En el año 2000, el mandatario decidió no asistir a la tradicional ceremonia de la Iglesia Metodista Pentecostal y sí hacerlo en otro templo en Curicó. De esta manera, se rompió una tradición que se mantenía desde 1975. Pero fue tanta la controversia, que al año siguiente Lagos tuvo que presidir el acto ecuménico en la Catedral Evangélica de Santiago.
Publicado el 12.09.2017
Comparte:

No sólo la Presidenta Michelle Bachelet ha tenido inconvenientes con motivo de su participación en un Te Deum evangélico. En la ceremonia que se realizó el domingo 17 de septiembre del año 2000, cuatro sillas de felpa roja estuvieron desocupadas durante todo el acto. Correspondían a los asientos que debieron haber ocupado el Presidente Ricardo Lagos y el ministro del Interior, José Miguel Insulza, junto a sus respectivas esposas. El obispo de la Iglesia Metodista Pentecostal Javier Vásquez sabía que el Presidente Lagos no iba a asistir al  Te Deum, pero de igual forma dispuso que las cuatro sillas no se retiraran del lugar, para dejar de manifiesto su molestia con el mandatario, quien había resuelto asistir a otra ceremonia del mundo evangélico, que se había realizado una semana antes en la ciudad de Curicó.

A la salida del acto ecuménico, el obispo Vásquez se refirió a las cuatro sillas de felpa roja: “Los asientos estuvieron predicando, esperaban al Presidente de la República y no llegó nunca”. Agregó que “él es el Presidente, si quiere viene, si no, no. A nosotros nos da lo mismo, porque siempre hacemos nuestro servicio de acción de gracias como lo hace la Iglesia Católica en la Plaza de Armas. Ella no sale para ninguna parte a hacer ese oficio y nosotros llevamos 25 años haciéndolo”.

La tradición que se rompió, aunque sólo por un año

Desde 1975 -cuando se realizó por primera vez un Te Deum Evangélico-, que un gobernante no asistía a la principal ceremonia que organizaba esta iglesia para conmemorar la independencia nacional. Y la razón que dio el Presidente Lagos fue que debido a la política de su gobierno que buscaba la descentralización del país, una muy buena señal era participar de un Te Deum en regiones. Pero a nivel político se sabía que los pastores que querían sacar el Te Deum de Santiago, el Comité de Organizaciones Evangélicas (COE), eran más afines al gobierno. De hecho, habían sido los representantes del mundo evangélico en la Mesa de Diálogo por los Derechos Humanos.

Ricardo Lagos accedió a la invitación del COE, organización que tenía serias diferencias con la Iglesia Metodista Pentecostal que encabezaba Javier Vásquez. Esta última no reconocía a este comité como un organismo válido para representar a todas las iglesias protestantes, por lo tanto la decisión de Ricardo Lagos acrecentó aún más el distanciamiento al interior del mundo evangélico. De esta forma, por primera vez en 25 años, se celebraron dos Te Deum Evangélicos, uno en Curicó y otro en Santiago.

El único Te Deum sin la presidencia de un primer mandatario

“Evangélicos en pie de guerra”, “Evangélicos se quedaron esperando”, titulaban los diarios de la época, y lógicamente la ausencia del Presidente Lagos a la Catedral Evangélica de la Alameda aquel domingo 17 de septiembre no pasó desapercibida. Durante la homilía el obispo Hédito Espinoza señaló: “Señores autoridades, lo importante es marcar presencia, ya que la presencia no sólo es espiritual”. Además, en la ceremonia no se hizo ninguna mención a los temas de la unidad nacional o la reconciliación, sino que sólo hubo un llamado a orar para la defensa de la familia, “especialmente para que en el país no fructifiquen los esfuerzos en torno a una ley de divorcio”. Luego, aludiendo la ausencia del Presidente Lagos, Espinoza sí agradeció al ex Presidente Eduardo Frei su presencia en la ceremonia y la aprobación de la Ley de Culto durante su gobierno: “No quiero congraciarme con nuestro ex Presidente, pero quiero decir algo de mucho corazón: vale mucho más su presencia hoy que cuando usted era Presidente. Cuando se es Presidente hay una responsabilidad, pero cuando no se tiene ningún compromiso, estar aquí, eso realmente se lo agradecemos”.

A diferencia del Presidente Lagos, sí asistieron a esa ceremonia los presidentes del Senado, Andrés Zaldívar, y de la Corte Suprema, Hernán Álvarez, además del ministro de Defensa, Mario Fernández. Al año siguiente, el gobierno decidió que el Presidente Lagos debía participar en un solo acto y que este debía ser en la Catedral Metodista Pentecostal de Santiago.