El vicepresidente del PS dice que "el mecanismo de financiamiento irregular de la política colapsó la gestión del ex ministro del Interior". También señala que junto a Ricardo Lagos y José Miguel Insulza, Isabel Allende es una “gran figura presidencial”.
Publicado el 13.06.2015
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Como presidente del Partido Socialista (PS) Camilo Escalona ocupó por varios años la oficina principal de la sede de la tienda. Hoy, a un mes y medio de haber sido derrotado en las elecciones internas, el ex senador se encuentra en proceso de mudanza a la pequeña oficina en el segundo piso del edificio de calle París, la que le corresponde por ser vicepresidente. Si bien en las murallas no hay nada, en el suelo esperan por ser colgados unos cuadros con la imagen de Salvador Allende y otros con momentos históricos del PS. “¿Le gusta mi oficina?”, pregunta.

En esta, su primera entrevista a un medio escrito desde que le tocó perder contra Isabel Allende, Escalona no se guarda nada. Cuestiona la lógica de la aplanadora, dice que en la Nueva Mayoría hay “caníbales” que han generado “la epidemia de atacar a los demás y alimentarse de los conflictos” y, respecto de las últimas dificultades que ha tenido que enfrentar el Gobierno, señala que no quiere parecer pitoniso, pero que los hechos le han dado la razón.

De las cartas que tiene el partido para las próximas elecciones presidenciales, el ex senador sorprende al sostener que las más nítidas son Ricardo Lagos, José Miguel Insulza y la mismísima Isabel Allende, con quien lleva años de desencuentros.

– ¿Cómo ve el cuadro político actual y los últimos episodios del Gobierno?

– No cabe duda que atravesamos por una etapa política con dificultades y el gran desafío es poder resolver estas dificultades que enfrenta el Gobierno. La principal es poder encontrar un punto de convergencia con el movimiento de los profesores para resolver las diferencias en el proyecto sobre carrera docente. Esto ayudaría enormemente para crear también un nuevo espacio de diálogo con el movimiento estudiantil, es decir, entiendo que hoy la tarea es encontrar soluciones a las demandas sociales más urgentes y estas están en la educación. La confluencia de profesores y estudiantes crean una situación de gran masividad que estando con la reforma educacional, aparece contra el gobierno, y esa es la gran paradoja. El Gobierno también quiere la reforma educacional, pero se ve distanciado de los sectores que impulsan esas transformaciones de la enseñanza. Es un terreno en que hay que eliminar esta paradoja y el Gobierno tiene que ser capaz de encontrar un lenguaje con ese sector.

– Y las medidas que se han tomado como el cambio de gabinete y la agenda de probidad, ¿tuvieron efecto para avanzar hacia este diálogo?

– El tema de las boletas clausuró el gabinete anterior. El mecanismo de financiamiento irregular de la política colapsó la gestión del ex ministro del Interior. Al mismo tiempo, creo que una manera de pensar las reformas como simultáneas e inmediatas también fue superada por los hechos. Esa manera de pensar fue reemplazada por una actitud nueva, un gabinete reflexivo que tiene como tarea encontrar las medidas que permitan hacer avanzar las reformas y superar las dificultades. Entonces era inevitable. En abril se hizo inevitable el cambio de gabinete y tenemos que tener conciencia que el nuevo gabinete necesita más tiempo todavía, necesita el espacio político necesario para poder asentarse y controlar la situación, no me apresuro a exigir resultados porque todavía sería muy prematuro. Esto, independientemente del affair del ex ministro Insunza.

– Usted fue uno de los más críticos con el Gobierno con el tema Caval y con el impulso de las reformas.

– No quisiera parecer como pitoniso, pero los hechos me han dado la razón.

– ¿Por qué?

– En el sentido de las revelaciones de que habían conversaciones, incluso se ha dado a conocer un texto con el propósito de crear un mecanismo de impunidad propia, me han dado la razón completamente. O sea, hubo personeros que pensaron en una situación de impunidad y creo que fueron derrotados dentro del Gobierno y eso se reflejó en el cambio de gabinete.

– Pero en menos de un mes renunció Inzunza, ¿se equivocó la Presidenta en su nombramiento? En la Nueva Mayoría acusan “desprolijidad” en este tema.

– No. En eso comparto lo que dijo la Presidenta. Un gobierno democrático no tiene por qué recurrir a mecanismos de un estado policial para saber antecedentes de la vida privada de diferentes personas. Entonces, se le pide al Gobierno algo impropio, que esté al tanto de asesorías que hacen las personas por separado, eso no puede ser posible. Vivimos en democracia y este es un defecto de la democracia, pero yo lo prefiero así a que tengamos organismos de inteligencia o a que se metan donde no se deben meter, que es opinar sobre quiénes van a ser ministros o no.

– Ante esta crisis de confianza y falta de popularidad en el Gobierno, ¿la Presidenta será capaz de impulsar el proyecto reformista del programa? ¿Está en condiciones de hacerlo?

– El Gobierno llevará a cabo las reformas para las cuales tenga mayoría. Se requiere no solamente el número de parlamentarios, se requiere también a la mayoría social. Por ejemplo, el Gobierno podría imponer la disciplina y votar el proyecto sobre carrera docente, pero no lo hace porque no es posible. Hay lamentablemente algunos parlamentarios que piensan que se puede pasar aplanadoras y votar los proyectos simplemente porque hay un número de parlamentarios que permitiría aprobarlos en su redacción original. Pero es imposible, eso nunca ocurre. Nunca un proyecto sale igual a como es su redacción inicial, de forma que yo insisto en que todas esas personas que recitan como lo hacían los chinos durante la revolución cultural de MAO, las tesis del “maoísmo”, como si fuera la última verdad revelada, están equivocadas. Las reformas se aprobarán en las medidas en que tengan una mayoría que las respalde. En democracia no es posible imponer.

– ¿Y existen esas mayorías?

– Hay que hacer el ejercicio. Por eso creo que la tarea principal del ministro de Educación es reabrir el diálogo con los profesores y los estudiantes. Hay que tener una actitud coherente con la afirmación anterior y eso significa que no se pueden imponer los conceptos de los gabinetes en la redacción de los diferentes proyectos. Se tiene que incorporar el sentimiento de la sociedad, eso es inevitable.

– Analistas como Patricio Navia han planteado la posibilidad de crear un gobierno de unidad nacional liderado por Ricardo Lagos como una forma de salir de la crisis actual. ¿Cuál es su impresión al respecto?

– Eso es una hipótesis golpista. Me parece impropia de un país democrático y republicano. Creo que cualquier insinuación en ese sentido es un error garrafal. La estabilidad democrática de Chile se mide en que tenemos un gobierno electo para cuatro años y la institucionalidad es suficientemente fuerte como para que este gobierno continúe con sus funciones. Esa manera de pensar yo no la comparto en lo más mínimo.

– Usted ahora es vicepresidente del PS, ¿cree que el Gobierno debiere tener otro trato con los partidos y mejorar la relación con su propio partido?

– Yo creo que es un camino que tiene dos direcciones, de ida y vuelta. Se necesita del gobierno mayor acogida a los partidos pero también los partidos se tienen que superar.

– ¿En qué sentido?

– Los partidos están totalmente parlamentarizados. No elaboran opiniones políticas propias y desde el punto de vida programático el aporte es francamente escaso, defienden sólo cuotas de poder, están absolutamente preocupados de quiénes van a tomar cargos y con esa manera de actuar los partidos no logran hacerse respetarse. Creo que los partidos políticos tienen que evolucionar muy profundamente para que sean respetados: el que no se respeta a sí mismo no puede pedir el respeto de los demás. Y ése es el gran drama que viven las fuerzas políticas. Imagínese usted el espectáculo que se ha dado, parlamentarios que reciben durante años un financiamiento que está expresamente vetado recibir. Las revelaciones del caso Martelli, mecanismos irregulares de financiamiento, creo que las exigencias son para todos, nadie se escapa de la necesidad de renovarse muy profundamente.

– ¿La Presidenta tampoco?

– La Presidenta deberá decidir un plan político del próximo período de acuerdo a la correlación que hoy hay en el país. Entonces la tarea de definir las prioridades le corresponde a la Presidenta.

– En ese sentido, ¿qué rol cumple el PS?

– El PS tiene que ayudar y colaborar al Gobierno y al mismo tiempo debe ser capaz de proyectar un trabajo que fortalezca la Nueva Mayoría y la proyecte más allá en el tiempo. Los gobiernos pasan, los partidos quedan. El PS tiene que pensar cómo superar las dificultades actuales, pero también cómo puede definir un programa constructivo para la sociedad chilena, que abarque lo que quede de este gobierno, pero que también incorpore las tareas que tiene que desarrollar un futuro gobierno, así que tiene que pensar más allá de lo inmediato, a largo plazo.

– ¿Y un político como José Miguel Insulza, qué papel debe tener? ¿Podría ingresar al gabinete?

– No creo que José Miguel ingrese al gabinete porque hay muchas personas que hablan en lo humano en contra de él. He visto muchas críticas hacia Insulza, mucha pequeñez, entonces si entrara al gabinete sería torpedeado desde nuestras propias filas. De forma que pienso que él debe mirar hacia delante. Nosotros tenemos tres grandes figuras presidenciales, Ricardo Lagos, José Miguel Insulza e Isabel Allende, y de una de ellas debe salir una candidatura única.

– ¿A qué se refiere con que Insulza sería “torpedeado” si ingresa al gabinete?

– Las críticas que le hicieron luego de dar a conocer su aspiración presidencial, cosa que todos tienen. Salieron de inmediato a atacarlo de manera desmedida. El propio Insunza definió este fenómeno, yo le he llamado canibalismo político, Insunza utilizó una palabra más científica, le ha llamado antropofagia.

– ¿Desde cuándo existe este “canibalismo político”?

– Desde hace mucho tiempo, hace varios años. Hay actores políticos que han generado como el sarampión, una epidemia. La epidemia de atacar a los demás y alimentarse de los conflictos. Nunca han propuesto ideas, sólo pugnas personales.

– ¿A quiénes se refiere?

– Todos sabemos quiénes son.

– A un mes y medio de las elecciones internas del PS, ¿ya realizó una reflexión sobre los eventuales factores que explicarían su derrota?

– Es muy pronto todavía para opinar de eso, esperemos algunos meses, no nos apresuremos.

– ¿Cuál será su rol desde la vicepresidencia?

– Yo voy a mantener mi propia opinión, que fue respaldada por un sector de militantes muy significativo. Hay personas que me han criticado muy ásperamente y tienen sólo el 1% de los votos, algunos tienen menos del 1% y se prodigan en ataques de tipo personal, no les voy a hacer caso, tengo una responsabilidad frente, a lo menos, tres octavos, nuestra lista representa cerca del 40% del total de la votación. De manera que mantendré mi condición de actor político, sin violar el respeto a la presidenta que encabeza la mesa.

 

FOTO: AGENCIA UNO