminario en Osorno, patrocinado por la SAGO.

En los encuentros, explica Montero, se ha intentado contar con expertos en derechos de agua, ya que una de las principales teorías que se plantean es que la iniciativa del gobierno, sobre la reforma al código de aguas, podría transformarse en “una reforma agraria 2.0”.

Andrés Montero: “Vemos que el agua es la nueva reforma agraria”

¿Cómo nace la idea de hacer los seminarios?

– Surge a partir de la ofensiva comunicacional del gobierno, que decidió -yo creo por una decisión política o ideológica- celebrar en todo el país los cincuenta años. Desde el punto de vista de los agricultores y de la SNA, se considera que no hay nada que celebrar con el tema de la reforma agraria, porque tenemos una visión totalmente contrapuesta con lo que el gobierno ha intentado plantear, dos cosas que a mi modo de ver, están equivocadas.

– ¿Cuáles?

– La primera, es que la reforma agraria hizo propietarios, y eso es totalmente falso, porque ni siquiera expropia, sino que usurpó predios privados para establecer asentamientos que eran entidades del Estado, en que la propiedad de la tierra no era de los trabajadores ni de los campesinos, y que ellos dependían exclusivamente de la asistencia técnica y del financiamiento de la Cora y del Indap. Eso derivó en que en el campo se generara mucha pobreza y disminuyera la producción -tanto en la última parte del gobierno de Frei como con Allende, en que todos sabemos a lo que llegó el país-, entonces la verdadera entrega de títulos de dominio a los campesinos, y pequeños agricultores fue en el gobierno militar, a partir de 1973. Y segundo, que estas no fueron expropiaciones, sino que usurpaciones. Al principio, cuando se discutió la ley 16640, se contemplaba un pago parcial, y después bonos a largo plazo, pero después esos bonos se transformaron en bonos sin intereses, no hubo ningún reajuste y a la gente se le quitaba el predio por razones que eran de decisión unilateral del Estado.

– Max Colodro dijo en una entrevista con “El Líbero” que la reforma agraria dividió Chile…

– Coincido con eso, yo creo que el daño que hizo la reforma agraria al país no sólo fue a los agricultores cuando les quitó la tierra, sino que sembró en el campo chileno la idea de odio hacia el dueño del campo, o hacia el que tenía más. Y si bien es cierto que las relaciones que habían no eran las ideales, sí la relación entre inquilinos y patrones era bastante razonable. Los inquilinos de los campos vivían mejor en promedio, siempre hay excepciones, de los que vivían en el núcleo urbano de las grandes ciudades. Los campesinos en general tenían casa y una serie de beneficios. En muchos casos se trajo a gente a los campos, a los asentamientos, y se generó una lucha muy compleja.

– ¿Por qué plantea que la reforma al código de aguas es la nueva reforma agraria?

– La tierra sin agua no vale. La presión que hemos ejercido y la opinión que hemos dado en distintas partes ha llevado a que el gobierno también entienda. Ahora se le quitó la urgencia al tema del agua, porque hay una discusión de fondo. Nosotros pensamos que los derechos de agua son inexpropiables, perpetuos, y el gobierno quiere que caduquen. Este es un tema crucial, porque además los derechos de agua tienen un valor, entonces si a mí me quieren cambiar la condición de mi derecho de agua me deberían indemnizar. Y acá está el paralelo con la reforma agraria; partimos con lo mismo, ‘yo a usted lo voy a indemnizar’, y después no pasó.