El académico de la UC sostiene que el restablecimiento entre ambos países le ha permitido al régimen de los Castro legitimarse ante EE.UU. y otros países, pero que no ha habido avances en los derechos humanos.
Publicado el 20.12.2015
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El 17 de diciembre de 2014 los presidentes de Estados Unidos, Barak Obama, y de Cuba, Raúl Castro, sorprendieron al mundo al anunciar el restablecimiento diplomático de ambos países -quebradas el 3 de enero de 1961 tras la toma del poder de la guerrilla de Fidel Castro-, generando altas expectativas sobre los cambios internos que podría provocar en la isla comunista.

Este viernes,  Raúl Castro mostró su “total disposición”  a seguir construyendo con EE UU una “nueva relación que sea distinta a toda su historia precedente”, aunque insistió en que la vigencia del embargo es el “principal obstáculo” para la normalización.

En la vereda contraria, la disidente cubana Yoani Sánchez sostiene que “a las medidas dictadas por la administración de Barack Obama no le han correspondido los necesarios pasos de la Plaza de la Revolución para que éstas tengan un efecto en el día a día de la población de la Isla. En lugar de eso, el discurso oficial del castrismo ha jugado a mantener la confrontación verbal con el vecino del Norte y a seguir utilizando el argumento del bloqueo para justificar su propio fracaso”.

La bloguera agrega que “el desabastecimiento se ha agravado en el mercado minorista cubano y ahora es más difícil comprar comida que por estas mismas fechas de diciembre pasado. Ni el maíz de California llenó los estantes de las tiendas, ni las hamburguesas de McDonald’s desplazaron a la frita nacional, como vaticinaban los antiglobalización. Poner un plato en la mesa se ha vuelto una tarea más difícil, angustiosa y cara”.

A un año de dicho anuncio, que concretó la reapertura de las embajadas en Washington  y La Habana en julio pasado, Joaquín Fermandois, historiador chileno, académico de la Universidad Católica, e investigador del proceso revolucionario cubano, analiza para “El Líbero” lo que ha generado el acercamiento entre ambos países.

Joaquín Fermandois, historiadorFermandois, nombrado por el Gobierno como coordinador del grupo de historiadores que trabajan en la defensa chilena ante la demanda boliviana en La Haya, también aborda la situación política de Venezuela, en el contexto de la cumbre del Mercosur, y que el Presidente de Argentina, Mauricio Macri, prometió abordar.

-Se cumplió un año del anuncio de restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EE.UU. ¿Cuál es su mirada de lo que ha ocurrido en este año?

-En general, a pesar de la oposición de los republicanos que tienen la mayoría en el Congreso, en Estados Unidos han aceptado esto y esto le ha permitido a Cuba aproximarse al grueso de los países latinoamericanos, debilitando el populismo antinorteamericano en América Latina, que creo ha sido un efecto importante. Ahora, el régimen juega su supervivencia con la relación con Estados Unidos para después de que los Castro desaparezcan. Es una apuesta de que el régimen sea visto como normal no solo por Maduro, Ortega, Evo y Correa sino por Estados Unidos y otros países latinoamericanos. Es una apuesta más abierta. Es difícil saber qué va a pasar. Además, por supuesto, está el tema económico. No cabe duda de que existe, pero es otra dimensión que se nombra menos.

-¿La relación con EE.UU. es un salvataje del castrismo ante la crisis económica de Venezuela?

-Claro, porque la ayuda venezolana se ha ido debilitando ya, y es una de las razones por las que Cuba se aproximó a EE.UU. según se especula, pero es probable que haya relación entre ambas cosas.

-Cuba exige que se termine el embargo para normalizar relaciones, y por otro lado están todas las indemnizaciones que exigen las empresas norteamericanas y cubanas nacionalizadas.

-No creo que la mayoría republicana quiera levantar el embargo, aunque depende de las elecciones del próximo año. Está la influencia del lobby cubano en EE.UU. que es fuerte. Creo que en  el largo plazo habrá un acuerdo, porque el embargo no resultó, pero está el tema de la deuda de Cuba por las expropiaciones no pagadas, que fueron confiscaciones en realidad. Para dar una comparación, la Unión Soviética en la época de Gorbachov tuvo que pagar expropiaciones a EE.UU de la época de la revolución bolchevique. Fue algo simbólico. Primero fue en 1972 cuando hubo un pago, no tan simbólico, pero lejos de las deudas de la Segunda Guerra Mundial –alrededor del 2%-, pero lo de Gorbachov fue completamente simbólico.

-Las noticias siguen reportando violaciones a los DD.HH en Cuba. ¿Ha habido cambios en la isla esa línea luego del acercamiento con EE.UU.?

-Cuba es una dictadura que no toma medidas extremas de ejecutar o hacer desaparecer a los opositores como lo hacía antes, y que no puede hacerlo tampoco. El régimen está haciendo cada día más una pequeña superestructura sobre un país que piensa distinto, no en la oposición, pero sí distinto.

-¿EE.UU. podría normalizar las relaciones aunque Cuba siga siendo una dictadura?

-Lo ha hecho muchas veces en la historia de las relaciones con América Latina. No por doble lenguaje, la historia latinoamericana ha sido bastante balbuceante en estabilidad política, así que sería como normal. No sería una gran amistad especial, estaría siempre la influencia de los cubanos en Estados Unidos. El tema del futuro político de Cuba va seguir estando presente, tanto por los regímenes autoritarios como porque será tema de debate en EE.UU. y algo en América Latina.

-¿Cómo ve la situación política en Venezuela tras el triunfo opositor y la reacción de Nicolás Maduro?

-Venezuela es una cuasi dictadura, y ha tomado una serie de medidas para dejar una asamblea que no va a manejar ni el edificio; el canal de televisión está en manos de los chavistas. Van a crear una asamblea paralela. Vamos a ver cómo será el juego de la oposición, que hasta el momento ha tenido ingenio, esfuerzo y paciencia. Eso va a requerir de paciencia para mantener el juego político en el cual le ha ido bien.

-¿Qué respuesta internacional debería haber ante la decisión de Maduro de entorpecer el funcionamiento de la Asamblea Nacional que perdió?

-Los países latinoamericanos no quieren meterse mucho en el asunto. Los derechos humanos son para Honduras, Paraguay pero no quieren meterse en Venezuela. Se ha creado un estado de ánimo en el continente de crítica a Venezuela. El cambio en Argentina, el debilitamiento de Dilma Rousseff que era un cierto paraguas para Venezuela, pero internacionalmente apoyaban más o menos a Chávez y Maduro,  se ha debilitado, también por su crisis interna.

-Macri ha sido explícito en denunciar los abusos en Venezuela y es partidario de llevar el tema al Mercosur.

-Sí pero leí que la canciller argentina le bajó un poco el perfil al asunto, creo que tampoco quieren debilitar a los opositores. Macri había dicho que lo llevaría al Mercosur pero con el reconocimiento de Maduro al triunfo opositor declaró que por ahora no lo haría.

-¿Qué opina sobre la decisión de la Corte Suprema de Chile de acoger el recurso a favor de Leopoldo López?

-Personalmente me gusta molestar al gobierno venezolano, pero creo que el fallo no es apropiado. Hay que encontrar otro cauce para eso, que la opinión pública internacional o los gobiernos lo asuman, pero no que la política exterior de los países sea dictada por resoluciones judiciales.

-En la OEA cambió el secretario general, y Luis Almagro se ha involucrado más en Venezuela.

-No sé si se debe a él o a que los nuevos aires lo obligaron a cambiar. Eso habría que verlo.

-¿Muestra un cambio respecto de la actitud de José Miguel Insulza en la OEA?

-No sé, probablemente si Insulza hubiera seguido en la OEA habría hecho algo distinto.