De visita en Chile, Guillermo Lasso conversó con “El Líbero” y se refirió a su ex contrincante, Lenin Moreno, quien este miércoles asumió el mando de la nación: “Doy vuelta la página, pero dejo por escrito y consignado ante la historia que esa elección fue fraudulenta”.
Publicado el 26.05.2017
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El miércoles recién pasado, mientras Lenin Moreno asumía como Presidente de Ecuador, a la misma hora, su ex contrincante, Guillermo Lasso, viajaba hacia Chile invitado por la Fundación para el Progreso para realizar una gira de tres días, que culmina esta mañana con una conferencia junto al ex Presidente Sebastián Piñera.

La segunda vuelta presidencial en Ecuador, que debía elegir al sucesor de Rafael Correa, fue más que estrecha. Lenin Moreno, el llamado “delfín” del ahora ex Presidente, ganó el balotaje con el 51,15% de los votos, frente al 48,84% del candidato opositor. Un margen de 230 mil sufragios sobre un total de casi 10 millones de electores. Sin embargo, desde el momento mismo del conteo surgieron las dudas.

A casi dos meses de su derrota y en su primera entrevista ahora como líder de la oposición del nuevo gobierno de su país,  Guillermo Lasso señala a “El Líbero” que “más allá de que nosotros cuestionamos la legitimidad de esa elección, los hechos se imponen. Es un hecho que hoy el Presidente de Ecuador es Lenin Moreno”. Eso sí, agrega que “ahora él tiene la oportunidad de legitimarse desde el poder”.

– De acuerdo a sus palabras, ¿da por terminadas sus acusaciones de que esta elección fue irregular?

– Lo que estoy haciendo es dar vuelta la página, pero en la página anterior dejo por escrito y consignado ante la historia que esa elección fue fraudulenta.

– ¿Tiene pruebas de eso?

– Definitivamente. Y no sólo yo, sino que todos los ecuatorianos. En primer lugar existió una encuesta a boca de urna, una exit poll, que nos daba una ventaja de seis puntos. Además, los escrutinios de más o menos el 20% de la votación mantenían esa tendencia. Pero después sucedió lo del apagón y dejamos de ver en la televisión el conteo de los votos. 20 minutos después apareció escrutado el 80% donde había cambiado la tendencia y los resultados. Presentamos nuestras quejas ante los observadores internacionales de la OEA, ante el Consejo Nacional Electoral y finalmente ante el Tribunal Electoral, que se negó siquiera a conocer nuestra denuncia. Realmente a mí me tocó bailar con la más fea y eso significa competir con la cancha inclinada. Frente a un candidato que tenía el control de todas las instituciones del Estado y con unos abusos extremos impresionantes.

Pero yo doy vuelta la página porque uno no puede conducir la vida mirando el espejo retrovisor. Tengo que ver el parabrisas, seguir adelante. Y eso, en nuestro caso significa luchar permanentemente en la defensa de los valores democráticos y en los principios de la libertad.

– Usted obtuvo casi el 49% de los votos y eso lo convierte en la principal figura de oposición hoy en Ecuador. Con ese rol, ¿cuáles son sus expectativas?

– Estaremos activos en materia política. Tenemos un bloque en la Asamblea Nacional, junto con alianzas con otros partidos y movimientos, de 34 asambleístas. Es el segundo bloque más importante en el Parlamento. Nuestro movimiento político “Creo” ha crecido mucho y obviamente requiere consolidar esa capacidad, ese potencial, con un trabajo territorial. Personalmente trabajaré no sólo en el campo nacional recorriendo el Ecuador, sino que también lo haré en el campo internacional, como lo estoy haciendo ahora en Santiago de Chile.

– Este miércoles Lenin Moreno asumió el poder en su país y señaló que él va a ser el “Presidente del diálogo” ¿Usted cree que los ecuatorianos y la comunidad internacional, debieran esperar un cambio de estilo entre el nuevo Presidente de lo que realizó Rafael Correa?

– Me parece que es un paso importante, al menos mostrarse en la forma abierto a un diálogo. Porque en materia política, en un campo estrictamente democrático, el diálogo es un valor esencial, fundamental. Yo no me cierro al diálogo. Yo estoy dispuesto a dialogar por el bien de los ecuatorianos. Pero creo que ese diálogo no tiene que significar solamente un cambio de forma, sino un cambio de fondo. Por ejemplo, qué he dicho yo. El concepto de perseguidos políticos no convive con un demócrata o con una democracia. Yo le he pedido al licenciado Moreno que declare el indulto de todos los perseguidos políticos por el gobierno de Rafael Correa. Si él hace eso, sin duda alguna está tomando una decisión importante que generará confianza hacia un futuro diálogo.

Le he dicho también a Moreno y le he pedido que derogue la Ley de Comunicación, como una clara demostración de respeto a la libertad de expresión.  Si él hace eso, será también algo importante que facilitaría o tendería puentes para un diálogo.

– El hecho que en el parlamento la fuerza oficialista que hoy tiene Lenin Moreno y que hereda de Rafael Correa ya no tenga esa mayoría bastante amplia que le permitía hacer modificaciones constitucionales de todo tipo, ¿eso debiese mostrar un cambio de lo que puede viene para Ecuador en los próximos años?

– Sin duda que sí. Yo creo que es importante, pero claro, hay que saber administrar ese espacio en el parlamento, orientado a la defensa de ideas, de principios, y no de negociaciones coyunturales que toquen intereses ni sectoriales ni personales, sino que tenga relación con el interés general del país. Y es un paso hacia adelante que ha dado la oposición, ya que hoy el oficialismo ya no tiene esa mayoría para aprobar leyes orgánicas o reformas constitucionales, sin contar con la opinión o el voto de la oposición.

 – A usted le tocó vivir en carne propia y a enfrentarse a lo que se ha denominado el “socialismo del Siglo XXI” ¿Cuál es su opinión de esta fuerza política que además parece crecer hacia otros países del continente?

-Que de socialistas no tienen nada y de izquierda tampoco. Qué es un modelo totalitario, que busca el poder para sólo un partido político, que pretenden permanecer en el poder político eternamente y atropellan las instituciones democráticas, que abusan del poder, que manejan mal la economía, que despilfarran los recursos y que favorecen la impunidad en la corrupción. Y que en el campo social dejan mucho que desear, porque los programas sociales se apoyan en programas propagandísticos, más que en realidades que el pueblo pueda palpar a diario.