El historiador Alejandro San Francisco analiza y proyecta los comicios que se realizarán el domingo. Las encuestas pronostican un resultado similar a lo ocurrido en diciembre, cuando el Partido Popular fue el más votado pero no logró la mayoría necesaria para formar gobierno.
Publicado el 25.06.2016
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España vive las elecciones de gobierno más largas de su historia. Con un dato adicional: diferentes encuestas demuestran que los resultados serían bastante parecidos a los obtenidos por los diferentes candidatos y partidos el 20 de diciembre del 2015.

Estrictamente, habría algunos elementos de continuidad y también algunos cambios este domingo 26 de junio. Todo indica que el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy obtendrá nuevamente la primera mayoría, aunque una vez más no lograría conquistar más de la mitad del Congreso de los diputados, y su cifra estaría en torno a los 120 escaños. Por otra parte Ciudadanos aparece otra vez como la cuarta fuerza, a pesar de la valoración que ha tenido su líder Albert Rivera, tanto por su iniciativa política como por su comportamiento general en el proceso.

Los cambios más interesantes se pueden producir en la izquierda. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) obtuvo en diciembre el peor resultado en los últimos treinta y cinco años, y pese a ello tuvo la posibilidad de formar gobierno, aunque las negociaciones no prosperaron. En el caso de Podemos su objetivo era superar a los socialistas, como había confesado el líder Pablo Iglesias, aunque finalmente no lo logró. Sin perjuicio de ello, tuvo algunas ideas arriesgadas, como ofrecer gobierno a Pedro Sánchez, con una vicepresidencia para el propio Iglesias, lo que no fue considerado.

Sin embargo, la situación ahora es diferente. Diversas encuestas de opinión anticipan que este 26 de junio Unidos Podemos -la alianza de la izquierda más extrema- dará el “sorpasso” al PSOE, lo que es sin duda alguna la principal transformación política en la España democrática. El histórico partido de Felipe González quedaría en la compleja situación de tener que definir eventualmente quién gobernará España, y cualquiera de las dos alternativas -Rajoy e Iglesias- representa una derrota dolorosa.

La encuesta del Instituto DYM para El Confidencial otorga 29% al PP, 24,9% a Unidos Podemos, 21% al PSOE y 15,2% a Ciudadanos. En términos de representación el resultado sería en torno a 116-117 para el partido de Rajoy, unos 85-89 para el pacto dirigido por Iglesias, un cercano 81-82 para el conglomerado de Sánchez y 40 para Albert Rivera. Otras encuestas dan proyecciones relativamente similares. ¿Qué implica esto en términos de constitución del nuevo Congreso y formación de un gobierno para España? Significa que nuevamente habrá que acudir a los pactos, por omisión o bien mediante un acuerdo para gobernar.

Si ubicamos dos polos, la centroizquierda y la centroderecha, ninguno alcanza la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados, si bien Unidos Podemos más los socialistas y otros grupos pequeños se acercan a esa cifra. En cambio el PP junto a Ciudadanos lograrían en torno a los 160 escaños, lejos todavía de los 176 que son necesarios para tener la mayoría.

Sin embargo, lo que se juega este domingo no son meros cálculos matemáticos, sino algo mucho más importante y delicado: es el desarrollo efectivo de la democracia española en una situación inédita y que tiene algunos riesgos asociados. El primero, que algunos ya han mencionado aunque resulte una posibilidad indeseada, se refiere a la eventualidad de que no se logre formar gobierno y que España tenga que ir a unas ¡terceras elecciones! Sería materia fértil para análisis y estudios de politología, pero en ningún caso sería algo atractivo para la economía española y para su organización política. Si estas segundas elecciones resultaban necesarias para resolver el conflicto, repetirlas una vez más revelaría el fracaso de los líderes políticos, y su incapacidad para acordar la forma más adecuada para dar gobierno y estabilidad en las actuales circunstancias.

Pero también resulta riesgosa por la volatilidad del gobierno que resulte de estas elecciones, en caso de que se consolide alguna de las alternativas. La primera, una nueva administración del PP, aunque Mariano Rajoy ha señalado que, de repetirse los resultados -situación bastante probable- no se presentará a la investidura, con lo cual se volvería a fojas cero. Una posibilidad que estima conveniente es la idea de la “gran coalición” con el PSOE, que probablemente estaría más dispuesto en caso de quedar en tercer lugar en estos comicios. Habrá que ver.

Lo que todos sospechan, en realidad, es otra cosa. Quizá no se dice en voz alta, para que no se transforme en una profecía autocumplida: que se organice un gobierno en torno a Unidos Podemos, bajo el liderazgo de Pablo Iglesias. Sería toda una novedad. Hay legítima preocupación, a raíz de las diversas versiones que circulan sobre el origen ideológico de Iglesias y sus partidarios: algo de Marx, algo de Lenin, algo de Gramsci. Pero no se trata de un debate ideológico, ni de una discusión académica, sino de una elección política, y la competencia se da entre alternativas que han cumplido las normas constitucionales y legales, y en teoría cualquiera podría ejercer funciones de gobierno. Incluso Iglesias, si se dan las circunstancias. Y esa sí que sería una prueba interesante para la democracia española.

Un eventual gobierno de Unidos Podemos implicaría varios cambios en las políticas seguidas en España en la última década. Se trataría de una experiencia novedosa para una de las grandes potencias culturales y económicas del mundo. En América Latina ocurre muy seguido, con experiencias variopintas que tienen denominaciones distintas: populismo (palabra que no desdeña Iglesias en su significación política), socialismo del siglo XXI, revolución de algún tipo. Los resultados en general no son positivos, pero cada pueblo tiene su propia realidad y también liderazgos distintos e historia reciente con características propias.

En cualquiera de los casos, estamos a pocos días de acabar con los análisis preelectorales, y pasar derechamente a la realidad de formar gobierno, o de no lograrlo. De que continúe gobernando Rajoy y el PP o de que se produzca un cambio. Que prospere la idea de la gran coalición o que vuelva a fracasar prematuramente. Que gobierne Unidos Podemos, con resultados abiertos y los temores respectivos en el camino. O que haya nuevas elecciones y entremos en un camino cada vez más arduo, complejo y peligroso.

Alejandro San Francisco, historiador.