Esta semana la empresa de California habilitó un espacio con computadores en La Habana. Los usuarios reclaman que hay páginas censuradas y que no pueden ingresar con pendrives o teléfonos.
Publicado el 11.04.2016
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El pasado lunes, a pocas semanas de la histórica visita que realizó el Presidente Barack Obama a Cuba, se inauguró en La Habana el esperado local de internet que Google donó a la isla. La promesa era proveer de computadores y de una conexión 70 veces más rápida que la que se podía encontrar en las zonas de wifi del país, pero, en los primeros días de funcionamiento los usuarios han tenido que enfrentar varias restricciones.

En un reportaje del diario electrónico 14ymedio.com, dirigido por la afamada bloguera Yoani Sánchez, se da cuenta de algunos de estos problemas.

En primer lugar, detalla que las filas para tomar número y acceder al lugar “recuerda a las colas para adquirir productos deficitarios, como un boleto en un ómnibus interprovincial o una decena de huevos”.

Asimismo, sostiene que la navegación es extremadamente lenta y que hay sitios censurados, como el propio 14ymedio y otros blogs o medios de oposición a la dictadura de Raúl Castro, como Cubaencuentro o Revolico. “La censura se debe a que el proveedor del servicio de conexión es la Empresa de Telecomunicaciones (Etecsa), el monopolio estatal que mantiene el control sobre los que puede y no abrirse en sus servidores”, señala la nota.

Algunos párrafos más adelante se agrega que cada hora se entregan 20 tickets de ingreso a la sala, que está ubicada en el estudio del pintor y escultor Alexis Leiva, conocido como Kcho (por eso el proyecto del gigante tecnológico de California se llama Google + Kcho.Mor). Y que a la hora de entrar “el usuario debe dejar todas sus pertenencias en un guardabolsos, excepto su carné de identidad, sin el cual es imposible recibir una de las entradas. Está prohibido acceder con cámaras, teléfonos, memorias USB y laptops (…). Pese a que en un principio se habló de la posibilidad de utilizar dispositivos de almacenamiento, como memorias USB o discos duros externos, para llevar información a casa o subir materiales a la web, al menos hasta este miércoles no estaba permitido. Esta limitación le confiere a la sala de navegación un aspecto de museo: mirar, tocar e irse, pero sin llevarse nada, parecen advertir los empleados”.

Según la nota, también hay una supervisión sobre los contenidos que los usuarios visitan: “Varios empleados supervisan cada gesto y miran por encima del hombro las páginas abiertas en las pantallas (…). Pero a pesar de los obstáculos, la espera, los tickets numerados y la imposibilidad de llevarse contenido digital a casa, los usuarios parecen hipnotizados por las pantallas nada más sentarse frente a ellas y mueven a toda velocidad las manos sobre el teclado para no perder un solo segundo de acceso a la web”.

Pero la mayor supervisión vendría desde la muralla. El relato publicado en 14ymedio señala que una inmensa foto de Fidel Castro decora el lugar y que “una marquesina electrónica instalada en el lugar muestra una de las últimas frases que el líder cubano escribió a Barack Obama: ‘Nosotros no necesitamos que el imperio nos regale nada’”.