A 25 años de la caída del Muro de Berlín, quien fuera uno de los más estrechos colaboradores de la Presidenta Michelle Bachelet relata a "El Líbero" detalles de cómo fue la década que vivió en la RDA. Respecto del silencio de la izquierda chilena, rechaza que haya que hacer un mea culpa.
Publicado el 09.11.2014
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“Éste es un café con mucha historia”, dice el ex director de la Secretaría de Comunicaciones del primer gobierno de Michelle Bachelet, Juan Carvajal, al llegar al “Café El Mundo” ubicado a pocas cuadras del barrio Italia. A minutos de iniciar una conversación con “El Líbero” para analizar desde su experiencia en la República Democrática Alemana (RDA) los 25 años de la caída del Muro de Berlín, explica que fue en ese mismo lugar en donde el entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco, entregó su apoyo oficial a la candidatura de Eduardo Frei Ruiz-Tagle en 2009. En ese año, Carvajal renunció al gobierno para asumir como director de comunicaciones del comando del candidato DC en la segunda vuelta presidencial, la que perdería finalmente ante Sebastián Piñera.

Habitué del barrio y fanático del jazz, se acomoda en la mesa y pide un capuccino. “Los cafés de acá son muy sofisticados”, comenta. Carvajal, quien ahora se desempeña como consultor senior en la firma de Enrique Correa, Imaginacción, vivió una década en la RDA entre los años 1977 y 1987. Durante su paso por Alemania Oriental trabajó en Radio Berlín y tuvo un activo rol en el PS, lo que lo llevó a tener estrechas relaciones con la Presidenta Bachelet, Camilo Escalona, Ricardo Nuñez y Osvaldo Puccio.

Hoy, reconoce que vivir en la RDA fue importantísimo en su desarrollo político e intelectual, pero es claro en señalar que no es un “nostálgico” de ella. Asimismo, hace un juicio crítico de las restricciones a las libertades, niega cualquier vínculo con la familia Honecker y señala que la izquierda chilena no debe hacer ningún mea culpa por haber guardado silencio por las cosas que en ese país ocurrieron.

– ¿Cuál es su evaluación personal de la RDA y del muro de Berlín a 25 años de su caída?

– Es fundamental retrotraernos y pensar qué pasaba hace 25 años. Estábamos en la guerra fría, veníamos de la post guerra y esto creó un entorno internacional, social y político súper fuerte. El Muro de Berlín hay que entenderlo en ese contexto.

Ahora el mundo cambió totalmente y es imposible pensar en un país y en un muro como el de Berlín. Qué bueno que cayó el muro porque lo que vino después fue un proceso de distensión muy desarrollado que ha permitido que los problemas se traten de una manera distinta. Si uno lo ve en el discurso histórico, uno puede decir dos cosas: primero, era necesario que el muro de Berlín se cayera. Pero no el muro como muro, sino que el mundo se abriera a una realidad política, social y económica distinta. A la luz de estos 25 años uno puede decir que afortunadamente la caída del muro no fue en vano.

– ¿Y con todo ese contexto histórico al que hace alusión, cree que era necesaria la construcción de un muro?

– Lo que puedo decir es que la gente, los alemanes que estaban construyendo la República Democrática Alemana, estimaron que era necesario y lo que yo puedo decirte es que, como viví ahí, había un clima efectivamente de guerra, pero creo que esas cosas se entienden en el contexto de una postguerra y no de otra cosa.

– ¿Había algún grado de democracia en la RDA?

– Usted sabe que el concepto de democracia que todos buscamos y que nos gusta, tiene su relatividad. En Chile decimos que hay plena democracia pero queremos cambiar la Constitución para hacer más plena nuestra democracia y no podemos negar que la democracia que obtuvimos después de la caída de la dictadura en Chile estaba llena de restricciones, pero le llamábamos democracia. Si uno parte de ese principio de cierta relatividad, en la RDA habían espacios de democracia y espacios de no democracia, de falta de libertades ostensibles, y yo creo que la libertad política era extremadamente relativa y la libertad sindical simplemente no existía. Ahora, ¿era todo tan oscuro y terrible? No era así, como no lo es ninguna cosa en la vida.

– ¿Y qué pasaba con las libertades personales?

– Había muchas limitaciones, como la libertad de entrar y salir del país, esa era la principal.

– ¿Usted podía salir de la RDA?

– Yo sí, y mi familia también si es que lo pedíamos. Pero yo tenía una visa múltiple permanente.

– ¿Y salía?

– Lo hacía frecuentemente. Para la otra Alemania y también a otros países europeos porque me tocaba cubrir muchos eventos del partido.

– ¿Los chilenos que estaban allá tuvieron la ocasión de ver o saber lo que estaba ocurriendo realmente en la RDA, la gente que moría al intentar cruzar el muro, que existía un órgano de inteligencia como la Stasi con millones de colaboradores?

– La historia se conoce por quiénes la relatan y la forma en que ésta se relata. Quiero reconstruir la realidad como la viví en Alemania. Por supuesto que todo el mundo sabía que había un órgano de inteligencia, como también lo hay en Estados Unidos, que sabemos que las personas son vigiladas. Eso existía en la RDA, pero uno no los veía, no es que uno saliera a la calle y uno viera que lo estaban vigilando. Existía, sabíamos que existía y sabíamos que operaba, pero no era que estuviera en el clima de forma cotidiana, yo trabajé en un medio alemán y no lo vi. Sabíamos que había restricción de libertades y si me pregunta si había voces disidentes, le diría que públicamente ninguna. Pero sí había alemanes que en términos privados hacían saber su malestar.

– ¿Vio violaciones a los derechos humanos?

– La verdad es que yo he conocido más de ese tema por la prensa, por películas, por libros, no por lo que se veía. Si me pregunta a mí si se veía, no se veía. Si uno salía a la calle, no veía situaciones de ese tipo.

– ¿Con qué chilenos tuvo relación allá?

– Cuando uno vive exiliado el mundo se restringe, entonces además por razones idiomáticas tiende a haber conexión con gente de la misma naturaleza. Los que estábamos en Berlín teníamos mucha relación, de distinto tipo. Algunas de amistades estrechas, de visitarnos en las casas, de salir juntos a comer o a almorzar o a algún lugar nocturno; y muchas relaciones del tipo político.

Tenía mucha relación con gente del PS, con Camilo Escalona, con Ricardo Núñez, con Robinson Pérez que trabajó conmigo en la Radio Berlín, con Osvaldo Puccio y con toda su familia, y por supuesto que con Michelle Bachelet. También con gente que no era del partido, como Enrique Correa, que en ese tiempo militaba en el Mapu. También con Clodomiro Almeyda trabajamos juntos mucho tiempo, especialmente porque yo fui miembro de la comisión ideológica del partido en el exterior.

– ¿Hay algún mea culpa de la izquierda chilena por no censurar este tipo de cosas que pasaban en la RDA, siendo que tuvieron que pasar una experiencia similar en Chile? En las últimas semanas han surgido voces, como la de Leonidas Montes y la de Roberto Ampuero, pidiendo a la izquierda hacer algún tipo de gesto por este silencio. Un símil a lo que hizo el ex Presidente Piñera con los cómplices pasivos para los 40 años del golpe. ¿Cree que es necesario? ¿Quién debiera hacerlo?

– En primer lugar yo respeto los procesos personales. Pero yo estoy muy lejos de los procesos de los personajes que me señalas. En segundo lugar, por todo lo que hemos hablado las cosas hay que ponerlas en su contexto y en su lugar. Nosotros fuimos exiliados en la RDA, pero no es que seamos los responsables del proceso que se vivió allá. Creo que a nosotros nos corresponde estar muy metidos en Chile, me encanta Chile como está y cómo se proyecta para el futuro.

Las dificultades que existen en los países para asumir o no asumir cosas son muy relativas. Hay que ver un montón de atrocidades que ocurrieron y sería muy bueno preguntar quiénes son responsables de qué, de qué se arrepienten, es muy relativo, de manera que me parece un poco a destiempo. Lo que sí, en materia de lo que ha ocurrido en Chile, de lo que nosotros pensamos, por supuesto que eso es necesario empezar a asumirlo. En el caso de la izquierda chilena, la forma en que nosotros hemos asumido toda nuestra conducta política pre y post dictadura creo que ha sido ejemplar. Hemos sido capaces de enfrentar muchas cosas que muchos sectores no han hecho. Creo que (no corresponde) ubicarnos en Europa a asumir algo que pasó allá.

– ¿Los meas culpas hay que hacerlos en temas locales entonces?

– Por supuesto. Y de cómo las ideas que tuvimos pudieron haber influido en cosas buenas o malas. Muchos de los que fueron actores principales durante el período de la UP han sido capaces de asumir un montón de dificultades, de errores y omisiones que pudo haber en ese período. Y lo principal es que los años de la Concertación y ahora de la Nueva Mayoría, demuestran cómo esa izquierda aprendió a enfocar la vida social, política, de formas tan distintas, que se han expresado en estos gobiernos y por algo la gente los ha elegido. Los mea culpa se han venido desarrollando hace rato sobre cosas específicas. No les llamaría mea culpa, les llamaría introspecciones, autocríticas, y hace rato que se vienen haciendo. Por supuesto que las autocríticas tienen que hacerse, pero no a cada rato, porque si no se transforman en un elemento viciado que pierde el valor.

– ¿En qué ciudades de la RDA le tocó vivir?

– En Cottbus, en el límite con Polonia, donde estuve cerca de ocho meses. Era una ciudad muy tranquila e industrial. También en Berlín, donde viví nueve años en la Ho-Chi-Minh Strasse, número 13, en el cuarto piso, con mi mujer y mis hijos. También viví cerca de dos meses en una ciudad curiosa, un poco piloto, que se llamaba Eisenhüttenstadt y que era una ciudad que cuando uno llegaba al territorio alemán socialista te ponían ahí porque era en el período en que uno era “revisado”, aunque eso también ocurría en Estados Unidos, porque antes de llegar a la RDA viví allá así que tuve el placer de conocer el más alto desarrollo capitalista y el más alto desarrollo socialista.

– ¿Pero por el hecho de ser extranjero exiliado?

– A cualquier extranjero en Estados Unidos que pide la residencia permanente le hacen el mismo proceso de investigación y a mí me parece normal. En la RDA lo que hacían era que te ponían en esta ciudad en un hotel dos meses, tenía mucha libertad para moverme, y de repente venía alguien y me hacía un cuestionario que tenía que responder.

– La Presidenta hace unas semanas en su visita a Alemania dijo que se sentía agradecida de la RDA por que la acogió en momentos muy difíciles. ¿Usted hace la misma reflexión?

– Yo no puedo otra cosa que sentir agradecimiento por un país que me cobijó por 10 años, también lo siento por Estados Unidos que me cobijó por un año. Cuando uno vive en un país y es bien tratado y tiene buenas oportunidades de vida y buen trabajo, uno no puede tener otro sentimiento. A mí nunca me maltrataron, nunca vi que la gente que vivía conmigo fuera maltratada, mis hijos estudiaron allá, aprendieron alemán, practicaron deportes, y no tengo ninguna mala experiencia que recordar desde el punto de vista de la familia ni personal. Para mí la RDA fue importantísima en mi desarrollo político e intelectual y todas estas reflexiones que uno hace tranquilo, 25 años después, no hubieran sido posibles si no hubiera tenido esa experiencia.

– En 2009 se publicó la ficha que la Stasi hizo sobre su estadía en la RDA. Ahí se detallan sus labores en Radio Berlín, se dice que era una persona solitaria, que era difícil llegar a usted y que, como miembro del PS, era partidario de liberarse del capitalismo por la vía del poder político, y no por la vía armada como lo quería el PC. ¿Qué tan cierto es ese perfil que la Stasi hizo sobre usted?

– A la luz de esta entrevista pueden juzgar si soy tan hermético como dice el perfil. La verdad es que me sentí bastante sorprendido, porque mi ficha era la más voluminosa, me sorprendió mucho, pero bueno, quizás era por que salía mucho fuera del país. También me sorprendió mucho la descripción que hacían de mí. Es cierto de que yo no soy una persona que se junte con cualquiera y hable de cualquier cosa, pero los que me conocen saben que no es tan terrible la fiera como se pinta.

– ¿Fue muy difícil para usted insertarse en un país tan diferentes?

– Yo iba saliendo de Chile después de haber estado desaparecido, torturado en Villa Grimaldi, preso en Tres Álamos, Cuatro Álamos, después encerrado en la embajada de Venezuela durante tres meses y expulsado del país. Si yo les pongo esos parámetros, todo lo que viniera después era veinte mil veces mejor. Yo llegué en esas condiciones a Estados Unidos y tuve una muy buena experiencia. Yo soy de esas personas que no tiene nada malo que decir de su vida en Estados Unidos, fui muy bien recibido, estudié comunicación estratégica. Llegué y a los tres días tenía trabajo y tuve una vida muy agradable y no salí de ahí porque me sintiera mal. Aunque para mí fue una contradicción, por cierto. Yo iba llegando a lo que consideraba la máxima expresión del imperialismo y me sentí no sólo acogido, sino que vi a gente que pensaba como uno. Yo salí por necesidades políticas porque era necesario fortalecer el trabajo del partido en el exterior, y de esa manera terminé en la República Democrática Alemana.

– ¿Cómo fue ese paso de Estados Unidos a la RDA?

– La vida en la RDA era bastante mejor que el nivel que existía en Chile. Entonces, puede que no haya tenido el mismo nivel de vida que tenía en Estados Unidos, pero tampoco fue tan distinto para alguien como yo que llega y no tiene nada establecido.

– ¿Le gustó la experiencia de vivir en un socialismo real?

– Para mí fueron importantes las dos experiencias, tanto la de Estados Unidos, porque me permitió desmitificar esos mitos que se construyen y que son falsos, y la de la RDA. Tengo la posibilidad de poner un punto de equidistancia entre ambas realidades y poder decir con toda propiedad que ambas me sirvieron muchísimo y, por supuesto, vivir en la RDA nueve años me permitió conocer cuál es la experiencia europea, el pensamiento socialista, donde los precursores vienen de Europa.

– ¿Cree todavía en los socialismos reales, en la posibilidad de llevarlos a cabo? ¿Es crítico de lo que ocurre en países como Corea del Norte, por ejemplo?

– Por supuesto que soy crítico de eso. Lo que pasa es que todas esas instancias surgieron en el contexto de la segunda guerra, entonces tienen un poco de artificialidad y han generado deformaciones naturales.

– ¿Tuvo cercanía con la familia Honecker?

– Esa pregunta me la han preguntado varias veces y es bien cómica, voy a explicar por qué. Si ustedes no fueran periodistas y fueran chilenos comunes y corrientes, ¿cómo verían a la Presidenta de Chile? Lejana. Entonces en la RDA era exactamente igual. Yo nunca los conocí.

– Pero ellos luego llegaron a Chile gracias a las gestiones de Clodomiro Almeyda, y Margot Honecker sigue viviendo acá con hermetismo, pero sosteniendo encuentros con algunas figuras de la Nueva Mayoría.

– Yo como persona tengo una conducta que creo que me ha servido mucho para evitar mayores daños sicológicos: vivo una experiencia y trato después de apropiarme de lo bueno y lo malo y dar vuelta la página. Entonces yo volví a Chile y nunca he sido miembro de alguna agrupación de exiliados en la RDA, de ex presos políticos. No tengo nada en contra de quiénes lo hacen, pero no es mi tendencia y como eso ha sido así, nunca tuve un contacto físico con ella.

– Entonces no es de los nostálgicos de la RDA…

– Es una forma de ver la vida. Tampoco soy un nostálgico de la música de los 80 o de los 60. Creo que ayuda más vivir pensando en el futuro que en el pasado. Creo también que es un signo de vejez quedarse pegado en lo que pasó y no en lo que viene. Así que no soy un nostálgico de la RDA.