Los artistas Edo Caroe y Rodrigo González han causado furor en el festival con duros chistes contra la Presidenta, su hijo, el Gobierno y el sistema político en general. Sin embargo, tres analistas coinciden en que el humor es reflejo de la crisis institucional que atraviesa el país, pero puntualizan que su poder de cambiar las cosas es bastante limitado.
Publicado el 25.02.2016
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“- Aló, mamá, en el colegio todos me dicen guatón cara de raja.

– Sebastián, ¿me podrías llamar después, que estoy con los ministros?”.

“Pobre señora. Y con el hijo que tiene… debe estar pensando en tomarse la píldora de los 38 años después”.

“¿Por qué los políticos no forman un sólo partido político y le ponen ‘Soquimich’ a la h…?”.

“Ojo con las pifias porque estos h… (los políticos) son capaces de poner un impuesto a la pifia y ahí sí que nos cagan”.

“El caso Dávalos sirvió para que todas las madres que pensaban que tenían un hijo h… dijeran ‘pudo haber sido peor’. De hecho, la mamá del Cisarro dice ‘qué terrible todo esto, me saqué el Loto'”.

“La Presidenta ha tenido mala suerte. También ha gestionado muy mal, pero ha tenido mala suerte, rodeada de ineptos. La otra vez vi a un gato negro cagao de susto porque se le había cruzado Bachelet”.

“(Bachelet) se entera por la prensa, no sabe nada. Un día se cruzó con Daddy Yankee quién le dijo: ‘ya tu sabes’, ¡y la señora no sabía!”.

Estos chistes fueron parte de las rutinas que presentaron los humoristas del Festival de Viña del Mar, Rodrigo González y Edo Caroe, quienes han generado un áspero debate en el mundo político, el gobierno, la opinión pública y en las redes sociales sobre si traspasaron los límites de la libertad de expresión.

La ministra vocera (s) de Gobierno, Javiera Blanco, afirmó que las manifestaciones de humor “las respetamos, siempre los límites tienen que ser el respeto a las instituciones, a las personas, creo que eso siempre hay que tenerlo a la vista, pero la libertad de expresión es el principio rector y creo que el respeto también”.

El diputado PS Juan Luis Castro dijo que es “natural el descrédito que ha tenido la política” pero que “naturalmente hay límites”; mientras la ministra de Educación, Adriana Delpiano, defendió la libertad de expresión, pero pidió “no generalizar situaciones”.

Incluso, Catalina Salazar, parte de la mesa directiva de las Juventudes Comunistas, tildó a Caroe de “facho y sexista” por un chiste sobre Camila Vallejo, a lo que éste replicó que “la afirmación es bien destemplada y visceral, ¡y se supone que la derecha es la sin humor!”.

Para profundizar en el debate sobre el humor en la política, “El Líbero” conversó con Camilo Feres, consultor estratégico; Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos y Comunicaciones de la encuestadora Plaza Pública-Cadem; y Cristóbal Bellolio, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y quien realiza un doctorado en teoría política en Londres.

Camilo Feres: “Es poco oficioso seguir preguntándose si el humorista tiene derecho a hacerlo. La pregunta es por qué pica ahí”

“El humor no es el problema, sino un indicador. La lectura que debe hacer el sistema político es que el humor no funciona para públicos grandes, como Viña, si no está cargado de mucho sentido común, si lo que se dice no le parece a una gran mayoría de las personas. El humor necesita significado social para funcionar. Si no está cargado de sentido común no funciona, al humorista lo pifian y se va. La pregunta para el sistema político es por qué están en el primer lugar de los temas negativos respecto de los que la ciudadanía está de acuerdo. Hay un amplio acuerdo respecto de la mala imagen del sistema político, y eso hace que el humor que descanse en figuras que afectan al sistema político sea fácil de desarrollar.

Lo segundo, que tiene que ver con cierto cambio de época, y es lo que hoy incomoda, que poco a poco mientras la transición ha avanzado se ha ido perdiendo el halo protector que estaba fundado en el temor y cierta distancia de clase, que protegía a los políticos. Esta idea de ser llamado honorables, tener fueros, que la democracia descansaba en que no se les pudiese tocar, ha ido retrocediendo, y los que no tienen la autoridad suficiente por tener la potestad y el uso de la fuerza o tener de su lado las leyes, no pueden defenderse por esa vía. Hay un cambio de época.

Esta es una forma más en la que el país se rebela frente a privilegios que hoy no están justificados. La gente no entiende por qué un político debe estar sujeto a un privilegio especial. Son cambios en el sentido común. Antes parecía de sentido común decir que los políticos tienen que tener gastos reservados, comitivas, y el avance de la sociedad va cuestionando eso hasta que deja de ser de sentido común.

Que un político diga que si se van todos vamos a tener populismo sería como decir que los humoristas tienen la culpa. La amenaza de los populismos no ha dependido de los humoristas, sino de la propia clase política.

No creo que lo de Viña sea relevante para la cantidad de gente que vaya a votar, que estará más influenciada por la posibilidad que vea de influir con el voto, de generar algo que les importe. Las elecciones cuando no son significativas son poco convocantes. En eso Viña puede hacer un pequeño rayado de pintura, pero no es determinante.

El gran cambio que está viviendo Chile es que las cosas que se conversan en la vida privada se están conversando de la misma forma en la vida pública. Antes había discursos privados y públicos muy disonantes. Muchas de las cosas que están en el humor son parte de la conversación cotidiana, la forma en que se refieren a los acontecimientos. Es miope tratar de dispararle a la pantalla sin darse cuenta de que lo que está diciendo el humorista está funcionando desde las audiencias porque está rascando donde pica. Es poco oficioso seguir preguntándose si el humorista tiene derecho a hacerlo, la pregunta es por qué pica ahí.

Roberto-IziksonRoberto Izikson: “No creo que haya que tener una reacción al humor, sino a la crisis de la política”

Creo que no tiene ningún impacto sobre la legitimidad del sistema político. No es nuevo tampoco, lo hizo Yerko Puchento todo el año, el Bombo Fica. Por la crisis del sistema político hoy hay más sensibilidad de parte de la misma política para recibir ese tipo de crítica pero no tiene ningún efecto real. No creo que la aprobación de la Presidenta Bachelet vaya a bajar porque Caroe la subió al columpio.

Hay que verlo como un show humorístico. Leí las declaraciones de algunos políticos, de que hay que preocuparse del respeto, pero esto es un espectáculo y no es más que eso. La política por la crisis que atraviesa es uno de los actores relevantes para la crítica social. Hoy es fácil hacer humor político porque es muy popular.

No sé si hay especial auge del humor político, creo que ha habido humor político en Chile en los últimos 30 años. Hoy estamos más sensibles al humor político debido a la crisis del sistema pero no sé si la política deba reaccionar por la rutina de humoristas en Viña del Mar. La política está viviendo una crisis relevante, que no tiene que ver con el humor sino con problemas que se arrastran desde hace tiempo. No creo que haya que tener una reacción al humor, sino a la crisis de la política.

Cristóbal Bellolio 1Cristóbal Bellolio: “El humor es un reflejo de lo que está pasando, pero su potencial subversivo es limitado”

Primero, si por humor político entendemos llamar ladrones o huevones a los políticos, o hacer tallas sexistas sobre diputados, entonces tenemos un estándar más o menos básico de humor político. En cualquier caso, la Quinta Vergara no parece el lugar idóneo para subir el nivel.
En segundo lugar, creo que rutinas como las de Kramer, Yerko Puchento o Edo Caroe sirven para alimentar conversaciones masivas y darle forma a percepciones que ya están instaladas en la opinión pública. No creo que nadie haya caído en cuenta de las diabluras de Dávalos gracias a Caroe. Al revés, los humoristas usan narrativas más o menos probadas.

Si contribuyen o no al descrédito del sistema, depende. Todos los países donde existe libertad de expresión tienen algún tipo de humor político y no se caen los gobiernos por eso. El humor es un reflejo de lo que está pasando, pero su potencial subversivo es limitado. Mañana saldrá un nuevo meme con un nuevo político como víctima y la vida sigue igual. Nuestra elite política no está mal por culpa del humor. El humor simplemente aprovecha de patear ese cadáver.