El año 2013 la entonces ministra de Salud, Helia Molina, desechó seguir con la construcción de hospitales vía concesiones porque costaría 63UF/ m2 . Sin embargo, según un estudio realizado por El Mercurio, el costo promedio de los 28 hospitales licitados por el gobierno tuvo un costo de 65,7UF/m2.
Publicado el 06.02.2018
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La construcción de hospitales ha sido una piedra en el zapato durante toda la administración de Michelle Bachelet, y vuelven hoy a estar en la palestra luego de que El Mercurio sostuviera que “el valor promedio de los hospitales licitados por el gobierno, tienen un costo superior al costo por el cual descartaron las concesiones”.

Esto, porque al inicio de este gobierno se desechó la posibilidad de construir los hospitales por vía de concesiones, ya que aseguraron que era más costoso. Así lo señaló la ministra de Salud, Helia Molina, cuando presentó el plan de inversiones del ministerio: “No hay duda de que construir vía sectorial sale más barato. Es más carga para el Estado, pero creemos que vale la pena y estamos dispuestos a jugárnosla”.

De hecho, en una presentación en la comisión de Salud de la Cámara de Diputados, el equipo del ministerio, dijo que un hospital construido con recursos sectoriales costaba 35, 4 UF/m2 y que el concesionado subía a 63 UF/m2. Sin embargo, el estudio sostiene que si se consideran los 28 establecimientos licitados por el Ministerio de Salud, en promedio tuvieron un costo de 67,5 UF/m2.

En conversación con “El Líbero”, el ex ministro de Salud del gobierno de Ricardo Lagos, y quien fuera pionero de las concesiones hospitalarias en Chile, Pedro García, dice que queda en evidencia que “fue una medida más bien de orden ideológico-voluntarista, más que una cosa técnica”.

– ¿Qué le parece que el valor promedio de los hospitales licitados haya sido superior al costo por el cual descartaron las concesiones?

– Esto da cuenta de una situación que se manifestó en su momento, y que ha sido avalada por diversos estudios, tanto de organismos privados como de algunos públicos que no están tan a la vista. La evaluación que hace El Mercurio tiene una falla metodológica porque no se pueden comparar hospitales pequeños y muy distantes como el de Cochrane y el de Futaleufú con hospitales más centrales, dado que los hospitales pequeños igual necesitan una cierta tecnología constructiva, que obliga a tener empresas de cierta experiencia que no están en esas ubicaciones y, por lo mismo, el costo de traslado de equipamiento y traslado de materiales, es más altos. Pero aún así la evidencia demuestra que es más conveniente el otro sistema tanto en tiempo como en precios. Ahora, en los costos todavía falta el componente más relevante que es el modelo de concesiones, que quiere decir tener todos los servicios incorporados, o algunos de ellos, sobre todo aquellos que hoy día están externalizados en la mayoría de los hospitales públicos de Chile, como aseo, guardias y otros. Al unificarlos bajo el mismo mandato, facilita y mejora la gestión propiamente tal del hospital, que es la gestión clínica, porque el director y los equipos profesionales se pueden dedicar más a las materias propias de su actividad.

– ¿Es el único costo que no contempla?

– También hay un tema de oportunidades, del costo alternativo del dinero, porque la concesión se empieza a pagar una vez que la obra ya fue entregada, no antes. Eso hace que se disponga de dinero líquido. Es una cosa que no es menor. Pero además, la concesión incorpora la mantención, por lo mismo uno puede suponer que quien construye bajo concesiones tiene más cuidados con la obra que realiza ya que después tiene que mantenerla. Entonces uno podría suponer, que va a poner buenos materiales, osea se va a asegurar de que las cañerías estén bien conectadas para que después no hayan filtraciones, o que las ventanas sean de buena calidad para que no se filtren, etc. Es evidente que vas a hacer una obra de muy buena calidad, porque si no te va a salir caro el otro negocio.

– ¿Se podrían concesionar todos los hospitales?

– No pueden haber concesiones en todos los hospitales. Entre los países que desarrollaron este método y que tienen experiencia en estas materias, como los ingleses, españoles, canadienses y muchos otros, está el concepto del valor del dinero, que quiere decir que hay que evaluar qué es lo más conveniente hacer, si es efectivamente la vía de concesiones o la vía tradicional. Esto, hace que nadie diga que uno está promoviendo un modelo u otro, sino que se utiliza el mejor modelo para el hospital o recinto que se está ocupando. O sea, yo dificulto que un hospital como Cochrane, o el de Futaleufu, o alguno pequeño o de regiones, que estaban ahí planteados, podrían haber sido hechos por la vía de las concesiones, pienso que eso habría sido extraordinariamente caro, pero en otros sí podría haber funcionado.

– ¿Qué conclusión saca una vez conocidos los costos que tuvo la construcción de los hospitales?

– En definitiva, lo que queda en evidencia es que la medida que se tomó al principio del gobierno por parte de la ministra Helia Molina, con aval de la Presidenta Michelle Bachelet, no tenía una sustentabilidad técnica adecuada y fue una medida de orden ideológico-voluntarista, más que una cosa técnica. Eso ha demorado la reposición y la construcción de nuevos hospitales, sobre todo en grandes urbes.

– ¿Dónde ve que es más crítica la situación de los hospitales?

– Lo más dramático es acá en Santiago, ya que está en una situación extraordinariamente delicada. Ha ocurrido que hospitales como el Sótero Del Río, el Barros Luco, El Salvador, y otros más pequeños, que se iban a construir ya sea por concesiones o por vía tradicional, se ha hecho muy poca inversión sobre ellos, entonces son hospitales que están muy frágiles, fuera de estar obsoletos en términos constructivos y de tecnologías, pero además de estándares que la población exige en calidad. Estamos en una situación muy apremiante acá en Santiago y hay una responsabilidad evidente por parte de quienes deciden defender la salud pública, y yo creo que no han hecho una buena defensa ni una buena promoción de ellos.

– Se dijo que esta medida evitaba el aumento de costos…

– No es la evidencia. Es muy importante de que se comparen peras con peras y manzanas con manzanas, no puedes comparar hospitales en una capital regional o capital provincial con hospitales que están al fin del mundo como el de Cochrane, o el de Futaleufú. Esta materia tiene que ser analizada con el máximo rigor porque son obras muy costosas, muy complejas, y a la vez extraordinariamente importantes y urgentes de ser hechas. Entonces, no se puede tomar a la ligera.

– ¿Cuáles son las medidas que se pueden tomar ahora?

– El futuro ministro es una persona bastante competente, tendría que hacer una evaluación muy acabada y rápida de la situación y ver cuál es la real dimensión de los procesos y en qué está cada uno de ellos. Lo otro que tiene que evaluar es cuáles son las verdaderas capacidades de esos nuevos hospitales -los que se han entregado y los que están por entregarse-, y su capacidad operativa, porque hay hospitales como el de Puerto Montt, Calama o Rancagua, que son enormes, pero que todavía tienen capacidad operativa muy grande. Entonces, ¿invertimos en más edificios o hacemos más operativos esos edificios?, y así mejoramos, por ejemplo, los sistemas de transporte de las personas. Acá no es sacarse fotos con más metros construidos, pero sin que esos metros estén operativos. Uno ve hoy día que hay una situación que es mucho más urgente que el costo de los hospitales -que de por sí es grave, porque se pueden estar dilapidando importantes recursos financieros en esto-, que es todo el manejo de recursos humanos. En el sector público es muy evidente que hay que renovar sistemas de contratación, sistemas de incentivo, hay que disminuir sistemas de ausentismo laboral, hay que hacer más productivo el sistema, más eficiente.

– ¿Cómo ve lo que pueda hacer el gobierno de Sebastián Piñera en la materia?

– Todo depende de cuánta fuerza y cuánta autonomía tenga el ministro para hacer un análisis técnico, más que político. Hay cosas que quedaron pendientes en el gobierno anterior de Piñera, como es el tema de la reforma de isapres, que no se resolvieron y que ahora lo tienen que hacer de alguna manera, porque es perjuicio no sólo para el mundo privado, sino también para el mundo público porque hay incentivos mal puestos en ambos lados. Este gobierno tiene las posibilidades, y para eso ojalá que esté con la disposición de conversar con mucha gente. Emilio Santelices al menos sí ha manifestado interés.

– ¿Cuál es su evaluación de la promesa hospitalaria del gobierno de 20/20/20?

– Pienso que es bueno ponerse expectativas ambiciosas, en cualquier cosa de la vida, pero cuando uno las hace tiene que tomar acciones para poder cumplir con eso. Entonces cuando uno ve que, por ejemplo, el modelo de inversiones del ministerio de Salud no se intervino, no hubo un aumento en sus capacidades técnicas y humanas, y no se mejoraron sus sistemas de control, era muy poco probable que eso se pudiera concretar, no se trataba sólo de buena voluntad. Y como digo, los hospitales que se han construido, son hospitales que son necesarios para las comunidades donde están. Quién va a negar que en Futaleufú y Cochrane, se necesite un hospital, pero lo que hay no es un hospital, no es lo que un imaginario común identifica como un hospital. Hospital son el Calvo Mackenna, el Salvador, Barros Luco, Concepción, Chillán, esos son los hospitales que se requieren y son urgentes, porque además los médicos -que es otra materia importante-, a veces son muy pocos. Los médicos que van a estar en un hospital grande necesitan estar con otros médicos para ir perfeccionando sus prácticas, ir aprendiendo e ir discutiendo los casos, que son complejos, y que cada vez son más. Para eso, se requieren esos hospitales grandes y para eso estamos al debe. El hospital San José en la zona norte está absolutamente superado, hay que hacer uno en la zona de Renca-Quilicura. El hospital del Salvador que se licitó hace cuatro años atrás, lleva 3%. Después, el Barros Luco aparentemente se va a construir, pero es un hospital fundamental, y el Sótero del Río tiene mucha demanda. Eso está mal. No se cumplió

– ¿Cómo cree que ha sido el desempeño en Salud de este gobierno que termina?

– Yo creo que ha sido muy malo. El ministerio tiene áreas que han sido más eficaces que otras, entre la Subsecretaría de Salud Pública y la de Redes Asistenciales, no hay duda sobre que la de Salud Pública ha hecho un poco más que la otra, aún cuando también hay cosas que pudieron haberse mejorado. Por ejemplo, las Seremis son fundamentales para el desarrollo económico de Chile, entonces tienen que tener mecanismos más eficientes de gestión para acelerar los modelos de inversión, asegurar de que se hagan bien las cosas, pero tienen que ser rápidos. En Redes Asistenciales, estamos mal, no han habido perfeccionamientos salvo mejorar rentas a través de bonos y cosas por el estilo, pero no han habido mejoras en términos de la gestión de recursos humanos que es el tema más relevante. Hay niveles de ausentismo y algunos vicios sobre estas sociedad profesionales que están trabajando en los hospitales, en vez de pagarles bien a los médicos que están en esa condición y que son médicos funcionarios. La Subsecretaría mal, con un sistema de deuda hospitalaria altísimo, pese a que se han aumentado los presupuestos en forma significativa. Es cierto que las complejidades de los pacientes son más altas, pero debiera haberse notado un aumento de productividad y de atención médica. Para qué decir el tema de las isapres, que sigue pendiente después de dos o tres comisiones, y que no sólo afecta al mundo privado, sino que al público. Este gobierno bajó el Sidra 2.0, y no se ha resuelto. Ahí de nuevo los ideologismos, ya que quisieron hacer un sistema de desarrollo indoor, de auto desarrollo poco menos que a nivel del ministerio, de materias donde hay empresas que tienen mucho mayor desarrollo. El ministerio tiene que hacer buenas exigencias, tiene que hacer bien la pedida, pero no tratar de desarrollar sistemas donde hay empresas nacionales e internacionales que ya tienen una expertise en la materia. Estamos atrasados.