El ex secretario general del PS en el gobierno de Salvador Allende llegó el miércoles al ex Congreso e hizo guardia de honor a un costado del féretro del fallecido ex Mandatario de la DC. En la década de los 40 fueron grandes amigos y desde finales de los 60 sólo protagonizaron desencuentros.
Publicado el 23.04.2016
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“Yo diría que las actitudes demagógicas de Carlos Altamirano hicieron más daño a Salvador Allende que las posiciones que pueda haber tomado la DC. Él se esforzó por radicalizar el conflicto, y en eso, indudablemente, la víctima fue el gobierno (…). Sectores del PS, empezando por Altamirano, enturbiaban la convivencia nacional, la relación entre La Moneda y la oposición, y no ayudaban en nada al Presidente. Practicaron la política de choque y de hechos consumados, no cabe duda. El lema era ‘avanzar sin transar’. Nunca nos miraron como eventuales aliados. Para que triunfara el socialismo en Chile había que eliminar a la DC”. Al menos públicamente, esas fueron las últimas palabras que dedicó Patricio Aylwin a Carlos Altamirano. Fue en mayo de 2012, cuando en una entrevista con el diario El País de España, le consultaron por el libro del historiador Gabriel Salazar “Conversaciones con Carlos Altamirano”, en donde el ex secretario general del PS señalaba que la DC y el propio Aylwin habían tenido una responsabilidad histórica en el quiebre democrático de 1973.

Pero las críticas cruzadas, el intercambio de culpas y los roles antagonistas que a ambos les tocó jugar desde finales de la década de los 60 y principalmente en el gobierno de la UP, no impidieron que el miércoles Altamirano se levantara de su reposo y apareciera por el ex Congreso Nacional para dar el último adiós a Aylwin, sorprendiendo a muchos de los políticos presentes y a miles de chilenos que fueron testigos de sus desencuentros, y que veían incrédulos por televisión lo que estaba ocurriendo. Más de algún parlamentario llegó a comentar, medio en broma, medio en serio, que la simbólica visita daba para afirmar que con esto “se acabó la transición”, esa frase que por más de 15 años se ha repetido cada vez que ocurre un hito como este.

La hija del ex Presidente, Mariana Aylwin, también opinó de la inesperada visita. Dijo que “la presencia de Altamirano nos llamó mucho la atención. No sé qué pensar. Tal vez la muerte de mi padre fue un momento de unidad transversal”.

20 de Abril del 2016/SANTIAGO  El cuerpo del ex Presidente de la Republica, Patricio Aylwin llega hasta el Ex Congreso Nacional, en donde se realizara un velatorio masivo para todo el que quiera ir a despedirse. En la imagen Carlos Altamirano. FOTO:RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

Altamirano, que actualmente tiene 93 años, hizo guardia de honor al lado del féretro, conversó animadamente con varios de los presentes y, como muy pocas veces desde que volvió de su exilio en la RDA y en París a inicios de la década de los 90, habló con los medios de comunicación. Dijo que sentía “pena” por la muerte del ex presidente, que tuvieron “muchas diferencias, porque yo era muy peleador” y evitó referirse al legado del fallecido referente de la DC: “eso es meterse en aguas muy profundas”.

Pero el senador Andrés Zaldívar, con quien Altamirano también tuvo fuertes desencuentros en el pasado, desclasificó ese mismo miércoles la conversación privada que tuvo con el ex secretario general socialista, en la que hicieron un mea culpa y una suerte de repartija de culpas por el quiebre de la democracia: “Yo le dije que habíamos peleado tanto, y me dijo ‘yo era mucho más peleador que tú y más que Patricio, pero yo me equivoqué’. Yo lo miré y le dije que todos nos habíamos equivocado, y luego me dijo ‘yo me equivoqué más que ustedes’”.

El último encuentro entre ambos y los encontrones del pasado

01 de Abril de 2011  El ex Presidente, Patricio Aylwin (C), junto a Carlos Altamirano (D) y el Senador PS, Carlos Ominami (I), participan en la inauguración de la nueva casa de la Fundación Chile 21.  Foto: MARCELO SEGURA/AGENCIAUNO

La última vez que Aylwin y Altamirano coincidieron en una actividad pública fue en abril de 2011, en la inauguración de la sede del think tank Chile 21. El ex líder del PS vestía chaleco y un sombrero de paja y el ex presidente traje y corbata. El primero estaba sentado en una silla al final del salón y cuando Aylwin hizo ingreso a la actividad -acompañado del anfitrión Carlos Ominami-, lo divisó, se acercó y se dieron un efusivo apretón de manos que sacó aplausos de los asistentes (en la foto). Era la primera vez que se veían en muchos años y habían pasado pocos meses desde la publicación del libro en el que Altamirano le endosaba la culpa a él y su partido por el golpe.

Pero Aylwin y Altamirano no siempre fueron enemigos políticos. Mientras ambos estaban en la universidad, conformaron a mediados de la década del 40 un grupo de conversación junto a otras figuras que tendrían un futuro político estelar, como Clodomiro Almeyda, Felipe Herrera y Carlos Andrade. “En febrero de 1945 tuvimos una reunión de 10 días en el fundo de Clodomiro Almeyda. Todos los días nos reuníamos a conversar. Nos habíamos propuesto cambiar este país. La discusión era si entrábamos a la Falange o al Partido Socialista. Al final resolví y les dije: Yo, porque soy cristiano, debo entrar a la Falange; ustedes que tienen una formación más bien marxista deben entrar al Partido Socialista”, contó Aylwin en una entrevista que concedió a la periodista Mónica González en 1987 para la revista Análisis.

De ahí vendrían sólo desencuentros. En 1967, en pleno gobierno de Eduardo Frei Montalva y con Aylwin y Altamirano ya como senadores, el Partido Socialista realizó su recordado Congreso de Chillán, en el que se aprobó por unanimidad la opción de la vía armada para llegar al poder.

“El Partido Socialista, como organización marxista-leninista, plantea la toma del poder como objetivo estratégico a cumplir por esta generación, para instaurar un Estado Revolucionario que libere a Chile de la dependencia y del retraso económico y cultural e inicie la construcción del Socialismo. La violencia revolucionaria es inevitable y legítima. Resulta necesariamente del carácter represivo y armado del estado de clase. Constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y a su ulterior defensa y fortalecimiento. Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista. Las formas pacíficas o legales de lucha (reivindicativas, ideológicas, electorales, etc.) no conducen por sí mismas al poder”, señalaba parte de la resolución política del encuentro.

Y en enero de 1971, apenas dos meses después de que Salvador Allende arribara a La Moneda, la ofensiva del PS se agudizaría en su Congreso de La Serena. En la oportunidad se aprobó por unanimidad un voto político donde se fijaba como objetivo “aplastar la resistencia de los enemigos y convertir el proceso actual en una marcha irreversible hacia el socialismo”. Asimismo, el documento del PS, que en esos momentos ya tenía a Altamirano como secretario general, fustigaba a la DC: “En los momentos actuales, la burguesía se agrupa alrededor de la Democracia Cristiana y secundariamente alrededor del Partido Nacional y de la Democracia Radical. La llamada “izquierda de la democracia cristiana” con su permanencia en ese partido y con su indecisión, está sirviendo de biombo a la derecha y a los sectores reaccionarios que participan en la gran conjuración contra el gobierno del camarada Salvador Allende y contra los trabajadores. Sólo una política de transformaciones profundas y de aceleración creciente del proceso revolucionario obligará a una definición a los grupos de trabajadores democristianos”.

ac_00009_x_380La historia posterior ya es conocida. El 9 de septiembre de 1973 Carlos Altamirano pronunciaría su histórico discurso en el Estadio Chile (ver completo aquí) que muchos interpretaron como un llamado explícito a iniciar una guerra civil. “La conjura de la derecha —piensa nuestro partido— sólo puede ser aplastada con la fuerza invencible del pueblo unido a tropas, clases, suboficiales y oficiales leales al gobierno constituido”, dijo el secretario general del PS ese día.

Altamirano también tuvo palabras para el diálogo entre el gobierno y la DC para salvar la inestable situación del país, que tuvo como gran hito la reunión del 17 de agosto entre Allende y Patricio Aylwin en la casa del cardenal Raúl Silva Henríquez. “El golpe no se combate con diálogos. El golpe se aplasta con la fuerza de los trabajadores, con la fuerza del pueblo, con la organización de la clase obrera, con los comandos comunales, con los cordones industriales, con los consejos campesinos”, dijo en su discurso.

aylwin_y_allendeDos días después los militares se tomarían el poder y muchos, tanto en la oposición como en sus propias filas, culparían a Altamirano por el quiebre de la democracia. Aylwin, en tanto, justificaría el golpe: “Las Fuerzas Armadas simplemente se anticiparon para salvar al país de caer en una guerra civil o en una tiranía comunista”.

Años más tarde los dos asumirían parte de sus responsabilidades. En 1997 Aylwin dijo que “en esa época yo actué honradamente y de acuerdo a mi conciencia, pero reconozco que me equivoqué medio a medio. Siento mía la tragedia ocurrida en Chile, pero combatí con fiereza la dictadura y, así como me equivoqué yo, nos equivocamos muchos”.

En 2007, en tanto, Altamirano concedió una extensa entrevista al diario La Tercera, en donde se refirió a su discurso en el Estadio Chile y a su responsabilidad en el fracaso de la UP: “A Allende no le gustó el discurso, porque sintió que era muy crítico (…). Evidentemente tuve una alta cuota de responsabilidad, pero no soy el único. Yo ocupaba un cargo importante, era senador, secretario general del PS, amigo íntimo de Allende. Por ello mi cuota es superior a la de los otros. Pero si vamos a medir responsabilidades, uno puede preguntar: ¿Quién influía más, Richard Nixon dando la orden de ‘hacer aullar’ la economía chilena e interviniendo abiertamente en el proceso, o Carlos Altamirano, pigmeo en la tierra? (…). En mí se han centrado todos los fuegos. La única explicación para ello es que a través de la historia, en toda gran derrota se busca un chivo expiatorio. Por diversas causas, yo soy el chivo expiatorio ideal y perfecto tanto para la derecha como para la izquierda”.

Pero también dedicó palabras a Aylwin. “Él no tiene muchas disculpas y por ello se disculpa conmigo. La DC, hasta el año 2007 se ha negado a llegar a un acuerdo con el PC. ¡Hasta hoy mantiene su fijación en contra del comunismo y del PC! Entonces cómo se atreve alguien a decir ‘Mire, Carlos Altamirano obstaculizó, hace tres décadas…’. Yo entiendo que Patricio quiera liberarse de ciertas responsabilidades adjudicándomelas a mí, pero eran él y especialmente Eduardo Frei los decididos a no llegar a acuerdo con la UP. Las cartas entre Bernardo Leighton y Eduardo Frei relatan todas las circunstancias y ocasiones en que la DC se negó rotundamente a realizar un pacto con Salvador . ¿Por qué no decir francamente como Leighton?: ‘Mi camarada Eduardo Frei se oponía’”.

 

FOTO: AGENCIA UNO