Alex Hund revela a “El Líbero” detalles de la reunión privada que sostuvo un grupo de habitantes de La Araucanía con el Sumo Pontífice en la casa de las Hermanas de la Santa Cruz.
Publicado el 20.01.2018
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Alex Hund (60) nació en Chile luego de que sus padres (padre alemán y madre suiza) llegaran al país. Ha estado toda su vida en el campo y hoy se dedica a dar soluciones hídricas con tecnologías alternativas a zonas rurales.

El ingeniero agrónomo fue una de las ocho personas que participó en el almuerzo privado con el Papa Francisco en la casa de las Hermanas de la Santa Cruz en Temuco.

En su calidad de colono suizo-alemán fue seleccionado por quienes organizaron la cita, que según cuenta Hund, buscaron personas que representaran a todos los mundos de la región de La Araucanía. “Querían que estuvieran presentes todos los puntos de vista de quienes viven en nuestra realidad sociocultural y económica, con un espíritu positivo frente a la vida y a la problemática actual, y que no estuvieran en la contingencia o apareciendo en los diarios constantemente”, dice.

Pero además explica que “a mí me llamaron y dijeron que estaban buscando a un representante de los colonos. Yo soy primera generación en Chile, nací en el campo, en una casa de colonos sin agua y sin luz, mis primeros años fueron en una escuela básica, rural, católica, donde el 80% eran mapuches; sigo trabajando con ellos 50 años después”.

Hund, quien hizo de interlocutor con la guardia papal para explicar la ausencia de tres de los invitados y que además se sentó a la derecha del Santo Padre en el almuerzo dice que el tema central durante el encuentro fue “lo que vive la novena región” en un ambiente distendido y con lenguaje coloquial. “Él vino a escucharnos a nosotros, quería saber cuál era la realidad que se vive en la zona”, cuenta.  

En conversación con “El Líbero”  relata los momentos y anécdotas que dejó la reunión con Francisco. “El encuentro me deja alegría, satisfacción, responsabilidad y compromiso. Además de la sabiduría y sencillez de parte del Papa”, dice.

¿Cuál fue la dinámica de la conversación?

– El almuerzo tuvo dos capítulos claros. Primero nos pidió que contáramos quiénes éramos y qué hacíamos. Entonces las ocho personas presentes -además de Monseñor Vargas-, hicimos una ronda general para presentarnos. Después, venía el relato de las experiencias de vida de cada uno de nosotros, respecto de lo que estamos viviendo en la Novena Región. Cada uno, desde su nicho, dio su mirada. En la mesa estaban representados todos los aspectos de la vida cotidiana del mundo rural, a partir de las personas, ya que había un pescador, una machi, un agricultor, una paramédico, una dama que trabaja para las comunidades al alero de la Iglesia Católica, pero que es víctima del conflicto mal llamado mapuche.

¿Cuáles fueron los principales mensajes que se le entregaron al Papa?

– Fue una conversación coloquial, ya que en la sala reinaba un ambiente muy espiritual, de confianza, amistad, muy lejos del conflicto. Todo muy natural. Cada uno de nosotros contó de forma espontánea lo que estaba viviendo o lo que estaba sufriendo, y su experiencia. La mayoría le pidió al Papa que rezara por ellos porque nadie de nosotros quería seguir viviendo y respirando este ambiente de conflicto, sino más bien seguir en paz, trabajando por el bienestar de esta tierra tan hermosa que se merece mucho más que lo que está viviendo.

– Alex Hund relata que uno de los testimonios fue el de Yessica Bascur, hija de Arzoindo y Rosenda, quienes han sido víctimas de cientos de ataques en la zona de Pidima. La misma Bascur señaló en Cooperativa que “le hablé (al Papa) del dolor, del sufrimiento que viven cada unas de las personas de la tercera edad. Son personas que pensaban vivir sus últimos días de vida tranquilos en un campo en donde sembramos, cosechamos y ahora no podemos hacer nada”.

El ingeniero recuerda que Bascur dijo que no quería que se repitiera lo que le sucedió a la familia Luchsinger, pero además que cuando entregó su testimonio contó que en la tierra “estaban las raíces de su familia” y que justamente de ahí se enganchó el Papa para decirle la importancia de que todas las familias conocieran sus raíces. “Siempre intentó tomar una palabra clave del interlocutor, fue muy astuto”, cuenta el colono.

– ¿Qué más les pidió?

– Pidió en varias ocasiones que rezaran por él porque son demasiadas las responsabilidades que tiene. También que fuéramos cuidadosos con la naturaleza, que nuestra madre tierra necesita ser respetada y cuidada. En ese sentido, hizo sentir que las leyes generales de la economía de mercado no necesariamente respetan a la madre tierra, entonces que nosotros tenemos que actuar de forma más cristiana y reconocer que, por ejemplo, mis derechos terminan donde empiezan los derechos de mi vecino. Eso significa, por ejemplo, que no debo ensuciar el agua que pasa por mi campo porque lo va a recibir mi vecino de más abajo.

– ¿Usted le contó al Papa que trabajaba con el agua y las energías alternativas? Para él ese es un tema importante…

– Sí, cuando le conté al Papa le pareció interesante. De hecho, después cuando la Machi que estaba presente contó que en su comunidad tienen muchos problemas con el agua asociándolo al consumo que hacen las grandes extensiones de bosque no nativo, él se dio vuelta hacia mí y me dijo medio al oído “ahí tiene trabajo usted”. Él estaba absolutamente concentrado en lo que decíamos, fue muy astuto. Tenía una habilidad afable, agradable de percibir y de experimentar. Astucia con espiritualidad. Siendo quien es, era el personaje más humilde que estaba en la sala. Ni siquiera se quiso sentar en la cabecera de la mesa, él no hace aspavientos de nada.

– ¿En general, cuál fue el mensaje central del Papa hacia los presentes?

– Él insistió en lo que dijo en la homilía de la misa sobre que la violencia no es el camino para solucionar problemas históricos, cualquier acto de violencia termina deslegitimizando la causa más noble, la termina transformando en una mentira. También que seamos respetuosos con la naturaleza, que no nos desarraigáramos, que sigamos apegados a la tierra, y por último, que no nos olvidáramos de los más desposeídos.

Pese a que Hund es colono, al igual que la familia Luchsinger, él dice que fue a la reunión en representación de “mi querido país, y de todos los hombres de buena voluntad, amigos del trabajo, de la alegría y del compromiso”.

– ¿Usted hizo de interlocutor con la guardia Papal?

– Hablamos en inglés, expliqué qué había pasado con las personas que no vinieron porque ellos estaban desconcertados de que no estuvieran ahí, pese a ser invitados. Me preocupé de ser transparente con la información que yo había recibido del rector de la Universidad Católica en la mañana de ese día cuando nos reunimos para ir todos juntos a la misa. No estuvo un inmigrante haitiano, que pese a que lo esperamos en el lugar donde fuimos convocados en la mañana, no llegó; también faltó una señora de la comunidad mapuche de Maquehue que había sido operada de urgencia la semana pasada, por lo que no se sintió capaz de asistir. Yo utilicé el puesto dispuesto para ella en la mesa, que era al lado del Papa Francisco. Y por último, un muchacho de la comunidad indígena de Boyeco que asistió junto a nosotros a la misa, pero que pidió ir al almuerzo con su hija, y eso estaba lejos del protocolo, por lo que él mismo tomó la opción de no participar, pese a que se le ofreció cuidar a la niña mientras se realizaba la cita. Cuando supieron que no venían estas personas una de las monjas del lugar comenzó a retirar los platos de los asistentes, y se estaba llevando el mío, entonces le dije ‘hermanita yo también almuerzo acá’ y ella -que era española-, me dijo ‘pues yo pensé que usted era de la guardia papal’. Claro, como yo también estaba vestido de terno negro y conversé con ellos en inglés, ella me confundió.