Estudio arrojó que hubo un inédito recambio de 4 millones de votantes en las elecciones en que arrasaron Bachelet y la Nueva Mayoría, ya que 1,3 millones de personas fueron a votar por primera vez, pero más de 2,6 millones que habían ido antes no acudieron a las urnas. Además, detectaron que 4,3 millones de adultos chilenos nunca han votado en su vida.
Publicado el 04.04.2016
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¿Cuál fue el impacto del voto voluntario, cuántos fueron a votar por primera vez bajo ese nuevo sistema y cuántos se abstuvieron en las pasadas elecciones presidenciales y parlamentarias de 2013, donde arrasaron Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría?

Estas son algunas de las preguntas que abordó la investigación del Centro de Estudios Públicos (CEP) “Cambios en la participación electoral tras la inscripción automática y el voto voluntario”, de Loreto Cox y Ricardo González, quienes encontraron sorprendentes resultados.

El debate sobre el tema está en el tapete público luego de que varios parlamentarios que respaldaron el voto voluntario ahora piden volver al voto obligatorio. El ex Presidente Ricardo Lagos dijo ayer en El Mercurio: “Soy partidario del voto obligatorio. Lo menos que se le puede pedir al ciudadano es que vaya a votar“.

La investigación detectó, por ejemplo, que 1,3 millones de personas fueron a votar por primera vez en 2013, cifra que casi cuadruplica los cerca de 354 mil que lo hicieron en la elección de 2009. En contrapartida, 2,6 millones de electores inscritos en el padrón histórico decidieron no votar, cifra que triplica los 900 mil que se abstenían, en promedio, en elecciones anteriores.

4,3 millones de chilenos nunca ha votado en su vida

“En términos generales cabe destacar que estos cambios implican que hubo un gran recambio de votantes tras la reforma: poco menos de cuatro millones de personas, equivalente a cerca del 30% del padrón en 2013”, concluye el estudio.

También descubrieron que 4,3 millones de chilenos –del padrón electoral de 13,6 millones- nunca en su vida han votado en una elección política.

El estudio del CEP estima que el voto voluntario que aprobó el Congreso en 2012, promovido por el gobierno de Sebastián Piñera, “produjo una caída neta de la participación electoral de poco menos de 700 mil votantes”.

Para profundiza en esta investigación, “El Líbero” conversa con Loreto Cox.

loreto cox, investigadora del CEP

-¿Este recambio de 4 millones de votos sería circunstancial o llegó para quedarse en cada elección?

-Es difícil saberlo. Hay gente que fue a votar porque le parecía atractivo y que eventualmente dejará de votar, y otros que no pudieron votar podrían hacerlo después. Es difícil saber si se mantendrá o no y creo que dependerá también de cuán atractiva sea la oferta de candidatos.

-¿Cree que ese recambio de votos tuvo algún impacto en las elecciones?

No lo hemos estudiado en detalle. Es probable que, en el margen, haya tenido algún impacto.

-¿Hay información sobre la preferencia política  del 1,3 millón de nuevos electores?

– Tampoco lo hemos analizado en detalle, no es fácil saberlo con los datos que tenemos. Sí sabemos que tienden a ser jóvenes y que las mujeres están sobrerrepresentadas entre ellos.

-La participación electoral pasó de 87% en 2009 a 40% en 2013 con el voto voluntario.

-Así es. La participación fue menor en 2013 que en 2009. En 2009 votaron 7,3 millones personas y en 2013 lo hicieron 6,7 millones. Es sorprendente que habiendo crecido mucho el padrón electoral (de 8,3 millones a 13,6 millones) haya caído la cantidad de gente que votó.

-¿Por qué cree que votaron menos personas con el voto voluntario?

-Claramente había mucha gente que estaba votando exclusivamente porque era obligatorio.

-La investigación cita un estudio de la Segpres de 2011 que afirmaba que el voto voluntario no reduciría la participación. ¿Falló el pronóstico?

-Sí, efectivamente, pero era un pronóstico bastante compartido por  la clase política. Cuando se aprobó la reforma constitucional para hacer este cambio en el primer gobierno de la Presidenta Bachelet, ella sugirió que iba a generar más participación y lo mismo del Presidente Piñera cuando se aprobó el cambio. En ambas instancias se aprobó con gran mayoría en el Congreso. Era algo bastante transversal del sistema político, que creía que incorporar a la gente que no estaba inscrita al padrón podría producir mayor participación, o al menos así lo declaraba.

-¿En los cuatro países -Holanda (1967), Guatemala (1985), Filipinas (1986) y Venezuela (1993) que pasaron del voto obligatorio al voluntario aumentó la participación electoral?

-En general, los países tienen participación electoral considerablemente más alta cuando el voto es obligatorio que con voto voluntario. En Chile las esperanzas de aumentar la participación estaban puestas sobre todo en la inscripción automática.

-¿Este recambio de votos se podría repetir nuevamente?

-Pienso que es poco probable que vuelva a haber cambios tan importantes sin cambiar las instituciones respecto de cómo hay que votar. Hoy la gente que no ha  votado nunca es mucho menos que los que no habían votado antes. Además, los que hoy nunca han votado probablemente son justamente quienes tienen menos interés en hacerlo, pues ya han tenido la oportunidad de votar sin necesidad de adquirir un compromiso de por vida y no lo han hecho. Habrá personas que irán a votar por primera vez en la próxima elección, además de aquellos que recién cumplan la edad mínima, pero éstos debieran ser cada vez menos.

-¿Cuántos chilenos no han ido nunca a votar?

-Del padrón total de 2013, de 13,6 millones potenciales electores, hay cerca de 4,3 millones de chilenos que nunca han ido a votar en su vida, a lo que habría que descontar los que votaron por primera vez en las elecciones municipales de 2012 (no tenemos esos datos) y los que votaron antes de 1970 y no se inscribieron para el Plebiscito ni volvieron a votar después (que probablemente son muy pocos).

-En las elecciones presidenciales pasadas Bachelet le sacó 1,3 millones de votos de diferencia a Matthei, abultada cifra que no se dio antes donde la diferencia oscilaba entre 187 mil y 485 mil votos. ¿El voto voluntario rompió el histórico equilibrio que hubo en Chile desde el retorno de la democracia?

-Con la información que tenemos hoy es muy difícil responder esa pregunta, porque las circunstancias de la elección presidencial anterior fueron muy únicas en el contexto de Chile desde el retorno de la democracia. Era la primera vez que el gobierno incumbente era de centro-derecha, y hubo, además, episodios políticos especiales, como el movimiento estudiantil y las dificultades de la coalición de la centro-derecha para definir un candidato presidencial. Con la información que tenemos es difícil determinar en qué medida la mayor diferencia en votos obtenidos podría deberse al voto voluntario e inscripción automática.

-¿Cuáles son los pro y contra del voto voluntario y obligatorio?

-Es bueno que haya mayor participación electoral en los países, porque cuando ésta es muy baja, en general se pierde representatividad y se empieza a cuestionar la legitimidad del sistema político. El voto obligatorio, sin duda, aumenta el nivel de participación y esto es bueno, pero la pregunta de fondo es si creemos que debe exigirse a los ciudadanos que voten: es una pregunta de carácter normativo. Hay quienes lo consideran una obligación ciudadana mínima, mientras hay quienes creen que la participación no debe ser obligada, sino que los políticos deben ser capaces de motivar a las personas para que vayan a las urnas.

-¿Estamos en zona de alerta con la participación electoral?

– Creo que es indeseable que haya una menor participación electoral, pero no creo que estemos en una zona de alerta. La participación electoral de Chile es baja en el contexto internacional, pero hay países con participación similar que no están en crisis de legitimidad. Creo que, aunque sería bueno para la sociedad que los chilenos votáramos más, como dije, la obligatoriedad del voto depende en última instancia de una posición normativa. También creo que no es bueno para el sistema político que hagamos y deshagamos cambios al sistema electoral cuando no nos gustan sus consecuencias en un plazo tan corto.