En exclusiva para "El Líbero", el empresario y apasionado fotógrafo Allan Boher viajó hasta la región de Atacama para registrar con su lente este mágico fenómeno.
Publicado el 31.10.2015
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Árido, agreste, lunar… y también florido

Es el desierto más seco del planeta que impacta con su paisaje de volcanes, salares y aguas termales. Pero cada tanto -sólo cada tanto y como si de magia se tratara- el Desierto de Atacama se convierte también en un inmenso tapiz de flores que impregna la costa entre Copiapó y Vallenar de inusuales aromas e intensos colores.

En el suelo de nuestro desierto y a ocho horas de Santiago existe un banco de semillas y bulbos naturales que se mantienen en estado de latencia durante años a la espera de las condiciones que les permitan cobrar vida: abundantes lluvias y ausencia de heladas. Cuando esto ocurre, como ha sucedido este año y con la mayor intensidad que se registra desde 1997, se despierta el fenómeno llamado desierto florido que consiste en la aparición de unas doscientas veinte especies de flores –junto con la consecuente proliferación de aves, insectos y lagartos pequeños– entre los meses de septiembre y noviembre de aquellos esporádicos años. Las principales especies florales que atesora nuestro suelo son la añañuca, la nolana, la garra de león y la pata de guanaco. A su vez las precipitaciones por encima del rango normal están relacionadas con El Niño, evento meteorológico que ocasiona sobrecalentamiento de las corrientes marinas del litoral chileno alterando el patrón de lluvias.

Hasta allí viajó en exclusiva para “El Líbero” el empresario y apasionado fotógrafo chileno-alemán Allan Boher, para registrar con su lente el desierto más florido de los últimos dieciocho años, siempre fiel a su idea que “las fotografías más bellas son aquellas que te generan recuerdos incluso si no los has vivido”. Nada más adecuado para quienes no han viajado a deslumbrarse con esta maravilla que nos regala nuestra tierra.

Eleonora Urrutia

IMÁGENES: ALLAN BOHER

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