De los 10 países con la mejor calidad en la educación, solo uno (Alemania) tiene un sistema masivo de gratuidad, según una investigación de LyD. Las cifras también revelan que dicho mecanismo no implica mayor acceso y equidad, como promete la reforma ícono del gobierno.
Publicado el 01.11.2016
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El “combo” educación gratis y de calidad fue una de las principales ofertas que hizo la Presidenta Michelle Bachelet durante su campaña presidencial de 2013, y que busca cumplir con un ambicioso proyecto de ley que reforma de manera completa el sistema universitario, y que ha generado disímiles cuestionamientos.

La filosofía tras la gratuidad es que el modelo chileno está en crisis, que los países desarrollados ofrecen educación gratuita y que con ésta se logrará mejorar la equidad en el acceso a la universidad.

Sin embargo, un estudio del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD) concluye que “mientras en Chile se discute sobre avanzar en hacia la gratuidad de la educación superior, pareciera que el mundo va en la dirección contraria: la tendencia -dado el creciente costo de la educación superior y la mayor demanda por acceder a ella- ha sido avanzar hacia un financiamiento compartido entre el Estado y privados”.

En el caso de los modelos con gratuidad vigentes, la investigación constató que no necesariamente se relacionan con una mayor equidad en el acceso a educación, y que tal como sugieren organismos como la OCDE y el Banco Mundial, existen otros mecanismos de financiamiento, como los créditos contingentes al ingreso, que permiten cumplir de mejor forma los objetivos de equidad, sin descuidar la sostenibilidad del sistema de educación superior.

Países con educación gratuita no lideran ranking de calidad

LyD plantea que la educación gratuita no es la regla en el mundo ni en los países con mejores sistemas educativos.

Para fundamentar el punto señalan que el prestigioso ranking QS de educación superior 2016 está liderado por países anglosajones en cinco de los seis primeros puestos, y que Alemania es el único país dentro del top 10 en que una parte importante de la matrícula accede a la educación superior gratuita. La lista la encabezan EE.UU., Reino Unido, Alemania, Australia y Canadá.

También tienen buena ubicación los países asiáticos, como China (8vo), Corea del Sur (9no) y Japón (10mo), pero los países nórdicos, referentes en educación gratuita, se ubican más allá del lugar 10, con Suecia en el puesto 14, Finlandia en el 19, Dinamarca en el 23 y Noruega en el 32.

estudio-lyd-sobre-gratuidadEn cuanto al gasto y sus distintas fuentes, se observa que si bien no hay una sola fórmula, se suele requerir tanto del esfuerzo de los contribuyentes a través del Estado, como el aporte directo de privados y en particular de los alumnos, plantea el estudio.

En esa línea, la OCDE señala que permitir que una parte de los recursos provenga del cobro a los alumnos puede ayudar a elevar la competencia entre instituciones, mejorando con ello su capacidad para responder a las necesidades de los estudiantes.

“Llama la atención que la gratuidad se instalara como el modelo a seguir por nuestro país y la demonización que se ha hecho de los sistemas que, como el chileno, tienen una alta participación privada en el financiamiento de la educación terciaria. El aumento en la demanda y en los costos de la educación superior, y la consecutiva presión por elevar el gasto, han hecho que varios países en el mundo avancen hacia sistemas de costos compartidos entre el Estado y privados”, señala el informe de LyD.

La gratuidad no implica mayor acceso ni equidad

Una de las principales razones del gobierno para instaurar la gratuidad es que ésta podría contribuir con una mayor inclusión de jóvenes menos privilegiados, que no cuentan con recursos para costear altos aranceles.

estudio-lyd-sobre-gratuidad-arancelesEste argumento, sin embargo, no se sostiene al mirar lo que ocurre en sistemas que ya tienen ese beneficio. En Alemania, por ejemplo, la condición de origen familiar es de todas formas un factor que incide en la entrada a la universidad. Un hijo de una familia en que al menos uno de los padres tiene un título profesional tiene una probabilidad del 77% de asistir a la educación superior. En cambio, si los padres no tienen dichos estudios la tasa se desploma al 23%.

Además, los límites que la gratuidad impone al financiamiento de las instituciones se traducen en una restricción de cupos (especialmente en carreras más costosas), lo que ha llevado a que, en lugar de estudiar en su propio país, haya jóvenes que opten por irse donde sí se les permite pagar por su educación.

Tanto en Estados Unidos como en Dinamarca, dos extremos opuestos en términos del pago de aranceles, se encuentra que hay una relación positiva entre la situación socioeconómica familiar y la probabilidad de egresar de la educación superior. Del mismo modo, se encuentra que en Noruega y Dinamarca la distribución de alumnos en educación terciaria según el nivel educacional de sus padres, es similar al de Estados Unidos.

Pero así como no se observa una relación entre gratuidad y mayor equidad en el acceso a la educación superior, el cobro de aranceles a los estudiantes tampoco parece llevar a una mayor exclusión.

La OCDE  señala que un equilibrio entre altos aranceles y un sistema de ayudas estudiantiles en forma de becas y créditos contingentes al ingreso, constituye una buena forma de promover la equidad, mejorando el acceso, haciendo más eficiente el gasto público y reconociendo los beneficios privados que tiene la educación superior, señala la investigación de LyD.

El estudio concluye que “el límite que la gratuidad impone al crecimiento y diversidad de la matrícula puede llevar a jóvenes que habrían pagado por su educación a abandonar el país y estudiar en otras partes, donde sí hay espacio para ellos. Estos datos debieran tomarse en cuenta en nuestro país y hacer a los partidarios de la gratuidad aterrizar las expectativas en cuanto a la reforma que actualmente se discute en el Congreso”.