"La balacera duró cerca de 10 minutos y ya con el incendio desatado, recién pude escapar", recuerda Álvaro Bernedo, a quien le quemaron su casa y su camioneta la madrugada del lunes, en su campo de Padre Las Casas. Vea también en esta nota un video del devastador incendio.
Publicado el 06.07.2016
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Era pasada la medianoche del domingo cuando el agricultor Álvaro Bernedo se despierta luego de escuchar un ruido en el living de su casa.  “Sentí un sonido fuerte, pero en un principio pensé que había sido la perra que había botado algo. Pero luego escuché más ruidos, entonces de inmediato tomé un revolver que había heredado de mi padre. Abrí la puerta de mi dormitorio, me asomé y vi a tres personas que habían ingresado a mi casa”.

– ¿Qué hizo en ese momento?

– Abrí la puerta y vi que una de las personas se da vuelta hacia mí. La cerré, me cubrí hacia un lado, y me disparó dos veces. Una de las balas atravesó la puerta. La abrí de nuevo y comencé a disparar. Y ahí comenzó la balacera. Yo disparaba a través del mismo orificio que había dejado la primera bala de ellos en la puerta de mi dormitorio.

03A las 00:30 horas de este lunes 4 de julio, desconocidos irrumpieron en la casa de campo del fundo Codinhue, de propiedad de Álvaro Bernedo (en la foto), ubicado a 19 kilómetros de la localidad de Padre Las Casas, una de las zonas que ha sufrido más atentados de este tipo en la región de La Araucanía. Cuando el agricultor de 53 años se despierta -estaba solo en su hogar- tres sujetos comienzan a dispararle y al mismo tiempo, a quemar su casa, ubicada en un terreno que había comprado hace sólo ocho meses. “Iban dispuestos a quemar la casa conmigo adentro o afuera, les daba exactamente lo mismo. Me gritaban gringo tal por cual, pero nada en mapudungun, como erróneamente ha aparecido en algunos medios de prensa. Pero sí te puedo asegurar que tenían acento mapuche y a uno le noté un tono extranjero, quizás colombiano, pero de eso no tengo certeza”.

– ¿Cuánto tiempo duró la balacera?

– Fueron alrededor de 10 minutos. Pero además de las tres personas que me disparaban desde el living hacia el dormitorio, otro individuo comenzó a atacarme desde afuera de la casa, con una escopeta. Y yo estaba solo, mientras intentaba cargar el arma afirmaba la puerta del dormitorio con un pie.

– En esos minutos, ¿pensó que podía morir?

– Cuando siento el primer disparo que fue dirigido directo al dormitorio, me di cuenta que a ellos les daba lo mismo matarme o no. Además, cuando ingresaron a la casa sabían que yo estaba adentro, porque estaba estacionada mi camioneta. En un instante me asomé por la ventana con la intención de arrancar, y me dispararon directo al cuerpo.

– ¿Por qué cree que lo atacaron esa noche?

– Pienso que en un principio querían intimidarme, golpearme, y lógicamente quemar la casa, porque entraron con acelerantes de combustible.  Pero su objetivo no era ir en contra mía en particular. El objetivo era quemar cualquier casa, para que los vecinos y todos en La Araucanía sigamos sintiendo temor, que todos los agricultores percibamos que a cualquiera de nosotros nos puede ocurrir un ataque como este. No existe ningún motivo especial para que yo haya sido el sujeto atacado, pero esta vez me tocó a mí. Estoy convencido, y ahora más que nunca, que este tipo de atentados puede ocurrirle a cualquier persona. Ellos iban derecho a quemar la casa. Prendieron fuego cuando yo estaba adentro. Iban dispuestos a incendiarla conmigo adentro o afuera”.

– ¿Había recibido alguna amenaza?

– No ninguna, absolutamente nada. Ninguna amenaza ni reivindicación de tierras, nada. Mi familia tampoco ha estado involucrada en ningún asunto relacionado con la causa mapuche. Para nada.

ATAQUE 5Álvaro Bernedo continúa relatando el violento ataque que vivió la madrugada del lunes en su campo, un atentado muy similar al que sufrió hace tres años el matrimonio Luchsinger-Mackay, quienes murieron calcinados. “Afortunadamente en la camioneta tenía un par de municiones, entonces cuando el vehículo estaba ardiendo totalmente,  las balas explotaron, y creo que eso fue lo que asustó a estos individuos porque creyeron que les estaban disparando desde afuera de la casa.  En ese momento salté por la ventana y me escondí entremedio de unos matorrales. Pasaron unos minutos, y mientras mi casa se quemaba, ellos se fueron”.

– Han pasado ya algunas horas del ataque, ¿qué sensación tiene ahora de lo sucedido?

– La primera reflexión que hago es que creo que a estas personas les da exactamente lo mismo la vida de los demás. Es gente maldita, que se siente muy segura con la impunidad que existe en el país, por la falta de reacción de las autoridades. Se deben reír mucho con la impunidad del Estado chileno. Imagínate que uno de los imputados por la muerte del matrimonio Luchsinger-Mackay, José Peralino, iba a viajar a Valparaíso, invitado por la Comisión de Derechos Humanos y Pueblos Originarios de la Cámara de Diputados. Además, pienso que las medidas que toman todas las autoridades -las elegidas y también las designadas- adoptan decisiones pensando en las conveniencias políticas, más que por el bien del país. Primero piensan si estas decisiones suman o restan votos. Tenemos una clase política muy mala en general. Y no es culpa sólo de este gobierno.

– El fiscal Cristián Voullieme calificó el ataque como “incendio en lugar habitado”, ¿quedó conforme con esa calificación?

– Creo que fue un poco apresurada. Para mí fue un incendio intencional y un cuasidelito de homicidio. Fue un acto intencionado, premeditado, con alevosía, no me dejaron salir de la casa mientras esta se quemaba y me dispararon al cuerpo. Si fue un acto terrorista o no, alguien tendrá que determinarlo. Sentí terror, intentaron matarme y tuve mucha suerte de que esto no ocurriera.