En entrevista con El Líbero, el académico analiza cómo será recordado el segundo mandato de Michelle Bachelet y proyecta lo que se viene para Sebastián Piñera y la centro derecha.
Publicado el 30.12.2017
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El historiador Alejandro San Francisco dirige el proyecto Historia de Chile 1960-2010, del Centro de Extensión y Estudios (CEUSS) de la Universidad San Sebastián, del cual ya se han publicado los dos primeros tomos. Y en marzo próximo, pocos días después del alejamiento de Michelle Bachelet de La Moneda, se publicarán los tomos 3 y 4, referidos al gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970).

Probablemente San Francisco, que además es profesor de la Pontificia Universidad Católica, de la Universidad San Sebastián y director de Formación del Instituto Res Pública, en unos años más deba ampliar su proyecto historiográfico, hasta abordar la administración de la Nueva Mayoría. Con ese enfoque y desde una perspectiva histórica, el académico analizó en profundidad el gobierno que está por concluir su mandato y además a la futura  administración de Sebastián Piñera, que asume el 11 de marzo próximo.

– ¿Qué se va a enseñar en los colegios sobre el segundo gobierno de Michelle Bachelet?

– Sin duda es muy prematuro para saberlo, pero sí es posible apreciar algunas cosas. Bachelet no sólo fue la primera mujer en acceder a la Presidencia de la República en Chile, sino que ocupó el cargo en dos oportunidades, como Arturo Alessandri Palma y Carlos Ibáñez del Campo en el siglo XX y como ocurrirá con Sebastián Piñera a partir de marzo del 2018.

Un segundo tema es la aprobación del aborto. Se trata de un tema crucial, que representa las transformaciones culturales de las últimas décadas, y que cambia el paradigma en la comprensión de los derechos humanos.

El tercer tema dependerá de los sucesos futuros: quién reemplazará a Chile Vamos y a Sebastián Piñera en el gobierno el 2022, cómo se organizarán las coaliciones políticas hacia adelante, además de la función que la propia Bachelet tendrá en la actividad pública en los próximos años.

– ¿Cuál es el legado que deja esta administración de la Nueva Mayoría?

– Las nociones de “legado” del que habla el gobierno o la “mochila” que ha insinuado la oposición tiene un sentido político claro, que habría que mirar con más perspectiva para evaluarlo en el largo plazo. Pero sin duda hay cosas que aparecen claras en el horizonte. Lo primero es que deja en el gobierno a Sebastián Piñera y a Chile Vamos, fórmula que sin duda no quería la Nueva Mayoría, pero que hoy es un hecho de la causa y que va a marcar los últimos meses de la administración y también la evaluación histórica. Lo segundo se refiere a la gratuidad universitaria para todos, como un derecho social, que es una política que presenta ambigüedades desde su origen, pero que tiene un sentido de permanencia y una creciente aceptación social y cultural, que tendrá consecuencias importantes en las políticas públicas de las próximas décadas. Sin embargo, quedan temas pendientes al respecto: si es un derecho universal, ¿por qué sólo algunos tienen gratuidad y no todos? ¿cómo se compatibiliza con otros derechos y otros gastos o inversiones del Estado? Finalmente, un legado de este gobierno es la existencia de un Estado más grande, tanto en su tamaño como en su presupuesto y atribuciones, cuyos efectos se seguirán viendo hacia adelante. Me parece percibir también un cambio en la concepción de Estado, similar a la que se vivió en Chile entre 1910 y 1930 en el siglo pasado, aunque es un proceso en curso.

– ¿Qué hechos políticos marcaron su rumbo?, ¿por qué?

– En esto se ha hablado mucho, y hay acuerdo en ciertos temas, pero otros requieren un análisis más profundo y un estudio con más perspectiva. Sin perjuicio de eso, es evidente que el propio fenómeno Bachelet, que fue electoralmente imparable en sus dos candidaturas presidenciales, ha sido en sí mismo un activo político que marcó su liderazgo y sus respectivos gobiernos. En la práctica, los partidos de la Nueva Mayoría se sumaron a ella y fijaron de esa manera una forma de relación que se mantuvo durante estos cuatro años.

En la evolución de su gobierno, el momento más duro y decisivo fue el caso Caval -en que estuvo involucrado el hijo de la Presidenta-, que marcó un antes y un después, con un claro deterioro de la imagen presidencial y una baja en las encuestas, que sólo se ha revertido en estos últimos meses. Otro momento importante fue la caída del primer gabinete, con Peñailillo y Arenas como parte de su grupo más cercano, pero que debieron abandonar el poder; a esto debemos sumar después la salida voluntaria del equipo económico, un par de meses antes de las elecciones de 2017, por desacuerdos con la línea seguida por el gobierno.

Hay dos elementos electorales que deben mencionarse: la ruptura de la Nueva Mayoría para la primera vuelta presidencial y las listas parlamentarias, que se sumó a la expectativa de victoria tras el 19 de noviembre. Esto último llevó al Ejecutivo a involucrarse en la campaña de una manera activa y directa, para favorecer al candidato oficialista Alejandro Guillier, con malos resultados.

– ¿Qué aspectos valóricos marcaron su rumbo?

 Hay dos muy decisivos. El primero es el tema del aborto, que se instaló en la discusión pública con una fórmula intermedia, llamada “aborto en tres causales”, que en la práctica establece el derecho a abortar en el país y la obligación de practicarlo en los recintos hospitalarios, aunque finalmente primó la objeción de conciencia institucional. El otro tema importante está relacionado con la educación, y fue la prohibición del copago o financiamiento compartido en los establecimientos subvencionados. Aquí se aprecia nuevamente una transformación en la noción de Estado.

– ¿Cuáles fueron los errores más marcados de su gobierno?

– Visto desde una perspectiva comparada, con los gobiernos de la Concertación, por ejemplo, el primer gabinete de la presidenta Bachelet fue débil, no estaba a la altura de los requerimientos, parecía basarse sólo en la exclusiva confianza presidencial y no en una capacidad efectiva de sus miembros. Esto terminó por afectar transversalmente al gobierno en todo su periodo, que culmina con muy pocos ministros conocidos por la opinión pública, con algunas carteras importantes cuyos ministros han caído en la irrelevancia y sin proyecciones de liderazgos nacidos desde la administración central: recordemos que la propia Bachelet vio crecer su liderazgo en los gabinetes del presidente Ricardo Lagos.

La dupla Peñailillo-Arenas, en Interior y Hacienda, que son dos ministerios claves, tuvo una duración breve y de poco peso incluso para sus partidarios. En el caso de Hacienda, todos los ministros, desde Büchi hasta Felipe Larraín, pasando por Foxley, Aninat, Eyzaguirre y Velasco, tuvieron larga duración y eran de una extraordinaria preparación, cuestión que se vio interrumpida en este gobierno, que tuvo tres figuras en esta cartera tan importante.

– Cuando un estudiante le pregunte a un profesor de historia, ¿qué diferencia tuvo el primero con el segundo gobierno de Michelle Bachelet? ¿Qué debiera responder?

– A pesar de ser la misma presidenta, hay diferencias interesantes. La primera es el momento histórico: Bachelet I estaba cerrando una etapa histórica, la era de la Concertación, mientras Bachelet II es parte de un momento distinto, en que se vive una época de cambios, con el final del Chile de la transición, un proceso largo y decisivo, y una nueva etapa en esta segunda década del siglo XXI, que no acaba de nacer y cuya proyección no es clara todavía.

La segunda diferencia es la alianza de gobierno. La Concertación murió después de su derrota frente a Sebastián Piñera el 2010, y fue reemplazada por la Nueva Mayoría, que gobernó entre el 2010 y el 2014. Esta coalición tiene dos grandes diferencias con la anterior: una es de composición, al integrar al Partido Comunista en sus filas; la otra es de carácter ideológico y práctico, al tener posturas más radicales o de cambios más profundos, frente al gradualismo o búsqueda de los acuerdos que caracterizó a los años de la Concertación.

– ¿Cómo vislumbra el futuro de la Nueva Mayoría ahora como oposición? ¿Seguirá conformada de la misma manera, con una alianza política que parte en el PC y termina en la DC?

– La Nueva Mayoría dejó de existir, de hecho, mientras Chile Vamos y el Frente Amplio vivían su proceso de primarias. En esa etapa los partidos de gobierno levantaron dos candidaturas, de Carolina Goic y Alejandro Guillier, cuyas agrupaciones asumieron distintos nombres. La reunión eventual para la segunda vuelta no restableció el acuerdo programático y político del 2013. En estos momentos se vive una situación de exploración sobre el futuro, que lleva al Partido Comunista a plantear una alianza amplia, desde la DC hasta el Frente Amplio, mientras otros observan -todavía sin acostumbrarse a la derrota- para ver qué harán en sus partidos y luego en sus alianzas.

Hacia el futuro hay que ponderar adecuadamente dos cosas. La primera es que habrá sectores o personas dentro de la nueva oposición que, por patriotismo o por situaciones coyunturales, llegará a acuerdos con el gobierno de Sebastián Piñera, lo que junto con permitir avances generará roces en la izquierda. La segunda se refiere al crecimiento del Frente Amplio, que no debe mirarse como una circunstancia pasajera, porque se trata de un proyecto político serio, con ambición de poder y que ha logrado un éxito relativo en la última elección parlamentaria, y un excelente e imprevisto número de votos en la presidencial.

– ¿Cree que la Nueva Mayoría  con sus reformas estructurales, logró imponer esa idea refundacional del país? ¿Va a quedar marcado en la historia de Chile?, ¿se impuso la retroexcavadora?

– La retroexcavadora terminó siendo más un símbolo y un lastre para el gobierno, que un proceso real. El cambio radical es lo propio de las revoluciones, y si bien mentalmente algunos procuraban vivir una revolución, en los hechos hubo cambios importantes pero no revolucionarios: la reforma tributaria significa más impuestos, hace crecer al Estado -ocurrió muchas veces durante el siglo XX- y afecta al desarrollo económico, pero no altera el sistema de propiedad ni otros factores relevantes del sistema económico; la reforma educacional potenció la presencia estatal en los distintos niveles, pero sigue habiendo un sistema de provisión mixta y las preferencias de los padres y estudiantes son plurales, no las puede decidir un burócrata. Otros aspectos fueron meramente discursivos, pero no se han traducido en cambios estructurales, si miramos el sistema de pensiones, por ejemplo, o el proceso constituyente, que no pasó de reuniones ciudadanas con escasa participación, pero que no se tradujo en una transformación institucional.

– La Concertación ya forma parte de la historia contemporánea de Chile ¿Cómo será valorada la Nueva Mayoría desde el punto de vista histórico?

– Es difícil saberlo, aunque depende de si se confirma la muerte de la Nueva Mayoría, que parece evidente pero que no se anuncia formalmente. Es probable que destaque más la presidenta Michelle Bachelet que su coalición, aunque ella tiene una dimensión que nadie ha dicho y que considero de la mayor importancia: fue una alianza que incorporó desde el primer momento al Partido Comunista, que fue parte y motor del gobierno hasta el último momento, con gran lealtad, y que termina de manera institucional y sin los traumas de sus dos anteriores presencias en La Moneda: con Gabriel González Videla (quien promulgó la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, que proscribió al PC) y con Salvador Allende (cuyo gobierno culminó con la intervención militar del 11 de septiembre). La situación actual prueba la solidez de la democracia chilena, mayor que la de otros momentos históricos.

– Al final, en la historia ¿qué va a primar en la figura de Michelle Bachelet? ¿su buena imagen internacional y su liderazgo durante su primer gobierno o la imagen que deja ahora al terminar su segundo mandato?

– Seguramente una combinación de los distintos factores. Ya es una mujer, y una Presidenta de la República, que pasó a la historia, eso es innegable. Lo que más puede perjudicar a Bachelet es que junto con la victoria de Piñera, este haga un buen gobierno y entregue la banda a una figura de sus filas y se inicie una era de gobiernos de centroderecha: con ello la Nueva Mayoría y el segundo gobierno de Bachelet serían un mero paréntesis histórico que daría paso a una verdadera originalidad en la historia nacional, como sería la continuidad de gobiernos de matriz de derecha.

– Michelle Bachelet, a partir de marzo ¿deja de ser un actor relevante en la política chilena? ¿o no? ¿Por qué?

Depende de ella. De partida, sigue siendo con distancia la líder con mayor relevancia en la izquierda, altura que solo comparte con Ricardo Lagos. Por otro lado, es evidente que después de la elección del 17 de diciembre la Nueva Mayoría jubiló a Alejandro Guillier, o bien este se retiró y no ejercerá como primus inter pares. Con ello hay un espacio que alguien debiera ocupar. Actualmente los líderes del Frente Amplio aparecen con más fuerza -Beatriz Sánchez, Gabriel Boric, Giorgio Jackson-, mientras la Nueva Mayoría, ex Concertación, vive una falta de liderazgos sorprendente, aunque ya se arrastra por años, si consideramos que desde la década de 1990 se repiten los nombres de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en las papeletas o en su presencia pública, con la sola excepción de Guillier. Por lo mismo, urgen nuevas figuras, aunque será muy difícil el proceso.

“La ciudadanía empoderada y con capacidad de decisión, resolvió de manera categórica que quería al propio Sebastián Piñera como Presidente de la República”

– ¿Por qué de un momento a otro ahora todos dicen que Chile cambió? – ¿Es real eso que la sociedad está más empoderada?

– Chile no cambió de un momento a otro, sino que vive procesos de transformaciones diferentes que se dan por décadas. El primero, bastante obvio, es desde la miseria y el subdesarrollo crónico a mediados del siglo XX hacia un modelo de progreso económico y social y con posibilidades ciertas de ser parte de los países desarrollados, como el que vivimos a comienzos del siglo XXI. No es casualidad que Chile ahora se mida con estándares OCDE, mientras antes de 1973 era otro de los casos de “desarrollo frustrado”, como lo llamó Aníbal Pinto, de América Latina, o que vivía una “crisis integral”, en palabras de Jorge Ahumada. El dinamismo del sistema económico de mercado y la consolidación de una economía del progreso cambiaron la forma de vida de Chile: si el programa de la Unidad Popular denunciaba que el 50% de los niños menores de 15 años padecía desnutrición, hoy el 50% de los niños de esa misma edad tendrán posibilidades de ir a la educación superior.

El segundo cambio claro se produjo desde el régimen militar a la democracia política. Después de 17 años sin elecciones, la democracia era una aspiración importante, en la que confluyeron el esfuerzo del propio gobierno de Pinochet, de la oposición a la dictadura y de la comunidad internacional. En marzo de 1990, con la llegada de Patricio Aylwin a La Moneda, comenzó la democracia chilena, que además tuvo éxito económico y social.

En la actualidad hay dos problemas asociados a cambios recientes, de carácter cultural y de expectativas sociales y políticas.

– De acuerdo a la premisa anterior, Piñera ¿recibirá otro Chile, muy distinto al que dejó en marzo de 2014?

– No es tan distinto en lo esencial, pero es un país cambiado políticamente. Lo más importante, en todo caso, es que el propio presidente Piñera será un hombre que a sus tradicionales habilidades de gestión -es previsible que habrá mayor crecimiento económico, más empleos y mejores salarios- está sumando una intuición política que no había mostrado en su primer periodo. Habrá que ver cómo conforma sus equipos, pero ya ha insinuado a los partidos que quiere algunos ministros o subsecretarios que estén dispuestos a ser candidatos después, lo que revertiría una falencia de su primer gobierno. Será interesante ver si logra una mayor diversidad social y de formación profesional -e incluso de origen institucional- de los cuadros políticos y directivos de la administración, que el 2010 era demasiado homogéneos y, por lo mismo, incapaces de leer las complejidades y las distintas tramas de la realidad social.

– ¿Piñera deberá gobernar tomando muy en cuenta los cambios de esta ciudadanía más empoderada?

– Ciertamente. Un buen gobernante toma en cuenta diversos elementos: la realidad del país que gobierna, en lo social y cultural, en lo político y económico, en la inserción internacional, en sus apoyos y en la oposición que tendrá. La ciudadanía es un actor relevante, las redes sociales crean y reproducen noticias y alteran la temperatura del mundo político. El presidente Piñera deberá ponderar las “demandas” ciudadanas, pero sin perder de vista una realidad que le es favorable y lo deja muy bien parado ante el futuro: la ciudadanía empoderada y con capacidad de decisión, resolvió de manera categórica que quería al propio Sebastián Piñera como Presidente de la República, para llevar adelante un programa de gobierno, organizar sus equipos y conducir lo que el candidato llamó los Tiempos Mejores. Esa es la mejor manifestación de apoyo político y social que puede recibir un gobernante, aunque ciertamente no es la única.

– ¿Es posible que veamos en los próximos cuatro años un pacto político nuevo, por ejemplo, entre la DC y la centro derecha?

– La política es muy dinámica y muchas veces impredecible. En el caso concreto de un pacto de la DC con la centro derecha, es casi inviable, en gran medida porque muchas de las figuras de la DC -entre ellas algunas que han asumido cargos parlamentarios- son política e ideológicamente de izquierda, además de tener una trayectoria asociados a ese mundo. Lo más probable, en caso de explorarse una posibilidad así, es que algunas figuras de la DC lleguen a acuerdos puntuales, legislativos por ejemplo, con el gobierno.

Al respecto hay figuras de la DC que tienen como matriz cultural el social cristianismo, que también existe en parte de la derecha, con lo cual habría un nexo natural, pero el peso de la historia ha llevado a una división larga entre ambos, y un acercamiento continuo de la Democracia Cristiana a grupos de izquierda, como los socialistas y radicales durante la Concertación, e incluso los comunistas en el último periodo.

– El segundo gobierno de MB, ¿fue un paréntesis entre los cuatro gobiernos de la Concertación+Piñera 1 y el futuro segundo gobierno de la centro derecha? ¿Comparte esa tesis? ¿por qué?

– Dicho así, resulta obvio que está entre dichos gobiernos. Como tema histórico más complejo, es imposible responder todavía, porque está sujeto a lo que pase en el futuro. Lo mismo se podría haber dicho de Piñera I, si hubiera ganado Guillier, por ejemplo, pero eso no ocurrió. ¿A quién entregará el gobierno Sebastián Piñera? Es un tema crucial. Y en parte de lo que ocurra en ese ámbito será la forma cómo se analice la historia de Bachelet II y de Piñera II.