El sobrino del matrimonio Luchsinger-Mackay explica que la tardanza en la detención de las 11 personas imputadas en el crimen de sus tíos se debe a las redes de silencio con que operan los grupos que denomina como terroristas.
Publicado el 31.03.2016
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La familia Luchsinger siempre sospechó que había más gente involucrada en el brutal crimen que acabó con la vida de Werner Luchsinger y Vivianne Mackay la madrugada del 4 de enero de 2013. Sin embargo, se sorprendieron cuando este miércoles por la mañana se despertaron con la noticia de que 11 personas habían sido detenidas por la PDI.

Hasta ayer el único imputado por el ataque incendiario a la granja Lumahue -ubicada en Vilcún, región de La Araucanía– era el machi Celestino Córdova Tránsito, quien cumple condena de 18 años de presidio.

Ewald-Luchsinger-227x300“No teníamos ninguna información de que estaba ocurriendo un procedimiento de esta naturaleza”, comenta Ewald Luchsinger a “El Líbero“. Aunque el sobrino del fallecido matrimonio critica que el proceso ha sido lento, siente satisfacción por el avance y espera que “en este caso, que es una vergüenza nacional, se condene finalmente a los culpables”.

Tras la audiencia de formalización por delito de incendio con resultado de muerte con carácter terrorista, 10 imputados quedaron en prisión preventiva. Se trata de los comuneros: José Arturo Córdova (hermano de Celestino), José Tralcal Coche, Juan Tralcal Quidel, Luis Sergio Tralcal Quidel, Aurelio Catrilaf Parra, Hernán Catrilaf Llaupe, Sabino Catrilaf Quidel, Sergio Catrilaf Marilef, Eliseo Catrilaf Romero; y la machi Francisca Linconao, quien ya había sido formalizada en esta causa y posteriormente fue absuelta e incluso en ese entonces el Estado le pagó $ 30 millones por los perjuicios morales ocasionados por aquella detención. Mientras que José Manuel Peralino Huinca fue el único que quedó con arresto domiciliario total. Según los antecedentes que se dieron a conocer durante la jornada, éste habría sido quien declaró voluntariamente y confesó su participación en los hechos. El fiscal Cristián Paredes expresó durante la audiencia de formalización que el imputado dijo textualmente: “Queríamos quemar, pero yo no quería que los viejitos murieran“.

Ewald Luchsinger señala que si bien el proceso de investigación lleva más de tres años, esto se debe a varios factores, entre ellos, a que estos grupos funcionan con redes de apoyo y de silencio, y que también son círculos cerrados, porque en general son familiares. Además, agrega que aunque siempre se ha tratado de desvincular a las personas de origen mapuche en este tipo de hechos, ahora queda claro que están “involucradas hasta los huesos“.

¿Usted sabía que la PDI estaba trabajando en esta operación?

– No, fue una situación que me tomó completamente por sorpresa. Es evidente que siempre hubo sospechas que había gente del sector involucrada en los hechos, no obstante ello, no había ninguna información de un procedimiento de esta naturaleza.

¿Pensó que la investigación había llegado hasta la condena de Celestino Córdova? 

– Si uno piensa en los graves hechos ocurridos, con el asesinato del matrimonio Luchsinger-Mackay, esto no podía quedar solamente ahí. Afortunadamente las investigaciones han dado los primeros frutos y es de esperar que con este trabajo -que hasta aquí aparentemente tiene un buen fin y estamos contentos con ello- se acrediten responsabilidades y se aplique una condena ejemplar a los que resulten responsables. Ahora es el turno de la justicia. Este hecho tan grave no puede quedar en la impunidad.

– Han pasado más de tres años desde al asesinato de sus tíos… 

– Sin lugar a duda que estos son  hechos complejos. Entendemos que aquí hay redes de apoyo muy grandes y también hay redes de silencio. Aquí estamos hablando de células terroristas y por ello existen amenazas en el entorno inmediato, es muy difícil llegar a puerto cuando tú tienes un escenario como ese. Y eso ocurrió no solamente aquí, sino que en todos los hechos que se han ido dando como en las quemas, en las amenazas, etc. Además que esto cuenta con un apoyo transversal, con gente que está muy vinculada en todo sentido.

– ¿A qué se refiere con redes de silencio?

– Es lo que nosotros pudimos observar con el único condenado que hay (Celestino Córdova). Él no dijo ninguna palabra respecto de nada, se mantuvo en silencio y eso es lo que hace la gente involucrada en esto, no menciona a quienes participaron en los hechos. Todos estos grupos funcionan en el marco de relaciones familiares muy cercanas.

 Uno de los imputados es José Arturo Córdova, hermano de Celestino…

– Claro, y los demás son parientes. Si uno se da cuenta, de alguna manera se van replicando los mismos apellidos en los imputados y eso hace que sean vínculos muy cerrados.

– Lo que habría gatillado esta detención es la declaración de uno de lo imputados. Sin embargo, el hermano de éste, Alejandro Peralino, dijo que la PDI lo habría obligado a declarar bajo amenazas. Más allá de los trascendidos, ¿qué cree usted que motiva al “delator”?

– Yo puedo suponer que él pensó en los beneficios si es que él hablaba o a lo mejor no estaban tan involucrado como los demás, no obstante, ahora él se retracta. Eso era esperable, porque también debe estar recibiendo amenazas de toda índole, a su familia, a sus bienes.

– También está el caso de la machi Francisca Linconao…

– Ha trascendido que ella de alguna manera colaboró o participó directamente en el hecho. Esta situación debería irse vislumbrando en el Tribunal a través de todos los testigos que vayan durante el juicio. Es de esperar que quienes sean responsables sean condenados como corresponde y con condenas ejemplares.

– Luis Sergio Tralcal Quidel, otro de los formalizados, es sindicado como uno de los líderes de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM). A su juicio, ¿cree que tras lo ocurrido queda en evidencia la existencia del llamado conflicto indígena? 

– Siempre se ha desvinculado a personas que son mapuches en este tipo de hechos y yo creo que queda claro que eso es una realidad. Aquí hay personas de origen mapuche involucradas fuertemente en este asunto y que esto no sólo está radicado en situaciones delictuales comunes, sino que en hechos de alta connotación, de alta preparación, de porte de armas, de amenazas, de quemas y todo lo que nosotros conocemos. Y efectivamente queda claro que sí hay gente de origen mapuche involucrada hasta los huesos.

– Durante la audiencia el fiscal dijo que el imputado que declaró voluntariamente explicó que “queríamos quemar, pero yo no quería que los viejitos murieran”. ¿Cómo reacciona ante esta frase?

– Simplemente se trata de evitar responsabilidades e intentar disminuir la gravedad del hecho. Ahora lo que es concreto es lo que sucedió. Desde ningún punto de vista alguien va a visitar al vecino, le quema su casa, sus bienes, y lo agrede. Al final son palabras que para mí no tienen ninguna relevancia.

– El gobierno anunció que se sumará a las acciones de la Fiscalía e interpondrá una querella criminal. ¿Qué le parece el actuar desde el Ministerio del Interior? Muchas de las veces que han ocurrido hechos de violencia en La Araucanía La Moneda lo atribuye al robo de madera…

– El tema del robo de madera es sencillamente lo que se acuñó como un concepto para poder explicar la violencia en La Araucanía y salir airosos políticamente hablando, pero la verdad es que esto es mucho más que un robo de madera, eso es un refugio para explicar la violencia. Aquí nadie ha querido meterse en el área política y decir las cosas por su nombre. Aquí hay terrorismo y en eso hay que insistir. Es de esperar que el gobierno tome cartas en el asunto, a pesar de que yo siempre lo veo bastante tibio ante todo este tipo de situaciones y las querellas son más bien para la foto y no se les hace seguimiento en absoluto.

– ¿Cómo han sido estos tres años para su familia? Han sido víctimas de otros ataques incendiarios… 

– No sólo estos tres últimos años, estamos hablando de mucho tiempo más. Esto comenzó con la quema de una casa familiar en 2001 y ahí empieza este calvario que nos ha afectado como familia en todo sentido. De ahí en adelante esto va en aumento. Nos tocó participar del dolor directo de lo que significan los ataques incendiarios, pérdida patrimonial, efectos colaterales; y naturalmente son años duros y con mayor rigor después de la muerte de nuestros tíos. Uno no puede conformarse, pensar todos los días en lo mismo y decir qué es lo que está pasando en el país. La gente muere en esta región, se comenten actos tremendos y seguimos tal cual. Nadie se sorprende. Ya no tenemos capacidad de asombro. Espero que en este caso finalmente podamos llegar a tener una luz de esperanza, la justicia tarda pero llega.

– ¿Cuál es la reflexión que hace hoy?

– De alguna manera nos satisface el hecho de que a pesar de la lentitud de todos los procesos que han existido -y que todos han arrojado resultados negativos-, éste esté dando resultados positivos. Eso es una satisfacción. Pero tenemos que ser cautos y esperar el desenlace. Ojalá sea un proceso sin errores, impecable, y le deseamos lo mejor a la Fiscalía y a los jueces para que realmente en este caso, que es una vergüenza nacional, se condene finalmente a los culpables.