En conversación con "El Líbero", el abogado constitucionalista DC y ex subsecretario de Interior analiza el rechazo de Enrique Rajevic como contralor y el nombramiento de Jorge Abbott en la Fiscalía. Además, se refiere al proceso constituyente anunciado por Bachelet. "Antes de hablar de nueva Constitución, deberíamos tratar de diagnosticar al enfermo", dice.
Publicado el 18.10.2015
Comparte:

El abogado constitucionalista DC, ex subsecretario del Interior y ex ministro del TC, Jorge Correa Sutil, ha seguido con detención durante los últimos días la nominación de nuevas autoridades como el contralor y el Fiscal Nacional. Correa Sutil ha visto con buenos ojos los nombres que ha propuesto el Ejecutivo para la Contraloría y la Fiscalía. Cuando el miércoles pasado el Senado rechazó a Enrique Rajevic como reemplazante de Ramiro Mendoza, el abogado DC lamentó la decisión. Sin embargo, afirma estar conforme con la designación de Jorge Abbott para reemplazar a Sabas Chahuán.

En conversación con “El Líbero”, Correa Sutil analiza cada uno de las propuestas del gobierno y además, se refiere al anuncio de la Presidenta Bachelet sobre la nueva Constitución. El abogado defiende la gestión del ministro del Interior, Jorge Burgos, con respecto a su manejo en el proceso de elección de Rajevic y critica que el Senado, a su juicio, espere que se realicen “conversaciones oscuras” para definir los cargos de contralor y Fiscal.

“Si lo que están pidiendo los senadores y a eso se sumaron muchos, es una negociación reservada y secreta, una conversación oscura, lo que de verdad están pidiendo es que la Cámara Alta se transforme en una camarilla y eso le haría muy mal a la democracia”, explica el abogado.

En tanto, con respecto al proceso constituyente anunciado por la Mandataria, el ex ministro del TC afirma que, “antes de hablar de nueva Constitución, deberíamos tratar de diagnosticar al enfermo”.

-La semana pasada se rechazó el nombre de Enrique Rajevic en el Senado. Rajevic es cercano a la DC, ¿cómo vio este proceso?

-Conozco bien a Enrique Rajevic,  he trabajado con él y lamento su rechazo. Pero estaba en las reglas del juego. Lo que en verdad creo deplorable son las razones que muchos dieron para rechazarlo. Algunos dijeron que no votaban por él porque no contaba con suficientes votos, lo que  es reírse de la inteligencia del auditorio. Hernán Larraín hizo algo francamente criticable, dijo que Rajevic tenía las condiciones de idoneidad personal y profesional para asumir el cargo, y luego pidió disculpas por no votar por él porque era presidente de un partido político. O sea, renunció a su dignidad como senador en razón de ser presidente de un partido. Eso no enaltece a Hernán Larraín, que había tenido una trayectoria muy republicana; yo en realidad lo lamento.

-A su juicio, ¿qué otros efectos  político dejó este rechazo?

-Lo más preocupante de todo y sigue repitiéndose a propósito de la propuesta de Fiscal Nacional, es que muchos criticaron al gobierno y particularmente a Jorge Burgos, de no haber sostenido previamente suficientes conversaciones. ¿Qué son esas conversaciones? La Constitución dice que la Presidenta de la República tiene el poder para designar y el Senado para aprobar. Y el Senado tiene la capacidad de aprobar o rechazar porque nos representa a todos. Pero para representarnos a todos, es indispensable que haga deliberación pública. Si lo que están pidiendo los senadores es una negociación reservada y secreta, una conversación oscura, lo que de verdad están pidiendo es que la Cámara Alta se transforme en una camarilla y eso le haría muy mal a la democracia. Yo me alegro enormemente que el gobierno y especialmente el ministro Burgos, no haya entrado en negociaciones para la designación de este cargo.

-Pero el ministro del Interior, Jorge Burgos, llegó al gobierno con la intención de implementar grandes acuerdos. Logró alinear a la Nueva Mayoría, pero igual no consiguió los votos de la oposición. ¿Es una derrota política para el ministro como “hombre de los acuerdos?

-No, en lo absoluto. Es un triunfo para el hombre republicano y el Senado debería estar contento de que se le trate republicanamente. Cuando se trata de hacer una ley, es indispensable alcanzar acuerdos, porque es un texto donde todos pueden dar una opinión y donde uno puede hacer cambios. Cuando se trata de la designación de una persona, no hay cambios posibles que se puedan hacer, no hay perfeccionamientos posibles, se dice que sí o se dice que no. Pero la propuesta de ese nombre corresponde al Presidente y no puede estarse negociando a oscuras en el Senado.

-Pero Jorge Burgos sí mantuvo diálogo con los senadores durante el proceso de votación de Rajevic. 

-Jorge Burgos no negoció a oscuras en el Senado el nombre antes de proponerlo. Hizo esfuerzos posteriores para que ese nombre fuera aceptado y eso es lo que le corresponde hacer a la presidencia de la república, pero no ir por anticipado a negociar nombres para contralor ni para fiscal, estas cosas no se tratan a oscuras, eso le haría un daño irreparable a la democracia. Porque la gente aumentaría su nivel de suspicacia y eso tiene envenadas a las instituciones.

-Otro de los nombramientos clave del gobierno fue el candidato a Fiscal Nacional Jorge Abbott. ¿Qué le parece este nombre para reemplazar a Sabas Chahuán?

-Yo lamento muchísimo que no se haya propuesto a mi gran amigo Juan Enrique Vargas, que lo habría hecho estupendo. Dicho eso, me ha tocado tratar con Jorge Abbott y tengo por él un enorme respeto. Creo que es una persona ponderada, una persona de Estado y espero que tenga la fuerza, el liderazgo dentro del Ministerio Público que esta institución necesita.

-Pero en el Senado ven díficil su aprobación ya que necesita 25 votos para su aprobación y ya existen cuatro senadores que se inhabilitarán. Además, uno de los favoritos era José Morales. 

-No es el Senado el que elige al nombre que propone y el gobierno ha hecho muy bien en no ir a negociar un nombre, eso habría desprestigiado aún más de lo que están a las instituciones. Esto las recupera, vuelve a mostrar que pueden comportarse republicanamente, salvo las voces que continúan insistiendo en que esto requería una negociación previa hecha a espaldas de la opinión pública y a oscuras de los micrófonos. Eso no es digno de la democracia.

“Antes de hablar de nueva Constitución, deberíamos tratar de diagnosticar al enfermo”

-El martes pasado la Presidenta Bachelet anunció las acciones que impulsará su gobierno para cambiar la Constitución. A su juicio, ¿es necesaria una nueva Constitución?

-Usted me hace la pregunta clave. ¿De verdad necesitamos una nueva Constitución? Porque si la respuesta es no, tampoco necesitamos un proceso constituyente y todo esto ha sido un error. Y la respuesta de esa pregunta, depende del diagnóstico que tengamos, y no hemos discutido mucho sobre el diagnóstico que tenemos. ¿Qué anda mal en la política chilena? ¿Es esto que anda mal posible mejorarse desde una nueva Constitución? Creo que lo que anda mal en la política chilena no es tanto el desprestigio de la Constitución, lo que anda mal es el desprestigio de las instituciones y las autoridades.

-Entonces, bajo ese diagnóstico, ¿Chile necesita una nueva Constitución?

-A condición de que los diálogos constitucionales sean sobre eso, sean sobre por qué la gente terminó desconfiando y fastidiándose de las autoridades e instituciones. Y a condición de que lo que hagamos sea solucionar ese problema. La Constitución puede ayudarnos a solucionar ese problema, porque organiza la forma en que la expresión ciudadana se transforma en decisiones políticas. Creo que la Constitución tiene vicios, males en eso, consagra muy poco la participación y creo que tiene defectos en los canales de participación. Creo que antes de hablar de nueva Constitución, deberíamos tratar de diagnosticar al enfermo.

Bachelet anunció cuatro vías para realizar este cambio, entre ellas, Asamblea Constituyente. ¿Qué le parecen?

-Me las juego a los dados, me dan lo mismo.

-¿Por qué?

-No creo que eso sea importante. A condición de que todas ellas, cualquiera sea la que se elija tenga reglas muy claras establecidas por el Congreso. Si vamos a ir a una Asamblea Constituyente, se debe decidir antes cómo se elige, con qué quórum vota, ¿qué pasa si no se pone de acuerdo? ¿cuál es la regla de subsidio de default?  Ahí, más que la discusión Asamblea Constituyente-Congreso, se juega de verdad si vamos a tener un proceso republicano democrático o una chacra.

 

FOTO: AGENCIA UNO