En una carta abierta enviada a "El Líbero", los líderes de cinco casas de estudio privadas e incluso una estatal señalan que el debate debe centrarse en la calidad, cambios en el sistema de acreditación, extensión de las carreras y en el fortalecimiento de la educación preescolar y escolar.
Publicado el 05.01.2016
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Carta abierta por reforma educacional

“Luego de siete meses de anuncios que iban y venían en materia educacional, así como diversos cambios a la iniciativa -aproximadamente 18-,  culminó el controvertido proceso con un fallo del Tribunal Constitucional que fue percibido por el oficialismo como una resolución adversa. Sin embargo, y a pesar de todo, se logró aprobar la gratuidad para el 50% de estudiantes más vulnerables de nuestro país pertenecientes a las casas de estudio que integran el Cruch, y aquellas universidades privadas no tradicionales que opten por éste beneficio.

Junto a lo anterior se establece un aumento de las becas Nuevo Milenio para el segmento técnico, tanto de IP como CFT, con el compromiso de que, en el plazo de tres años, la gratuidad sería una realidad transversal y equitativa.

Si bien es cierto lo anterior constituye efectivamente un paso importante en pos de una reforma educacional más justa que todos los esquemas anteriormente presentados por el Ejecutivo, consideramos que nuestro país se encuentra en un momento clave en el sentido de poder generar una conversación a la altura de los desafíos de una sociedad del conocimiento en pleno Siglo XXI y que, hasta el momento, ciertamente, no se ha desarrollado ni se ha puesto -seriamente- en la discusión pública.

Resulta de imperiosa necesidad posicionar temáticas como la calidad, el acceso y el rol público de las instituciones en el debate y que éste vaya de frente y con altura de miras, que sea capaz de dejar de lado las consignas y los falsos eslóganes en función de los intereses superiores de nuestro país, y particularmente, de quienes más lo necesitan.

Para hablar de calidad requerimos, en primer término, aproximarnos a una política efectiva de mejoramiento de la educación parvularia, básica y media; a la realidad docente, generando y consolidando incentivos para que los buenos estudiantes opten por hacer de la enseñanza su profesión, otorgándoles la dignidad que merece su vocación.

Además, es menester analizar, seriamente, ciertos cambios en el sistema de acreditación, que es prácticamente el único mecanismo de control de calidad con que cuenta el Estado de Chile. El país debe dialogar efectivamente sobre la extensa duración de las carreras de nuestro sistema de educación superior, una nueva metodología de selección y un fortalecimiento de la calidad educativa  en los segmentos preescolar y escolar, cunas de la desigualdad y falta de oportunidades que tanto aquejan a nuestro país.

En relación al acceso, junto con fortalecer y fomentar los beneficios estudiantiles en el plano económico a aquellos alumnos que lo requieran, debemos avanzar hacia una discusión profunda sobre requisitos, posibilidades y oportunidades en atención al  acceso a la educación superior. Se debe potenciar, desde la educación escolar, la capacidad para que los estudiantes se sientan habilitados de decidir y discernir sobre cuáles son las áreas en las que se quieren desarrollar profesionalmente: técnica, matemática, ciencias, humanidades, arte, etcétera.

Tal como lo señalamos, deben ser incorporados nuevos elementos alternativos a la PSU, que permitan potenciar al máximo la capacidad de cada estudiante, bajo patrones de respeto y diversidad, que al final del día, permitan que cada persona pueda realizar su proyecto de vida bajo cánones ajenos a la estandarización de aptitudes y talentos.

Asimismo, el rol público también ocupa un lugar clave en esta discusión, por cuanto urge abandonar ese discurso que sólo reconoce el aporte educacional que proviene desde la esfera estatal, desconociendo el aporte que se gesta a través de la sociedad civil y la ciudadanía organizada. Requisito sine qua non para llevar adelante esta discusión, será entonces desprenderse de aquellos prejuicios y esquemas ideológicos que apunten hacia la generalización de determinadas problemáticas -tales como lucro-, y la caracterización del rol y los fines de ciertas casas de estudio.

La calidad no es monopolio del estado (y está demostrado), así como el rol público puede gestarse perfectamente en planteles cuya constitución y/o administración sean privados.

Una reforma educacional de carácter general, como la que aparentemente será presentada en el Congreso, y que no incorpore avance alguno en este tipo de materias, nos parecerá ineludiblemente, un severo paso en falso y una oportunidad histórica perdida; para nuestra sociedad en su conjunto y particularmente para miles de estudiantes vulnerables y sus familias que ven ésta iniciativa no sólo como un conjunto de medidas que pretenden mejorar sus condiciones y oportunidad, sino también, como la gran esperanza de un futuro mejor.”

 

Ervin Castillo, presidente Federación de Estudiantes de la U. de Talca 2016.

Vicente Chomon, presidente Federación de Estudiantes de la U. de Los Andes 2016.

Camilo Bastías, presidente Federación de Estudiantes de la U. de Las Américas, sede La Florida  2015-2016.

Carlos Vargas, presidente Federación de Estudiantes de la U. Finis Terrae 2016.

Tomás Sagües, presidente Federación de Estudiantes de la U. Finis Terrae 2015.

Sascha Hannig, presidenta Federación de Estudiantes de la U. Adolfo Ibáñez de Viña  2016.

Héctor Farías, presidente de la Federación de Estudiantes de la U. San Sebastián de Valdivia.

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO