El sacerdote es uno de los chilenos que más conoce a Jorge Bergoglio y el cura que pasará más tiempo con Francisco en Chile, Dice que le encantaría que el pontífice se reuniera con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros de la iglesia y estima que si el Papa habla del tema boliviano, "parecería como dándole la razón a Evo Morales".
Publicado el 15.01.2018
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“Cuando lo vea, que no me pida que le diga Su Santidad; quizás en público sí, pero en privado lo llamaré Jorge, tal como lo he hecho siempre”. De esta forma simboliza el sacerdote Fernando Montes la relación que tiene con su compañero jesuita argentino Jorge Bergoglio, más conocido en el mundo entero como el Papa Francisco.

Pese a que el Papa es tres años mayor -tiene 81 y Montes, 78- fueron compañeros de comunidad en el último año de formación para ambos. Y no fue en Chile, donde Jorge Bergoglio estudió en el noviciado jesuita en 1960, sino que en Buenos Aires, un año más tarde. Así lo recuerda el padre Montes en esta conversación con “El Líbero”, a sólo horas de la llegada de su amigo a Chile: “Estuvimos juntos en el Colegio Máximo y en ese tiempo las comunidades eran muy cerradas y vivíamos todos muy cerca. Así es que con Jorge compartíamos la misma casa, teníamos el mismo comedor y una convivencia muy estrecha”.

Y a lo largo de sus vidas sacerdotales, el padre Montes y el Papa Francisco, han tenido experiencias similares durante los mismos años: fueron formadores de novicios jesuitas en sus respectivos países y también ocuparon el máximo cargo de la Compañía de Jesús, tanto en Chile como en Argentina.

El ex rector de la Universidad Alberto Hurtado será el sacerdote jesuita que más tiempo estará con el Papa Francisco en Chile. Lo verá en la recepción en La Moneda, concelebrará la misa en el Parque O’Higgins, va a asistir al encuentro con la padres de la Compañía de Jesús y fue invitado al acto en la Universidad Católica. Todas serán ceremonias públicas, pero Montes también espera poder reunirse en privado con el Papa, para conversar sobre Chile y el legado que debería dejar su visita, que comienza esta noche.

– ¿Qué legado debiera dejar la visita del Papa Francisco a Chile?

– He reflexionado mucho sobre esto. Y antes que pensar en el legado que dejará el Papa en Chile, mi primera reflexión es personalmente qué Fernando Montes va a recibir al Papa. Te lo digo porque me impresionó mucho eso de San Agustín cuando alguien le dice que los tiempos están malos y él le contesta “si los tiempos están mal, cambia tú y cambiarán los tiempos, porque el tiempo eres tú”. Yo he pensado mucho sobre Chile, pero también he pensado sobre todo qué legado me va a  dejar el Papa a mí, qué cosas tengo yo que escuchar y honestamente cambiar y esperando que eso pueda influir en algo para que Chile también cambie.

En el fondo el mensaje del Papa en esta visita debe estar orientado a eso, de que tiene que llegar muy personalmente a la gente. Espero que el Papa nos hable y que cada uno reciba su mensaje, si cada uno de nosotros está dispuesto a escuchar o no al Papa. Eso es lo primero.

– ¿Con que Chile se va a encontrar el Papa Francisco?

– Existen tres hechos mayores que hacen que Chile sea completamente distinto y casi no se pueda hacer comparación con el país que encontró el Papa Juan Pablo II hace 30 años. Primero, Chile como país ha cambiado extraordinariamente como nunca en su historia, hemos crecido cinco veces nuestro producto interno bruto en los últimos 30 años. Aunque parezca extraño, Chile hoy día tiene más esperanza de vida que Estados Unidos y se han aumentado de manera prodigiosa las comunicaciones electrónicas. En nuestro país hay dos celulares por cada persona y eso ha introducido un cambio cultural increíble, de modo que nosotros, que éramos una isla, nos hemos integrado al mundo. Y muchos de los problemas de Chile, y eso a veces se nos olvida, son problemas compartidos por una enormidad de países.

Chile es un país donde no solo la Iglesia está desprestigiada, también los partidos políticos; está desprestigiado el Senado y la Cámara de Diputados, los empresarios, etc. De modo que hay que situarse con una mirada más amplia para no caer en la idea de que basta con que cambie una persona y todo va a cambiar, también es el país el que tiene que cambiar. Existe un cambio cultural sin precedentes que nos incorpora a un mundo que está también en un profundo cambio.

Un segundo aspecto es que el Papa Francisco se va a encontrar con una Iglesia Católica que, obviamente, por la secularización ocupa un lugar distinto en la sociedad a como era antes. Eso es muy importante, a lo que hay que agregar dos aspectos claves: ha habido una cantidad de abusos que hoy día por los medios de comunicación y por las redes sociales, han entrado al dominio público, y segundo, que la Iglesia ha perdido enormemente su credibilidad, a diferencia del prestigio que tenía hace 30 años.

Y el tercer elemento con el que se va a encontrar el Papa Francisco, que obviamente es consecuencia del cambio cultural y de los problemas de nuestra iglesia, es que tenemos una conducción de la Iglesia Católica menos visible. Hay un episcopado que es menos conocido, menos presente en la sociedad y da la sensación a veces que también hay una dirección menos firme. Y en ese sentido espero que la visita del Papa nos ayude como país a recuperar las confianzas y a generar nuevamente relaciones serias. Y espero además que critique con toda libertad esta cultura que nos hace muy liberalistas, muy competitivos, a veces excesivamente consumistas. Pero también espero que su mensaje ayude a los pastores a asumir un rol más activo y más completo.

– ¿Usted se siente interpelado cuando se dice que la religiosidad va por un camino y la sociedad por otro? Se lo pregunto por una columna de Carlos Peña en El Mercurio, que dice que el discurso del Papa no va a tener ninguna influencia en nuestra sociedad.

– Me llama la atención que Carlos Peña, un hombre al que yo leo, escucho y respeto mucho, no se dé cuenta que es claro que lo que dice el Papa va en muchos sentidos en un camino distinto a lo que la sociedad contemporánea dice. Pero es precisamente ahí donde radica su valor, que es sin imposición. En esta sociedad es importante que alguien sea capaz de decir cosas, porque las ideas son un germen que si bien pueden o no cambiar en el primer momento, pueden quedar madurando y es obvio que este país necesita gente que se atreva a mirar con cierta distancia esta cultura de todos los días.

El Papa Francisco es un líder y lo que dice Carlos Peña de que el Papa en ecología no es autoridad, yo digo ¡a ver! Creo que el Papa ha leído, ha escuchado y ha asumido lo que otros han investigado y ha hecho un documento que ha sido enormemente bien recibido aun por los científicos, pero no se le pida al Papa que tenga él el aporte de un científico, sino que precisamente complemente una mirada que puede ser miope. Yo desearía con toda el alma que el presidente Trump se dé cuenta y se atreva a asumir el problema del calentamiento global y ponga a Estados Unidos en esa órbita. No le pido a él que sea un experto científico, pero sería una enorme maravilla para la universalidad que ese hombre cambiara de mente y aceptara lo que los científicos nos están diciendo. Es lo mismo con el Papa. Creo que es una maravilla por lo menos para los católicos que nos pueda decir “por favor, cuidado”. Y eso toda persona de buena voluntad podría oírlo.

– En Chile muchos católicos han señalado que no se sienten tan cercanos al Papa Francisco, porque lo consideran muy político. Por ejemplo, en la controversia con Bolivia, mucha gente cree que el Papa quiere que ese país tenga salida al mar. ¿Qué piensa de eso?

– Lo he escuchado. He escuchado también que dicen que no tiene que hablar de economía, porque no es un experto. Pero antes de responder, te diría dos cosas: si se lee completo el lenguaje y el mensaje del Papa, él pone en el centro de su discurso el evangelio de Jesucristo y ciertas virtudes evangélicas. Nos ha hablado de la humildad, de la cercanía, de la misericordia, nos ha hablado de la sencillez y también múltiples veces de la alegría, la esperanza. Bueno esos son temas profundamente religiosos, pero también son humanistas. Y en ese sentido me parece bien que un cristiano se dé cuenta que la economía tiene repercusiones en el modo como viven los seres humanos, que los medios de comunicación, el celular, podrían destruir o cambiar las relaciones humanas. Si es un pastor medianamente culto y moderno, en su mensaje no puede silenciar esas dimensiones culturales que afectan la vida personal y social.

Y en el tema de Bolivia, yo mismo lo dije cuando me preguntaron en Roma en una conferencia de prensa. Dije dos cosas y lo vuelvo a repetir: yo espero que el Papa se dé cuenta que hay un conflicto que es político y que está sometido al Tribunal Internacional de La Haya, de modo que sería una lástima que el Papa se pronuncie sobre este tema con Bolivia, porque es preferible que primero el tribunal se pronuncie. De manera hábil, Evo Morales le pide a La Haya que obligue a Chile a sentarse a conversar, desgraciadamente judicializó este tema. Y el Papa, obviamente, querrá que nosotros como países hermanos nos entendamos, que nos sentemos, que seamos hermanos y que haya una cierta conversación. Pero tiene que tener cuidado de decirlo, porque en el fondo parecería como dándole la razón a Bolivia. Dado que hay un pleito en La Haya sería más prudente no referirse, porque aunque diga ¡tengan paz entre ustedes! y cosas así de lógicas, eso va a parecer como que le está dando la razón a Bolivia y va a ser mal entendido.

Y la segunda cosa que insistí a los periodistas con respecto al tema de Bolivia, es que por favor que este tema no sea el centro de la recepción del Papa, que no se convierta en lo esencial cuando hay otras cosas que son infinitamente más importantes para Chile: que recuperemos las confianzas, que no siga este sistema donde estamos todos acusándonos y desconfiando unos de otros, donde las instituciones tiemblan. Eso es mucho más pertinente para nosotros.

¿Qué le parece que en medio de la visita papal se haya levantado el tema de los abusos sexuales por parte de sacerdotes y se exija que Francisco reciba a las personas abusadas?

– Si hay personas a las cuales debemos respetar y escuchar, son las que han sido víctimas. A mí me encantaría que lo hiciera y no solo recibirlos, sino escucharlos con suma atención. No sé si podrá hacerlo, pero me gustaría. Pero creo que hoy la prensa sólo muestra los verdaderos errores cometidos, las demoras que son injustificadas, pero es impresionante lo que se ha hecho para que no sigan ocurriendo estos abusos. Los jesuitas tenemos una comisión donde hay laicos y expertos que están para asesorarnos en este punto. En cada colegio hay una persona que debe ser independiente a nosotros, y se le pide a toda la comunidad que si hay un abuso vaya inmediatamente a denunciarlo con esa persona. En la propia orden donde yo estoy es absolutamente diferente de lo que ocurría hace 10 años. Hemos progresado y ojalá que esto nos ayude, porque se cometieron errores, no sólo por las faltas sino porque se demoró demasiado en escuchar a las víctimas y en tomar todas las medidas necesarias. Pero eso yo creo que se está reparando. Todavía falta y por eso me encantaría que el Papa recibiera a las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes.