Víctor Mijares, quien actualmente es profesor en Bogotá, explica que las actuales represiones tan fuertes que se viven en el país tras un mes de protestas, son el resultado de que el presidente sea "menos rico y mucho menos carimástico" que su antecesor Hugo Chávez Frías.
Publicado el 07.05.2017
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Especialista en derecho y política internacional y magíster en ciencias políticas. Venezolano, con intereses de investigación centrados análisis de política exterior y dinámicas e instituciones de seguridad regional, entre otros temas . Ese es el perfil de Víctor Mijares, quien durante más de cinco años ejerció como profesor asistente del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolívar -una de las más importantes del país- y que ha escrito más de cinco documentos en los que analiza la situación política, económica y social en su país, que actualmente se encuentra en crisis.

En marzo de este año el académico que ahora es profesor Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá ) de ramos como Política Exterior en América latina y el Caribe y Teoría de las Relaciones Internacionales, publicó un paper titulado “La resiliencia del autoritarismo venezolano”, en donde concluye: “La resiliencia del autoritarismo venezolano depende tanto de externalidades positivas como de capacidades largamente incubadas del chavismo, de allí su perdurabilidad en medio de la inestabilidad. Para este año debemos esperar un nuevo ciclo electoral que mostrará la versatibilidad del autoritarismo y permitirá extender en el tiempo la dominación chavista. La transición no aparece aún en el horizonte”.

En el mismo texto, el profesor que también es Investigador Asociado al GIGA German Institute of Global and Area Studies (Hamburgo, Alemania), explica detalladamente todos los movimientos que ha realizado Maduro para afianzarse a pesar del descontento que lo ha obligado a enfrentarse a fuertes marchas desde su llegada al poder en 2013 y que se encuentra en su momento más álgido ahora, tras un mes de marchas constantes y espontáneas. “La resistencia que demuestra el autoritarismo chavista en su etapa madurista, está asociada a la unificación que desde temprano se hiciera de las autoridades fiscales y monetarias, sustrayendo al Banco Central de Venezuela de su autonomía frente al poder ejecutivo. Esto le viene permitiendo al Maduro hacer ajustes macroeconómicos que, aunque aparentemente erráticos, configuran una economía de supervivencia en la que la sociedad empobrecida es cada vez más dependiente de los subsidios directos e indirectos del Estado. Asimismo, el control cambiario le ha dado al gobierno la posibilidad de dislocar a la moneda nacional, 5 el bolívar, del resto del mercado internacional de divisas, generando un aislamiento monetario que vuelve a poner al Estado, y en especial al gobierno nacional, en el centro del proceso decisorio económico, neutralizando cualquier posibilidad de acción autónoma por parte de pequeños, medianos y grandes empresarios y agentes económicos privados”, explica el politólogo.

—El sociólogo mexicano José Woldenberg en su ensayo “Política y Desesperanza”, dice que hay dos objetivos para la existencia de los sistemas democráticos. El primero es la coexistencia y competencia pacífica de la diversidad política y el segundo es dar la posibilidad de cambio de los gobernantes, sin que eso cuesta la vida o la sangre. Eso no se plantea así en Venezuela en estos momentos, ¿por qué cree que pasa?

—Estas condiciones no están planteadas en la Venezuela de hoy por la combinación de un factor estructural, inherente a la economía política del país, y otro coyuntural, propio del momento histórico actual. El primero es la naturaleza de Venezuela como un petro-estado, en los términos de la profesora Terry Lynn Karl, de Stanford University. Esto hace que la institucionalidad del Estado, y de la democracia venezolana, sea frágil en tanto el control de la renta está centralizado en los presidentes. El segundo factor es propio de la naturaleza del chavismo, que es una malgama de totalitarismo socialista de inspiración cubana, y del militarismo venezolano, históricamente proclive al mando político del país. El chavismo no es un movimiento que se plantee el rol de oposición, su vocación revolucionaria es genuina y la fusión Estado-partido (PSUV) es real. Esa compleja realidad es la razón que nos lleva hoy a la resistencia al cambio político pacífico.

— ¿Consideras que es este el peor momento o la peor crisis que está viviendo el chavismo? 

— Sólo hay otro momento comparable, y es, obviamente, 2002. En abril de aquel año el chavismo perdió brevemente el poder. Ello ocurrió luego de años de resistencia y protesta opositora. Tenía aquel chavismo menos experiencia y menor control militar, pero las variables macroeconómicas no estaban tan afectadas como ahora. Es difícil identificar un primer quiebre. Quizá eso corresponda más a los historiadores del futuro que a los politólogos del presente. El chavismo ha sufrido muchos reveses, pero hasta ahora ha logrado mantener el poder adaptándose a distintas circunstancias. Lo llamativo de la actual crisis es que en esta oportunidad ha tenido que apelar a la represión de forma más prolongada, y esto se debe a que está en lo que llamo su fase política post-carismática y económicamente deficitaria.

— ¿Qué cosas a favor y en contra tiene, para la mirada internacional, la convocatoria a la Asamblea Constituyente que hizo Maduro? 

— Se cree que Maduro quiere una constitución a su medida, es decir, una constitución plenamente autoritaria y comunal. Eso puede ser un objetivo ulterior. Pero de inmediato parece desear, más que una nueva constitución, la ausencia de cualquier constitución. La idea del poder constituyente es que los poderes constituidos quedan suspendidos. La supra-constitucionalidad implica la hiper-concentración del poder en una asamblea constituyente que, según las bases comiciales que se han presentado, estará constituida en su mayoría por miembros de organizaciones sociales chavistas. La idea es, en principio, establecer un estado de excepción indefinido. Y esto en un petro-estado es equivalente a legalizar una tiranía.

— ¿Qué peso tienen las palabras de la fiscal Luisa Ortega o de Luis Almagro (OEA) en el desarollo de la política en Venezuela?

— Ponen de relieve que hay fisuras en el chavismo (no es la primera vez que ocurre, pero siempre es llamativo), y que finalmente se ha identificado en el hemisferio al régimen venezolano como uno abiertamente autoritario (superlativa diferencia con Gaviria e Insulsa).

— Una de las grandes ofertas de Chávez era que aseguraba una democracia participativa ( y bastante protagónica), que iba a generar una supuesta sociedad civil nueva. Pero eso no pasó, el chavismo parece que tomó otra estructura con Maduro y de parte del oficialismo nadie parece reclamar o criticas. ¿Consideras que así?

— Maduro no es más autoritario que Chávez. Es menos rico y mucho menos carismático. Eso lo ha llevado a apelar a la represión de forma más severa y prolongada. A Maduro le tocó la peor etapa del chavismo y está cumpliendo con lo que ahora parece que siempre fue su misión: mantener al chavismo en el poder a toda costa.

— ¿Qué crees que implosionó el nivel tan delicado que vive Venezuela a nivel político, económico y social?

— La combinación de adicción al gasto público no productivo (para mantener el clientelismo político), la corrupción, y la caída de los precios del petróleo. Un petro-estado resiste hasta dos de esas tres condiciones al mismo tiempo, pero las tres en sincronía generan los efectos que estamos viendo desde mediados de 2014.

— ¿Crees que Maduro va a superar estas intensas protestas como lo hizo en 2014? ¿Qué podría pasar (o debería pasar) para que el proceso del país se encamine?

— Es imposible predecir el destino de Maduro en esta coyuntura. Lo cierto es que Venezuela requiere de una transición, pero las condiciones actuales, nacionales e internacionales, no la facilitan.

— ¿Qué consideras que pasarán con los presos como Braulio Jatar y Leopoldo López?

— Los presos políticos como López (o los comisarios de la Policía Metropolitana) sostienen la narrativa chavista del asedio y la conspiración contra la Revolución Bolivariana. Los presos como Jatar sirven de advertencia y modelan conductas en la oposición. No habrá razones para su liberación hasta que puedan servir para liberar presión y garantizar la supervivencia del régimen.