“Más que pérdida de espíritu republicano de las autoridades, hay una minusvaloración de la fecha” en que se firmó el acta de Independencia, dice el académico. Asimismo, sostiene que “el verano conspira contra una eventual celebración mayor”.
Publicado el 14.02.2018
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Este lunes 12 de febrero se cumplieron 200 años desde que en 1818 se firmara el acta de Independencia de nuestro país. Pero la fecha pasó desapercibida para muchos. En medio de la crisis que atraviesa el gobierno por los coletazos de la “Operación Huracán” y con la Presidenta Michelle Bachelet y la mayoría de sus ministros de vacaciones, no hubo ningún acto relevante en la agenda del Ejecutivo para conmemorar el Bicentenario del que para muchos es el hito que dio inicio formal a nuestra vida independiente.

En conversación con “El Líbero”, Alejandro San Francisco dice que más que una pérdida del espíritu republicano de nuestras autoridades, lo que hay es una “minusvaloración de la fecha” por diferentes causas.

El historiador, que está a pocas semanas de lanzar el tercer y cuarto tomo del proyecto “Historia de Chile 1960-2010”, del Centro de Extensión y Estudios de la Universidad San Sebastián, sostiene que la Independencia es un proceso de largo aliento “que se podría decir que comienza con el Cabildo Abierto y la formación de la Junta de Gobierno, el 18 de septiembre de 1810, y culmina con la declaración de la Independencia de 1818. Pero entremedio hubo otros acontecimientos relevantes: el nacimiento de la prensa, la creación de instituciones como la Biblioteca Nacional o el Instituto Nacional, el primer Reglamento Constitucional Provisorio de 1812, el surgimiento de los emblemas nacionales y la revolución del lenguaje. La Independencia produjo, como señaló Simon Collier, el cambio ‘más cataclísmico’ de la historia de Chile. Es el contexto en el que hay que situar la discusión sobre las fechas y el origen de la Independencia, que debe ser entendida como un proceso más que como un día puntual”.

 – El 12 de febrero de 1541 se fundó Santiago y el 12 de febrero de 1818 se firmó el acta de Independencia de Chile. ¿Por qué no hacemos grandes celebraciones en esta fecha tan emblemática para el país?

– Efectivamente es una fecha clave en la historia de Chile. A esas dos razones habría que agregar el aniversario de la batalla de Chacabuco, del 12 de febrero de 1817. En todos los casos el verano chileno conspira contra una eventual celebración mayor, especialmente en la capital. Por otra parte, no deja de llamar la atención que las fechas simbolizan cosas distintas: la monarquía y el comienzo de su influencia en Chile en el primer caso; la Independencia respecto de la misma monarquía hispana en los otros eventos.

Sin duda Santiago y su municipalidad deben instalar con mayor fuerza la fecha de su fundación, con mayor razón cuando se acerca el cumplimiento del quinto Centenario, en poco más de dos décadas. Es algo que la actual administración de Felipe Alessandri podría dejar instalado desde ya, considerando cómo pasa el tiempo y que una conmemoración bien organizada requiere tiempo, inteligencia, recursos, socialización del proyecto.

En cuanto al 12 de febrero “republicano”, el mayor problema es que en la década de 1830 se determinó que el 18 de septiembre sería la fecha definitiva de celebración de la Independencia, en circunstancias de que durante mucho tiempo había existido una verdadera “pluralidad festiva”, como señala Paulina Peralta en Chile tiene fiesta, un libro muy valioso. La conmemoración de la Independencia incluía el 18 de septiembre, el 12 de febrero y también el 5 de abril, cuando se consolidó la victoria en Maipú, en 1818.

Personajes como Vicente Pérez Rosales preferían la celebración del 12 de febrero, argumentando que ningún otro tenía mejores títulos “que le hace merecedor del más justo y cumplido acatamiento del hombre chileno”. José Zapiola señalaba algo parecido en sus Recuerdos de treinta años.

– ¿Con los años se ha ido perdiendo el espíritu republicano por parte de las autoridades?

– Más que pérdida de espíritu republicano de las autoridades, hay una minusvaloración de la fecha. Me parece que los estudios históricos recientes y la discusión en la prensa permitirán mirar el asunto con mayor perspectiva y considerar otros procesos y otras fechas.

Este domingo apareció un reportaje en El Mercurio, que muestra un nuevo libro de Julio Retamal Ávila, Firmaron por la Independencia en 1817, que habla de esos “verdaderos héroes”, como les llama el autor, que promovieron la causa de la emancipación con su firma, sin fusiles, entre los cuales hay muchas mujeres. Esto no se destaca por desconocimiento, no por falta de espíritu republicano.

Habrá que ver en el futuro cómo las autoridades de Chile y de Santiago logran hacer más relevante la fecha del 12 de febrero. En alguna medida lo han hecho las autoridades de Concepción y Talca desde hace algunos años. Pero debemos considerar que también tendremos otra oportunidad el próximo 5 de abril, con el Bicentenario de la batalla de Maipú, y tantos otros acontecimientos, procesos y conceptos que vale la pena pensar y recordar, estudiar y conocer, y sin duda también conmemorar y hacer inteligibles.

– Para el Centenario de Chile se inauguraron decenas de obras que hoy son emblemáticas. Para celebrar el Bicentenario se creó una comisión con varios años de anticipación, pero finalmente no se llevaron a cabo grandes obras…

– Es verdad que hubo varias obras inauguradas para el Centenario y que el Bicentenario no tuvo el mismo lucimiento. Sin embargo, en esto siempre se pueden hacer comparaciones en los dos sentidos. El Bicentenario, lamentablemente, estuvo demasiado marcado por el terremoto del 27 de febrero de 2010; parece que este nuevo Bicentenario del 2018 no ha tenido una planificación adecuada, y lo más probable es que no veamos muchas obras.

Pero no debemos olvidar que el Centenario tuvo dos caras. Es verdad que hubo festejos y celebración, que fueron agotadoras e intensas, como narra magistralmente Carlos Morla Lynch en sus memorias sobre esas fiestas, y como ha recreado Soledad Reyes del Villar en un par de libros. Sin embargo, paralelamente es posible ver una gran crítica social en 1910, que se manifestó especialmente en el texto de Alejandro Venegas, el Dr. Valdés Cange, cuyo Sinceridad. Chile íntimo en 1910 fue un verdadero balde de agua fría contra el ánimo festivo; igual cosa se puede decir del texto de Luis Emilio Recabarren, Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana, que sostenía que con la independencia los pobres no tenían nada que celebrar, que sólo los ricos habían tenido ganancias después de 1810. Y otros autores poco antes o poco después tuvieron un mismo mensaje crítico, amargo, muy lejano a las fiestas del Centenario.

– Para muchos, este 12 de febrero debimos haber celebrado el verdadero Bicentenario de Chile. Para usted, ¿debió ser así?

– Me parece que lo mejor es tener una pluralidad de festividades y no una disputa inconducente. Hubo un Bicentenario el 2010, así como tenemos “bicentenarios” repetidos después de esas fechas: del Instituto Nacional, de la prensa chilena, de la Biblioteca Nacional, de la proclamación y jura de la Independencia este 12 de febrero, de la victoria de Maipú el próximo 5 de abril y una serie de otros acontecimientos.

Por lo mismo, lo mejor no es llorar por lo que no se hizo este 12 de febrero, sino pensar qué haremos en los próximos meses y años para recrear históricamente a Chile; para ser capaces de pensar a un país con dos siglos de vida republicana, pero con varios siglos más de trayectoria; para ser capaces de mirar a Chile no sólo en una dimensión “presentista”, sino con una proyección futura, pero anclados en un pasado que nos une, y que también nos ha dividido en diversas ocasiones.