Especialista afirma que el proyecto de ley fortalecerá el poder negociador de los sindicatos, subirá los costos laborales de las empresas y hará más precario el empleo.
Publicado el 02.01.2015
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Michel Laurie, abogado y senior manager de la consulta internacional PwC, analiza para “El Líbero” la reforma laboral que firmó el martes la Presidenta Michelle Bachelet y que ha generado amplio debate en la opinión pública.

-¿En qué momento del mercado laboral llega esta reforma?

-Llega en  un momento que no es bueno, porque las cifras de creación de empleos no son buenas. Si uno mira las cifras generales de desempleo dadas a conocer esta semana, 6,1%, es un buen número, pero si las miras desde el punto de vista de los empleos creados durante el año, la verdad es que tal vez hubiera sido más cauto lanzar esta reforma esperando que hubiera un mayor dinamismo económico.

-¿Qué impacto puede tener lanzarla ahora?

-Este escenario económico fue considerado por la autoridad y, en razón de ello, lo que contempla el proyecto, una vez que se apruebe, es regir un año después, como una medida de gradualidad. Este proyecto no tiene ningún elemento que uno diga que va a ayudar a crear más empleo, sino que fortalece a los sindicatos y la negociación colectiva. Si sacamos la foto hoy, favorece a los trabajadores que tienen empleo y están sindicalizados.

-Pero la tasa de sindicalización en Chile es 15%.

-Así es. Si haces una mirada a la tasa histórica de sindicalización, la mayor fue en los primeros años del 70’ con 35%. Al principio de la dictadura prácticamente desaparecieron los sindicatos, y en los 80’ hubo 20%. Pero desde 1993 en adelante la tasa de sindicalización de todos los trabajadores ocupados no supera el 15%. Eso implica que este proyecto le pone la pelota en punto penal a los sindicatos para que hagan el gol. Si los sindicatos no logran afiliar más gente no sé qué otra cosa podría hacerlo. Soy bastante crítico de eso porque desde 1991 se han hecho varias modificaciones a la legislación laboral que han ido en la tendencia de fortalecer sindicatos y la negociación colectiva, pero las cifras de sindicalización se han mantenido bajas. En el país hay un millón de trabajadores sindicalizados que pertenecen a 11 mil sindicatos. La posibilidad de hacer sindicatos existe. El tema es que los trabajadores no quieren sindicalizarse, y eso en mi diagnóstico no es culpa de la ley, sino de los sindicatos que no han sabido interpretar al nuevo trabajador ciudadano, que está más informado y no es el típico trabajador de empresas extractivas y productiva sino de servicios. Esa desidia y falta de convencimiento no se le puede atribuir a la ley, así como tampoco se le puede atribuir un efecto mágico de que producto de esta ley la gente se va a sindicalizar más. Los sindicatos tienen que hacer una autocritica respecto de ese punto.

-¿En que favorece al mercado laboral fortalecer los sindicatos?

-Siempre existe una situación de poder de negociación que puede tener un trabajador, respecto de la empresa. Por lo tanto, desde el punto de vista de los trabajadores, fortalecer los sindicatos puede ser positivo, pero el tema es cómo se canaliza esto. No veo de qué forma este proyecto va a aumentar la empleabilidad de los trabajadores, va a aumentar el empleo, como dijo la ministra del Trabajo, no veo cómo llega a esa conclusión. No conozco estudios que nos lleven a esa conclusión.

-En su opinión, ¿cuáles son los aspectos más complejos de la reforma laboral?

El reemplazo en huelga. La justificación de la autoridad del Trabajo para incorporar esta medida es el cambio en la jurisprudencia de la Corte Suprema. Eso es parcialmente cierto porque el fallo fue recién hace un mes. Anteriormente, el criterio mayoritario había sido otro. Esa falta de reemplazo en huelga puede significar darle un poder de negociación tremendo al sindicato para poder conseguir sus fines. Y ello en algunos casos no es positivo. Por otra parte, para morigerar la falta de reemplazo en huelga se contempló la posibilidad de que el sindicato con la empresa acuerden servicios mínimos que va a cumplir la compañía, pero dice que lo tienen que acordar con el sindicato durante la negociación y eso es muy complejo.

-¿Qué otros aspectos son complejos?

-El piso mínimo de negociación, que obliga a la empresa a partir la negociación desde el piso mínimo del convenio anterior. Ello puede incorporar cierta complejidad porque la situación económica o del mercado puede ser muy distinta entre ambos períodos de negociación. Puede ser perjudicial. Otro punto es la eliminación de la facultad del empleador de extender los beneficios de la negociación colectiva a los que no están sindicalizados, lo que se traspasa al sindicato. Puede generar problemas jurídicos, respecto de si los beneficios que se dieron con anterioridad forman parte de su contrato de trabajo o son parte de la negociación colectiva.

-¿Esta reforma sube los costos laborales para las empresas?

-Es difícil  hacer una proyección hoy, pero los costos no van a disminuir. Uno esperaría que aumentando el poder de negociación de los sindicatos mejoren beneficios, y de esa manera se incremente el costo laboral para las compañías.

-¿Cuál podría ser el efecto en el desempleo?

– Contrariamente a lo que dice la ministra del Trabajo no veo cómo la reforma laboral aumentará el empleo. Al contrario, su tuviera una empresa sería mucho más cauto en contratar más gente. Buscaría probablemente alternativas de externalizar servicios. Podría hacer el empleo más precario.

-¿Qué temas debió incluir la reforma que no están?

-Hubiera esperado que se legislaran algunas medidas para fomentar el empleo en los  jóvenes y las mujeres. El plazo que transcurre entre que los jóvenes egresan y encuentran trabajo es muy grande, y eso trae externalidades como ahorrar menos para la pensión, depender más del sector público o ser carga de los padres. De eso el proyecto no contempla nada. Sólo se refirió al tema sindical.

-¿Qué destaca de la reforma?

-Es rescatable que los sindicatos puedan negociar la jornada de trabajo.