En conversación con “El Líbero”, el académico de la Facultad de Gobierno de la UDD dice que “si bien pueden repetirse algunos nombres del primer gobierno”, también es importante que “haya un esfuerzo por renovación, por demostrar que el piñerismo no es sólo un grupo cerrado, sino que también hay un proyecto amplio donde caben distintas sensibilidades”.
Publicado el 19.02.2018
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A menos de un mes de que Sebastián Piñera inicie su segundo gobierno, la definición de nombres para subsecretarios está cada vez más avanzada, por lo que la próxima semana podría haber noticias.

En conversación con “El Líbero”, el académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Gonzalo Müller, analiza qué características deberían tener los nombres, los desafíos del próximo Mandatario y el escenario político actual.

– Los nombres de los ministros que asumirán el próximo 11 de marzo están sobre la mesa. ¿Cómo debe ser el perfil de los subsecretarios que los acompañen?

– El puzzle de las subsecretarías es más complejo aún que el de los ministerios. Así como en los ministerios se notó mucho la personalidad del Presidente, de elegir a hombres que les fueran cercanos, leales, que tuvieran que ver con su campaña, con lo que fue su primera mandato, en las subsecretarías va a tener que compensar pensando en que quizás no todos van a tener que provenir del riñón del piñerismo, sino que van a tener que hacerse cargo de realidades distintas, de otras sensibilidades. Va a ser importante de que en las subsecretarías haya señales de mayor diversidad, que si bien pueden repetirse algunos nombres del primer gobierno, haya un esfuerzo por renovación, por demostrar que el piñerismo no es sólo un grupo cerrado, sino que también hay un proyecto amplio donde caben distintas sensibilidades.

– ¿Qué pasa con las propuestas de los partidos de Chile Vamos?

Si los partidos están esperando compensaciones de subsecretarios están equivocados, no es el ángulo correcto. Lo que sí uno debería esperar es que ellos tuvieran una mejor oferta y más influencia de la que tuvieron a nivel de ministerios, y que no repitieran los mismos errores.

– ¿Cuál debería ser el sello de este primer año de gobierno de Sebastián Piñera?

– Pienso que de alguna manera se le va a medir por la situación económica. No por la macro, sino que por la microeconomía. En el fondo, que las personas sientan que hay una mejora sustantiva en la calidad de vida que están teniendo, y en su propia situación económica. Eso se mide en la calidad del empleo, en mayores oportunidades de trabajo, y sin duda en un alza en las remuneraciones. Pero además, una de las claves para el primer año, y de la puesta a prueba de este equipo -porque uno está leyendo que detrás de las definiciones que ha tomado el Presidente Piñera en el gabinete y en los subsecretarios hay una idea de lo que quiere lograr en su gobierno-, es la meta de plantearse un gobierno de ocho años, donde los primeros cuatro esté el Presidente Piñera, pero que se proyecte hacia un segundo mandato necesariamente. Yo creo que ese esfuerzo le puede dar consistencia no sólo a su gobierno, sino que también a la coalición. Mientras haya valor al interior de la coalición, va a haber mayor orden y esos son activos que hoy día en una política chilena fragmentada van a ser valores muy importantes para la ciudadanía. Que la coalición logre ofrecer orden y gobernabilidad, sin duda va a tener una ventaja frente al resto del sistema político más fragmentado y quebrado.

– Considerando que Chile Vamos no tiene mayoría en el Congreso, ¿cuáles serán los espacios para llegar a acuerdos con la oposición?

– Va a tener que haber un contraste, pienso que el país no resiste otro frenesí legislativo, como fueron los últimos cuatro años. Además que eso no tiene un correlato con lo que fue la elección, porque este no es un país que hay que hacer de nuevo, eso fue lo que dijeron los chilenos, sino que quieren que las cosas funcionen. En eso, el Presidente Sebastián Piñera tiene una ventaja, que en gran medida explica el resultado final, ese gran apoyo que recibió es porque los chilenos creen que él puede hacer que el país funcione. Eso significa que funcione para los chilenos, no para las élites políticas ni empresariales, sino que para los ciudadanos. Creo que ahí está puesta la energía, y por eso que los indicadores -más que las tasas de inversión, que son muy importantes-, van a ser las tasas de creación de empleos y las mejoras de remuneraciones. Para mí esos serán los puntos más sensibles que van a estar mirando los chilenos para ver si se cumplen o no las promesas de un mejor desempeño económico.

– ¿Pero cómo se legisla sin mayoría? ¿Con quién se puede llegar a acuerdos?

– El gobierno de Sebastián Piñera va a tener que elegir muy bien las reformas que quiere impulsar y si su sello va a ser el de la unidad, creo que va a tener que optar por aquellas donde hay mayor consenso para avanzar. Por eso hay una correcta lectura del futuro ministro del Interior, Andrés Chadwick, cuando habla de prioridades en temas como el Sename -donde sí hay consenso amplio-, en temas de inteligencia en el área de Carabineros donde ya hay un camino avanzado y una coincidencia transversal. Esto le puede permitir al gobierno de Sebastián Piñera sin contar con mayorías propias, sí contar con mayoría en el Parlamento de diputados y senadores que estén dispuestos a darle prioridad a esos temas.

Mapa político

– Tras las elecciones y con nuevos parlamentarios electos. ¿Cómo se vislumbra el nuevo escenario político?

– Hay dos sectores que están haciendo apuestas bastante arriesgadas, pero que tienen sentido político de futuro. Primero, los que apuestan a que la social democracia, la centroizquierda o lo que alguna vez fue la Concertación, se va a caer a pedazos, entonces quieren reemplazarla con una oferta distinta, y ese es el Frente Amplio. Y por otro lado, desde la centroderecha hay sectores que se sienten más cercanos a la social democracia y que están apostando a que la DC se va a quebrar y que es necesario empezar a tender puentes para recibir a sectores de esa DC desmembrada. Ambas apuestas tienen sentido político, pero todavía hay incertidumbre, ya que lo que queda de la Nueva Mayoría -aunque esté en ruinas-, es mucho más grande que el Frente Amplio políticamente hablando, ellos todavía tienen que demostrar que son capaces de desplegarse en todo el país, de tener un discurso maduro y ofrecer gobernabilidad. Que si bien para ellos son tareas pendientes, no lo son para la social democracia o centroizquierda.

– ¿Se puede configurar de nuevo la centroizquierda, o de acá a unos años será el centro por una parte y la izquierda por otra?

– La eterna duda será si se va a recomponer alguna expresión alternativa, una cuarta fuerza alternativa a Chile Vamos. Ahora, mientras Chile Vamos sea exitoso va a ser muy difícil que haya una fuerza alternativa, ya sea por la derecha o por el centro. En el caso de la Nueva Mayoría ya hay fuertes lazos de tratar de cooptar a lo que es el Frente Amplio. Así como el FA apuesta a reemplazar a la NM, ya hay sectores de la NM que están tratando de tener un entendimiento y que ven que quizás en el futuro no es una locura que el FA se pueda quebrar y un sector forme un nuevo referente de centroizquierda junto a lo que fue la NM y lo que pudiera ser Revolución Democrática, o el Movimiento Autonomista.

Gobierno de Bachelet

– ¿Cómo cree que se está cerrando el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, y cómo le afecta la crisis de la Operación Huracán?

– La Operación Huracán vino a ser un catalizador de lo que ha sido una debilidad permanente de este gobierno. Su incapacidad de reacción y su falta de coordinación política, han sido elementos que han estado siempre afectando al gabinete. De hecho, provocó al menos dos cambios de ministro del Interior. Resulta que hacia el final, fue a golpear al único que había hecho un esfuerzo consistente por darle conducción política y mayor credibilidad al gobierno que era el subsecretario Mahmud Aleuy, que más allá de su silencio, es uno de los grandes dañados de la Operación Huracán.

– En términos generales, a 20 días de que termine el gobierno, cuáles son las lecciones del cierre.

– Una de las lecciones, es que este gobierno estaba preparado sólo para hacer un mandato. Por eso hubo mucha premura en las reforma e insistencia en que se aprobaran -incluso a veces de manera incompleta, sin gran discusión en algunos temas-, porque este gobierno empezaba el 11 de marzo de 2014 y se terminaba el 11 de marzo de 2018 independiente del resultado de las elecciones. Esa es la sensación que queda, de un gobierno que lo único que le interesaba era llevar adelante lo que sentía era su misión, su programa, y sin ninguna empatía con los partidos que le daban soporte, ni con la coalición que formó para llegar al gobierno que de alguna manera muere también, y tampoco ninguna empatía con su sector político. Se siente la orfandad en general, la falta de liderazgo, de proyecto y de convicción hacia el futuro.

– ¿Cómo queda la imagen de la Presidenta Michelle Bachelet una vez terminado su gobierno?

– Es una imagen muy polarizada. Para sus incondicionales es un gobierno histórico, para la gran mayoría de los chilenos un mal gobierno que se olvidó de las personas, de la calidad de vida, de que la gestión tiene que tener resultados y un impacto directo en la vida de las personas, y eso fue lo que finalmente terminó por sacarlos del gobierno. La gente dijo que está bien la buena intención en algunas reformas, pero al final los resultados no acompañaron ni tampoco estuvieron a la altura de las expectativas.